{"id":8674,"date":"2018-12-24T05:51:19","date_gmt":"2018-12-24T05:51:19","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=8674"},"modified":"2018-12-24T13:40:35","modified_gmt":"2018-12-24T13:40:35","slug":"rodolfo-walsh-reportero-en-chile-1970-1971-fragmento-del-prologo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2018\/12\/24\/rodolfo-walsh-reportero-en-chile-1970-1971-fragmento-del-prologo\/","title":{"rendered":"Rodolfo Walsh, reportero en Chile (1970-1971) (fragmento del pr\u00f3logo)"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p class=\"align-right\"><strong>CARGADO DE COSAS QUE PESAN<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Para 1970, Walsh ya sent\u00eda el peso de las valijas en el espinazo. La materia prima de las estampitas y figuras de yeso de su propia leyenda: sus libros, esas investigaciones poniendo todo el cuerpo; su paso por Cuba y la agencia Prensa Latina, los medios obreros, la vida clandestina y la militancia activa; una hoja de vida copiosa, de movimiento f\u00e9rtil de arrojo y contradicci\u00f3n. En abril de 1970 anota en su diario: \u201cEscribo con la punta de tres dedos de cada mano, lentamente, como si aprendiera dactilograf\u00eda, ganando tiempo en realidad, cargado de cosas que pesan. Pesan, pienso, porque est\u00e1n mal acomodadas, como un mont\u00f3n de valijas y paquetes que me hubieran puesto a la espalda, y que yo no pudiera controlar, aunque por supuesto estoy dispuesto a llevarlas hasta el fin\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La escritura por encargo no se detiene. Gasta sus d\u00edas en las colaboraciones para el diario <em>La Opini\u00f3n<\/em> y <em>Siete D\u00edas<\/em>, y algunos art\u00edculos para <em>Panorama<\/em>, dejando atr\u00e1s las cr\u00f3nicas sobre tradiciones y formas de vida en la provincia argentina publicadas en la misma revista, junto a las fotos de Pablo Alonso. Su prontuario impreso y vital lo convert\u00eda en un hombre \u00abmarcado\u00bb en el ecosistema period\u00edstico argentino, un nombre propio inc\u00f3modo en las oficinas de directores y editores. Todos confiaban en su probada eficacia como \u00abcolaborador\u00bb, pero como parte del equipo estable de redacci\u00f3n, \u201cni en pedo\u201d. A \u00e9l tampoco le interesaba. En enero de 1970, escribe en su diario: \u201cHe resuelto \u2015pero casi lo resolvieron los dem\u00e1s por m\u00ed, los dem\u00e1s que ven en m\u00ed una especie de h\u00e9roe que no puede mancharse\u2015 no entrar fijo en <em>Panorama<\/em>, pase lo que pase. No me voy a morir de hambre, supongo, y sin embargo, estuve tan cerca de entregarme, tan asustado\u201d. Al mes siguiente, agobiado por el extenso trabajo que le demanda la investigaci\u00f3n y escritura de una cr\u00f3nica por encargo y el exiguo pago recibido, anota en su diario: \u201cConclusi\u00f3n evidente: no puedo volver a hacer notas para <em>Siete D\u00edas<\/em>, ni <em>Panorama<\/em>, ni probablemente ninguna otra revista, salvo espor\u00e1dicamente, cuando no lo necesite de verdad, y sean ellos los que me necesiten a m\u00ed. La cara de la necesidad es lo primero que ellos ven. Bien, pero hay que trabajar para ganarse la vida, hay que trabajar en pol\u00edtica, hay que trabajar en literatura. Hay que hacer las tres cosas al mismo tiempo\u201d.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>En octubre del 70, Walsh viaja a Bolivia. Va a escuchar, a presenciar y a escribir sobre el nuevo Presidente de la Rep\u00fablica, Juan Jos\u00e9 Torres \u2015quien se hace del poder el 7 de octubre de 1970 amparado en un levantamiento popular integrado por trabajadores, campesinos, universitarios y un sector de las fuerzas armadas\u2015, \u201cel general proletario\u201d, un at\u00edpico militar \u201ccorpulento aunque bajo de estatura, de trazos aindiados y mirada penetrante\u201d. En su cr\u00f3nica \u201cBolivia: el general proletario\u201d \u2015publicada en <em>Panorama <\/em>a fines de ese mes\u2015, Walsh escribe: \u201cTanto el general Torres como algunos miembros de su <em>entourage <\/em>exhiben lecturas a veces tenaces de Lenin y Mao. La ideolog\u00eda del nuevo r\u00e9gimen no responde sin embargo al marxismo ortodoxo ni a sus derivaciones tercermundistas, sino a una adaptaci\u00f3n <em>ad hoc <\/em>cuyo ingrediente m\u00e1s fuerte procede de una de las ramas del trotskismo rioplatense, aquella que postula la uni\u00f3n de Ej\u00e9rcito y trabajadores para la liberaci\u00f3n nacional\u201d. Claro y convencido en su proyecto pol\u00edtico, Torres afirmaba: \u201cEn un pa\u00eds semicolonial, como Bolivia, existe una frontera interior, que es invadida invisiblemente. La frontera interior no es invadida por tropas extranjeras, sino por medios m\u00e1s poderosos y sutiles: el endeudamiento financiero, la dependencia econ\u00f3mica, pol\u00edtica y cultural, el control del comercio exterior, el estrangulamiento de la industria nacional, la sumisi\u00f3n de los grandes diarios, la desnacionalizaci\u00f3n de la universidad\u201d.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>En diciembre de ese mismo a\u00f1o Walsh viaja a Chile. El reci\u00e9n asumido gobierno de Salvador Allende ejecuta el programa y firma la nacionalizaci\u00f3n del cobre en un ambiente enrarecido luego del asesinato del comandante en jefe del Ej\u00e9rcito, Ren\u00e9 Schneider, por un grupo de civiles y militares. Walsh se mueve por el centro de Santiago escuchando, anotando lo que luego nutrir\u00e1n la cr\u00f3nica \u201cLa muerte de Anaconda\u201d, publicada en la revista <em>Panorama <\/em>el 29 de diciembre. D\u00edas antes, el 15 de ese mes, el presidente Allende se hab\u00eda instalado en la plaza de la Constituci\u00f3n para anunciar la firma del proyecto de ley de la nacionalizaci\u00f3n. Walsh est\u00e1 ah\u00ed, y escribe: \u201cLos aplausos llenaron la plaza de la Constituci\u00f3n, en Santiago, cuando el presidente Salvador Allende ley\u00f3 la semana pasada el proyecto de reforma constitucional que nacionaliza el cobre\u201d. Ya en el segundo p\u00e1rrafo, pone el dato sobre la mesa y advierte: \u201cLa multitud era menos numerosa que la que acompa\u00f1\u00f3 su campa\u00f1a electoral (&#8230;) que lo llev\u00f3 al poder en septiembre \u00faltimo. Los organizadores del acto invocaron el calor, la proximidad de las fiestas y, menos abiertamente, la dificultad de galvanizar a las masas chilenas en torno a consignas que no encierren la satisfacci\u00f3n de reclamos inmediatos\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Walsh deambula por los alrededores de La Moneda; est\u00e1 ah\u00ed para certificar el acontecimiento: \u201cVarios miles de personas siguieron sin embargo lo que el vespertino <em>\u00daltima Hora <\/em>calific\u00f3 de \u2018segunda independencia de Chile\u2019, y se derramaron luego por las calles c\u00e9ntricas entre centenares de quioscos atestados de baratijas navide\u00f1as\u201d. Contextualiza, ordena el hecho y establece v\u00ednculos y filiaciones pol\u00edticas y empresariales. \u201cLa frase del vespertino allendista no era quiz\u00e1s una exageraci\u00f3n. En todo caso, el cobre chileno figura entre las cinco nacionalizaciones mayores realizadas en el continente \u2015petr\u00f3leo en M\u00e9xico, ferrocarriles en Argentina, esta\u00f1o en Bolivia, az\u00facar en Cuba\u2015 y vincula de alg\u00fan modo el nombre de su autor con el de C\u00e1rdenas, Per\u00f3n, Paz Estenssoro y Fidel Castro\u201d. A continuaci\u00f3n, despliega con precisi\u00f3n los antecedentes hist\u00f3ricos, pol\u00edticos y econ\u00f3micos de la resoluci\u00f3n del Estado chileno. Operaci\u00f3n que fue considerada como una afrenta por las empresas cupr\u00edferas, de gran \u201cpotencial econ\u00f3mico muy superior al de muchos pa\u00edses latinoamericanos con bandera y con ej\u00e9rcito\u201d, aclara Walsh, que \u201csirve para dar una idea del enemigo que se ha echado encima el nuevo gobierno chileno\u201d.<\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para 1970, Walsh ya sent\u00eda el peso de las valijas en el espinazo. 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