{"id":8154,"date":"2018-08-24T04:16:57","date_gmt":"2018-08-24T04:16:57","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=8154"},"modified":"2018-09-04T03:20:47","modified_gmt":"2018-09-04T03:20:47","slug":"dos-calugas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2018\/08\/24\/dos-calugas\/","title":{"rendered":"Dos calugas"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<h5>Hoy: Pixar<\/h5>\n<p><\/p>\n<p class=\"align-right\">No parece haber duda. Corren tiempos en los que grupos terraplanistas y brotes de c\u00e9lulas neofascistas (por nombrar secuencias delirantes) se pronuncian en el espacio p\u00fablico. Por si esto no bastara como prueba irrefutable de la decadencia humana est\u00e1, bueno, casi todo lo dem\u00e1s; lo de siempre y ahora por lo visto algo peor: la novedad \u2015t\u00e9rmino parad\u00f3jico para describir ideas que se alimentan de la tradici\u00f3n, sino de lo abyecto al menos de lo pat\u00e9tico\u2015 en el caso del grupo que asegura que la tierra es plana con argumentos tan peregrinos como exponer que la mayor\u00eda de las im\u00e1genes del planeta son representaciones digitales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lo claro ser\u00eda decir, en cualquier caso, que no existe una promesa leg\u00edtima de progreso que provenga del capital. La explotaci\u00f3n se reproduce, se reinventa, se desplaza geogr\u00e1ficamente, pero jam\u00e1s se inmola. Y, dado que las condiciones de esa explotaci\u00f3n tampoco parecen haber cambiado todav\u00eda sigue siendo importante \u2015y tremendamente rentable\u2015 que la masa permanezca idiota, maleable, moldeable. Es por eso que la cultura contin\u00faa siendo un campo de batalla tan relevante como necesario.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Entrando al primer cuarto de siglo no se puede sino admitir cierta ingenuidad en el imaginario hegem\u00f3nico que durante buena parte del siglo XX fantase\u00f3 con un nuevo milenio repleto de autos voladores, replicantes existenciales, apocalipsis rob\u00f3ticos programados por Skynet, o la posibilidad de que alguna potencia implementara un programa espacial que iniciase la era de las odiseas en lo profundo del cosmos. En cambio, el neoliberalismo planetario fue mucho m\u00e1s anodino y menos espectacular en su devenir. Hoy hay redes sociales, tel\u00e9fonos inteligentes y tarjetas de cr\u00e9dito con chip circulando en medio de crisis migratorias, miseria, racismo, machismo, lesbo y homofobias, entre muchas otras pestes. En ese sentido el porvenir del capitalismo (patriarcal y teol\u00f3gico) se sigue pareciendo mucho m\u00e1s a casi cualquier cap\u00edtulo de Los Simpsons, la \u00fanica representaci\u00f3n (animada) que desde los noventa viene augur\u00e1ndonos que no debi\u00e9semos esperar mucho del futuro, dadas las condiciones actuales. Futurama, del mismo Matt Groening tampoco lo hace mal imaginando un porvenir terciarizado y de vocaci\u00f3n mercenaria tanto para terrr\u00edcolas como para extraterrestres y mutantes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las teor\u00edas de fans podr\u00edan ser un equivalente de este fen\u00f3meno de eterno reflujo hist\u00f3rico dentro del imaginario cultural global (es decir, hegem\u00f3nico). Diseccionar su din\u00e1mica permite echar un vistazo a la interacci\u00f3n actual entre el p\u00fablico global y los productos culturales masivos a trav\u00e9s de internet. Estas especulaciones de la ficci\u00f3n, enrevesadas o a veces prolijas y sorprendentemente bien planificadas, proliferan de la mano de la especializaci\u00f3n en el consumo de la primera generaci\u00f3n neoliberal que hoy cumple entre tres y cuatro d\u00e9cadas. No deja de ser interesante, y ya se ver\u00e1 por qu\u00e9, que una de las teor\u00edas con mayor resonancia del \u00faltimo tiempo postule que todos los personajes de Pixar se encuentran conectados sutilmente en una sola l\u00ednea cronol\u00f3gica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Este nuevo nicho creativo, cuya ascendencia directa habr\u00eda que ubicar en las teor\u00edas conspirativas \u2015que han encontrado en internet un descomunal caldo de cultivo\u2015, practican una curiosa inmersi\u00f3n en los mundos de ficci\u00f3n que analizan. Se trata de una entrega absoluta y hasta cierto punto devota al universo en el que se insertan de forma m\u00e1s o menos parasitaria. De este modo el mundo narrado queda determinado por la peripecia y los posibles desenlaces de las tramas, elidiendo por completo el mundo material en el que las obras se inscriben y a trav\u00e9s del cual articulan los planos de significaci\u00f3n discursiva que proponen. Seg\u00fan esto las preguntas acerca del contexto de producci\u00f3n no son tan s\u00f3lo irrelevantes, sino que informulables. La reflexi\u00f3n en torno al imaginario hegem\u00f3nico, algo que podr\u00edamos llamar el valor de uso de la ficci\u00f3n, es desechada y reemplazada por el valor de cambio que adquiere la especulaci\u00f3n a partir de los mecanismos de narraci\u00f3n dentro de un universo herm\u00e9tico e incontaminado. Adem\u00e1s, el proceso de decodificaci\u00f3n del objeto discursivo cultural (pel\u00edcula, c\u00f3mic, canci\u00f3n, noticia, etc\u00e9tera), bajo la lectura de estas teor\u00edas de fans, suspende (o se le hace suspender) su valor simb\u00f3lico de bien cultural, su posibilidad aleg\u00f3rica para la decodificaci\u00f3n interpretativa y su, si es que la tiene, manifestaci\u00f3n cr\u00edtica inconsciente. Y, sin embargo, una buena teor\u00eda de fan incorpora una lectura pormenorizada de las f\u00f3rmulas que explota determinada saga. A contrapelo, pero al mismo tiempo usurpando ejercicios similares de interpretaci\u00f3n, quisi\u00e9ramos (jugar a) desentra\u00f1ar la constelaci\u00f3n ficcional de los posibles sentidos pol\u00edticos de algunos discursos culturales masivos. Tom\u00e1ndonos tan en serio \u2015como en broma\u2015 este signo de los tiempos que corren, nos hemos propuesto perge\u00f1ar estas hip\u00f3tesis cr\u00edticas: calugas que, casi, podr\u00edan leerse como anti-teor\u00edas de fans. Teor\u00edas de p(A)nx en el mejor de los casos.<\/p>\n<p><\/p>\n<h5><strong>Caluga de Natre: <em>Monsters Inc.<\/em> (2001, Pixar) es un vuelco desde la \u00abseriedad del terror\u00bb hacia la \u00abexplotaci\u00f3n de la risa\u00bb.<\/strong><\/h5>\n<p><\/p>\n<p>Nadie dudar\u00eda que Pixar supone un cambio de paradigma desde su primer corto animado (<em>Luxo Jr.<\/em>, 1986). Sin embargo, s\u00f3lo porque es interesante mosquear, comentar\u00e9, muy brevemente, una mirada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En <em>Monsters Inc.<\/em>, el mundo social de los monstruos se nutre de energ\u00eda producida mediante la explotaci\u00f3n de los gritos de terror de las\/os infantes del mundo social humano; esa explotaci\u00f3n industrial est\u00e1 en d\u00e9ficit, dada la invulnerabilidad \u00abactual\u00bb de la infancia respecto del terror generado por la monstruosidad \u00abinfantilizada\u00bb que implican las corporalidades monstruosas del mundo social de los monstruos y, sobre todo, porque el mundo \u00abactual\u00bb humano est\u00e1 atravesado de otros tipos de terror m\u00e1s inmediatos y escalofriantes, a los que el se\u00f1or Waternoose no alude directamente: \u00bfse referir\u00e1 a las dictaduras, a las guerras bacteriol\u00f3gicas, a la bomba H, a las violaciones cotidianas o s\u00f3lo a Internet?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Frente al d\u00e9ficit, Randall dise\u00f1a una maquinaria \u00abextractora de gritos de terror\u00bb, secundado por el presidente de la junta de la compa\u00f1\u00eda (Inc.), el se\u00f1or Waternoose, cuya posici\u00f3n tambalea en la Monsters Incorporated (\u201csustos que dan gusto\u201d, se\u00f1ala en el doblaje latino el lema de la compa\u00f1\u00eda); esta m\u00e1quina causa el pavor incluso entre monstruos como Mike Wazowski que, dem\u00e1s est\u00e1 decir, es en todo momento la monstruosidad c\u00f3mica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Descubierto el plan y echado por tierra, las vicisitudes que viven James Sullivan, Mike y Boo (la ni\u00f1a humana, que conmueve hasta el tu\u00e9tano por su participaci\u00f3n contaminante en el mundo social de los monstruos) permiten evidenciar que la risa infantil produce much\u00edsima m\u00e1s energ\u00eda que el terror. Una energ\u00eda que deja perplejos a los monstruos, alienados en su modo de vida, arrastrado de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n [note]En Monsters University [2013, Pixar; precuela de factura posterior], se observa claramente la larga raigambre de la empresa del terror que ha llevado a cabo la sociedad de monstruos, explotando el mundo humano. Tambi\u00e9n, es evidente el modelo de american way, dado que frente a la expulsi\u00f3n de la universidad, James y Mike ingresan a Monsters Inc. como estafetas, para ascender, mediante el principio de la \u00abmeritocracia\u00bb, hasta asustador e ingeniero, respectivamente. El camino est\u00e1 apenas trazado, porque, el vuelco \u00abrevolucionario\u00bb que se da en Monsters Inc. ya ha sido puesto en el tablero de las recepciones [\/note].<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed, secundados por la CDA (Child Detection Agency; agencia secreta de polic\u00eda que por una letra no es la CIA) del mundo social de los monstruos, se pasa de la explotaci\u00f3n violenta y atemorizante de los gritos a la explotaci\u00f3n \u00abbuena onda\u00bb, simp\u00e1tica y amena de la risa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00bfHacia d\u00f3nde quiere llevar Pixar, ya en el 2001, nuestra reflexi\u00f3n como latinoamericanas\/os? Acaso, \u00bfla globalizaci\u00f3n y el liberalismo son la explotaci\u00f3n en buena onda, respecto del esclavismo extraccionista del capitalismo temprano (mediados del s. XIX hasta fines del s. XX)?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tarea para la casa: sonr\u00ede o r\u00ede a carcajadas, junto con hacer bien para la salud, alguien lucra con ello.<\/p>\n<p><\/p>\n<h5><strong>Caluga de Maggi\u2019s: Toy Story (1995, Pixar)<\/strong><\/h5>\n<p><\/p>\n<p>Uno de los fen\u00f3menos culturales masivos que redimi\u00f3 la cinematograf\u00eda de la d\u00e9cada de los noventa fue el auge de la animaci\u00f3n digital que propuso Pixar de la mano de <em>Toy Story<\/em>, su aplaudido debut en las salas de cine globales. Ese mismo a\u00f1o el dominio de Disney exhib\u00eda sus primeros s\u00edntomas de agotamiento. Prueba de ello fue el estreno de <em>Pocahontas<\/em> (1995) con todo y su exotismo nativista fallido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Que el gigante de la animaci\u00f3n tradicional haya adquirido hace relativamente poco lo que para esa fecha era un estudio en ciernes (que buscaba distanciarse del legado del imperio del rat\u00f3n Mickey), regresando con insistencia a la f\u00f3rmula del musical y las princesas, parece apoyar la hip\u00f3tesis de un nuevo jir\u00f3n en la sinuosa espiral por la que nos despe\u00f1amos. Dentro de este reciente periodo de fusi\u00f3n entre ambas compa\u00f1\u00edas se pueden destacar pel\u00edculas como <em>Frozen<\/em> (2013) que fue la que m\u00e1s notoriamente se ci\u00f1\u00f3 a la f\u00f3rmula cl\u00e1sica y obtuvo un \u00e9xito rotundo junto a otras producciones que ensayan una suerte de g\u00e9nero h\u00edbrido incorporando el musical (despu\u00e9s de todo Disney tambi\u00e9n es una emisora de radio global) pero en narrativas con cierto enfoque multicultural como <em>Moana<\/em> (2016); y <em>Coco<\/em> (2017) \u2015una pel\u00edcula que se ha convertido en un \u00edcono anti Trump\u2015 junto a otros t\u00edtulos desarrollados exclusivamente por Disney como <em>La bella y la bestia<\/em> (2017) un <em>live action <\/em>de <em>soft porn <\/em>zoof\u00edlico como fue descrita con acierto por una fuente an\u00f3nima \u2015y protegida\u2015 a estos traficantes de calugas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sin embargo, un examen a la \u00f3pera prima del estudio de animaci\u00f3n,<em> Toy Story,<\/em> puede mostrar algo as\u00ed como una \u201cestructura de sentimiento\u201d que prepara el ascenso de los supremacistas blancos al poder. Este concepto que acu\u00f1a el te\u00f3rico neo marxista Raymond Williams, se refiere a la articulaci\u00f3n discursiva que expresa una posici\u00f3n, muchas veces determinada por la clase, al interior de la cultura en un contexto. Una de las claves de su posici\u00f3n te\u00f3rica consiste en trascender la concepci\u00f3n abstracta de la cultura que propone la noci\u00f3n de superestructura de la tradici\u00f3n marxiana ortodoxa, por considerarla un remanente del idealismo hegeliano. De este modo, para el autor, lo est\u00e9tico y lo pol\u00edtico est\u00e1n tramados de manera inexpugnable bajo este t\u00e9rmino cuyo dinamismo invita a analizar las formas en que el sentimiento es pensado y el pensamiento es sentido a trav\u00e9s de la cultura.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Estrenada en plena expansi\u00f3n del modelo neoliberal, <em>Toy Story<\/em> presenta una actitud contraria al auge de este modelo econ\u00f3mico en el que percibe \u2015y no se equivoca\u2015 una amenaza a la estabilidad que entra\u00f1a la promesa de seguridad del <em>american way<\/em> \u2015un dispositivo cultural de probada eficacia\u2015<em>. <\/em>Lo hace a partir de la figura de los juguetes que padecen la acelerada obsolescencia del mundo posmoderno y la consiguiente instauraci\u00f3n de un r\u00e9gimen econ\u00f3mico especular y fluctuante. Esa es la raz\u00f3n por la que el miedo al reemplazo por un modelo m\u00e1s reciente sea una clave tem\u00e1tica de la pel\u00edcula. Incluso una vez resuelta esa premisa persiste el mismo temor al abandono representado mediante el cami\u00f3n de mudanza presentado como un nuevo obst\u00e1culo que los protagonistas deben resolver.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es dentro de este universo vertiginoso e indolente dominado por m\u00e1quinas expendedoras de juguetes repletas de marcianitos de tres ojos, uniformes, indistintos, obedientes s\u00fabditos de la \u00abgarra\u00bb \u2015ya no tan invisible\u2015 del mercado y leg\u00edtimos predecesores de los Minions, desde donde surge una muy sintom\u00e1tica representaci\u00f3n del antagonista en el capitalismo global. Sid Philips, el vecino, es un antagonista que conjuga con cierta nitidez algo que podr\u00eda denominarse el terror al vecino end\u00f3geno (el pistolero que cada tanto dispara contra la multitud, pero tambi\u00e9n la amenaza que supone un sujeto sencillamente \u00abno cauc\u00e1sico\u00bb para un sector de la poblaci\u00f3n) con el miedo al enemigo ex\u00f3geno, que introduce algunos elementos sem\u00e1nticos como la tortura y el uso casi voluptuoso de explosivos como un alcance al estereotipo del terrorista de oriente medio, es decir, al enemigo exterior m\u00e1s importante del imperio estadounidense durante esa d\u00e9cada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Frente a este panorama en descomposici\u00f3n, el film recurre a dos mitolog\u00edas \u00e9picas, iconogr\u00e1ficas y globales del nacionalismo \u2015e imperialismo\u2015 gringo representadas por el vaquero del salvaje oeste que es Woody y el astronauta futurista que leemos en Buzz Lightyear en alusi\u00f3n al triunfo de la carrera espacial en los ochenta de la Guerra Fr\u00eda. No est\u00e1 dem\u00e1s decir que ambos personajes son al mismo tiempo mitos cinematogr\u00e1ficos del siglo XX que encarnan el proceso de conquista y ascensi\u00f3n del imperio yanki. El primero, el cowboy (cuyo paradigm\u00e1tico western est\u00e1 enquistado en los modos de ser, pensar y sentir de m\u00faltiples humanos, pistola en mano), sobre los pueblos ind\u00edgenas y el segundo, el astronauta \u2015funcionario del Comando Estelar: polic\u00eda intergal\u00e1ctica del expasionismo colonialista \u00abtriunfal\u00bb del neoliberalismo gringo (\u201cTo infinity and beyond!\u201d), sobre los enemigos pol\u00edticos externos en la fase de consolidaci\u00f3n global. Imagos dilectos de la cultura hegem\u00f3nica y al mismo tiempo figuras favoritas del nacionalismo estadounidense, Woody y Buzz son los l\u00edderes de un universo en inminente decadencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los juguetes antiguos, los que se acumulan de la primera infancia como la pizarra, o aquellos ef\u00edmeros a la moda \u2015aunque hoy sean consumidos bajo la laca entra\u00f1able del \u00abcl\u00e1sico\u00bb\u2015 como el dinosaurio (Rex) o el se\u00f1or Cara de Papa, son rescatados de su mon\u00f3tono e irreversible declive por estos h\u00e9roes de un mito estadounidense de grandeza que hay que recuperar a como d\u00e9 lugar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hoy, una lectura de una estructura de sentimiento nost\u00e1lgica podr\u00eda explicar en parte el auge del supremacismo blanco en el poder bajo la consigna de \u201cmake America (sic) great again\u201d. Esto no quiere decir que exista una causalidad mec\u00e1nica que vincule la pel\u00edcula con el Ku Klux Klan, por decir algo exorbitado. Sucede que el dinamismo y la complejidad de los fen\u00f3menos culturales escapa por completo a estas ecuaciones lineales. De hecho, parece posible que la campa\u00f1a del dem\u00f3crata Bernie Sanders llegase a una conclusi\u00f3n propagandistamente similar desde el ala m\u00e1s progresista del espectro pol\u00edtico gringo. Sin embargo, se puede elucubrar (eso es lo que se propone esta caluga al menos) que la capitalizaci\u00f3n pol\u00edtica del profundo malestar con el proceso de tercerizaci\u00f3n que padeci\u00f3 el grueso de la poblaci\u00f3n estadounidense \u2015y el resto del mundo sometido a la econom\u00eda de mercado\u2015 est\u00e1 arraigado mucho antes de la nefasta aparici\u00f3n de Donald Trump en el mapa electoral yanki.<\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La explotaci\u00f3n se reproduce, se reinventa, se desplaza geogr\u00e1ficamente, pero jam\u00e1s se inmola. Y, dado que las condiciones de esa explotaci\u00f3n tampoco parecen haber cambiado todav\u00eda sigue siendo importante \u2015y tremendamente rentable\u2015 que la masa permanezca idiota, maleable, moldeable. 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