{"id":9340,"date":"2019-05-17T03:56:43","date_gmt":"2019-05-17T03:56:43","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=9340"},"modified":"2019-05-17T04:47:55","modified_gmt":"2019-05-17T04:47:55","slug":"guerra-florida-de-daniela-catrileo-perfume-fragante-de-la-memoriamadreselva-o-esta-danza-es-por-nosotras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2019\/05\/17\/guerra-florida-de-daniela-catrileo-perfume-fragante-de-la-memoriamadreselva-o-esta-danza-es-por-nosotras\/","title":{"rendered":"\u00abGuerra Florida\u00bb de Daniela Catrileo: \u201cPerfume fragante de la memoriamadreselva\u201d o \u201cesta danza es por nosotras\u201d"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p class=\"align-right\"><em>Guerra Florida, <\/em>territorio po\u00e9tico feraz, contiene zonas, territorios ante los que mi cuerpo se doblega. Mi lectura conmovida asedia a cada uno en su anchura. Mi emoci\u00f3n se encoge o se ensancha ante las entradas, entrecruces, salidas intempestivas, arremetidas, permanencias hermosas, laberintos, (trans)fugas, trayectos, huidas. Y sus paratextos. Primero, \u00a0me lanza \u00a0a boca de jarro su t\u00edtulo, pienso en las <em>xochiyaoyotl<\/em>, las guerras floridas de las comunidades mesoamericanas. Este primer brote que cojo en mi mano se abre como zona inacabable, una interrogante abierta tambi\u00e9n del <em>in xochitl in cuicatl<\/em>, la flor y el canto que brotan desde ella. \u00bfC\u00f3mo se te\u00f1\u00edan estos encuentros entre comunidades, supuestamente enemigas, cu\u00e1ntas resignificaciones nuestras fallan en el intento por aclarar, transparentar, traducir vana y soberbiamente estos rituales ind\u00edgenas antes de la llegada de los colonizadores? Las palabras son esquivas, las traducciones son (mal)intencionadas desde la colonizaci\u00f3n; las epistemes que han deseado cubrir con su velo occidental estos signos antiguos fracasan una y otra vez. Su estr\u00e9pito. Entonces, los textos actuales y las investigaciones resultan insuficientes para acordar verdades respecto de estos eventos llamados \u00abb\u00e9licos\u00bb. No hay verdad. Tampoco bastan \u201cLa noche boca arriba\u201d de Cort\u00e1zar o las menciones \u00e1cidas y par\u00f3dicas de Bola\u00f1o a la lucha armada revolucionaria como guerra florida, la que nos arrojar\u00eda a una vida nueva, al hombre nuevo, aunque al parecer no a la mujer nueva. Sin embargo, la boca me queda invadida del sabor de la guerra y las mujeres, las \u00f1a\u00f1as, esa explosi\u00f3n po\u00e9tica que el poemario de Daniela Catrileo detona, dispara m\u00faltiple para mi lectura.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El poemario est\u00e1 dedicado y su eco pareciera sitiar a las sujetos que emerger\u00e1n de \u00e9l, de sus escenas inaugurales, im\u00e1genes: \u201ca cada \u00f1a\u00f1a con coraz\u00f3n de weichafe\u201d, dice Daniela. Si la guerra es el signo com\u00fan, entonces la dedicatoria vuela hacia estas mujeres mapuche, aquellas que tienen pulso y ritmo de guerreras, luchadoras por la causa de las comunidades en su quemante e hiriente historia pasada, en la de hoy, resistente en medio de este territorio llamado Chile, nombre vergonzante por lo que porta de asalto a mansalva en contra de los territorios y gente de la naci\u00f3n Mapuche. Descubro que es el coraz\u00f3n palpitante el que se dibuja como weichafe. Ese \u00f3rgano rojo con forma de fruto, condensa la figuraci\u00f3n del sentimiento, de lo amoroso, de los afectos y es ese el pulso que se vuelve guerrero en las \u00f1a\u00f1as. \u00bfC\u00f3mo ser\u00eda una guerra desde el coraz\u00f3n, me pregunto? Una s\u00edstole\u2212di\u00e1stole afectuosa, mujeril\u2212guerrera, territorio de lo po\u00e9tico en su pulso constante. Su perdurar. Imagino, entonces que el poemario quiere cubrirlas con sus resonancias floridas, quiere convocarlas, provocarlas en este halo pol\u00edtico y vital de los afectos, es un velo poderoso que viste los cuerpos de esas \u00f1a\u00f1as resistentes, a cada una de ellas en su piel pre\u00f1ada de newen para la vida y la muerte.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El ep\u00edgrafe po\u00e9tico de Gabriela Mistral que Daniela elige para abrir su poemario es el inicio del poema \u201cLa otra madre\u201d, este se constituye en una zona luminiscente, poderosa. El destierro del origen, la expulsi\u00f3n de ese comienzo, del lugar originario, una p\u00e9rdida, pero es ambigua en su ser dado. Puede dar cabida al lugar activo de esta pena, infligirse una ese destierro, ese extra\u00f1amiento o bien padecerlo porque alguien o algo lo impuso, como castigo. No obstante el p\u00e9ndulo dubitativo, el consuelo largo y amado se yergue poderoso: \u201cla Tierra tuve y la Tierra tengo\u201d sin l\u00edmite temporal, ilimitado como posesi\u00f3n entre las manos. Una afirmaci\u00f3n que salva de la p\u00e9rdida, del desconsuelo, del castigo posible, de la intemperie. No hay duda: aparece la Tierra, pertenencia que sustenta, sostiene, soporta la vida precaria, cualquier vida feble, vulnerable que surge de este poemario o de su lectura\u2212escritura. Una belleza de Daniela Catrileo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Finalmente, dos versos inquietantes, perturbadores, muy bien centrados en la p\u00e1gina blanca, asaltan nuestra conciencia sobre la guerra, ya no florida, una guerra a secas, una guerra que explota en el papel, en nuestra garganta de modo oclusivo y vibrante, en nuestro pensamiento y sus esquirlas dolorosas nos obligan a sentir que nunca se acaba como tal, por lo tanto estar\u00e1 siempre llena, nunca hambrienta, siempre satisfecha, se consume en su ser guerra a cabalidad. Feroz constataci\u00f3n de esa suerte de plenitud de un evento cruento que muestra en todo su sentido la precariedad y vulnerabilidad del lazo social que constituye a lo humano\u2212humano\u2212inhumano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cUna guerra siempre es una guerra<\/p>\n<p>Jam\u00e1s se agota en absoluto\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Y as\u00ed en medio de este interludio paratextual aparecen los poemas poderosos de <em>Guerra Florida<\/em>. Estos se nos donan en cuatro apartados. Cada uno de ellos se abre con un t\u00edtulo que pareciera condensar los textos que lo constituyen: \u201cRevuelta de cuerpos celestes\u201d, \u201cMantra de ofensiva\u201d, \u201cApocalipsis <em>song<\/em>\u201d y \u201cPos Guerra\u201d. No hay inocencia posible frente a estos nombres, palabras cargadas como granadas de mano o bombas molotov. La revuelta, esa transformaci\u00f3n, cambio, mutaci\u00f3n, alteraci\u00f3n, tan pol\u00edtica e \u00edntima; los cuerpos celestes, esas luminiscencias, materias que despiden calor y brillo intenso, una met\u00e1fora poderosa, los cuerpos que somos nosotras; el mantra, sonido condensado, breve, profundo, iluminador, canto del respiro y de la boca; ofensiva, acci\u00f3n militar de ataque; Apocalipsis song, sintagma en el que resuena el filme de Francis Ford Coppola del a\u00f1o 1979, <em>Apocalypse now<\/em>, asimismo resuena aqu\u00ed el apocalipsis b\u00edblico; por \u00faltimo, Pos Guerra que abre una v\u00eda contundente para interrogar ese despu\u00e9s de la guerra, su resonancia penosa, su ola expansiva del horror o alg\u00fan modo de lo b\u00e9lico que toma otra forma que no la tradicionalmente conocida, lo desconocido que asombra y descompone, por lo tanto. Cada t\u00edtulo conforma una trama \u00e9tico\u2212est\u00e9tico\u2212pol\u00edtica. Aqu\u00ed va mi relato, lectura que se me aparece como aquella que intenta la resonancia de la creaci\u00f3n po\u00e9tica, ahora contada, tomo por salto en consecuencia, de modo an\u00f3malo, equ\u00edvoco, la poes\u00eda bella de Daniela Catrileo, un texto precioso que esquiva mi interpretaci\u00f3n y me impone un redibujo atrevido, sentido de modo honesto, tan c\u00f3mplice, agradecido y querend\u00f3n de esta invitaci\u00f3n\/creaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Revuelta de cuerpos celestes<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Escrito en un tono lum\u00ednico, un tono \u00edntimo, suave, de cuerpos que se abrazan y abrasan en la noche\u2212madrugada iluminada, de besos que huelen al humo quemante de hierbas y c\u00e1scaras que se queman en un fuego, para m\u00ed, sagrado. Un inicio bello. All\u00ed se pliegan los cuerpos de \u00f1a\u00f1as, la \u00f1a\u00f1a hablante y las otras. Inclusive E l l a, una sin nombre que puede ser la misma tierra, esa que tuve y tengo, desplegada en quietud olorosita, en verdes peque\u00f1os y enormes y de pronto \u00abt\u00fa\u00bb, cuerpo celeste\u2212verde intenso, m\u00e1s verde todav\u00eda. Insectos en su diadema, esa danza de la tarde y de s\u00fabito algo dice, como si fuera un estallido corporal en medio de esa quietud y el cuerpo, su cuerpo, se torna en selva luego del temporal. Y la ma\u00f1ana, una escena luminosa. Quedarse en la boca de\u00a0 e l l a. Como quedarse en el cosmos pleno de luces, meteoritos y centellas. Lo fugaz y brillante, refulgente entre ambas. \u00bfRecuerdas? le, se, nos pregunta. Porque de eso se trata. De recordar. De pronto un estallido a lo lejos y ambas abrazadas quedan a la espera del destino. Alumbradas en el resplandor, doradas como ojo de jaguar, abiertas a los secretos, al fulgor de los signos, de los astros porque siempre en este pedazo de mundo se trata de un cometa. Los destellos en la oscuridad, la noche hermosa que arde: \u201cy tu piel tan de humo\/ en este crepitar de \u00e1rboles\u201d. Luego el horror. Un holocausto. Un desastre en suspenso. Sus cuerpos entre cenizas y astillas emergen vestidos por los oc\u00e9anos, esas profundidades. Nosotras sab\u00edamos de nosotras, islas desparramadas. \u201c<em>No future<\/em>\u201d. Y entonces la incerteza y la pregunta \u201c\u00bfY ahora qu\u00e9?\u201d. Respuesta parca, dura: \u201cQue cada ojo negocie por s\u00ed mismo\u201d. Montar la escena, provocar a la monta\u00f1a ataviadas para ello. Luego las noches: \u201cel invento del origen\/ un manojo de muertes a la intemperie\/ un poco de a\u00f1ejo mezcal\/que nac\u00eda del primer \u00e1rbol\u201d, porque \u201cAntes del horror est\u00e1bamos vivas\/ Todas quisimos ser el sol\u201d. Iniciaci\u00f3n de la \u00f1a\u00f1a weichafe, la hablante y su atav\u00edo feraz de palabras, de rito. La hablante pregunta qu\u00e9 m\u00e1s se puede hacer si nadie quiere aceptar el final. Y vuelve a las ofrendas, entrega su cuerpo, su sangre, su promesa: torcer cuellos enemigos, patear cr\u00e1neos, honrar la ficci\u00f3n indecible, se ir\u00e1 a reventar yanaconas, los traidores, los cobardes. Esa ser\u00e1 su \u00faltima fiesta. Ocultas, clandestinas buscan guarida entre pe\u00f1ascales, saborean as\u00ed frutos de la higuera, las brevas carnosas y rosadas saben de sus dedos en su carne y chorrean sus jugos entre piernas, limpian tierra en la tierra. Un ritual entre dos: E l l a envuelve sus manos y conjura a ciegas para libar: \u201cQue este n\u00e9ctar sea la se\u00f1a\/ para no morir esta noche\u201d. El despertar abrazadas con el roc\u00edo de la selva en la piel. Mirar la hiedra trepar entre peque\u00f1os mundos entre las palmas, permanece para ver los peque\u00f1os gestos \u201cque deshacen la ma\u00f1ana\/ hasta olvidar\u201d. Y el ocaso. La luz cede ante la noche, luminosidad que cae en los cuerpos tendidos y exhaustos: \u201cesto era\/ lo que nos advirtieron\u201d. La combatiente es elegida por e l l a. \u201cVe y ruega por nosotras\u201d. La hablante duda de su petici\u00f3n. C\u00f3mo creer en ella. La weichafe se entrega al rito y la promesa, de rodillas ante la Volc\u00e1n Madre enciende el fuego, la monta\u00f1a se ilumina, unta su frente con la cal de su ceniza, trenza el cabello con ramitas de menta y dice: \u201cEsto soy\/ una \u00faltima jugada\u201d. Antes de partir la hablante vag\u00f3, errabunda, a tientas, dando vueltas, pensando. Intenta no pensar, encuentra a unas yonkis, envueltas en mezcalina, luego un silbido y aparece la mujer la primera, su rostro cubierto de arrugas como sendas que ca\u00edan, como p\u00e9ndulos que resisten el tiempo y su ruina. La mujer, la primera en su pipa arroja humos sobre su boca a boca. Le prepara una cura para sus futuras heridas y dice que debe encontrar al p\u00e1jaro porque todo el ma\u00f1ana tiene que ver con la infancia y el deseo en sue\u00f1os quebrantados que cont\u00f3 para sanar. Antes de partir le susurra un secreto, que no sabemos, que sabremos tal vez, a la vez que dibuja un c\u00edrculo de sal y quema sus huellas hasta borrarlas.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Mantra de ofensiva<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El primer sue\u00f1o. Su descripci\u00f3n as\u00ed: boca hambrienta, m\u00e1quina de huemules dando saltos a ritmo de desvelos, una se\u00f1al de un objeto brillante enterrado en la arena, las nubes en viento sur o baile de ballenas justo ayer, entonces: \u201cEs momento\/ me dije\u201d. Su punta de obsidiana reemplaza a la br\u00fajula que ya no sirve. Parte rumbo al mantra de ofensiva. Antes de la misi\u00f3n, yacer echadas a la sombra del bosque, acunadas por la humedad del follaje, bonito estar as\u00ed, \u201cnavegando al tiempo y a lo in\u00fatil\/ sin conjeturas\u201d. Y \u201cNos imagino ahora\/esperando que abra la flor\/del canelo como gesto\/ante el zorzal\u201d. Y una conciencia sobre el saber de las estrellas: no ser\u00e1n sino otra cosa que la se\u00f1a de la sangre, esa herida que no se borra: \u201cEstamos sucias\/ y ellos lo saben\u201d. La imagen de lo que somos esta noche: un caleidoscopio al centro del pac\u00edfico, intentando volver a sus colores, un mar de cenizas se lamenta, las cabelleras dispersas cuelgan de trenzas antiguas como acantilados a sus rocas. Su hast\u00edo de lo que se ha inventado lo que somos. \u201cSomos todas extranjeras\/ un pu\u00f1ado de mapas viejos\/ enmara\u00f1ados por las olas\u201d. Entonces no es el exilio lo prioritario, sino la revuelta a la primera imagen: \u201cde la matanza al nacimiento\u201d. C\u00f3mo vamos: en balsa sobre\u2212poblada de la cordillera hacia el mar, siguiendo la ruta del r\u00edo, escuchamos noticias de la radio, \u201cdesde las alturas vemos\/c\u00f3mo ya han levantado un muro\/ que fragmenta en trincheras\/ nuestra antigua morada\u201d. La escena de unas amigas llorosas \u201cexpulsadas y malheridas\/ por los primeros invasores\/ que auguraban los planetas\u201d. La weichafe hablante retoma su posici\u00f3n del mantra de la ofensiva y se\u00f1ala que no importa, ella prepara el filo de su roca, con el recuerdo de sus rostros y arrastra su cuerpo listo para zarpar y \u201cabrir la noche con mis u\u00f1as\u201d. El revoltijo que es ella misma, ese amasamiento, entre zem\u00ed y rewe, la llaga del continente. Un barrio, esa localidad herida. Im\u00e1genes que no conmueven, a menos que \u201cin-h u m a n a s\/hablemos del lenguaje\/hasta rugir\u201d. Los p\u00e1rpados otra vez conectados a la lengua que a\u00falla por los entierros. Las botas se sienten en la marcha de guerra cuerpo a cuerpo. La imagen: \u201cHombres con cola de perro\/Avestruces con rostros de ni\u00f1os\u201d. No hay tanques en ese lugar del mundo porque ya hubo bastante con callar. La decisi\u00f3n de huir, pero no se puede huir de lo que se oculta. La piedra es la met\u00e1fora que soporta este develamiento de la hablante. La met\u00e1fora, ese error luminiscente. Una volc\u00e1nica que cuando se funde es la negra, diosa de \u00e9bano, una bandera insurgente de nuestra piel. Hablarse a s\u00ed misma. Otro d\u00eda y el despertar viva. La pulsi\u00f3n destructiva, la subida a la monta\u00f1a, el acurrucarse junto al sauce y los crisantemos en ausencia de e l l a. Enterrar la ingenuidad. \u201cEres t\u00fa\u201d la certeza y el modo en que est\u00e1 y su promesa: \u201cno volver\/ a pensar en sus ojos\/hasta echar abajo este lado del estero\/y atravesar la arboleda codo a codo\u201d. La llegada del enemigo deja de ser un fantasma y se convierte en acero, arcabuces y caballos, el arma apuntando a su rostro que la refleja. La hablante weichafe se prepara para la arremetida. Con lawen y lana roja en su pecho. Recibe instrucciones: rescatar a las prisioneras, traer el p\u00e1jaro que revolotea de pluma al viento. \u201cEse dios\/tiene el secreto\/del \u00faltimo eclipse\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>III Apocalipsis <em>song<\/em><\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Una escena: llovizna tropical, caminata entre las zarzas, el canto de guacamayos sobre la yuca fresca. La espera del sol \u201csobre el c\u00e1\u00f1amo de la tarde\u201d, untar veneno en las lanzas, preparar la defensa. Como si fuera inmigrante, arrastra el amor por el olor a le\u00f1a de las ma\u00f1anas, otro tiempo, otro lugar\u2026 la memoria olfativa, lo sensorial. La palabras juntas tapir y miedo, antes de ser palabras, lo que eran en reposo, as\u00ed como ella la hablante era antes de estas palabras po\u00e9ticas. Ser antes de las palabras. Ser antes de los nombres. \u00bfEs posible ser antes de las palabras? \u00bfC\u00f3mo se es el antes de las palabras? El canto: in \u201cxochitl, in cuicatl\u201d, \u201ck\u00fcme dungun, k\u00fcme wirin\u201d, ellas le cantaron: \u201cnosotras\u201d, su saber, el de ellas, no el de la hablante, lo visto con la piel de los ojos nosotras: la luna roja, la mar alta, las fierecillas reventando sus dientes en un nacimiento que cubre a las cantoras con ropajes y ofrendas.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Los pasos en medio de la guerra, un infierno de explosiones, disparos, dinamitas, lanzallamas contra las nosotras. As\u00ed: la cadencia del canto para sacar las tripas de las bestias, cu\u00e1les me pregunto, las que sean bestias, y acunar el resentimiento en el perfume fragante de la memoria\u2212madreselva. La voz otra vez y su lamento de la p\u00e9rdida de ti, tajeando vientres en la arena, tostando semillas en las piedras y el \u00abti\u00bb enroscado en su piel tatuada, en esa piel sorprendida de la guerra desconocida, ignota como esa aldea que levanta cruces en vez de levantar ni\u00f1as con su lengua trozada y esparcida en esa \u00absu\u00bb tierra desolada. Ella, agotada vagabunda, se camufla entre hiedras, pegada a lo que pueda, las refulgentes luci\u00e9rnagas en medio de matorrales de moras la alertan del invierno nocturno y del verano diario; el avedios, arde y se incendia como \u00abnosotras\u00bb y ya no canta victoria. Escena a campo traviesa. Su creencia pertinaz, la suya atesorada todo el tiempo: despertar en la jungla y que todo fuera como antes, \u201cya saben\u201d, relatada al ustedes c\u00f3mplices, al nosotras lectoras que imaginan y anhelan ese \u201ccomo antes\u201d. Entonces imagina, esos primeros minutos antes del sonido estallido del misil, su sordera y lo que queda del anhelo es solo un pu\u00f1ado de piedras \u201creunidas bajo las plumas del c\u00f3ndor\u201d. Y la escena \u00edntima, m\u00ednima, un peque\u00f1o pu\u00f1ado de estambres: sentir tu respiraci\u00f3n, aqu\u00ed en el rostro, ese soplo\u2212sonido y estaban tan cerca de ganar, pero no, es que nunca fueron hero\u00ednas y entonces volverse al tacto, envolverla con los brazos por la cintura y sentir huesos con huesos para decir en su roce: \u201cesta danza es por nosotras\u201d. Y me digo \u00a1Ay que belleza!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><\/p>\n<p>La escena de la lluvia y la resistencia en la guerra. El agua lluviosa que arrastra las voces del lodazal de cad\u00e1veres y templos, pero el barro es peor, se desvanecen los gases lacrim\u00f3genos, entonces la humareda oscura de la barricada necesita m\u00e1s le\u00f1a. Y las trazas: huellas de sangre en la piel morena, dorada; la traza que mapea las estrellas y la afirmaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u201c\u2015ese es nuestro lenguaje\u2015<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Una figura trazada<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 no una palabra que imita\u201d<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Y ahora\u00a0 E l l a\u00a0 encuentra su lugar en la memoria de la hablante. Una rememoraci\u00f3n preciosa: los ojos no est\u00e1n nunca cerrados, permanecen abiertos porque no tienen p\u00e1rpados as\u00ed, para ver, para reconocer, para traer al trabajo de memoria que palpita, que suena y que dibuja, la traza otra vez, de e l l a en el amanecer cruzando los campos de sus d\u00edas antes de que encontrara la muerte. Y la piensa, la hablante la siente en el calor de su piel, su mano enterrada en su cabellera, como si fueran las ra\u00edces\u2212raicillas de su \u00e1rbol, entre medio el\u00a0 estallido de una bomba que calcina la \u00faltima morada. La hablante escucha ese retumbar pegada a la tierra, pero es el latido de su coraz\u00f3n, ese es el estallido que retumba y la sonrisa de e l l a, sus ojos entrecerr\u00e1ndose y e l l a sonriendo. Belleza memoriosa, belleza ostensiva que nos muestra porque est\u00e1 all\u00ed a\u00fan en los sonidos de la tierra. La escena innombrada tiene lugar. Los buitres acechando a las ca\u00eddas. La pregunta \u201c\u00bfcu\u00e1ntas hemos ca\u00eddo ya?\u201d. Nosotras las ca\u00eddas. Y la guerra en todo su estertor de muerte. Nosotras no tenemos banda de guerra y la guerra se ha desatado. La hablante inquiere qu\u00e9 hubiese pasado si ellos no hubiesen llegado, y su zozobra la lleva a m\u00e1s preguntas: \u201c\u00bfQui\u00e9nes? \u00bfQui\u00e9n? Cu\u00e1l es la palabra a nombrar y la tierra a la que allegar?\u201d. No sabe. Ignora qui\u00e9nes somos, si la cat\u00e1strofe o el p\u00e1jaro ausente. Entonces adviene lo ominoso, lo feroz, la bendici\u00f3n desconocida y con ella las palabras terribles: trozos sobre cuerpos destrozados, piernas repartidas, ojos ausentes, deformidad y violencia, nos dice, se dice, cercenadas, amputadas, dedos, cabezas degolladas. Sin importancia, todo sin importancia. Restos de muertas violadas, sangre a manos llenas, escena del horror y la rabia. El cami\u00f3n que se lleva los restos a un patio desconocido, las NN enterradas en ning\u00fan nombre. La pregunta desesperada:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00bfd\u00f3nde, d\u00f3nde, d\u00f3nde<\/p>\n<h6 style=\"padding-left: 30px;\">su sonrisa y su calor animal\u201d<\/h6>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La baleada, la que cae al suelo y su hombro herido se funde con la tierra y lo que en ella acontece. La herida del hombro puede llegar a ser un cactus, una mata de espinas que florece en nombres susurrados, nombres que entierran sus ra\u00edces en la tierra. As\u00ed la hablante sabe de lo que se trata: esto es recibir un disparo: \u201cun zarpazo de plomo hasta desaparecer\u201d y volver a\u00a0 E l l a. Es el crepitar de las v\u00e9rtebras, en el segundo de Lorca apagado por las balas y \u201ceres t\u00fa\u201d la que cae, se dice la sangre que siembra suculentas, los ojos que se apagan en el aullido de la selva. Aceptar la muerte: \u201ctu pecho se expande\/ los m\u00fasculos decaen\u201d. (T\u00fa) \u201ccontemplas el final\/como un baile de algas\/agitando su resabio\/del lenguaje\u201d. El miedo se acaba, ya no se est\u00e1 entre dos mundos porque \u201ct\u00fa\/t\u00fa\/ eres l a f r o n t e r a\u201d. La escena: los ojos de un maldito frente a su arco, la hablante weichafe asida de los cabellos de un muchacho blanco, le grita: \u201c\u00a1Qu\u00e9 mierda han hecho!\u201d y sus poros se ensanchan por el grito, su cuerpo se recog\u00eda ante esos sonidos, era tan solo un muchacho muy blanco. La cruz colgada a su cuello, ella la despedaza con sus dientes. Nunca responde a sus gritos, no sab\u00eda, balbuceaba algo que no era de animal. Cae derrotada por el goteo de su sangre. Bebe de su cantimplora hasta que alguien grita: \u201c\u00a1Corte!\u201d.\u00a0 Gesto final de la tabla que anuncia el corte de una cinta de guerra instala la actuaci\u00f3n de un relato f\u00edlmico. Pero los tres versos finales dicen:<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u201cy una tabla de madera cerr\u00f3\/sus clavijas\/fue eso o despertar\u201d<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Una escena de guerra de otro tiempo: un territorio al parecer citadino, un territorio de ne\u00f3n y un personaje: un ave de plumaje azul y plata radiante, la ve en un vaiv\u00e9n de ir y venir desde los caf\u00e9s nocturnos, con su cabeza erguida y lentes oscuros. Contempla su revoloteo de ave migratoria como si fuera un cometa que cruza la noche e intenta mantener su vuelo en el despe\u00f1adero. La escucha bramar, se pregunta si es el ave que han buscado. Y se responde: si esta ave es su dios, \u2015animal que intenta dejar su plumaje, que esquiva balas desde torres de dinamita que francotiradores y jinetes arrojan contra su vuelo\u2015 le \u201cpodr\u00e1 responder el secreto\/ de revivir a nuestras muertas\/que yacen repartidas en la hierba\/como piedras incrustadas a su constelaci\u00f3n\u201d. La guerra siempre es otro p\u00e1jaro en el umbral del tiempo, uno que chilla hasta reventar los t\u00edmpanos de quienes \u201cfuimos sus alas\u201d. De amazonas a ciudad, de islotes a puertos, ojos muertos como los de guernicas, ahorcados en plazas p\u00fablicas, en el lomo de un soldado menor.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Dice la hablante: \u201cNos hemos descubierto\/ Esto era lo que llamaron Conquista\/una colisi\u00f3n de fantasmas\/intentando sobrevivir\u201d. La luz de la alborada se dibuja en el encendido de un trigal. As\u00ed con esta imagen\/acto aprende lo que era un cementerio: \u201capenas una balada\/ entre tanta muerte\u201d. Entonces la cordillera aparece leve tras el humo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u201cTe das cuenta\/y vuelves a la warria\u201d<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u201cNadie duerme\/ni mira atr\u00e1s\u201d. La indiferencia, qu\u00e9 importa la guerra, las muertes, las batallas. Todo contin\u00faa como ayer. \u201cNadie se detiene\/por una guerra\u201d. La hablante weichafe constata que esto es el cuento, la f\u00e1bula del origen. La quema de las chozas de los maizales. Entonces \u201cpero\u201d y la sospecha que las lleva a desenterrar el orden de lo cotidiano y volver hasta el otro lenguaje. El acto de recoger savia como si fueran lenguas que eran ofrecidas \u201cal diluvio salvaje\/ de la ma\u00f1ana\u201d<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<p><strong>Pos Guerra<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Un d\u00eda despu\u00e9s del incendio (la guerra cruenta parece haber terminado), la hablante se dedica a buscar respuestas porque cree que todo ha terminado. Necesitas una respuesta, se dice a s\u00ed misma. Ese todo pareciera ser la guerra: recorres destellos de la aurora; mantienes el ojo con la pericia de un fusil: intentas unir con tus dedos un trazo imaginario de estrellas; te sientas a deshojar una peque\u00f1a flor; escuchas un sonido que te interrumpe (choiques \u2015\u00f1and\u00faes\u2015 montados en guanacos); acaricias la barriga de uno; piensas en dibujar la imagen final de la guerra como una manada de pumas a la luz de los faroles. Constata: \u201cla fiebre me ha mentido\u201d. Se pregunta por e l l a y d\u00f3nde duerme esa noche. El bosque y las bombas descansan. Los p\u00e1jaros cruzan senderos como si fueran \u00e1ngeles. Entonces un taxista pide una chupada. Todas las hermanas arrancan de su mala suerte.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En la capital de fuegos artificiales nada nuevo hay luego de la brisa. Colchonetas y orina siguen su curso y un oc\u00e9ano de cucarachas se retuerce por las ca\u00f1er\u00edas. Alguien le pregunta c\u00f3mo fue su viaje. \u00bfCu\u00e1l, me pregunto: el de la fumada, el de la borrachera, el de la pesadilla, el de la guerra? Intenta responder \u201csobreviv\u00ed\u201d, pero su boca enmudece. La escena: Alguien la toca por el hombro, no ve su rostro. Le muestra su piedra y dice: \u201cEsto es lo \u00fanico que tengo\/ no recuerdo que fui\/ antes de estar aqu\u00ed\u201d. Y las preguntas:<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u201c\u00bfA\u00fan debo confiar en los signos?<\/p>\n<p>\u201c\u00bfQui\u00e9n eres?<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n cresta eres?<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Soy la Guerra\u201d<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Los verbos: esconder (el \u00e1rbol), abrir (las puertas), correr (durante tres d\u00edas).<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Anhelar la corona de flores para bailar ante las muertas, baila frente a sus muertas esperando su tumba. Entonces la guerra que es, baila para la muerte. Im\u00e1genes cortadas, pulverizadas, como un collage sin forma, sin fondo, im\u00e1genes en fragmentos. El desiderio que no se detiene: \u201cQuiero\u201d, \u201cQuiero\u201d \u201cQuiero\u201d y la espera de la muerte entre tanto verbo ba\u00f1arse, caminar, traicionar, curtir la piel, escuchar, viajar. Tiene su piedra, tiene un coraz\u00f3n, de weichafe, que saldr\u00e1 en la noche por la boca de todos sus enemigos hasta florecer. Escucha: cantos venidos de la selva; un rugido en la batalla; el eco terrible del oc\u00e9ano. Ba\u00f1an animales con su sangre; reparten su corona de flores para los j\u00f3venes del cuartel. No sabe si llorar subiendo amarrada entre las cuerdas de un bondage; me amarraste, dice, un par de veces antes de tomar sus caderas como un musical porno; me pagaste tantas veces dice, que no import\u00f3 el maquillaje. Relato: \u201cFecundaron a nuestras hermanas\/nos hicieron sus esclavas\/en el C\u00edrculo de las Rocas\u201d. \u201cNos arrancamos borrachas\/bailando con nuestro violador\u201d. \u201cLuego\/repartimos sus intestinos\/por el cord\u00f3n monta\u00f1oso\/de los Andes\u201d. Mirar al espejo, a las indias, al colono. Abrirse de piernas y meter el cosmos dentro de ella, no tiene nada adentro, porque s\u00f3lo es fantas\u00eda creadora. Entonces la muerte que es y la no madre que es. Contar y contar: su hospitalizaci\u00f3n, las hermanas, el secreto del eclipse, el ba\u00f1o de sangre del barrio. \u201cBaila la difunta sin ata\u00fad\/ sin lloronas\u00a0\u00a0\u00a0 ni Chavelita Vargas\u201d. El regreso a casa, el trayecto desde el bar donde preparan \u201clas mejores l\u00edneas\/de la noche\u201d. Salimos corriendo\/escalera caracol\/cuando llegan los ratis\/a pedir nuestra identidad\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La recuerda como su \u00faltima noche sin identidad. Y la reiteraci\u00f3n sin descanso de lo que \u201cSoy: el sacrificio, la peste ind\u00edgena de los colonos\/me abro como la Malinche\/perra sin domesticar\u201d. Propone: \u201c\u00bfY si fingimos que esta muerte m\u00eda es una guerra?\u201d. All\u00ed llegan \u201clos colonos y nos destripen\/y como en el viaje al final de la noche\/pertenecemos a una batalla de alunizajes\u201d. La p\u00e9rdida del norte y del sur: \u201cNos exiliamos en \u00c1frica\/queriendo volver a Am\u00e9rica\/pensando que es la India\u201d. Todo simula yerro, equ\u00edvoco. No, no habla de h\u00e9roes, as\u00ed aparece la escena en llamas: \u201cHablo de mujeres que prenden barricadas\/Esa es una guerra\/entre los pacos y mis hermanas\/entre jaguares y \u00e1guilas\/donde los neum\u00e1ticos\/no son m\u00e1s que adorno\/Una guerra bien triste\/donde todos juguemos\/que no hay guerra\u201d. La reiteraci\u00f3n inacabable, una y otra vez. Lo que puede ser una guerra: un \u00e1rbol que se incendia en navidad, las luces son una guerra, los amigos y la familia son una guerra. Y lo que \u201cQuiero\u201d otra vez, el deseo: llegar con los ojos al volc\u00e1n y su profundidad, so\u00f1ar con la noche transformada en \u00e1cido, en colores, una corona de oro en lugar de flores.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La p\u00e1jara la sigue y le dice que est\u00e1n solas, que no sea est\u00fapida que en esta tierra de dobles, nada sacan con llorar. Entonces los sobrenombres o los alias: \u201cGuadalupe\u201d\/\u201cCandelaria\u201d\/ \u201cLourdes\u201d o una aparici\u00f3n que no es, s\u00f3lo el reflejo de nuestra mirada: \u201cUna p\u00e1jara champurria\/a la deriva\u201d \u201cExiliada\/analfabeta\/errante\/b o r d e r l i n e. Quiero ser\/oro india\u00a0 \u00a0morena\u201d. \u201cUna india\/que les haga\/olvidar mi historia\/y parte de la tuya\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>P\u00e1jara que no quiere ni ser dios ni tener cara de p\u00e1jaro. Tiene ataques existenciales y quisiera leer algo que no fuera el calendario. \u201cQuiere danzar la noche de calacas sin banderas\/fumar cogollos en flor\u201d, \u201centre mares\/cactus y desierto\/entre selva y humedad\u201d, \u201ctenderse bajo cuerpos celestes\/de antiguos dioses\/y negar a sus antepasados\u201d. Dice en las \u00faltimos versos conmovedores, intensos al nombrar: \u201cLa llam\u00e9\/Ng\u00fcnechen &amp; Quetzalcoaltl\/\u201cNegrita\u00a0 \u00d1a\u00f1a\u00a0 Compa\u201d\/\u201cHablamos en lenguas\/de los d\u00edas tristes\/y del hambre de la que solo se puede hablar cuando tienes hambre\/\u201cNo quiere ser un ancestro\/Le digo que yo tampoco\u201d\/\u201cEntonces nos despedimos\/escuchando canciones\/de este viejo wurlitzer\/que apaga el fulgor de la guerra\/en este \u00faltimo baile\u201d.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>*Imagen: \u00abEl verde de mi tierra Oaxaca\u00bb, Doris Arellano.<\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Guerra Florida, territorio po\u00e9tico feraz, contiene zonas, territorios ante los que mi cuerpo se doblega. Mi lectura conmovida asedia a cada uno en su anchura. 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