Cuando los hackers salgan a marchar

Hoy en día no hay medio de comunicación medianamente digno que no haya mencionado alguna vertiente de los problemas de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y me extraña que aún no se hagan remixes con Piñera o Valente/Fontaine como los que se hacen con Donald Trump.
 
En los últimos meses, y cada cierto tiempo, vemos cómo se habla en los medios del conflicto China/Hong Kong; el talón de Aquiles chino que le está costando la guerra ética y comunicacional al gigante asiático –lo que termina afectando evidentemente la sensación de riesgo país, que a su vez golpea en la valoración del país en la bolsa, and so on and so on. Y si bien no somos gringos, pero más o menos queremos serlo, la sociedad o la prensa chilena arroja un rápido y –por sobre todo nervioso– «viva la democracia» (para quedar bien con todos y al mismo tiempo no perder a los auspiciadores más importantes del país), imitando el gesto norteamericano. Pero para que no se enoje tanto el Canciller comunista, mejor jodemos a la protagonista de un remake de Mulan, total es china/yankee, entonces ahí el problema no nos cuesta una minera y sólo nos cuesta una princesa Disney, 1 mientras tanto le preguntamos al experto en relaciones internacionales que probablemente en la universidad con suerte vio un semestre de historia y teoría política/económica china: “¿oye, hermanito, y dónde queda el jonkón? ¿y me va a costar más caro el nuevo aifon o mejor me compro un wawei?”
 
No me interesa hacer genealogía del conflicto ni tampoco hacer campaña por alguno de los bandos. Como le dijo una joven de Puerto Montt a un periodista, “está too en YuTu”. No tengo tampoco tantas líneas para ganarme su atención, explicar el contexto y al mismo tiempo hacer una hipótesis de lectura.
 
Entiendo que Oriente en general pueda tener connotaciones misteriosas. Mal que mal, nuestros sentidos comunes oscilan entre Venus y Plutón. De todas maneras, creo que esas divergencias no son tan distintas a sentarse a hablar con un argentino sobre qué entendemos por neoliberalismo o por educación pública. Y la mayor diferencia territorial que tenemos entre ambos es que el sol les nace en el mar y se les esconde en la cordillera.
 
Debemos tener en cuenta que el otro es siempre una invitación a pensar, y siguiendo eso, me interesaría conversar sobre la gestión de la movilización social y lo que algunos teóricos están empezando a llamar como movilizaciones open source. 2.
 
Open source o “de código abierto” es un modelo de desarrollo de software basado en la colaboración abierta, es decir, cualquiera puede modificar alguna parte de un programa a su antojo sin pedirle permiso a un líder o dueño para publicar esa modificación, y a su vez, cualquiera puede pedir ayuda para mejorar esa modificación que alguien hizo al programa, porque el modificador tampoco es dueño de su modificación. Entonces, desplazando esta idea a la movilización urbana, en las anteriores protestas hongkonesas (año 2014, Umbrella movement) hubo dirigentes en el movimiento, incluso algunos cayeron presos y fueron recientemente liberados. 3. Sin embargo, el movimiento actual carece de líderes marcados, la gente se organiza en foros de internet similares a reddit y votan en posts en dichos foros o chats masivos de Telegram. El desplazamiento de la marcha es errático, entran a espacios privados para marchar por calles paralelas, avanzan y retroceden coordinadamente. Gracias esos foros sabemos que aquella estrategia de movimiento sigue la tradición del Tao, que luego retoma Bruce Lee –“se mueven como el agua” 4 para evitar ser capturados (y algunos creen que Bauman acuñó eso de la modernidad líquida). Estos movimientos se coordinan a través de voluntarios con walkie-talkie o airdrop/bluetooth; para evitar el ya sabido espionaje de redes sociales utilizan sistemas de comunicación con “modo avión activado”. Generaron un rudimentario lenguaje de señas para quienes no están con dispositivos electrónicos y de esa forma también coordinar movimientos. Anulan las bombas lacrimógenas tapándolas con ollas, conos de tránsito y un poco de agua. Escapan de la policía de manera ordenada avanzando de manera muy similar a un militar, diciendo “uno, dos; uno dos” para evitar así las estampidas humanas (son más de unos cuantos millones de personas conglomeradas en una avenida recta). Piden crowdfounding para financiar la publicación internacional de su conflicto en distintos foros y eventos. Utilizan lasers para “molestar” a los sistemas de reconocimiento facial y en vez de capuchas llevan cascos, porque más que atacar a la policía la prioridad es defenderse de ella. 5.
 
Cuando terminé de escribir el anterior párrafo pensaba que China no tiene ni de lejos la tradición o el conocimiento experimental de la protesta urbana que tienen los países latinoamericanos. No es que en Hong Kong haya marchas todos los años (claro que ha habido protestas masivas con resultados terribles), pero en general en Oriente no tienen la tradición de marchar por cualquier cosa que les indigne 6. Yo pensaría que varias protestas al año versus una sola cada cierto tiempo, que los participantes más constantes tendrían una sofisticación mayor de su modelo de lucha.
 
Y, sin embargo, uno ve vídeos de protestas en China y, realmente, da para que cualquier movimiento social sienta vergüenza. Me parece que en estos segundos semestres donde ya nadie tiene tantas ganas de movilizarse so pena de perder un año de clases, estaría bastante bueno utilizar un día de jornada reflexiva para revisar la experiencia hongkonesa y ver que opciones pueden ser llevadas a un contexto Chileno/latinoamericano.
 
Y siguiendo esta línea, más que hacer una lista sobre lo que tienen ellos a diferencia de nosotros o lo que nosotros tenemos a diferencia de ellos, me parece que, como paso previo, es necesario desplazar el sentido común de los movimientos sociales latinoamericanos orientándolo hacia una mayor digitalización o, mejor dicho, es necesario reinventar el individuo social con las nuevas capacidades que se han ido acumulando alrededor del globo. Para simplificar esto (para mí) me remitiré exclusivamente a la política universitaria donde en mi experiencia uno pudo ver/leer un rechazo muy fuerte a (salvo quizás por los memes) al devenir digital de la política. Cuántas veces escuché/leí “si quieres hablar de esto anda a la asamblea, acaso no sabes que la política no se hace por Facebook”. Vi por media década a compañeras y compañeros movilizarse por motivos tremendamente grandilocuentes (o llamados de coyuntura nacional), pero a nadie le preocupó solicitar la digitalización, o por último un mejor manejo de gestión, en la burocracia de la propia universidad. Cuando lo comentabas en una asamblea presencial todos te trataban de neoliberal, “hay otras prioridades compañero”. Avalar ese neo-kafkismo, o mejor dicho, esas burocracias rusas de las universidades públicas latinoamericanas es de un romanticismo propio de las izquierdas latinas que en algún momento cristalizó dos conceptos como lo son: la gestión/capitalismo, para luego realizar la siguiente operación argumental: informática/gestión/capitalismo/malo, en fin, miremos a otro lado y hagamos como si los bartlebys compadres del rector de turno no fuesen en sí mismos una tecnología obsoleta. Honestamente no entiendo qué documental de vice/netflix de 20 minutos sobre big-data vieron para empezar opinar así, quizás fue mucho Mr. Robot o Black Mirror, realmente, ¿cómo es que olvidaron esos días en los que pusieron su foto de perfil negra para que se vaya piñera? 7. Pareciera que internet es solo para un primer momento, donde se coordinan algunas cosas, se difunden algunas ideas, se identifican algunos aliados, etc. Pero siempre en un rol preliminar, para los temas serios tenemos la asamblea y está solo puede ocurrir con mi cuerpo asistente en ella 8. En un segundo momento, el cual necesariamente requiere entender otros espacios como lugares de igual validez que el espacio físico, en donde si yo emito una opinión o un juicio esto no me vuelve menos responsable de mis actos/comentarios. En un devenir virtual del movimiento social es necesario meditar el “mátate” ante el pensamiento que considero contrario al mío. Existe una vieja máxima en internet que parece que muchos han olvidado “No le des comida al Troll”, si algo no te gusta se bloquea y si tienes que hablar con esa persona, utiliza el lenguaje más preciso posible y si debes debatir que sea de la mejor manera. Hágale caso a la doctora polo y “respete para que lo respeten”, habitar en internet es cómo manejar, pero aquí no hay señaléticas más que las que uno se impone. Hay un antiguo cuento inglés llamado “el viento en los sauces”, allí una rana se obsesiona con los nuevos vehículos a motor, como nunca le enseñaron a conducir, ni tampoco hay leyes de tránsito, y eso sumado su naturaleza impulsiva, a lo único que lo lleva es a estrellarse. A nosotros nadie nos enseñó a habitar medianamente sanos en internet porque ni nuestros padres ni profesores conocen sobre esta parte del mundo. Esto lamentablemente lo entiende más el neo-fascismo chileno que las nuevas izquierdas denominadas progresistas.
 
Al igual que el desarrollo tecnológico, la movilización urbana es pura gestión. El Plan Marshall nos enseñó que el hombre organizado puede crear cualquier cosa, hasta una bomba atómica, y esto va más allá que el dinero invertido. Lo demostraron los rusos a pesar de Chernobyl.
 
Corolario para cerrar. Las marchas se idearon como una forma de protesta que interrumpe la circulación del capital, jamás como performance. Es por ello por lo que la policía suele disolver una marcha solo en el momento en que se corta la carretera que une los camiones rebosados en cobre y los puertos que se los llevan. Una marcha en la Alameda de Santiago no es una en Sanhattan (Hong Kong es una isla Sanhattan), en el Instituto Nacional no se interrumpe más que la venta de libros y artículos de varieté chinos (pero al menos tiene el poder comunicacional por lo que simboliza). Curiosamente en una toma universitaria nadie se pregunta qué interrupción se puede llegar a causar, y seguramente no sea más allá que la de sus rejas. Y quizás todo lo anteriormente mencionado no interrumpa más de que un DDoS bien planteado. Pero, en fin, no vale nada de lo que digo, porque esto lo estoy escribiendo desde mi MacBook.

Notas:

  1. https://pousta.com/piden-cancelar-mulan/
  2. https://www.newstatesman.com/world/2019/08/be-water-seven-tactics-are-winning-hong-kongs-democracy-revolution
  3. https://www.youtube.com/watch?v=e2RcffWsGIk
  4. https://www.youtube.com/watch?v=cJMwBwFj5nQ
  5. https://www.hongkongfp.com/2019/07/21/organisation-future-hong-kongs-open-source-anti-extradition-law-movement/
  6. “Una vez comenzada la batalla, aunque estés ganando, de continuar por mucho tiempo. Desanimará a tus tropas y embotará tu espada. Si estás sitiando una ciudad, agotarás tus fuerzas. Si mantienes a tu ejército durante mucho tiempo en campaña, tus suministros se agotarán. Las armas son instrumentos de mala suerte; emplearlas por mucho tiempo producirá calamidades. Como se ha dicho: «Los que a hierro matan, a hierro mueren.» Cuando tus tropas están desanimadas, tu espada embotada, agotadas tus fuerzas y tus suministros son escasos, hasta los tuyos se aprovecharán de tu debilidad para sublevarse. Entonces, aunque tengas consejeros sabios, al final no podrás hacer que las cosas salgan bien” (Tsun-Su el arte de la guerra) / La guerra China al contrario de como la entendemos nosotros los amigos de Clausewitz, es el último de los recursos, debe ser breve y conseguir los objetivos lo más rápido posible, algo que debiésemos aprender, si no queremos desgastar las bases y ganarnos el rechazo de la opinión pública. Mario Aguilar lo entendió y miren como es tratado por los que gritan “victoria o muerte”.
  7. Si, internet ha sido clave para entender los movimientos sociales en este país después del 2011. Organizar lugares de encuentro, horarios, el declive del “líder” o el “programa” en los movimientos sociales que son sustituidos por el hash-tag y la cyber-democracia, en fin. Margarita padilla en su libro “el kit de la lucha en internet” deja todo bastante claro. Pero controlar el swarming (enjambramiento: personas no-coordinadas realizando acciones distintas durante un “botellón”) hasta el momento y de manera eficiente, solo lo han logrado dos países. Israel con su ejército y hoy China con su revolución hongkonesa. https://vimeo.com/56365525 http://rebelion.org/noticias/2010/4/103568.pdf
  8. Dos lecturas interesantes para esta idea son una conversación con Benito Espinoza por Marco Enríquez Ominami y uno de los textos más lúcidos sobre la memética y la política
Diego Soto
missedinacction@protonmail.com