{"id":8862,"date":"2019-03-27T02:25:15","date_gmt":"2019-03-27T02:25:15","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=8862"},"modified":"2019-03-27T03:57:11","modified_gmt":"2019-03-27T03:57:11","slug":"palabras-imaginarias-a-gonzalo-rojas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2019\/03\/27\/palabras-imaginarias-a-gonzalo-rojas\/","title":{"rendered":"Palabras imaginarias a Gonzalo Rojas"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p class=\"align-right\">Querido poeta Gonzalo Rojas:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>No he tenido el privilegio de conocerlo personalmente. <\/strong>Lo escuch\u00e9 s\u00ed, en una lectura que usted ofreci\u00f3 en el campus oriente de la universidad cat\u00f3lica hace veinte a\u00f1os atr\u00e1s. \u00a0Recuerdo \u2015como si hubiera ocurrido ma\u00f1ana\u2015 la inmediata percepci\u00f3n de que usted hablaba como escrib\u00eda, y escrib\u00eda como hablaba. Es m\u00e1s, me asalt\u00f3 la impresi\u00f3n de que en usted se lograba el anudamiento indisoluble entre vida y obra o, dicho de otro modo, que su persona encarnaba en su poes\u00eda y viceversa, se\u00f1al que delata inequ\u00edvocamente a un poeta de verdad. Tal vez el poeta sea aquel que es capaz de hacer de su vida su obra; todos sus gestos, sus inflexiones vocales, sus actitudes f\u00edsicas, son expresi\u00f3n cabal de su lenguaje. Como que el verdadero poeta es aquel que se parece a su poes\u00eda. \u00a0O m\u00e1s a\u00fan: el verdadero poeta <em>es<\/em> su poes\u00eda, logro mayor, que yo veo en muy pocos autores, incluy\u00e9ndolo, naturalmente, a usted mismo, entre otros de cuyo nombre no viene al caso acordarse.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y aunque no pudimos conocernos en persona, \u2015y pese a que s\u00ed nos hayamos encontrado como lector y autor, en la invisibilidad\u2015 algo de m\u00ed pudo ver usted, sin saberlo, en su amigo, mi abuelo, el poeta Alberto Rubio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fue mi abuelo quien, indirectamente, me present\u00f3 su poes\u00eda, sin quererlo. <em>Materia de testamento<\/em> es el primer libro suyo que le\u00ed; lo hered\u00e9 de mi abuelo, cuando ten\u00eda yo unos quince a\u00f1os o tal vez m\u00e1s. El libro llevaba una dedicatoria que llam\u00f3 profundamente mi atenci\u00f3n: \u201cAl poeta Alberto Rubio, hermano m\u00edo, De alumbrado a alumbrado\u201d. Ambos reunidos por ese sustantivo escandaloso, que delata un secreto y luminoso parentesco entre ambos: alumbrado. El a\u00f1o de la dedicatoria \u20151987\u2015 se acerca bastante al tiempo en que mi abuelo se entregara a un silencio progresivo \u2015cada vez m\u00e1s rotundo\u2015 hasta su mudez final, y tal vez definitiva, el a\u00f1o 2002.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Oh voz, \u00fanica voz: todo el hueco del mar,<\/p>\n<p>todo el hueco del mar no bastar\u00eda,<\/p>\n<p>todo el hueco del cielo,<\/p>\n<p>toda la cavidad de la hermosura<\/p>\n<p>no bastar\u00eda para contenerte,<\/p>\n<p>y aunque el hombre callara y este mundo se hundiera<\/p>\n<p>oh majestad, t\u00fa nunca,<\/p>\n<p>t\u00fa nunca cesar\u00edas de estar en todas partes,<\/p>\n<p>porque te sobra el tiempo y el ser, \u00fanica voz,<\/p>\n<p>porque est\u00e1s y no est\u00e1s, y casi eres mi Dios,<\/p>\n<p>y casi eres mi padre cuando estoy m\u00e1s oscuro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Usted y mi abuelo ten\u00edan el o\u00eddo apegado al zumbido hosco y \u00e1spero de Gabriela Mistral, ese ritmo que la propia poeta atribuye a la influencia de los cerros ce\u00f1udos entre los que naci\u00f3.\u00a0 Yo creo que usted es el mayor mistraliano de nuestra poes\u00eda chilena, si es que se puede serlo despu\u00e9s de la Mistral, con su aspereza de lengua, su tosquedad r\u00edtmica, su oralidad suelta de tierra. \u00a1Qu\u00e9 alegr\u00eda vergonzosa para usted haber recibido esas palabras de la Mistral, a prop\u00f3sito de su primer libro <em>La miseria del hombre<\/em>, del a\u00f1o 1948! \u201cCaro Gonzalo Rojas: hace s\u00f3lo una semana que tengo su libro. Me ha tomado mucho, me ha removido y, a cada paso, admirado, y a trechos, me deja algo parecido al deslumbramiento de lo muy original. De lo realmente in\u00e9dito. Deme alg\u00fan tiempo para masticar esta materia preciosa. Usted sabe, Rojas, que no sirvo para hacer cr\u00edtica. Hago solamente, de tarde en tarde, algunas alabanzas que poco sirven para la publicidad de tipo t\u00e9cnico, que es la mejor publicidad. Lo que s\u00e9, a veces, es recibir el rel\u00e1mpago violento de la creaci\u00f3n efectiva, de lo genuino, y eso lo he experimentado con su precioso libro\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed las palabras de la Mistral, con las que no cabe polemizar. En efecto, su <em>Miseria del hombre<\/em> es un libro mayor, que, por lo mismo, tal vez no ha recibido la atenci\u00f3n cr\u00edtica que merece. En \u00e9l logra usted trabajar con maestr\u00eda sobre los materiales aportados por Quevedo en sus textos morales y sat\u00edricos, asimilando y, al mismo tiempo, torciendo, la tradici\u00f3n de la poes\u00eda espa\u00f1ola, desde la incomodidad rabiosa de un hablante, al parecer, resentido con la propia lengua, tal vez por el trauma de la violenta imposici\u00f3n hist\u00f3rica que desplaz\u00f3 el uso de nuestras lenguas nativas, o quiz\u00e1s por las puras, por el puro regocijo del rencor. Utilizo deliberadamente la palabra regocijo, pues, creo que el regocijo o el gozo est\u00e1n en la base de casi todo lo que usted \u2015a lo largo de su pr\u00f3diga vida\u2015 escribi\u00f3. Regocijo del amor, regocijo de la muerte. La palabra gozosa, que se solaza en su materialidad vital. Palabra que intenta reproducir el j\u00fabilo carnal, el ritmo de los cuerpos que se encuentran y se enlazan, en un solo movimiento de hambre y gozo y, como contrapartida, la celebraci\u00f3n de la muerte como el punto de mayor intensidad con el que el amor podr\u00eda, tal vez, manifestarse en la vida. \u00a0Contra la muerte, s\u00ed, contra la muerte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>La miseria del hombre<\/em> es un poemario escrito con sangre y rabia. Sus s\u00e1tiras al dinero (poderoso caballero), a la vanidad, la iglesia y la academia, tienen plena vigencia en estos pobres tiempos del mercadeo libre y mezquino de la prosperidad. Moscard\u00f3n insidioso era usted, mosc\u00f3n zumb\u00f3n de la vigilia l\u00facida. \u00a0Alguien ha dicho que los poetas son la conciencia cr\u00edtica de su pueblo. Usted no es la excepci\u00f3n que confirme la regla.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>La miseria del hombre<\/em> es un libro inaugural, que constituye el caldo de cultivo de varios de los poemas, reescritos y corregidos, de su segundo y fundamental libro <em>Contra la muerte<\/em>. Ya es habitual para nosotros, sus lectores, encontrar en sus libros poemas ya publicados en libros anteriores, desplazados de su lugar, una y otra vez, compulsivamente, como si en ese desplazamiento, incorporados a nuevos contextos, fueran adquiriendo nuevas significaciones y sentidos.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>Usted sab\u00eda y sabe que un poema es siempre discutible y perfectible. Nadie lee dos veces el mismo poema, no s\u00f3lo porque el lector cambia constantemente, sino, sobre todo, porque para el poeta su texto no es sino la suma de sus incertidumbres, y dichas incertidumbres devienen en un proceso de reescritura sin tregua, tan s\u00f3lo interrumpida por la muerte. Es \u00fatil, en ese sentido, comparar las primeras versiones de un poema con el texto presuntamente definitivo. Es el caso de C\u00e9sar Vallejo, tal vez el autor m\u00e1s cercano a usted, quien sol\u00eda partir, por ejemplo, de un perfecto soneto, para derivar en un poema sin m\u00e9trica ni rima y pr\u00e1cticamente irreconocible en relaci\u00f3n al poema original. Escribir es reescribir. Vivir es revivir, y morir, es remorir hasta las \u00faltimas ra\u00edces. El prefijo \u00abre\u00bb\u00a0 implica un retorno, un volver. Pero tambi\u00e9n, en el lenguaje cotidiano, un hacer algo con especial ah\u00ednco. En ese sentido reescribir es escribir con rabia, con \u00e9nfasis, con radicalidad. Revivir es un vivir con ganas, con re\u2212ganas, con re\u2212gozo.\u00a0 Con rel\u00e1mpago, esa palabra tan cara a su persona, don Gonzalo, y que para m\u00ed re\u2212sume la vitalidad luminosa de su poes\u00eda. El rel\u00e1mpago deslumbra, relumbra y alumbra en su doble sentido: iluminando y dando a luz, como las parturientas tendidas sobre el campo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Probablemente sea usted el mejor traductor de la poes\u00eda de C\u00e9sar Vallejo, al castellano. Nadie m\u00e1s pudo traducir con tanta fidelidad y, a la vez, con tanto irrespeto, su extra\u00f1\u00edsimo <em>Trilce<\/em> al espa\u00f1ol sin Chile del chileno. Y conste que la traducci\u00f3n no es una traici\u00f3n, sino un acto de fidelidad a lo que el autor quiso, pero no pudo decir en la lengua heredada por la madre, aunque Huidobro declare que hay que escribir en una lengua que no sea la materna. Qui\u00e9n sabe.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El h\u00e1bito de utilizar inusualmente las categor\u00edas verbales: usando un sustantivo como verbo, por ejemplo, o un adjetivo como sustantivo, y el uso de una oralidad suelta, prosaica a veces, que le otorga a su mejor poes\u00eda un tono conversacional, delata su filiaci\u00f3n gozosa con el cholo de Santiago de Chuco. Pero lo m\u00e1s vallejiano que veo en su poes\u00eda es esa ternura humilde que desdramatiza el dolor, pienso, sobre todo en su poema \u201cCarb\u00f3n\u201d. Vallejiana tambi\u00e9n es la afici\u00f3n suya, don Gonzalo, por las impertinencias sint\u00e1cticas o el uso de neologismos felices y tristes que surgen espont\u00e1neamente de la necesidad de buscar denominaciones m\u00e1s justas a experiencias, emociones o cosas para los que no existen t\u00e9rminos cabales en el diccionario de la Real Academia Espa\u00f1ola, que en paz descanse: nogala, oleajemente, personaja, orejear, naricear, y tantas otras palabras recientes, ed\u00e9nicas. Mi abuelo, por su parte, tambi\u00e9n incurrir\u00eda en tales audacias, sobre todo en su primer libro titulado ejemplarmente <em>La greda vasija<\/em>, algo as\u00ed como una greda que se vuelve vasija, por pura voluntad de forma, ese deseo incontenible que sienten los poetas de crearse un ritmo y una m\u00fasica, a su imagen y semejanza, un ritmo que los contenga y los desborde, a raudales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Su particular forma de cortar los versos, recuerda los cortes aparentemente caprichosos del gran poeta peruano. Le confieso que en un comienzo me cost\u00f3 mucho entender el sentido de esos cortes, hechos como a la mala, dejando palabras hu\u00e9rfanas \u2015a veces art\u00edculos solos, preposiciones viudas\u2015 al final de la l\u00ednea. Me cost\u00f3 tiempo comprender que esos cortes ten\u00edan como funci\u00f3n construir un ritmo que se correspondiera con el sentido de las palabras sobre las que se apoyaba; ese ritmo quebrado tan suyo y tan vallejiano a la vez, dif\u00edcil de asimilar en un primer momento por un o\u00eddo ind\u00f3cil a otra m\u00fasica que no sea la de los nocturnos de Chopin, el dulce violineo del oto\u00f1o o lo que fuere, pero que finalmente logra imponer su disciplina gozosa y dolorosa. M\u00fasica tartamuda, de trabaz\u00f3n en balbuceo, como de ni\u00f1o reciente en su aprendizaje de lengua, maravillado por el juego de ir nombrando las cosas primeramente, con torpeza, como si al nombrarlas, por gracia, las creara. Se balbucea no cuando no hay nada que decir, sino cuando lo que se quiere decir no encuentra las palabras necesarias y justas para decirlo. Toda gran poes\u00eda se debate entre lo inefable y el pobre lenguaje rudimentario del que disponemos para incomunicarnos. Y de esa tensi\u00f3n surge el rel\u00e1mpago, relincho de la luz, relumbre, rayo. El balbuceo suyo, logrado a trav\u00e9s de aliteraciones oclusivas, cortes abruptos de versos, el enrevesamiento de la sintaxis, entre otros recursos, se muestra como un m\u00e9todo para dar cuenta de lo que no se puede decir, al menos en el lenguaje convencional. Usted, como San Juan de la Cruz, busca inventarse un lenguaje de met\u00e1foras y s\u00edmiles que logren acercarse a la experiencia inefable del amor o de la muerte, dos de sus temas m\u00e1s recurrentes, pero en vano, como toda tentativa po\u00e9tica, cuyo fin sea llegar a representar, con palabras, una realidad extratextual o bien intervenirla para cambiar la vida. Tal como quer\u00eda Rimbaud, con el objeto de transformarse en vidente, a trav\u00e9s del desarreglo de todos los sentidos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando leo su poes\u00eda y la rumio, como se rumia la poes\u00eda cuando nace de la sangre, me olvido de que hay un m\u00e1s all\u00e1 del poema; constato s\u00f3lo el m\u00e1s ac\u00e1 del mismo, me regocijo en la materialidad gozosa de los brutos, que leen cuando quieren, cuando pueden. El poema es un cuerpo que celebra su existencia a trav\u00e9s del ritmo. Insisto en esa palabra, ritmo, pues me parece que usted logr\u00f3 crear un ritmo propio, claramente identificable, entre los otros ritmos de la poes\u00eda en espa\u00f1ol. Y cuando hablo de ritmo, don Gonzalo, hablo tambi\u00e9n de un sentido, es decir de una direcci\u00f3n. As\u00ed, el ritmo quebrado e interrupto de sus poemas est\u00e1 ah\u00ed, \u2015creo yo\u2015 para se\u00f1alar la imposibilidad de dar cuenta de experiencias para las cuales el lenguaje convencional no posee palabras: la pasi\u00f3n amorosa con el disfraz de la muerte. Este ritmo es el que no puede nombrarse, y su fractura, es justamente la expresi\u00f3n f\u00f3nica de dicha imposibilidad. Usted parece haber encarnado en su vida cabalmente el mandato de Rub\u00e9n Dar\u00edo: Ama tu ritmo y ritma tus acciones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tal vez, cuando mueren los poetas, si es que mueren, lo que dejan en la tierra es un ritmo, un ritmo que contiene su voz, que no enmudece nunca. El ritmo es la manifestaci\u00f3n vital por excelencia: est\u00e1 en el acto sexual, esa peque\u00f1a muerte que dura lo que dura un suspiro de mosca, en los ciclos naturales, en la m\u00fasica, en el movimiento de los astros en el cielo.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>La poes\u00eda, don Gonzalo, en mi modesta opini\u00f3n, refuta a la muerte, en tanto el ritmo supone una circularidad, un continuo renovarse desde el silencio hacia el capullo fabuloso del trueno, en un movimiento tal vez eterno o casi eterno, donde la voz o el ritmo del poeta queda gozosa y fatalmente atrapado en un coro de voces que hablan entre s\u00ed. Octavio Paz acu\u00f1\u00f3 un t\u00e9rmino que me parece muy apropiado para definir su poes\u00eda: palabra erotizada. Una palabra que renuncia a la funcionalidad reproductiva \u2015la comunicaci\u00f3n\u2015 para entregarse al goce del cuerpo.\u00a0 En su ensayo \u201cSonido y sentido\u201d, del libro <em>La belleza de pensar<\/em>, el poeta Eduardo Anguita expone una teor\u00eda muy interesante acerca de la especificidad del discurso po\u00e9tico, planteando que el axioma de la arbitrariedad del signo dejar\u00eda de funcionar, al menos con la nitidez con que lo hace en el discurso no po\u00e9tico. Seg\u00fan Anguita, el poeta imita las cosas mediante las palabras, y en consecuencia, la palabra tendr\u00eda, en el poema, una relaci\u00f3n motivada, no arbitraria, con la cosa nombrada. Siempre me ha parecido, don Gonzalo, que su poes\u00eda cumple en sus mejores poemas dicha condici\u00f3n definida intuitivamente por Anguita, tambi\u00e9n compartida por la poes\u00eda de mi abuelo, aunque a partir de t\u00e9cnicas distintas a las suyas.\u00a0 No s\u00e9 si alguien habr\u00e1 reparado en estas filiaciones, pero a m\u00ed al menos, don Gonzalo, me parecen evidentes. Ambos escribieron no para ser le\u00eddos, sino para ser o\u00eddos, con la\u00fad o con ata\u00fad; escuchados por la oreja lib\u00e9rrima del bruto o, mejor a\u00fan, olidos por la nariz del gozo, como San Juan ol\u00eda a su paloma, escandalosamente. \u00a1Y, adem\u00e1s, ese impulso pante\u00edsta que se palpa y se huele en tantos poemas suyos, donde se exalta la materia \u2015la tierra, el cuerpo\u2015 como formas de religiosidad! Me refiero al sentido etimol\u00f3gico de religi\u00f3n: re\u2212ligar, re\u2212unir las partes de una totalidad gozosa y amorosa, re\u2212volcarse en las cosas, hasta hacerse parte de ellas, fatalmente, fetalmente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esta religiosidad de la materia \u2015a contrapelo de la espiritualidad metaf\u00edsica, la especulaci\u00f3n y el filosofeo de los malos poetas\u2015 se verifica en la forma misma de sus poemas, donde nunca el verso est\u00e1 al servicio de la idea, sino m\u00e1s bien la idea al servicio del verso. Las aliteraciones, paronomasias, encabalgamientos y otros recursos pros\u00f3dicos no hacen sino exaltar la materialidad del verso, se\u00f1alando su preeminencia sobre la espiritualidad dudosa del discurso. \u201cHartazgo de orgasmo son dos p\u00e9talos en espa\u00f1ol de un mismo lirio tronchado\/ cuando piel y v\u00e9rtebras, olfato y frenes\u00ed tristemente tiritan\u201d, la sensaci\u00f3n f\u00edsica del tiritar, a trav\u00e9s del viejo recurso de la aliteraci\u00f3n, que no es sino una forma de se\u00f1alar que la palabra es un cuerpo. Ya lo dec\u00eda Mallarm\u00e9, la poes\u00eda se escribe con palabras y no con ideas. Y Sartre: las palabras con las que trabaja el poeta son, en primera instancia, cosas y no signos. Es decir, no remiten, en primera instancia, a ninguna realidad externa, m\u00e1s que la suya propia. Las palabras tienen peso, forma, intensidad, textura.\u00a0 Valen no s\u00f3lo por su significado, sino tambi\u00e9n por su sonido y la posible relaci\u00f3n entre ambos. En el poema, las palabras se aman, y bailan y celebran la posibilidad de hacer m\u00e1s soportable la existencia o en el mejor de los casos cambiar para siempre la vida de un hombre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Usted y mi abuelo lograron, en esa direcci\u00f3n, dignificar el regocijo de lo palpable, lo audible, lo olfateable, reivindicar la primac\u00eda del cuerpo por sobre el esp\u00edritu, en un contexto ideol\u00f3gico heredado del catolicismo en que el dogma del alma como principio sagrado ha prevalecido sobre la dignidad del cuerpo y la materia. \u00bfMe puede usted explicar, por qu\u00e9 dentro de esa ideolog\u00eda, es el esp\u00edritu el que goza \u2015en desmedro del cuerpo, considerado sucio y corrupto\u2015 del privilegio de la eternidad? \u00bfno es el cuerpo nuestra \u00fanica materia de la que disponemos como una certeza cercana, a lo largo de nuestra vida, nuestro \u00fanico consuelo de hambre y regocijo? Se lo pregunto sin dobleces, s\u00f3lo porque tengo de usted una imagen cercana a la sabidur\u00eda, ese exceso de ignorancia que lleva al hombre a formularse todas las preguntas posibles e imposibles.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Usted lo dice bien: \u201cOh cuerpo, cuerpo, quien fuera eternamente cuerpo\u201d. Su poes\u00eda resit\u00faa al cuerpo en el lugar de importancia que le corresponde, no s\u00f3lo porque se hable del cuerpo \u2015eso ser\u00eda lo de menos\u2015, sino porque, por sobre todo, su lenguaje mismo enfatiza y se\u00f1ala su propia corporeidad, su materialidad f\u00f3nica y r\u00edtmica, gozosamente. Su mejor poes\u00eda, no s\u00f3lo la er\u00f3tica, se muestra como una brutal celebraci\u00f3n del cuerpo. O de la vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed, mientras mi abuelo se revuelca en la hierba, colmado de comida, entre los vivos velos de un sol amarillo, usted entra con su sangre furiosa, como un sol colorado, hasta las \u00faltimas ra\u00edces de la amada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Debe llegar a t\u00e9rmino esta carta. Ya habr\u00e1 tiempo para soltar el mirlo extensamente. Por ahora mi intenci\u00f3n no ha sido otra que la de compartir estas pobres impresiones sobre su poes\u00eda y ese parentesco que tanto me concierne, como nieto de Alberto y entusiasta envidioso de ambos. Llegar\u00e1 el momento de poder conversar con usted, personalmente, de otras cosas menos tediosas. Reciba mis saludos de gratitud y aprecio. Env\u00edele un abrazo m\u00edo a mi abuelo, cuando lo vea, si es que lo ve. D\u00edgale, si se anima, que ac\u00e1 se lo echa, como a usted mismo, grandemente de menos. No se moleste en contestar esta carta, poeta, no le perdonar\u00eda ese gesto de consideraci\u00f3n misericordiosa con un poeta menor que se ha atrevido a importunar su descanso, con esta ch\u00e1chara m\u00e1s o menos vac\u00eda y que no merece, por cierto, una palabra suya, aunque pudiera salvarme del silencio. Nos vemos pronto. Vuelvo en cinco minutos, o tal vez menos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un abrazo fraterno, Rafael Rubio.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>PD: me permito la insolencia de enviarle, junto con esta carta, un poema m\u00edo surgido tras mi lectura de su poema \u201cVictrola Vieja\u201d, una s\u00e1tira a los acad\u00e9micos, merecida o inmerecida, usted lo dir\u00e1:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>LOS ACADEMICOS. \u00a0<em>Homenaje a Gonzalo Rojas.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Graznan rezando los acad\u00e9micos<\/p>\n<p>retorizando sus teor\u00edas<\/p>\n<p>con sus posgrados y reposgrados<\/p>\n<p>que valen menos que una sand\u00eda.<\/p>\n<p>Vienen rezando marcos te\u00f3ricos<\/p>\n<p>deconstruyendo la luz del d\u00eda<\/p>\n<p>los sacerdotes hiperret\u00f3ricos<\/p>\n<p>que ofician misas para las t\u00edas.<\/p>\n<p>Vienen rumiando definiciones<\/p>\n<p>redefiniendo lo indefinible.<\/p>\n<p>Vienen armados hasta los dientes<\/p>\n<p>estos expertos indiscernibles,<\/p>\n<p>dogmatizando animadamente<\/p>\n<p>sobre cuestiones indentitarias<\/p>\n<p>Dale que dale con el rizoma<\/p>\n<p>Y otras cuestiones innecesarias<\/p>\n<p>Dale que dale con el genoma<\/p>\n<p>con la vil lengua tan incesante<\/p>\n<p>con sus congresos de teor\u00eda<\/p>\n<p>y sus ponencias espeluznantes.<\/p>\n<p>Yo me he codeado, animadamente<\/p>\n<p>con lo m\u00e1s rancio de la academia<\/p>\n<p>Me s\u00e9 las trampas de estos expertos<\/p>\n<p>diseminados como epidemia<\/p>\n<p>Enroscan lenguas de hipocres\u00eda<\/p>\n<p>trafican dientes y desaciertos.<\/p>\n<p>Rebuznan tesis inteligentes<\/p>\n<p>sobre isotopos e isotop\u00edas<\/p>\n<p>Vengan doctores y posdoctores<\/p>\n<p>los charlatanes de la prudencia<\/p>\n<p>b\u00e1ilense un baile sin resquemores<\/p>\n<p>bailen la cumbia de la existencia.<\/p>\n<p>Vengan rumiando sus contratesis<\/p>\n<p>y sus ponencias en lengua muerta<\/p>\n<p>Vengan rezando su catequesis<\/p>\n<p>su testamento con voz incierta.<\/p>\n<p>Vengan las ratas rumiando ratas<\/p>\n<p>con todo el peso de su indecencia<\/p>\n<p>Roen que roen, a diente y pata<\/p>\n<p>los anaqueles de la paciencia<\/p>\n<p>con la certeza de hallar el centro<\/p>\n<p>donde se inventan artes y ciencias.<\/p>\n<p>Graznan rumiando, por fuera y dentro,<\/p>\n<p>retorizando sus teor\u00edas<\/p>\n<p>con sus posgrados y reposgrados<\/p>\n<p>hacen dudosa la luz del d\u00eda.<\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yo creo que usted es el mayor mistraliano de nuestra poes\u00eda chilena, si es que se puede serlo despu\u00e9s de la Mistral, con su a aspereza de lengua, su tosquedad r\u00edtmica, su oralidad suelta de tierra.<\/p>\n","protected":false},"author":177,"featured_media":8863,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[1279,778,214,1275,1277,1280,1281,355,1274,1276,1278,178],"taxonomy\/multi-autores":[],"taxonomy\/archivo-especiales":[],"class_list":["post-8862","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-la-ciudad-letrada","tag-alberto-rubio","tag-cesar-vallejo","tag-gabriela-mistral","tag-gonzalo-rojas","tag-jean-paul-sartre","tag-la-miseria-del-hombre","tag-materia-de-testamento","tag-poesia","tag-rafael-rubio","tag-ruben-dario","tag-stephane-mallarme","tag-vicente-huidobro"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8862","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/177"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8862"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8862\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8863"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8862"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8862"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8862"},{"taxonomy":"multi-autores","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/multi-autores?post=8862"},{"taxonomy":"archivo-especiales","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/archivo-especiales?post=8862"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}