{"id":6819,"date":"2018-05-02T00:31:37","date_gmt":"2018-05-02T00:31:37","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=6819"},"modified":"2018-05-02T07:15:37","modified_gmt":"2018-05-02T07:15:37","slug":"a-pie-por-chile-y-la-fascinacion-geografica-de-manuel-rojas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2018\/05\/02\/a-pie-por-chile-y-la-fascinacion-geografica-de-manuel-rojas\/","title":{"rendered":"A pie por Chile, y la fascinaci\u00f3n geogr\u00e1fica de Manuel Rojas"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p class=\"align-right\">Estas letras, como cualquier asunto, tienen una historia. Al igual que cualquier estudiante chileno mi primer acercamiento a Manuel Rojas fue en la ense\u00f1anza media. <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em> \u2013la novela cl\u00e1sica de nuestro autor\u2013 no tuvo nada de especial ni memorable m\u00e1s all\u00e1 de lo recurrente: una lectura apurada en los \u00faltimos d\u00edas antes de la prueba, algunas im\u00e1genes cercanas del Plan de Valpara\u00edso dado que mi familia es porte\u00f1a, m\u00e1s uno que otro comentario del profesor que nos insist\u00eda en la originalidad y genialidad de Aniceto \u2013personaje central y autobiogr\u00e1fico de la obra de Manuel Rojas. De manera que pasaron casi diez a\u00f1os para conocer este cl\u00e1sico de la literatura chilena. Estaba volviendo a Santiago despu\u00e9s de estudiar cinco a\u00f1os geograf\u00eda en Valpara\u00edso. Todo comenz\u00f3 por una tarde de aquellas cuando llegu\u00e9 a la parte final de <em>Mejor que el vino<\/em>, la novela que contin\u00faa la fase madura de Aniceto despu\u00e9s de <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>:<\/p>\n<p><\/p>\n<p>\u00c9l no pudo o no pudo retenerla. Hay cosas o seres que se nos escapar\u00e1n siempre. Camina hacia el r\u00edo, llega al parque y se mete en \u00e9l; est\u00e1 tambi\u00e9n lleno de parejas, dos o tres en cada esca\u00f1o, y algunos de los hombres le recuerdan a los picaflores: est\u00e1n como chupando algo que no s\u00f3lo es mejor que el vino, sino que a veces es mejor que el amor, que puede ser peor que el vinagre, la hiel y la cicuta. No las sueltes, amigo, no la sueltes. \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda de nosotros si un d\u00eda la perdi\u00e9ramos? Suj\u00e9tela, y si la quieres, am\u00e1rrala a ti, am\u00e1rrate a ella. Tendr\u00e1s tiempo de dejarla, pero aprovecha el tiempo en que no la quieres dejar. Yo no pude retenerla, es cierto, pero tampoco pude retener a mi madre ni a Mar\u00eda Luisa. Estoy como empec\u00e9, sin nada, y el oto\u00f1o est\u00e1 tambi\u00e9n en m\u00ed. Pero los picaflores suelen volver en el oto\u00f1o.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>Aparecidas dulce y violentamente desde el final de aquel libro, esas palabras me dejaron la piel de gallina. Fue un momento dram\u00e1ticamente delicioso. De ah\u00ed en adelante le\u00ed con devoci\u00f3n varios cuentos y novelas de Manuel Rojas. Me identificaban muchas cosas de su escritura, sobre toda la perspectiva de Aniceto, su relacionarse t\u00edmido con las personas, su capacidad de armarse un pensamiento propio y, principalmente, esa permanente b\u00fasqueda por caminar y divagar sin mayores preocupaciones m\u00e1s que vivir y aprender. Y es que la experiencia sensible de caminar y explorar libremente, o dicho de otro modo, la opci\u00f3n de desplazarse por la comida, por el abrigo o simplemente por lo nuevo, condiciones que para la mayor\u00eda de nosotros parecer\u00edan inc\u00f3modas, dram\u00e1ticas o, al menos, extra\u00f1as, para nuestro autor son v\u00edas de libertad, sendas y paisajes que cuestionan la institucionalidad y la formalidad cotidiana; un camino optimista de alternativas donde lo colectivo triunfa sobre lo individual sin perder por ello la intimidad y el gusto de uno mismo o lo otro que pasa por el frente.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La trayectoria de Aniceto justamente es un desplazamiento de varios kil\u00f3metros y ciudades, personajes y experiencias llenas de emociones fuera de las convenciones sociales que, en el fondo, resisten al embate del sedentarismo. En otras palabras, toda la literatura de Manuel Rojas estaba cargada de geograf\u00eda y movimiento puesto que la espacialidad es un momento de m\u00e1xima significaci\u00f3n narrativa, una alternativa por alcanzar la libertad en y por el espacio. Esta vez, con seres y espacios sociales m\u00f3viles, \u00edntimamente desplegados, donde la marginalidad y la pobreza no se formalizan con palabras de buena crianza, sino que se recrean tal cual son, con sus agrios y dulces, con sus tragedias y comedias; gente pobre, humilde y trabajadora que, humanizada en su cotidianidad, vive y siente su propia historia, nunca como v\u00edctima, sino como hombres y mujeres encadenados, movilizados y alertas a la dura historia de tantos siglos y tantas promesas en un mundo de escarmientos pero tambi\u00e9n de lucha y dignidad.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>De ah\u00ed la alegr\u00eda y entusiasmo tras enterarme de que la editorial Catalonia reedit\u00f3 su libro de cr\u00f3nicas y viajes <em>A pie por Chile<\/em> (2016), publicado originalmente por Zigzag en 1967. Lo que contin\u00faa, entonces, es una peque\u00f1a provocaci\u00f3n a partir de esta nueva edici\u00f3n que, cabe se\u00f1alar, incorpora nuevos cap\u00edtulos, notas y materiales ilustrativos. De los numerosos libros de Manuel Rojas se puede destacar de entrada que, probablemente, <em>A pie por Chile<\/em> sea la obra m\u00e1s expl\u00edcitamente geogr\u00e1fica, tanto por su invitaci\u00f3n a caminar en territorio nacional, como por la forma de narrar geogr\u00e1ficamente los sentimientos, o \u00abpor amarrarse a la geograf\u00eda\u00bb. Y es que nuestro autor fue un explorador infatigable \u2013as\u00ed lo confirman todos sus seres queridos y memorias\u2013, no s\u00f3lo de puertos, monta\u00f1as y ciudades al interior de Chile. Durante las dos \u00faltimas d\u00e9cadas de su vida se la pas\u00f3 caminando y viajando por varios pa\u00edses de Europa y Am\u00e9rica. Su libro <em>Pas\u00e9 por M\u00e9xico un d\u00eda<\/em> (Catalonia, 2014) es s\u00f3lo una huella m\u00e1s de estas narrativas en movimiento.<\/p>\n<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: center;\">Tres ediciones de <em>A pie por Chile<\/em><\/h6>\n<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: center;\"><sup>Ed. Santiago, 1967<\/sup><\/h6>\n<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: center;\"><sup>Ed. LOM, 1998<\/sup><\/h6>\n<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: center;\"><sup>Ed. Catalonia, 2016<\/sup><\/h6>\n<p><\/p>\n<p>Los textos que componen la presente obra (269 p\u00e1ginas) registran sus viajes y excursiones por Chile desde finales de la d\u00e9cada del veinte hasta su partida de este mundo, poco antes del golpe (11 de marzo de 1973). El orden de los relatos arranca de norte a sur del pa\u00eds. Es interesante pensar, exploratoriamente, qu\u00e9 sentido de Chile quiso interpretar y desplegar Manuel Rojas en estos viajes y excursiones, no integrando otros cuantiosos lugares y pa\u00edses que conoci\u00f3 tan bien y que se registran en otras publicaciones y entrevistas. Evidentemente, lejos de cualquier patriotismo geogr\u00e1fico o nacionalismo del tipo tur\u00edstico nuestro autor ten\u00eda una profunda preocupaci\u00f3n por universalizar el desplazamiento, la geograf\u00eda como experiencia de vida o como proceso formativo de identidades regionales, paisaj\u00edsticas, o micro-espacios humanos. Entrevistado por sus proyectos literarios en 1951, nuestro autor se\u00f1alaba que pretend\u00eda \u201cContinuar escribiendo la segunda y tercera partes de Hijo de ladr\u00f3n\u201d a lo cual, agregaba \u201cSe desarrollar\u00e1n, s\u00ed, en lugares diferentes. Tal vez de esta manera, a la postre, salga una imagen cabal de Chile y de sus hombres. Esto es, por hoy, mi mayor ambici\u00f3n\u201d (en Fuenzalida, 2012, p. 38). Palabras bastante elocuentes y certeras sobre sus prioridades y ese gusto universal por viajar y abrir paisajes literarios: una ambici\u00f3n por narrar esos otros lugares, dibujando las m\u00e1s variadas formas de apropiar y sentir la tierra. <em>A pie por Chile<\/em>, desde luego, es una imagen bastante rica de aquel otro Chile, nada de convencional o de sucesos tur\u00edsticos.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La gu\u00eda geogr\u00e1fica de nuestro autor, tal vez, arranca precisamente desde aquel deseo \u00edntimo por contagiar ese sentido educativo que implica uno u otro desplazamiento en el contexto de la domesticaci\u00f3n del viaje o la perdida de sentido de la rutina. Los relatos de Rojas, por otro lado, son memorias geogr\u00e1ficas reveladoras de aquella desigualdad de quienes se ven obligados a migrar por aqu\u00ed y por all\u00e1. Pero que, lejos del drama, la derrota o el desarraigo, tambi\u00e9n son el lugar de sujetos que extienden y cargan esa silenciosa pero poderosa geograf\u00eda de aprendizajes y triunfos tras salir de casa y explorar otras culturas, vivencias y paisajes. Una tarea pedag\u00f3gica por compartir el fruto de los kil\u00f3metros vividos y agudizar el nivel de libertad y cultura que implica desplazarse m\u00e1s all\u00e1 de nuestros refugios rutinarios.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Es lo que uno puede distinguir, por ejemplo, en las inmediaciones de <em>El Volc\u00e1n<\/em>, cuando nuestro autor coincide con una familia trabajadora \u2013madre, padre y un peque\u00f1o lactante de meses\u2013 en una g\u00f3ndola en direcci\u00f3n a Puente Alto. El relato comienza con la voz del padre: \u201c\u2015Este gallo, apenas naci\u00f3, subi\u00f3 a Potrerillos. Ahora va para Los Queltehues. \u00bfQu\u00e9 le parece el gallito? A la se\u00f1ora, fuera de hallarlo muy mono, el gallito no le parece nada, seguramente. A m\u00ed, s\u00ed. \u00bfQu\u00e9 edad tendr\u00e1? Menos de un a\u00f1o, a lo sumo ocho meses. Es decir: en meses ha viajado m\u00e1s de lo que viajan en toda su vida la mayor\u00eda de los ni\u00f1os chilenos. Y seguir\u00e1 viajando y viajar\u00e1 mucho todav\u00eda. Podr\u00edamos predecirle el porvenir. Un d\u00eda, cuando tenga catorce a\u00f1os, quince o m\u00e1s o menos a\u00f1os, se separar\u00e1 de sus padres y, tal como sus padres, empezar\u00e1 a vagar, de all\u00e1 para ac\u00e1, un d\u00eda parado a la orilla del mar, otro d\u00eda en el fondo de una mina, a pleno sol de la pampa salitrera, en un camino cordillerano, al borde de una l\u00ednea f\u00e9rrea. Por estas tierras de Chile, en fin, el gallito\u201d (pp. 259-260).<\/p>\n<p>El gallito, cu\u00e1ntos gallitos, todos de alg\u00fan modo tenemos y somos \u00abun gallito\u00bb. Ahora bien, la pregunta es, qu\u00e9 tipo de sentido le damos a nuestros \u00abgallitos\u00bb, cuantos l\u00edmites y destinos tienen nuestros planes y agendas, o, cu\u00e1ntas veces se cercena, sin siquiera saberlo, esa posibilidad de viajar, desplazarse y conocer s\u00f3lo por el adiestramiento. La met\u00e1fora del gallito es una de las met\u00e1foras que nos ayudan a comprender el compromiso y la pasi\u00f3n de <em>vagabundear <\/em>del gran escritor. Vagabundear aqu\u00ed significa desplazarse libremente por cualquier tipo de medio, a pie o en barco, y dentro de cualquier tipo de ambiente, en el mar o la cordillera, en la ciudad o el campo. Pero ser\u00eda un vagabundeo incompleto si no fuera por esa capacidad de registrar y divagar en ese movimiento, aquel momento solitario, reflexivo y est\u00e9tico que inmortaliza la caminata o la cumbre: escribir. La metodolog\u00eda geogr\u00e1fica de nuestro autor, en efecto, dibuja y reflexiona sobre aquello que se siente y se observa v\u00eda hoja de papel. Una hoja de papel que, para nuestra fortuna, se escenifica geogr\u00e1ficamente una y otra vez con seres y voces, senderos y playas, sabores y recuerdos. Se trata de observar, pensar y narrar en la intimidad del paisaje: al fr\u00edo de una roca, al rumor del mar o al calor de un ba\u00f1o de aguas termales. Estas son algunas de las t\u00e9cnicas, escenas y sofisticaciones que conquistan en nuestra obra. Adem\u00e1s de los relatos y exquisitas descripciones geogr\u00e1ficas, el libro integra ilustraciones y fotograf\u00edas de nuestro autor en terreno, las cuales acercan y facilitan la comprensi\u00f3n de las narraciones que se nos presentan.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La observaci\u00f3n en movimiento, el placer de internalizarse por alg\u00fan rinc\u00f3n o micro ecosistema para luego compartir y abrir un nuevo viaje literario, es una escena recurrente de nuestra obra. Alejado de una narrativa lineal el autor captura y moldea paisajes, para luego reflexionar a contrapelo, imaginariamente, en una conexi\u00f3n \u00edntima y profunda con la naturaleza y su propia ontolog\u00eda de hombre libre: las letras. As\u00ed, la literatura y la naturaleza se trenzan cari\u00f1osamente como una banda de viejos amantes, c\u00f3mplice, decidida a fortalecer la sensaci\u00f3n y el compromiso con y por la libertad. Una libertad que se expresa tanto individual como colectivamente a trav\u00e9s de quienes participan de las excursiones. Pero, sobre todo, una libertad de un narrador que goza, siente y escribe en el espacio vivido. En efecto, nuestro autor dibuja aquella libertad que posibilita el encuentro entre su pensamiento y la exigencia f\u00edsica de explorar geogr\u00e1ficamente sus viajes. Son encuentros tranquilos o aventureros, del pasado y el futuro, casi siempre fuera del mundo mec\u00e1nico-urbanizado, aunque tambi\u00e9n hay espacio para traves\u00edas por la ciudad y sus signos, todo ello siempre envuelto en una profunda admiraci\u00f3n por la naturaleza y la vida al aire libre.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Una condici\u00f3n relevante que da combustible al vagabundear por aqu\u00ed y por all\u00e1, sin duda, es el deseo por la soledad o, quiz\u00e1s, el triunfo espiritual de la libertad. A lo largo de los viajes y exploraciones la soledad es una de las principales sensaciones que celebra nuestro autor, una especie de mediaci\u00f3n entre la fascinaci\u00f3n al aire libre y el acto de pensar y reflexionar sensiblemente, sin l\u00edmites, en la naturaleza y consigo mismo. En su paso por <em>La Quebrada de agua de palo<\/em> se\u00f1ala Rojas: \u201cMarchamos a la sombra de cerros altos, tupidos de vegetaci\u00f3n; peque\u00f1os bosques se ven aqu\u00ed y all\u00e1. Hay una soledad y un silencio verdaderamente maravillosos, finos y transparentes como el aire; se siente uno transportado a un ambiente de novela de aventuras. Nos hace falta una carabina, porque \u00bfqu\u00e9 har\u00edamos si apareciese alg\u00fan salvaje, armado de lanza y arco? Y el bote, \u00bfno estar\u00e1 en peligro de ser robado o echado a pique por los mareadores de la costa? \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 de Sandokan, de Tremalnaik, de Ya\u00f1ez, el portugu\u00e9s? \u00bfLos matar\u00eda el tigre que los asalt\u00f3 ayer en la jungla? Sue\u00f1os de anta\u00f1o, aspiraciones oscuras de la infancia, impulsos de hombres libres, audacias imaginarias de las horas de lectura; todo eso que la educaci\u00f3n nos quit\u00f3 y que era, sin embargo, lo mejor que tra\u00edamos a la vida, reaparece en el silencio y en la soledad de este camino\u201d (p. 34).<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La soledad, el silencio y la contemplaci\u00f3n son momentos y tesoros que se conquistan en medio de la exploraci\u00f3n. La idea de viajar y desplazarse indefinidamente a contemplar la naturaleza libre, s\u00f3lo por el acto y placer de conocer algo nuevo, es la huella central que recorre toda la obra. El divagar por el universo imaginario de paisajes y sensaciones es una necesidad que se torna una empresa altamente literaria. Por eso, las descripciones geogr\u00e1ficas siempre se sacuden de emociones y recuerdos de un narrador que no censura su fragilidad y se esfuerza est\u00e9ticamente por ejercitar la capacidad de asombro de quienes seguimos sus palabras y territorios. Lo m\u00e1s interesante de este movimiento es ese deseo incansable por experimentar nuevos lugares y paisajes m\u00e1s all\u00e1 de nuestra zona de confort o refugio cotidiano. Sobre la experiencia corporal en <em>Ba\u00f1os de Salinillas<\/em> nuestro autor sostiene: \u201cIntroducirse en ellas produce una curiosa sensaci\u00f3n: parece que el agua lo rechaza a uno. Esto se debe, seguramente, a su temperatura, que a veces es superior a cuarenta grados, pero, m\u00e1s que nada, a su densidad. Una vez adentro, tendido o sentado, sintiendo el rumor del r\u00edo y el del viento, que sopla all\u00ed casi continuamente, se siente uno macanudo, plut\u00f3crata, mucho m\u00e1s si ha llegado derrengado por la caminata o por la mula. Despu\u00e9s de permanecer un tiempo prudencial \u2013los ba\u00f1os muy largos enervan y agotan\u2013 sale uno de aquella caliente masa de agua y se mete al arroyuelo, helado, da dos o tres bufidos y vuelve a la piscina. Delicioso\u201d (p. 91).<\/p>\n<p><\/p>\n<p>El contacto \u00edntimo con la naturaleza como expresi\u00f3n de libertad y placer, es la victoria de ese vagabundear que, a estas alturas, rasgu\u00f1a un proyecto de vida. La sensaci\u00f3n de goce \u2013como dec\u00edamos m\u00e1s arriba\u2013 siempre se origina en el movimiento, en la fluidez del viaje o la caminata, o la simple admiraci\u00f3n, ya sea en una fuerte ca\u00edda de nieve, una lluvia torrencial, al fr\u00edo de una noche precordillerana, momentos que para la mayor\u00eda de los seres urbanos podr\u00edan ser una estupenda pesadilla, para Rojas son objetos geogr\u00e1ficos predilectos de fascinaci\u00f3n y contemplaci\u00f3n. En las proximidades de Santiago Oriente, a\u00f1ade: \u201cSe est\u00e1 bien aqu\u00ed, lejos del mundanal ruido, oyendo correr el chorrito de agua de la quebrada, el deslizarse del viento entre el bosque, los cantos de los p\u00e1jaros y los gritos de unos chiquillos que all\u00e1 lejos, pero muy lejos, entre los matorrales altos del Manquehue, azuzan a sus perros, que corren detr\u00e1s de alg\u00fan conejo que ha perdido su calendario y se ha olvidado que hoy es domingo, d\u00eda en que ciertos hombres se sienten ansiosos de aventuras cineg\u00e9ticas\u201d (p. 36).<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Esta conexi\u00f3n \u00edntima con la naturaleza e ir\u00f3nica con su p\u00fablico literario, desde luego, a veces puede tornarse arriesgada, pues la naturaleza y el placer siempre involucran alg\u00fan grado de peligro y esfuerzo mayor. En su relato <em>El Andinista<\/em> se\u00f1ala: \u201cEl andinista, sin embargo, no escarmienta. Es un ser recalcitrante. Sabe que, adem\u00e1s de la Lola, existen en la cordillera feroces y hermosos c\u00f3ndores, capaces de comerle a cualquiera no s\u00f3lo los intestinos, sino que hasta los ojos\u201d (p. 115). \u00bfC\u00f3mo se justifica entonces aquella preferencia por lo indomesticable, por lo salvaje? Lejos del veh\u00edculo de la raz\u00f3n el asunto esencialmente se define por la pasi\u00f3n, \u201cuna pasi\u00f3n sin l\u00edmites por algo que existe en las monta\u00f1as, tal vez su belleza, quiz\u00e1s su soledad, el peligro, la lucha, la aventura o el deseo de poner a prueba la resistencia de un organismo al cual la vida sedentaria carcome lentamente\u201d (p. 116). Aqu\u00ed parecen conjugarse varias de las trazas fundamentales que articulen el sentido de exploraci\u00f3n de nuestro autor. Fuera del peligro que implica la alta monta\u00f1a que, dicho sea de paso, Manuel Rojas practic\u00f3 en el Club Andino de Chile durante varias d\u00e9cadas, es interesante destacar la met\u00e1fora del sedentarismo puesto que devela expl\u00edcitamente la preocupaci\u00f3n por el espacio de nuestro autor, el sentido de libertad que implica vagar y recorrer, la cr\u00edtica al <em>ethos<\/em> sedentario que vendr\u00eda a quitarnos ese \u00abgallito\u00bb por conocer y descubrir. En <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>, mediante el personaje El Fil\u00f3sofo nuestro autor lo plantea de la siguiente manera: \u201c\u00bfHa procurado usted imaginarse lo que ocurri\u00f3 cuando el hombre descubri\u00f3 que los alimentos se pod\u00edan cocer y comer calientes? Firm\u00f3 su sentencia de eterna esclavitud. Se acab\u00f3 la vida al aire libre, los grandes viajes, el espacio, la libertad; fue necesario mantener un fuego y buscar un lugar en que el fuego pudiese ser mantenido\u201d (p. 251).<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>A lo largo de nuestra obra, por otra parte, la construcci\u00f3n de lugares y paisajes siempre se estructura a partir de experiencias vividas que de alg\u00fan modo dibujan y recorren un imaginario universal. Son narraciones y paisajes en primera persona que intentan acercar a sus lectores a espacios colectivos, pero que al mismo tiempo singularizan sensaciones diversas, por el uso social de sus moradores, por sus diferencias y memorias particulares. En una caminata por el cerro \u00edcono de Santiago se\u00f1ala: \u201cNo s\u00e9 si todos los santiaguinos aprecian como yo el cerro San Crist\u00f3bal. Me parece que todos los que han nacido en esta ciudad tienen alg\u00fan recuerdo unido a sus caminos, a sus senderillos de cabras \u2013sin cabras\u2013, a sus bosquecillos, a sus grutas, a sus canteras. Para muchos, siendo ni\u00f1os, el cerro fue lugar predilecto en las tardes de cimarra, de donde se volv\u00eda con tal cual moret\u00f3n o con los pantalones rotos; luego, siendo j\u00f3venes, el cerro fue teatro de sus primeras y fugitivas pasioncillas sentimentales, llenas de juramentos que ya se han olvidado y de caricias que se recuerdan a\u00fan; sitio de estudio para los atrasados en ex\u00e1menes; siendo hombres, lugar de ejercicio y de descanso del trabajo de la semana que se iba; para otros, amantes de la soledad, hombres meditativos, artistas o mis\u00e1ntropos, campo de sus paseos solitarios y de sus elaboraciones mentales. Por sus caminos transita diversa y distinta gente, cada una llevada por motivo vario\u201d (p. 27).<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>De igual manera los nombres de lugares y sitios son objeto privilegiado de divagaci\u00f3n y aprendizaje. Una bella rencilla literaria y geogr\u00e1fica por significar la experiencia del viaje y lo nuevo; la disputa topon\u00edmica que como dir\u00eda Gabriela Mistral se desata \u201ca pura fantas\u00eda suelta\u201d. Dice nuestro autor: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 llamaron Rupanco, agua que corre, a este lago Rupanco? S\u00f3lo se me ocurren dos explicaciones: la que la acci\u00f3n de correr indique la velocidad con que parte al nacer el r\u00edo Rahue, que lo desagua (Rahue: lugar de greda; de <em>ra<\/em>: greda y <em>hue<\/em>: lugar) o a que alguna vez, impelidas por movimientos s\u00edsmicos, sus aguas corrieron hacia al este\u201d (p. 237). Por otro lado, las narraciones espaciales de nuestra obra son tambi\u00e9n memoria de lugares, desde luego, nunca equitativos. La aguda y r\u00edgida estructura social del pa\u00eds tambi\u00e9n participa en la significaci\u00f3n de los paisajes, pero desde el magisterio de la iron\u00eda y la percepci\u00f3n del sitio del suceso, lo que all\u00ed emana.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><sup>Mural ubicado en el Barrio Mapocho a cargo de la brigada Negotr\u00f3pica.<\/sup><\/p>\n<p><\/p>\n<p>Para Manuel Rojas todos los lugares tienes sabores y recuerdos, simbolizan objetos y acciones, emanan una condici\u00f3n predilectamente selectiva: \u201cCuando alguien dice frutas yo recuerdo a La Serena. As\u00ed como cuando alguien dice sardinas, yo recuerdo Taltal. Cada pueblo tiene su sabor, su color, su olor, pero adem\u00e1s tiene sus productos naturales o mec\u00e1nicos que lo fijan en el recuerdo\u201d (p. 17). En esa misma l\u00f3gica, cada rinc\u00f3n recorrido produce simbolog\u00edas que pueden articularse en la propia experiencia del lugar y su historia. Sobre su paso y retorno por Angelm\u00f3, sostiene Rojas mordazmente: \u201cSe crey\u00f3 que con las obras del puerto desaparecer\u00eda, pero no fue as\u00ed. Cambi\u00f3 algo, algo ha cambiado, pero es el mismo Angelm\u00f3; aldea o caser\u00edo huilliche de otros tiempos. Hoy, un barrio de Puerto Montt, la ciudad del Reloncav\u00ed, esa copa llena de agua, un barrio que dif\u00edcilmente podr\u00eda calificarse; \u00bfun barrio comercial, uno tur\u00edstico, uno residencial? Parece escapar a todo encasillamiento y ser un poco de todo. Pero, antes que nada, es el barrio de la mugre, de la miseria; o sea, un barrio, un lugar popular, y eso es lo que va a ver la gente, lo que vamos a ver todos: la pobreza, la escasez de recursos, la inmundicia, porque as\u00ed como Vi\u00f1a del Mar, Zapallar o Algarrobo son para la gente chilena lugares elegantes y ricos del pa\u00eds, para esa misma gente Angelm\u00f3 es lo contrario y tal vez va, de vez en cuando, a visitarlo para castigarse por haber pensado que todo Chile era Vi\u00f1a del Mar, Zapallar o Algarrobo\u201d (p. 245).<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>De esta forma, la invitaci\u00f3n a conocer y descubrir el territorio no es un ejercicio aislado del proceso social del pa\u00eds sino por el contario, es una empresa del divagar y aprender de los seres y lugares m\u00e1s inexplorados e invisibles, llen\u00e1ndolos de contenidos y disput\u00e1ndole a las geograf\u00edas oficiales. Sobre el sur de Chile se\u00f1ala nuestro autor: \u201cPocos saben lo que encierra ese territorio que empieza en el cerro Caracol de Concepci\u00f3n, y termina en las orillas de la isla Ambarino, all\u00e1, detr\u00e1s de la Tierra del Fuego, a orillas del Canal del Beagle y cerca del Cabo de Hornos (\u2026) Algunos viajeros, sabios, ge\u00f3grafos, curiosos y vagabundos \u2013que siempre son los que m\u00e1s conocen su tierra\u2013 lo saben. Hay libros, una bibliograf\u00eda nutrida sobre esas regiones: estudios etnogr\u00e1ficos, hidrogr\u00e1ficos, orogr\u00e1ficos, de toda especie, hasta folcl\u00f3ricos. Hay para leer un a\u00f1o o dos. Y, sin embargo, a pesar de eso, el sur es desconocido para la mayor\u00eda de los chilenos\u201d (p. 235).<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Es como si Manuel Rojas quisiera comprometernos a sentir, a gozar, a mirar sensualmente la aventura que nos regala ese acto de caminar, estudiar o explorar v\u00eda territorios. M\u00e1s a\u00fan cuando se trata del sur de Chile, una tierra tristemente aun desconocida. La expresi\u00f3n \u201ccuriosos y vagabundos \u2013que siempre son los que m\u00e1s conocen su tierra\u2013\u201d no puede ser desatendida aqu\u00ed, porque, no s\u00f3lo representa con dulzura y humildad la metodolog\u00eda geogr\u00e1fica de la presente obra, sino que tambi\u00e9n alimenta toda la prosa pol\u00edtica y geogr\u00e1fica de la literatura de nuestro infatigable autor. <em>A pie por Chile<\/em> entonces es una narrativa geogr\u00e1fica y pedag\u00f3gica que esencialmente invita a \u00abcaminar\u00bb. No obstante, en ese caminar, una y otra vez, emerge la libertad como pr\u00e1ctica y experiencia \u00edntima de desplazamiento y naturaleza, un rito narrativo que goza de la geograf\u00eda al mismo tiempo que la geograf\u00eda goza de sus movimientos est\u00e9ticos. La fascinaci\u00f3n por el vuelo de las aves, las caminatas nocturnas por el litoral y la precordillera, el fuego y el agua, son s\u00f3lo algunas de las huellas indiscutibles de ese amarrarse a la geograf\u00eda, de esas narrativas que contagian y exigen ser redescubiertas en pleno 2018.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Por eso, en <em>A pie por Chile<\/em> el protagonista no es ni Manuel Rojas ni la geograf\u00eda que descubren sus poderosos ojos. La matriz central que recorren sus p\u00e1ginas es un viaje universal y literario por aprender de aquella experiencia geogr\u00e1fica a rienda suelta, amarrarse a la naturaleza, experimentar nuevas cartograf\u00edas y dejar que nuestros cuerpos se inmortalicen en la memoria del paisaje. He aqu\u00ed las did\u00e1cticas clases de geograf\u00eda que nos entrega nuestra obra: \u201csus temas pueden inspirar a un ni\u00f1o o a un adolescente, el deseo de caminar su tierra y conocerla con detenci\u00f3n, conocer las cosas, los seres y los hechos peque\u00f1os\u201d (p. 13), apunt\u00f3 nuestro autor en el pr\u00f3logo de 1967. En un mundo dominado por celulares y redes instant\u00e1neas de <em>no lugares<\/em>, en un espacio cotidiano donde la comunicaci\u00f3n cada vez se torna m\u00e1s veloz y embriagante entre tanto grupo wasap sin contacto real y sin paisaje, en una \u00e9poca donde el gusto por caminar y explorar se volvi\u00f3 una operaci\u00f3n casi exclusiva de agencias a\u00e9reas o tur\u00edsticas, las palabras de Manuel Rojas nos sacuden optimistamente y nos obligan a retomar la partida. Una geograf\u00eda libre y colectiva se nos presenta para caminar:<\/p>\n<p><\/p>\n<p>La calle es nuestra y parece que la ciudad tambi\u00e9n lo fuera y tambi\u00e9n lo fuera el mar \u2013piensa Aniceto en <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>\u2013. En ocasiones, sin tener nada, le parece a uno tenerlo todo: el espacio, el aire, el cielo, el agua, la luz y es que se tiene tiempo: el tiempo que se tiene es el que da la sensaci\u00f3n de tenerlo todo: el que no tiene tiempo no tiene nada y de nada puede gozar el apurado, el que va de prisa, el urgido; no tiene m\u00e1s que su apuro, su prisa y su urgencia. No te apures, hombre, camina despacio y siente, y si no quieres caminar, ti\u00e9ndete en el suelo y si\u00e9ntate y mira y siente. No es necesario pensar salvo que pienses en algo que no te obligue a levantarte y a marchar de prisa.<\/p>\n<p><\/p>\n<h6><sup>&#8212;&#8212;<br \/>\n [Portada] Graffiti en homenaje a Manuel Rojas ubicado en Santo Domingo con Cueto.<\/sup><\/h6>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para Manuel Rojas todos los lugares tienes sabores y recuerdos, simbolizan objetos y acciones, emanan una condici\u00f3n predilectamente selectiva.<\/p>\n","protected":false},"author":112,"featured_media":7164,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[10],"tags":[898,39,896,897,894,895],"taxonomy\/multi-autores":[],"taxonomy\/archivo-especiales":[],"class_list":["post-6819","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-persiana-americana","tag-aniceto-hevia","tag-chile","tag-geografia","tag-hijo-de-ladron","tag-manuel-rojas","tag-rodolfo-quiroz"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6819","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/112"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6819"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6819\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7164"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6819"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6819"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6819"},{"taxonomy":"multi-autores","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/multi-autores?post=6819"},{"taxonomy":"archivo-especiales","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/archivo-especiales?post=6819"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}