{"id":8720,"date":"2019-01-09T03:13:21","date_gmt":"2019-01-09T03:13:21","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=8720"},"modified":"2019-01-17T02:15:02","modified_gmt":"2019-01-17T02:15:02","slug":"el-adios-del-pueblo-de-chile-a-gabriela-mistral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2019\/01\/09\/el-adios-del-pueblo-de-chile-a-gabriela-mistral\/","title":{"rendered":"El adi\u00f3s del pueblo de Chile a Gabriela Mistral"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p class=\"align-right\"><em>Once d\u00edas pasaron desde su deceso en Nueva York hasta su entierro en el Cementerio General. El Sal\u00f3n de Honor de la Casa Central de la Universidad de Chile fue el lugar donde se congreg\u00f3 la emoci\u00f3n de miles de personas de diferentes edades, clases sociales y ciudades del pa\u00eds que viajaron para visitar durante 62 horas el cuerpo inerte de la Premio Nobel.<\/em><\/p>\n<p>  <\/p>\n<p><\/p>\n<p>El 29 de diciembre de 1956, Gabriela Mistral ingres\u00f3 a la habitaci\u00f3n 420 del hospital de Hempstead, Nueva York. Acompa\u00f1ada de Doris Dana, que estuvo con ella en la segunda cama de la pieza, Mistral volv\u00eda a estar en el recinto que hab\u00eda visitado en octubre de ese a\u00f1o por una anemia y s\u00edntomas de agotamiento, patolog\u00edas que se sumaban a una diabetes, reumatismo, problemas cardiacos y al c\u00e1ncer de p\u00e1ncreas que finalmente le quit\u00f3 la vida.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Cuatro d\u00edas despu\u00e9s de recibir el a\u00f1o nuevo se marc\u00f3 la tendencia definitiva: Mistral entr\u00f3 en un estado de coma y perdi\u00f3 la conciencia. Bajo la atenta mirada del mundo, que ya comenzaba a informarse de su delicado estado de salud, Mistral, acompa\u00f1ada de la fotograf\u00eda de su madre y de su crucifijo de plata, y escuchando una vieja canci\u00f3n jud\u00edo espa\u00f1ola, se despidi\u00f3 de la lucidez pronunciando la palabra \u201ctriunfo\u201d. Entre infinitas llamadas al hospital y las constantes visitas de su m\u00e9dico de cabecera Alfred Vogel \u2015que tambi\u00e9n fuera responsable de la salud de Sigmund Freud\u2015, Doris Dana relat\u00f3 a la prensa c\u00f3mo la boca de la Premio Nobel hab\u00eda dicho al mundo su \u00faltima palabra. El mensaje llegaba a Chile a trav\u00e9s de los peri\u00f3dicos y de las agencias de noticias que informaban que su fallecimiento era inminente.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>A pesar de las fuertes nevazones, algunos chilenos y otros enterados en Nueva York de la gravedad de Gabriela Mistral esperaban en las cercan\u00edas del hospital hasta su deceso.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>A las 4:18 de la ma\u00f1ana del 10 de enero \u20153:18 en Chile\u2015 muri\u00f3 Gabriela Mistral, bajo la atenta mirada del retrato de su madre, Doris Dana y el personal del hospital. Al mediod\u00eda lleg\u00f3 su cuerpo hasta la funeraria Frank Campbell, donde lo embalsamaron y velaron. Autoridades norteamericanas y chilenas, amigos y representantes del mundo de las letras llegaron a darle el adi\u00f3s; esa misma ma\u00f1ana la asamblea de la ONU le rindi\u00f3 un homenaje.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Desde Nueva York fue llevada a Carolina del Sur, donde el militar chileno Santiago Polanco aguardaba su llegada para acompa\u00f1arla hasta Chile. Desde ah\u00ed el viaje se hizo complejo. A\u00f1os despu\u00e9s, Polanco cont\u00f3 a El Mercurio que tras el primer despegue, el 15 de enero a las 2:30 am, tuvieron que volver a tierra en medio de un fuerte temporal de viento y lluvia y que \u00e9l mismo hizo ver a la tripulaci\u00f3n un detalle: \u201cno pude disimular ante el capit\u00e1n de la nave y la tripulaci\u00f3n: el avi\u00f3n llevaba otra carga, lo que me pareci\u00f3 irrespetuoso\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Tras otro intento fallido de despegue y del cambio del avi\u00f3n y tripulaci\u00f3n, la madrugada del jueves 17 de enero Gabriela Mistral emprendi\u00f3 el regreso definitivo. Luego de una parada en Panam\u00e1, donde el personal de la embajada puso una bandera chilena sobre la urna, la poetisa lleg\u00f3 a Lima para ser recogida por el avi\u00f3n FACH.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Mientras tanto, en Chile se iniciaban los preparativos para los honores que recibir\u00eda la Nobel: en La Moneda y en la Canciller\u00eda comenzaban a recibirse las condolencias oficiales y en la Casa Central de la Universidad de Chile los funcionarios adecuaban el Sal\u00f3n de Honor como capilla ardiente para el masivo velorio.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Para Jaime Quezada, escritor y estudioso de la vida de la Premio Nobel, la elecci\u00f3n del edificio de Alameda 1058 tiene que ver con que la Universidad \u201cno s\u00f3lo era el centro universitario y acad\u00e9mico de pa\u00eds, sino que tambi\u00e9n el intelectual. No fue en el palacio de gobierno, que pudo haber sido, en la biblioteca nacional, en el palacio Bellas Artes, sino que en el alma mater del pa\u00eds\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El Ministerio del Interior decret\u00f3 tres d\u00edas de duelo oficial por este fallecimiento y el gobierno envi\u00f3 un proyecto de ley al Congreso para decretar duelo nacional el d\u00eda del sepulcro. Francisco B\u00f3rquez, ministro de Educaci\u00f3n, recibi\u00f3 una nota del presidente de la Sociedad de Profesores Jubilados de Instrucci\u00f3n Primaria en la que ofrec\u00edan el mausoleo en el Cementerio General como lugar de reposo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La voz de los locutores radiales hizo eco en todo Chile de los informes m\u00e9dicos. Eran noticias que los habitantes del Valle del Elqui esperaban con ansias. La prensa de Vicu\u00f1a inform\u00f3 que una comisi\u00f3n de vecinos de esa comuna y de Paihuano viajar\u00eda a la capital a rendirle tributo a su hija m\u00e1s querida. Pero estos no s\u00f3lo pasaron por la Casa Central de la Universidad a ver sus restos, tambi\u00e9n se reunieron con Iba\u00f1ez del Campo para, entre otras cosas, acelerar el traslado definitivo de los restos de la Premio Nobel a Montegrande y cumplir as\u00ed su \u00faltima voluntad manifestada en su testamento.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u201cNo se pudo inmediatamente dar cumplimiento a ese deseo ya que no se ten\u00eda previsto un lugar adecuado donde construir un mausoleo. Reci\u00e9n al cabo de un par de a\u00f1os el mausoleo definitivo en Montegrande estuvo listo. La familia Sommerville hab\u00eda donado el terreno y el Estado realiz\u00f3 la obra\u201d, explica Rodrigo Iribarren, director del Museo Gabriela Mistral de Vicu\u00f1a.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Pero los vecinos del Valle del Elqui no fueron los \u00fanicos movilizados por la desaz\u00f3n de la muerte de Mistral. Autoridades y personas acongojadas se dirigieron la tarde de ese 18 de enero a recibirla en su llegada al pa\u00eds. Muchos de ellos lograron asistir gracias a los veh\u00edculos que la agrupaci\u00f3n de due\u00f1os de autobuses dispuso para salir desde el Paseo Bulnes hasta el aeropuerto Los Cerrillos.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>LOS MANGA CORTA<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En Santiago, el calor arreciaba. A las cinco de la tarde aterriz\u00f3 el cuerpo de Mistral, a bordo del avi\u00f3n Douglas DC -3 de la FACH. Las autoridades tomaron el f\u00e9retro y el orfe\u00f3n de la Escuela de Aviaci\u00f3n interrumpi\u00f3 el silencio general con su interpretaci\u00f3n de la \u201cMarcha f\u00fanebre\u201d de Chopin. Descendi\u00f3 del avi\u00f3n tambi\u00e9n el C\u00f3nsul General de Chile en Nueva York, Enrique Bustos, quien tra\u00eda consigo el testamento que entreg\u00f3 m\u00e1s tarde al presidente y al canciller, junto a Santiago Polanco. En tierra la esperaban ministros, los edecanes del presidente, la alcaldesa de Santiago, una delegaci\u00f3n de la Escuela Gabriela Mistral y una de scouts, adem\u00e1s de escuadrones de las ramas de las Fuerzas Armadas, evidenciando desde el primer momento la fuerte presencia militar que tendr\u00edan los honores que el pa\u00eds le rindi\u00f3: un funeral de Estado, tal como el que se le brinda a los Jefes de Divisi\u00f3n del Ej\u00e9rcito.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En un furg\u00f3n, la urna comenz\u00f3 su recorrido hasta su lugar de velatorio, pasando por las avenidas Pedro Aguirre Cerda, Puente Antofagasta, Rondizzoni, Beauchef, Blanco Encalada, Ej\u00e9rcito y Alameda. En el camino personas sal\u00edan a su encuentro e incluso, en medio de la conmoci\u00f3n, el cortejo tuvo que acelerar la marcha luego de que un grupo de personas abriera el veh\u00edculo tratando de ver a la poeta. En el percance, la comitiva atropell\u00f3 a un ciclista y choc\u00f3 el auto del Comandante en Jefe del Ej\u00e9rcito.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Cerca de la Alameda, representantes de diversos colegios de Santiago aguardaban su paso portando los estandartes de sus establecimientos adornados con cintas negras. A medida que se acercaba a Alameda 1058, la gente comenzaba a enfilar hacia las puertas de la Universidad, por lo que Carabineros tuvo que cortar calles y organizar a los visitantes que llegaron ininterrumpidamente hasta el d\u00eda del funeral, sin importar la hora ni las altas temperaturas del verano.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Obreros con ropa de trabajo, ni\u00f1os con uniforme y ni\u00f1os descalzos, soldados, carabineros de franco, mujeres y ancianas hicieron la fila por la que, seg\u00fan la prensa de la \u00e9poca, ingresaron cerca de 170 mil personas. \u201cLa mayor\u00eda era pueblo, pueblo\u2026 Pasaban rodeando el f\u00e9retro cuarenta personas por minuto, circulando, circulando. Hubo que organizar el acceso del p\u00fablico con fuerza de carabineros\u201d, escrib\u00eda el director de la Biblioteca Central de la Universidad H\u00e9ctor Fuenzalida en la revista Anales de 1957 sobre las intensas jornadas en las que los funcionarios trabajaron en turnos extras para organizar la casona y mantener el orden y la limpieza.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Fue ah\u00ed tambi\u00e9n donde las autoridades policiales tuvieron que dar una contraorden y permitir que todos quienes hicieran la fila pudieran ingresar a expresar su pesar y no \u201cdiscriminar (\u2026) a los manga corta, es decir, a aquellos que la miseria y el verano les priva del uso del vest\u00f3n, y sospechosos de ser pungas\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Y esta conmoci\u00f3n popular y transversal no estaba vinculada directamente con su obra, como plantea el director del Centro Mistraliano de la Universidad de La Serena y autor del libro <em>Gabriela Mistral: Cr\u00f3nica de su muerte,<\/em> Rolando Manzano Concha: \u201cla mayor\u00eda no la hab\u00eda le\u00eddo y mal podr\u00eda citar un verso suyo. La gente se ve\u00eda en ella, las profesoras normalistas eran Lucilas. La valoraci\u00f3n de su obra en Chile, en esos momentos no empezaba a\u00fan\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En definitiva, \u201cpara el pueblo, que nunca la hab\u00eda le\u00eddo, fue como la muerte de la Virgen del Carmen, patrona, defensora, s\u00edmbolo, todo junto. En quien se reflejaban, quien simbolizaba la lucha diaria de un pueblo se hab\u00eda muerto, y la fueron a despedir\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>H\u00e9ctor Fuenzalida recuerda que s\u00f3lo se interrumpi\u00f3 este \u201cr\u00edo humano\u201d el s\u00e1bado 19 de enero entre las 10 y 12 de la ma\u00f1ana, para el homenaje del cuerpo diplom\u00e1tico, y el lunes a las 8:30 para los rituales previos a los funerales; \u201cfuera de estas horas, todo fue un ir y venir de la delgada y silenciosa ola\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>EN EL SAL\u00d3N DE HONOR<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>De pie en el hall de entrada al Sal\u00f3n de Honor de la Universidad de Chile, el rector Juan G\u00f3mez Millas esperaba la llegada de Gabriela Mistral. Ya hab\u00eda aguardado por ella ah\u00ed dos a\u00f1os y medio antes, cuando la poeta entraba a la Casa Central para recibir el grado de Doctor Honoris Causa, que por primera vez entregaba la instituci\u00f3n. Esta vez, el 18 de enero de 1957, Mistral ingresaba al edificio en un ata\u00fad para su \u00faltimo reconocimiento p\u00fablico: el adi\u00f3s del pueblo de Chile.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Acompa\u00f1ado de los integrantes del Consejo Universitario, el rector se acerc\u00f3 a recibir el ata\u00fad. La urna pas\u00f3 el umbral de la casona encontr\u00e1ndose primero con los ni\u00f1os del Instituto Nacional. All\u00ed, los funcionarios de la funeraria abrieron la urna caf\u00e9 claro que ven\u00eda cubierta por la bandera chilena, quitaron el vidrio y un pa\u00f1o blanco que tapaba su rostro, dejando ver, entre medio de los flashes de la prensa, a la Premio Nobel 1945. En medio de la expectaci\u00f3n de los presentes emergi\u00f3 el perfil de Gabriela Mistral, que estaba inclinado ligeramente al costado derecho. Uno de los empleados, dudando, tom\u00f3 entre sus manos su cabeza para enderezarla.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Con sus manos cruzadas a la altura del vientre, la poetisa sosten\u00eda un crucifijo de plata. A la urna, rodeada de cintas de las ofrendas y condolencias que arrastr\u00f3 en su viaje desde Nueva York a Santiago, se acerc\u00f3 Ra\u00fal Pinto, p\u00e1rroco de Paihuano, para rezar por el responso de Gabriela. Con \u00e9l ven\u00eda el esp\u00edritu del Valle del Elqui a la capital a rendirle tributo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Los funcionarios de la Universidad hab\u00edan quitado las butacas del Sal\u00f3n de Honor para hacer espacio y comenzaban a depositar las flores enviadas por gobiernos, agrupaciones culturales, colegios y clubes deportivos. El lugar se convirti\u00f3 en una capilla ardiente.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El ritual comenz\u00f3 a las 18:05 cuando, de terno y no de uniforme de militar, ingres\u00f3 a la Universidad el presidente Carlos Ib\u00e1\u00f1ez del Campo; el mismo que la Premio Nobel en correspondencia con amigos lo hab\u00eda definido como \u201csu enemigo\u201d por cancelar su jubilaci\u00f3n de maestra en su primer gobierno, y el que en alg\u00fan momento hab\u00eda despertado el inter\u00e9s de la autora de <em>Los sonetos de la muerte<\/em> para escribir su biograf\u00eda; el mismo que en noviembre de 1956 hab\u00eda enviado un proyecto de ley al Congreso para restituir la jubilaci\u00f3n para Mistral cuando ella volviese a Chile.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Por cinco minutos permaneci\u00f3 el presidente junto a Gabriela Mistral, acompa\u00f1ado de su esposa, el ministro de Relaciones Exteriores, el rector y el secretario general de la Universidad Guillermo Feli\u00fa, en un espacio de recogimiento que ocurr\u00eda mientras el Coro Sinf\u00f3nico, vestido con sus largas t\u00fanicas, entonaba una sentida melod\u00eda. Movi\u00e9ndose en medio del p\u00fablico, Luis Robles, del Servicio de Fotograf\u00eda de la Universidad pudo retratar los principales hitos de las casi 62 horas que la Premio Nobel estuvo en la Universidad.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Fue as\u00ed como Robles pudo capturar toda la solemnidad del contexto tras los abnegados preparativos con que el Estado le rindi\u00f3 honores a una poco reconocida Premio Nobel. Esto, a pesar de que, como explica Iribarren, \u201ca Gabriela nunca le gustaron las grandes ciudades, las muchedumbres, los homenajes en su honor, ni los grandes actos protocolares. Quiz\u00e1s con los a\u00f1os se vio en la necesidad de aceptar un poco a rega\u00f1adientes que estos eran parte de ese mundo en que le toc\u00f3 vivir. Seguramente si hubiese tenido la oportunidad de elegir, no lo habr\u00eda hecho\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Las estudiantes del Liceo N\u00b06, del cual Mistral fuera directora en 1921, se ubicaron a los costados del f\u00e9retro para montar la guardia de honor. Encomendadas por el ministro de Educaci\u00f3n y vestidas con su mejor uniforme, las ni\u00f1as acompa\u00f1aron a la Premio Nobel junto a los cirios e hicieron turnos hasta su funeral.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Una anciana mujer comenz\u00f3 a temblar y descompensarse: Clara Godoy Orrego, prima de la poeta, que viaj\u00f3 desde La Serena, sufri\u00f3 una crisis nerviosa. No ser\u00eda la primera ni la \u00fanica que ocurrir\u00eda en los honores a Mistral.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>A las siete de la tarde se iniciaron las visitas del p\u00fablico, que desde el ingreso del f\u00e9retro se hab\u00eda comenzado a agolpar en las inmediaciones de la Casa Central. A las nueve de la noche Carabineros tuvo que organizar filas dobles que sal\u00edan por la Alameda, doblando por San Diego hasta Alonso Ovalle. A esa misma hora las estudiantes de la guardia de honor se retiraban a sus casas para ser relevadas por sus profesores, quienes permanecieron toda la noche en el lugar para recibir a los visitantes que, a pesar de las horas y la espera, continuaban ingresando por la puerta derecha del sal\u00f3n, observaban el cuerpo unos segundos y luego sal\u00edan por la puerta izquierda, satisfechos de haber entregado sus respetos y ver, para muchos por primera y \u00fanica vez, a la poeta.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En su lugar de reposo, Mistral luc\u00eda un traje de terciopelo negro; el mismo que us\u00f3 cuando recibi\u00f3 el Nobel en Suecia.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>EL \u00daLTIMO ADI\u00d3S<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El presidente Ib\u00e1\u00f1ez volvi\u00f3 a la Casa Central a las 9 de la ma\u00f1ana del lunes 21 de enero de 1957. La Orquesta Sinf\u00f3nica musicalizaba <em>Los Sonetos de la Muerte<\/em>.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En medio de las autoridades y de los presentes en el \u00faltimo ritual que se realizar\u00eda en la Casa Central, Juan G\u00f3mez Millas se abr\u00eda paso minutos para subirse al estrado y pronunciar una oraci\u00f3n de despedida ante destacados participantes, entre ellos Amanda Labarca, el ex ministro Radomiro Tomic, Juan Guzm\u00e1n Cruchaga, su amigo Hern\u00e1n D\u00edaz Arrieta (Alone) y Matilde Ladr\u00f3n de Guevara. \u201cNo tuvo hijos; pero se hizo madre en sus cantos maternales para los hijos de todas las madres y, de su vientre fecundo, renaci\u00f3 su valle y, a nueva vida, los campesinos de aquel valle y de todas las tierras del mundo\u201d, dijo el rector representando a la Universidad que desped\u00eda a su primera Doctor Honoris Causa.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Decanos y autoridades del mundo educacional tomaron la urna al son de <em>La Heroica<\/em> de Beethoven para sacarla hasta la puerta. A las 9:33 de la ma\u00f1ana Gabriela Mistral cruzaba el umbral de la puerta, esta vez, para no volver, dejando atr\u00e1s, como relata H\u00e9ctor Fuenzalida, \u201cun gran silencio\u201d y \u201cun hedor floral marchito\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El cortejo cruz\u00f3 la Alameda hasta llegar a Ahumada. Encabezados por tres patrullas de Carabineros, una delegaci\u00f3n del Liceo Experimental Gabriela Mistral, un furg\u00f3n de las pompas f\u00fanebres y bandas militares, el carro mortuorio iba acompa\u00f1ado de 13 hombres de tropa con sus armas. Atr\u00e1s lo segu\u00edan el presidente y las dem\u00e1s autoridades. Al asomarse a la Plaza de Armas, resonaron las campanas de la catedral a la que entr\u00f3 la urna bajo la vista de centenares de personas que se apostaron a las afueras del templo, arriba de los \u00e1rboles y al interior de los edificios aleda\u00f1os. Rodeada de doce cirios, Mistral se enfrentaba a la misa f\u00fanebre oficiada por el cardenal Jos\u00e9 Mar\u00eda Caro quien al finalizar el proceso se visti\u00f3 con una capa negra y se acerc\u00f3 a regar agua bendita sobre la bandera chilena que cubr\u00eda su \u00faltima morada.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Tras salir por la calle Puente, el cortejo lleg\u00f3 a Avenida La Paz donde la gente se acercaba tratando de ver la urna, o esperaban verla pasar desde las alturas de los techos, mientras arrojaban p\u00e9talos de flores, mov\u00edan pa\u00f1uelos blancos y agitaban impresiones de <em>Los Sonetos de la Muerte<\/em> que esos d\u00edas vendieron los suplementeros. En el Hospital Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Aguirre los enfermos se asomaron por las ventanas para despedirse. Desde el cerro Blanco, otros se apostaban a mirar desde las alturas lo que alcanzaran a ver. La cosa era estar ah\u00ed.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>A las 12:03 se inici\u00f3 la ceremonia final. Ah\u00ed, el ministro de Educaci\u00f3n y el decano de la Facultad de Artes, Luis Oyarz\u00fan, ofrec\u00edan sus discursos a los asistentes que caminaron al mausoleo donde descansar\u00eda provisoriamente Gabriela Mistral, lugar en el que fue sepultada a las 12:30 horas. S\u00f3lo el 22 de marzo de 1960 fue exhumado el cuerpo de la Premio Nobel para subirlo nuevamente a un avi\u00f3n y llevarla a La Serena, en un \u00faltimo viaje hasta su \u00faltima voluntad: llegar a su a\u00f1orada tierra de Montegrande.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>__________<\/p>\n<p><\/p>\n<p><sup>Texto publicado originalmente\u00a0en Revista El Paraca\u00eddas de la Universidad de Chile.<\/sup><\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Once d\u00edas pasaron desde su deceso en Nueva York hasta su entierro en el Cementerio General. 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