{"id":9518,"date":"2019-06-19T07:03:46","date_gmt":"2019-06-19T07:03:46","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=9518"},"modified":"2019-06-19T15:11:50","modified_gmt":"2019-06-19T15:11:50","slug":"frances-el-negro-liberto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2019\/06\/19\/frances-el-negro-liberto\/","title":{"rendered":"Frances el negro liberto"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p class=\"align-right\"><strong>Santiago, 1823<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><\/p>\n<p>A lo menos ocho meses ten\u00eda el cerdo de Frances, encebado diariamente con mucho alimento, engordaba groseramente tambi\u00e9n por el escaso movimiento que pod\u00eda realizar dada la estrechez de su corral. Era un valioso capital y, adem\u00e1s, la entretenci\u00f3n de los vecinos de la barriada del Zanj\u00f3n. Un par de veces se hab\u00eda escapado y con la ayuda de los ni\u00f1os, y mucha algarab\u00eda, hab\u00eda sido recapturado.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana todo estuvo dispuesto para el sacrificio del cerdo: un gran caldero de hierro colgaba de gruesos cables sobre un fog\u00f3n alimentado con carb\u00f3n de espino, un mes\u00f3n dos veces m\u00e1s grande que el cerdo, sobre \u00e9l un gancho atado a una polea por un grueso cordel. A un costado, varios recipientes enlozados, una serie de cuchillos de distintas formas y tama\u00f1os, y un gran mazo de piedra con mango de madera.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El negro Frances luego de desayunar leche con az\u00facar quemada y tortilla de rescoldo con chicharrones fue al corral del cerdo, quien, quiz\u00e1s intuyendo algo grave, gru\u00f1\u00eda enardecido. El mozalbete enarbolando un lazo de costal, pudo al primer intento enlazar por el cuello al animal, quien desde ese momento no dej\u00f3 de chillar hasta alertar a todo el vecindario. La lucha fue dura, la fuerza del animal era considerable. Frances lo atrajo hacia s\u00ed para amarrarlo a un poste y de este modo inmovilizarlo.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ya los primeros ni\u00f1os hab\u00edan tomado posici\u00f3n para ver este cruento espect\u00e1culo, as\u00ed tambi\u00e9n madres y padres que hab\u00edan acudido a la choza de Frances. Algunas de ellas tapaban con sus manos los ojos de sus hijos quienes re\u00edan a todo dar y escurr\u00edan sus cabezas por debajo de las manos de esas mujeres y lograban ver todo sin dificultad alguna.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una vez atado, el cerdo emit\u00eda chillidos escalofriantes. Frances fue en busca del mazo de piedra y asest\u00f3 con \u00e9ste un fuerte golpe en plena cabeza del animal; hasta ese momento el griter\u00edo de los ni\u00f1os era infernal, mas cuando el negro Frances le propin\u00f3 el golpe presuntamente fatal el silencio fue total. El cerdo no hab\u00eda muerto, aturdido hab\u00eda ca\u00eddo al suelo, de costado. Mediante la polea que ten\u00eda sobre el mes\u00f3n, el negro Frances lo iz\u00f3 y deposit\u00f3 sobre esa maciza mesa de madera.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La habilidad del negro era de destacar; de un certero golpe clav\u00f3 el cuchillo en el coraz\u00f3n de esa gran bestia, luego procedi\u00f3 a degollarle y recoger su sangre en varios recipientes. Con agua caliente y muy prolijamente lo desoll\u00f3. Guard\u00f3 parte del cuero, vaci\u00f3 el cerdo de sus entra\u00f1as y cort\u00f3 sus extremidades y dem\u00e1s piezas valiosas por su carne. Regal\u00f3 parte del cuero cortado en tiras con grasa y algo de carne a la gente que rodeaba su choza, para que llevaran a sus casas un buen lloco. M\u00e1s tarde, coci\u00f3 cientos de peque\u00f1os cubitos de grasa y carne en el gran caldero de metal durante horas, obteniendo de este reitimiento litros de buena manteca y chicharrones para la venta.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El cerdo hab\u00eda sido robado por Frances y tra\u00eddo desde la hacienda de don Ram\u00f3n en la Chimba cuando era tiernecito. Matela, madre de Frances, esclava de don Ram\u00f3n, se lo hab\u00eda pasado a \u00e9l una noche en que los amos no estaban y \u00e9l dispon\u00eda de un carretoncito para llev\u00e1rselo. \u201cPa que viva el pobre Frances ahora que es libre\u201d, dec\u00eda Matela.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Frances, el hijo de Matela, era un negro fornido de estatura media, que aparentaba m\u00e1s de los 25 a\u00f1os que ten\u00eda. Su cara era redonda y su nariz aplastada. De amplia sonrisa con car\u00e1cter gracioso y extrovertido, lo que lo hac\u00eda muy distinto al com\u00fan de los j\u00f3venes de la \u00e9poca, retra\u00eddos y taciturnos. Su temperamento explosivo y su oficio como matarife le hab\u00edan dado fama de pendenciero y muchos le llamaban el \u00abNegro de los cuchillos\u00bb. Los vecinos de su rancho cerca del maloliente Zanj\u00f3n donde viv\u00eda le respetaban y tem\u00edan.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Deseaba dejar ese lugar y aquel trabajo; cada tarde, al llegar a su hogar, luego de sortear charcos con inmundicias, perros vagos, ratones muertos y uno que otro grupo de hombres y mujeres que se agolpaban alrededor de fogatas pestilentes, se sent\u00eda en la obligaci\u00f3n de relacionarse con sus vecinos.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2015\u00a1Dicen que encontraron un cad\u00e1ver en el Zanj\u00f3n con s\u00edntomas de viruela! \u00bfSabes algo Frances? \u2015pregunt\u00f3 un hombre de muy tosco aspecto y que coronaba su rostro poco agraciado con la ausencia de un ojo que no disimulaba con parche alguno.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2015\u00a1No s\u00e9 na! \u2015respondi\u00f3 Frances \u2015L\u2019\u00faltimo que supe fue del brote de c\u00f3lera que ya est\u00e1 en Santiago.<\/p>\n<p>\u2015Espero que los uniformados no nos quemen los ranchos otra vez\u2026 \u2015mascull\u00f3 el viejo.<\/p>\n<p>\u2015\u00a1Y lo van a hacer si es cierto lo del cad\u00e1ver con viruela! \u2015dijo una veterana con grandes trenzas que estaba sentada sobre un caj\u00f3n. \u2015Yo perd\u00ed too esa vez. Tambi\u00e9n a mis dos hermanos, que se los llev\u00f3 el c\u00f3lera. Tu deb\u00eds irte p\u2019al Limar\u00ed o a Coquimbo. All\u00e1 est\u00e1n los tuyos trabajando en la miner\u00eda. Hay negros, morenos, pardos, zambos y cuarterones.<\/p>\n<p>\u2015All\u00e1 muri\u00f3 mi padre \u2015respondi\u00f3 secamente Frances.<\/p>\n<p>\u2015\u00a1Ac\u00e1 te vai a morir igual, negro! adem\u00e1s te tratan mal \u2015respondi\u00f3 la mujer \u2015Vai a acabar en una fosa cubierto con cal viva, hoy vi pasar varias carretas con cal. \u00a1Por algo ser\u00e1!<\/p>\n<p>\u2015\u00a1Anda a buscar a tu madre y se van pal norte! \u2015acot\u00f3 el hombre. \u2015Pronto ella va a ser libre.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esa tarde, al llegar a su casa, Frances empuj\u00f3 fuertemente con el hombro la puerta de su rancha y \u00e9sta sin oponer ninguna dificultad se abri\u00f3 de par en par. No acostumbraba hacerlo de forma tan violenta, pero estaba de muy mal humor. A nadie se le hubiera ocurrido entrar all\u00ed sin la autorizaci\u00f3n de su due\u00f1o. Un olor azumagado y a humo lo recibi\u00f3 como era ya habitual. Esto a Frances lo ten\u00eda sin cuidado, la pieza no ten\u00eda ventanas y el piso era de tierra apisonada. Una poltrona desvencijada con dos mantas era su cama. Al lado, una peque\u00f1a mesa con una l\u00e1mpara de aceite, un ba\u00fal con ropa amontonada y en el piso un cuchillo reluciente, de gran tama\u00f1o y ligeramente curvo, cuya empu\u00f1adura era de cuerno de buey muy elaborada.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el centro de la habitaci\u00f3n hab\u00eda un brasero con restos de carb\u00f3n apagado, al lado y en el suelo una olla de lat\u00f3n, un plato, una cuchara y un tenedor. Eso eran todos los enseres de este hombre que s\u00f3lo sab\u00eda de la vida ser matarife por encargo en las distintos puntos de la ciudad de Santiago donde era requerido.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se hab\u00eda echado de espaldas sobre la poltrona con el pecho desnudo tratando de paliar en algo el sofocante calor de ese verano. Se atormentaba pensando en c\u00f3mo rescatar a su madre que hab\u00eda sido llevada al sur para as\u00ed burlar la ley de la abolici\u00f3n. Dos veces hab\u00eda llegado a las puertas de la casa de Don Ram\u00f3n y hab\u00eda hablado con sus empleados con el pretexto de vender su carne. En la Chimba, Frances conoc\u00eda una chingana donde pod\u00eda comer, beber y conversar del tema con la persona a la que m\u00e1s quer\u00eda y en la que m\u00e1s confiaba, do\u00f1a Mar\u00eda Cristina. Hoy era domingo, ir\u00eda a verla. Cambi\u00f3 sus pantalones por otros limpios de gruesa bayeta, se calz\u00f3 con unas botas de montar que le hab\u00edan regalado y tir\u00f3 al fondo del caj\u00f3n las alpargatas que calzaba habitualmente, acomod\u00f3 su sombrero de copa alta de fieltro europeo que hab\u00eda encontrado tirado en una calle, abandonado quiz\u00e1s producto de una ri\u00f1a o un asalto. La desesperaci\u00f3n e impotencia al verse alejado de su madre le hizo tomar una decisi\u00f3n, ir\u00eda a buscarla, conoc\u00eda bien al tal Don Ram\u00f3n, conoc\u00eda su riqueza y su poder. Sab\u00eda que buscaba y pagaba a negros para que firmaran cartas oponi\u00e9ndose al proyecto de la ley de la abolici\u00f3n de la esclavitud. Hab\u00eda le\u00eddo una de ellas y conoc\u00eda a algunos de los firmantes. Con ira se enteraba de los argumentos de la crisis social, econ\u00f3mica y el desamparo en que quedar\u00edan los negros sin amos si esta ley se aprobase, errar\u00edan como perros vagos atacando a los seres humanos. Hab\u00eda que tener misericordia y no dejarlos en el desamparo.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Abandon\u00f3 su morada y ya en el centro de la ciudad, pas\u00f3 por el frontis de la iglesia de San Francisco que, por sus puertas abiertas, los fieles la abandonaban despu\u00e9s de la \u00faltima misa de la tarde. Se dirigi\u00f3 r\u00e1pidamente a la Ca\u00f1ada que acusaba los trabajos de delimitaci\u00f3n con cunetas de piedra y nueva arborizaci\u00f3n, y rode\u00f3 el pe\u00f1\u00f3n del Huel\u00e9n, que a esa hora crepuscular mostraba su rostro m\u00e1s oscuro. Siniestros personajes se escabull\u00edan entre los riscos de ese pe\u00f1\u00f3n convertido en fortaleza a la espera de un incauto para obtener un buen bot\u00edn. Borrachos tirados en el suelo luego de d\u00edas de macerarse en alcohol yac\u00edan junto a orines e inmundicias acumulados en los distintos rincones. Dando saltos y eludiendo a los vagabundos y maleantes, Frances encamin\u00f3 sus pasos r\u00e1pidamente hacia la calle de las Agustinas donde se encontraba el convento de las \u00abMonjas Agustinas de la Limpia Concepci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora la Virgen Mar\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Agazapado bajo el gran p\u00f3rtico lateral que daba a la calle Moneda, observ\u00f3 la llegada, uno tras otro, de numerosos y costosos carruajes iluminados por faroles de bronce lustrado de los cuales emanaba una luz amarillenta; ello permit\u00eda ver a los pasajeros que bajaban raudos, todos ellos hombres envueltos en negros capotes. Fue entonces cuando Frances divis\u00f3 a Marita tras el port\u00f3n medio abierto y, sin pensarlo dos veces, se escabull\u00f3 hacia el interior. Ella le reconoci\u00f3 de inmediato y lo ocult\u00f3 en una peque\u00f1a oquedad en el muro. Tras el ingreso de los visitantes, Marita cerr\u00f3 el grueso y viejo port\u00f3n, en pie quiz\u00e1s desde la creaci\u00f3n del convento en el 1576. Ella era una negra esclava que trabajaba para las monjas del convento.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El negro Frances estaba nervioso; semanas antes del traslado de los negros (entre ellos su madre) a la hacienda en el sur, \u00e9ste hab\u00eda comenzado ya a urdir la manera de rescatarla. Marita estaba al tanto de todo y lo encontraba muy peligroso. La casualidad hab\u00eda echado los dados y esa noche el mism\u00edsimo Don Ram\u00f3n entraba al Convento. Frances no lo sab\u00eda, pero el acontecimiento que se esperaba era un funeral, hab\u00eda fallecido una monja del claustro, hermana de Don Ram\u00f3n seg\u00fan le cont\u00f3 Marita. Vieron a la Madre directora saludar a los visitantes que ven\u00edan en los carruajes. Una de las monjas del Consejo advirti\u00f3 la presencia de la joven, aunque no la de Frances, y le orden\u00f3 recoger todas aquellas flores que estaban llegando. Ujieres cargando ramos y adornos con cintas negras no terminaban de entrar por la puerta principal. Otro carro ingres\u00f3 con ornamentos funerarios, cintas y mantos negros, portacandiles, floreros y una cruz ceremonial de grandes dimensiones enviada por orden del se\u00f1or Obispo. Seis ayudantes vestidos de negro y sombrero de copa, tambi\u00e9n negros, hicieron su entrada portando el f\u00e9retro de fina madera, minuciosa y delicadamente labrado. Fue transportado a la capilla interna ya que la iglesia del Convento hab\u00eda sido destruida totalmente por el \u00faltimo terremoto.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Nuevamente Marita fue abordada por la monja del Consejo que le pidi\u00f3 que contactara a un ayudante de toda confianza para cavar el lecho mortuorio en el peque\u00f1o cementerio. Deb\u00eda ser prudente, trabajador, religioso y discreto. Marita pens\u00f3 inmediatamente en Frances.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el exterior del convento, la calesa de Don Ram\u00f3n estaba detenida con la puerta abierta y en su interior, Rogelio, el cochero, dormitando con las manos en la nuca esperaba pacientemente.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De pronto se acerc\u00f3 a la calesa un joven negro, en evidente estado de ebriedad, y quiso subirse a ella sin poder conseguirlo. Rogelio, alarmado, cogi\u00f3 al individuo por el cuello y lo tir\u00f3 violentamente al suelo, la victima azot\u00f3 su cabeza contra una piedra y comenz\u00f3 a sangrar profusamente. No contento con esto, Rogelio arremeti\u00f3 nuevamente propin\u00e1ndole puntapi\u00e9s en la espalda, vientre y piernas. El hombre se quejaba y s\u00f3lo se proteg\u00eda la cara. Frances, que observaba la situaci\u00f3n por la puerta entreabierta, sorprendido y angustiado, apenas balbuce\u00f3 algunas palabras para que Rogelio detuviera esta agresi\u00f3n.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u0336\u00a0 \u00a1Negro, \u00a1qu\u00e9 quer\u00edas! A ver, dime, \u00a1qu\u00e9 quer\u00edas! \u2015gritaba Rogelio descargando su furia y agresividad en contra de este joven borracho.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La v\u00edctima ten\u00eda un ojo brutalmente hinchado y la sangre cubr\u00eda su frente y se escurr\u00eda hasta la comisura de los labios.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Frances se sinti\u00f3 invadido por una ira incontrolable, sus manos temblorosas se crisparon y tom\u00f3 de los cabellos a Rogelio lanz\u00e1ndolo violentamente al suelo, que cay\u00f3 de espaldas en un lodazal.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2015\u00a1Basta ya! \u2015grit\u00f3 Frances estirando sus largos brazos hacia Rogelio, impidiendo que se alzara. Se agach\u00f3 y acercando su cara a la del cochero, con los ojos tan abiertos que parec\u00edan a punto de estallar, le espet\u00f3: \u2015\u00a1Eres un maldito!<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n era tan violenta que ninguno de los dos se percat\u00f3 de que Don Ram\u00f3n hab\u00eda salido sigilosamente del convento y observaba la refriega. Lentamente, sin manifestar sorpresa ni malestar, alz\u00f3 firmemente su bast\u00f3n, volte\u00f3 con \u00e9l displicentemente la cabeza del joven borracho dej\u00e1ndola boca arriba e hizo un gesto involuntario de sorpresa y desagrado al ver lo estropeado que ten\u00eda el rostro.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2015Enc\u00e1rgate de este hombre, dale auxilio, no quiero que se sepa que mis empleados maltratan mestizos o negros. Aqu\u00ed tienes algo de dinero. \u2015Dicho esto, desliz\u00f3 unas monedas en la mano de Frances, quien sorprendido las tom\u00f3 y meti\u00f3 en uno de sus bolsillos.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A los pocos minutos, las sombras de la noche comenzaron a cubrirlo todo. Frances se arrodill\u00f3 frente a la v\u00edctima siendo observado desde el port\u00f3n por Marita que no dejaba de persignarse. La calesa hab\u00eda ya desaparecido y s\u00f3lo quedaban a su lado dos muchachos que, curiosos y algo nerviosos, los miraban atentamente tanto a \u00e9l como a la v\u00edctima que, mientras gem\u00eda, intentaba \u00a0moverse.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2013 \u00a1Les puedo pagar\u2026 cons\u00edganme una carreta para llevar a este hombre donde lo sanen de sus heridas! \u2015les dijo Frances a los muchachos, quienes sin pensarlo dos veces corrieron y desaparecieron entre las construcciones para regresar poco despu\u00e9s tirando de una carreta, sucia y quejumbrosa, con restos de plumas de aves de corral. La pusieron muy cerca del joven maltratado y entre los tres depositaron cuidadosamente el cuerpo en el piso del r\u00fastico carruaje comenzando as\u00ed su traslado a la chingana de Do\u00f1a Mar\u00eda Cristina. Frances se despidi\u00f3 de Marita y le rog\u00f3 que guardara silencio sobre lo acontecido para no perder la posibilidad del trabajo en el convento.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Encaminaron sus pasos hacia la Plaza de Armas que estaba levemente iluminada con l\u00e1mparas de aceite cuyo combustible s\u00f3lo duraba hasta apenas pasadas las once de la noche. Se cruzaban con grupos de militares bastante picados por alguna fiesta que debi\u00f3 haber sido muy regada, parejas apasionadas y comerciantes regresando a sus viviendas. Sin prestar atenci\u00f3n al entorno, Frances condujo la carreta y a los muchachos hasta la calle del Puente para cruzar el llamado de Cal y Canto hacia la Chimba por el camino de Chile, que hab\u00eda sido rebautizado como de la Independencia, y de all\u00ed al cerro de Huechuraba, en busca de la chingana de su amiga.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por el camino polvoroso, pesadas carretas eran guiadas parsimoniosamente por curtidos conductores que, con vara en mano, azotaban las ancas de esos bueyes para que no dejaran de tirar. Una calesa proveniente de la Chimba, r\u00e1pida como el viento por la fuerza de sus dos corceles, se empe\u00f1aba en llegar al puente y arribar pronto a la ciudad civilizada; abandonaba sin duda las parcelas donde algunos pr\u00f3speros ciudadanos hab\u00edan construido grandes y opulentas casas.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mar\u00eda Cristina hab\u00eda abierto su chingana en plena barriada de guangual\u00edes. Normalmente, tres cocinas a le\u00f1a funcionaban constantemente y eran atendidas por mestizas con su pelo recogido en un severo mo\u00f1o. Dos filas de toneles con chicha y vino estaban acostadas sobre una gruesa estanter\u00eda de roble.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Todos los clientes estaban fuera, el calor era intenso. Las gruesas manos de las mestizas portaban hasta cuatro vasos con aguardiente a los sedientos parroquianos que, sin sacarse los altos sombreros tubulares, beb\u00edan presurosos en espera del gratificante efecto del alcohol. El calor no atenuaba sino muy por lo contrario, y el \u00e1spero olor de las aguas servidas que se depositaban en canales cercanos impregnaba todo el entorno. La Chimba crec\u00eda descontrolada, el pueblo se agolpaba y se hacinaba en ella. Al frente, al otro lado del r\u00edo, la ciudad ordenada en el r\u00edgido damero espa\u00f1ol comenzaba su af\u00e1n de embellecerse de acuerdo a los decires de los viajeros venidos de Europa.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La Chingana de Do\u00f1a Mar\u00eda Cristina sobresal\u00eda del resto de las chinganas, bares y burdeles de la Chimba, siempre abierta y concurrida. Ten\u00eda fama por lo variado y abundante de sus tragos populares, adem\u00e1s de sus platos servidos en recipientes de greda negra. Famoso era su ulpo cargado, reponedor del cuerpo y animoso del esp\u00edritu, lo mismo que el gloriao para despu\u00e9s de un funeral; la carambela, el pihuelo y la chupilca, esta \u00faltima con aguardiente de Aconcagua. Otros prefer\u00edan una raci\u00f3n de pihuelo m\u00e1s chacol\u00ed o mosto y llalli. La chicha y el vino pipe\u00f1o de uva moscatel de parrones caseros y de color marr\u00f3n claro ocupaban un lugar preferencial, grandes toneles de madera tra\u00eddos de Cauquenes estaban dispuestos en el gran muro al fondo de la chingana.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los clientes complementaban sus tragos con huevos duros y luche o charqui junto a panes de tres tipos: espa\u00f1ol con grasa fuerte, tortilla de rescoldo o pan chileno cascarudo. Siempre estaban disponibles el pavo mechado, el locro de Mendoza, los porotos con harina y pimiento seco, y las sopas con carne y verduras.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Do\u00f1a Mar\u00eda Cristina, una negra que hab\u00eda tomado el nombre de su ama, avanzaba ya en la edad de los sesenta y era famosa por su fuerte car\u00e1cter y su gran vozarr\u00f3n que hac\u00eda temblar al m\u00e1s envalentonado. Se paseaba por las mesas y controlaba las raciones, perdonaba deudas y trompaba al ebrio cargante.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Era depositaria de confidencias y generosa en consejos en el amor y en la pol\u00edtica. Alta y corpulenta, mov\u00eda con gracia sus asentaderas y regalaba sonrisas al cliente nuevo. Siempre amiga de curas y militares, confidente de pol\u00edticos y l\u00edderes de la causa abolicionista. Su chingana ya estaba firmemente establecida, a diferencia de las otras que nac\u00edan y mor\u00edan con cada evento de importancia.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sudoroso hizo su entrada el negro Frances en la Chingana de Mar\u00eda Cristina, se hab\u00eda sacado el sombrero y lo manten\u00eda firme contra su pecho, miraba a su alrededor y sonre\u00eda a quienes le devolv\u00edan la mirada. Avanz\u00f3 con paso inseguro hacia el interior, arregl\u00e1ndose el pantal\u00f3n que a ratos llegaba a mitad de su trasero. Ajust\u00f3 su cintur\u00f3n que no era m\u00e1s que un grueso cordel; hab\u00eda perdido peso en las \u00faltimas semanas, com\u00eda mal y a deshoras, y su trabajo lo desgastaba. Divis\u00f3 a la negra Mar\u00eda Cristina que estaba apoyada sobre un gran mes\u00f3n distribuyendo ajos en distintos potes de arcilla. Ella no sab\u00eda leer ni escribir, pero controlaba las cuentas durante toda la jornada con sus ajos que, seg\u00fan su porte y ubicaci\u00f3n en cada pote, ten\u00eda un significado num\u00e9rico distinto.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2015\u00a1Misi\u00e1 Do\u00f1a Mar\u00eda Cristina! \u2015dijo con fuerte voz Frances.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La negra volte\u00f3 la cabeza y al verlo le regal\u00f3 una gran sonrisa.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2015Mi Frances querido, es bueno verte, hace mucho que no ven\u00edas. Si\u00e9ntate conmigo, pienso que quieres hablar de algo, \u00a1hazlo!, yo te escuchar\u00e9. \u00a1Toma un vaso de chicha! T\u00fa sabes que yo te hago un precio.<\/p>\n<p>\u2015He tra\u00eddo pa\u2019 que lo cuide a un negro golpeado por un criado de don Ram\u00f3n. \u00c9l mismo me dio unas moneas pa\u2019 sanarlo. No quiere l\u00edos con lo negros.<\/p>\n<p>\u2015Ll\u00e9venlo al patio de atr\u00e1s, le dir\u00e9 a la Anita que lo cuide \u2015se\u00f1al\u00f3 Mar\u00eda Cristina a un par de ayudantes que ten\u00eda cerca.<\/p>\n<p>\u2015Usted, misi\u00e1, sabe que a mi madre se la llevaron a la hacienda de Don Ram\u00f3n en el sur y est\u00e1 all\u00ed, bien encerr\u00e1.<\/p>\n<p>\u2015\u00a1Ah\u00e1!, exclam\u00f3 la negra. \u2015Me han contado que a muchos se los han llevado pa\u2019l interior y a algunas con sus cr\u00edos. Ese Don Ram\u00f3n es el mismo diablo, est\u00e1 armando trifulca con la aprobaci\u00f3n de la ley. Dice que los negros libres, si son j\u00f3venes, no hallar\u00e1n qu\u00e9 hacer sino vagabundear, emborracharse y delinquir.<\/p>\n<p>\u2015\u00a1Misi\u00e1!, quiero ir a buscar a mi madre y traerla a vivir conmigo a Santiago<\/p>\n<p>\u2015\u00bfY qu\u00e9 te pas\u00f3 a ti que ahora soi buen hijo? No te enoj\u00eds conmigo Frances pero te conozco, no soi malo pero si descari\u00f1ao. \u00bfPod\u00eds darle abrigo a tu madre? Finalmente pa\u2019 las buenas y pa\u2019 las malas tu madre esta abrig\u00e1 y bien aliment\u00e1, s\u00f3lo que esclava, presa y escond\u00eda.<\/p>\n<p>\u2015Yo quiero hablar con ella, quiero que Don Ram\u00f3n me contrate pa\u2019 la hacienda<\/p>\n<p>\u2015\u00a1Te est\u00e1 haciendo efecto la chicha que est\u00e1 reg\u00fcena!, advirti\u00f3 la Negra Cristina.<\/p>\n<p>\u2015Tengo oficio, no soy vago, s\u00e9 leer y entiendo too. Soy legal y me pueden contratar.<\/p>\n<p>\u2015Pa\u2019 qu\u00e9 va a querer Don Ram\u00f3n negros pagaos si tiene esclavos que no le cuestan n\u00e1. Apenas les paga a los indios y muy mal.<\/p>\n<p>\u2015Yo le servir\u00eda mucho \u2015agreg\u00f3 Frances.<\/p>\n<p>\u2015\u00bfC\u00f3mo as\u00ed?<\/p>\n<p>\u2015Puedo ser culebriento y decir que conseguir\u00e9 negros pa\u2019 firmar en contra de la ley. Despu\u00e9s no cumplo y listo.<\/p>\n<p>\u2015\u00bfSab\u00ed cu\u00e1ntos negros y mestizos hay en la Chimba que no firmar\u00edan eso? \u2015agreg\u00f3 malhumorada la negra.<\/p>\n<p>\u2015\u00a1No!<\/p>\n<p>\u2015Dicen que m\u00e1s de 7.500, yo no s\u00e9 contar, pero s\u00e9 que eso es mucho. \u00a1No s\u00e9 qu\u00e9 decirte negro Frances! Ten\u00eds muchas ideas en la cabeza. P\u00e9gate un revolc\u00f3n con una de las lindas de ac\u00e1 ser\u00e1 mejor.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las necesidades de don Ram\u00f3n por abastecer su hacienda en el sur, y los continuos ataques de bandoleros a los carros y carretas en los solitarios caminos que conectaban su estancia con los sitios urbanos, determinaron que organizara un convoy con gente armada para repeler cualquier intento de asalto. As\u00ed Frances, luego de realizar un eficiente trabajo en el Convento para el entierro de la hermana de Don Ram\u00f3n y haci\u00e9ndole saber a \u00e9ste su voluntad de organizar a los negros en la campa\u00f1a anti abolici\u00f3n, logr\u00f3 ser contratado como custodio para proteger el convoy que saldr\u00eda hacia la hacienda donde estaba Matela, su madre. Desoyendo todo consejo de no participar de tal aventura, se alistaba un amanecer, pocos d\u00edas despu\u00e9s del funeral, para emprender el viaje.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Diez carretas conformaban el convoy, la primera y la \u00faltima con seis hombres armados cada una; de esos doce hombres dos eran negros, Frances y Jean, en este \u00faltimo no pod\u00eda confiar porque era un incondicional de don Ram\u00f3n, odiaba a los de su raza, siendo despectivo y humill\u00e1ndolos continuamente. Miraba a Frances con ojos de sospecha y una cierta iron\u00eda en la sonrisa. El convoy atraves\u00f3 Santiago llamando la atenci\u00f3n de todos los habitantes con los que se cruzaba. Ser\u00eda un viaje muy largo y deber\u00edan acampar en sitios elegidos que brindaran cierta seguridad. D\u00edas antes hab\u00edan partido jinetes para planificar el viaje y establecer los contactos.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Luego de una semana de viaje, el convoy enfil\u00f3 por un estrecho sendero hacia la cordillera, era una huella llena de baches y grandes piedras que asomaban por doquier. A los lados, plantaciones y tranques de regad\u00edo sin poblaci\u00f3n a la vista, lo \u00fanico vivo y en cantidades eran los t\u00e1banos que con su zumbido constante atacaban sin piedad la piel descubierta de los miembros del convoy.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Frances, en la \u00faltima carreta, sentado y con las piernas colgando, miraba absorto el rocoso terreno, en algunas partes con pozas de agua debido a la lluvia de la noche anterior. De pronto, sinti\u00f3 unos gritos provenientes de los primeros carros, se detuvo el convoy y los caballos relincharon por la tensi\u00f3n de las riendas para que se detuvieran. Tom\u00f3 su arma y avanz\u00f3 hacia la cabecera del convoy, desde donde proven\u00edan los gritos. Un enorme \u00e1rbol ca\u00eddo obstaculizaba completamente el camino. La evidencia mostraba que su desplome se deb\u00eda a cortes de hacha en su base. Se reunieron los hombres que constitu\u00edan la guardia del convoy y decidieron permanecer bajo los carros, tras las ruedas, en espera de alg\u00fan acontecimiento. El problema era la escasez de luz, pues ca\u00eda la noche. Se reunieron todos, menos Jean que ya no estaba junto a ellos.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tres jinetes se acercaban por detr\u00e1s del convoy, tras ellos, una veintena m\u00e1s. Avanzaron los tres primeros, llevaban grandes sombreros y la cara cubierta hasta la nariz con un pa\u00f1uelo. Qui\u00e9n parec\u00eda ser el jefe, con voz estent\u00f3rea grit\u00f3:<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2015\u00a1Abandonen el convoy y vuelvan caminando por donde ven\u00edan!<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Frances reconoci\u00f3 la figura y esa voz, era Rogelio, el cochero de don Ram\u00f3n. Retrocedi\u00f3 y apoy\u00f3 la espalda contra una de las carretas, sin pensarlo apret\u00f3 el gatillo de su arma y el balazo pas\u00f3 rozando la cabeza de Rogelio. \u00a1Negro maldito! fue el rugido de Rogelio. Otro hombre se baja de uno de los caballos y velozmente, dando grandes zancadas, enfrenta a Frances clav\u00e1ndole un pu\u00f1al en el pecho, \u00e9ste cae herido de muerte reconociendo al atacante, era Jean.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>2018\u00a0 Hait\u00ed y Santiago<\/strong><\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El joven Frances baja por la avenida y cruza la Plaza de Armas frente a la catedral en Cabo Haitiano, se dirige al lakou de su familia. Al d\u00eda siguiente, muy temprano debe tomar un avi\u00f3n a Puerto Pr\u00edncipe y de all\u00ed, otro a Chile. \u00c9l es de Milot, un pueblo cercano donde se encuentran las ruinas del antiguo palacio del rey Christophe, Sans-Souci, a los pies la imponente fortaleza de la Citadelle Laferri\u00e8re construida por el rey para defenderse de un eventual retorno de los franceses. Conoci\u00f3 a muchos militares chilenos establecidos en Cabo Haitiano, ellos le hablaban de las bondades de ese lejano pa\u00eds, de su abundancia, belleza y grandes oportunidades de trabajo.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed decidi\u00f3 partir. Para ello, su familia y amigos se endeudaron con prestamistas locales para costear el pasaje y los mil d\u00f3lares americanos que ten\u00eda que exhibir al entrar. Tuvo que comprar ropa ya que en ese pa\u00eds hac\u00eda frio, mucho m\u00e1s de lo que pod\u00eda imaginar.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El viaje fue largo y el avi\u00f3n estaba repleto de haitianos, todos asustados y ansiosos esperando ser recibidos en el aeropuerto de Santiago por algunos compatriotas.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Frances abri\u00f3 violentamente la puerta de su habitaci\u00f3n fr\u00eda y pobre en un cit\u00e9 cerca de la Estaci\u00f3n Central. Se ech\u00f3 sobre la cama y mir\u00f3 su celular para ver si ten\u00eda mensajes de Hait\u00ed. Se irgui\u00f3 y sali\u00f3 al pasaje com\u00fan para faenar una gallina de corral con un peque\u00f1o machete. Muchos ni\u00f1os, casi todos peruanos, miraban fascinados esta faena. Una vieja vecina se le acerc\u00f3 y compasivamente le dijo:<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2015Debes ir al norte Frances, ac\u00e1 no hay trabajo<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sin embargo, la suerte le dibuj\u00f3 un camino y Frances encontr\u00f3 un trabajo de nochero en una f\u00e1brica en el barrio Independencia. Fue esa misma suerte la que dibuj\u00f3 tambi\u00e9n su muerte al resultar mortalmente herido durante un asalto. Muri\u00f3 apu\u00f1alado al tratar de defender los bienes de la empresa.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><\/h6>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Deseaba dejar ese lugar y aquel trabajo; cada tarde, al llegar a su hogar, luego de sortear charcos con inmundicias, perros vagos, ratones muertos y uno que otro grupo de hombres y mujeres que se agolpaban alrededor de fogatas pestilentes, se sent\u00eda en la obligaci\u00f3n de relacionarse con sus vecinos.<\/p>\n","protected":false},"author":196,"featured_media":9519,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[602,448,1448,298,458,1450,599,1449,531,37,157],"taxonomy\/multi-autores":[],"taxonomy\/archivo-especiales":[],"class_list":["post-9518","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-piel-negra-mascaras-blancas","tag-afrochilenos","tag-cultura","tag-esclavitud","tag-haiti","tag-latinoamerica","tag-leyes-de-abolicion","tag-migracion","tag-negros-libertos","tag-politica","tag-raza-comica","tag-santiago"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9518","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/196"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9518"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9518\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/9519"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9518"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9518"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9518"},{"taxonomy":"multi-autores","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/multi-autores?post=9518"},{"taxonomy":"archivo-especiales","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/archivo-especiales?post=9518"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}