El miércoles 17 de junio el Senado nos dijo a todas/os y todes los chilenos que tener hijxs es un problema privado, que se trata a puertas adentro y que cuando estamos en pandemia proteger sus vidas no es prioridad. Con 22 votos en contra – y 19 a favor– se rechazó la admisibilidad del proyecto de postnatal de emergencia, que además no cuenta con el apoyo del Gobierno.
Esto lo que hace es solo reforzar la idea de que la experiencia de maternar ha sido secuestrada por la institucionalidad y ha transformado a todo el proceso de criar en responsabilidad prácticamente de la mujer –o su cuidador/ra principal–, dejando a la “maternidad” en una experiencia liderada desde el patriarcado. La mujer madre queda ubicada así en la oscuridad del hogar, en lo privado, haciéndose cargo de todo el desarrollo del infante, su sustento y demases, cuando esto debiese ser de interés social.
Desde que partió la pandemia en Chile a mediados de marzo, no he escuchado ninguna voz que diga qué pasa con la salud mental de los y las niñas que están encerrados/as en casas, generalmente diminutas, departamentos sin patio, con cuidadores y cuidadoras altamente estresadas por estar expuestos al teletrabajo y a la tarea del cuidado, por una economía inestable, por la cesantía, por licencias sin pagar, y no solo eso, sino que muchas se ven en la obligación de seguir saliendo a la calle, cuando el peligro de no obtener atención médica, si se enferma, hoy es alto.
“La maternidad se nos vende como un asunto privado, pero es realmente un tema muy, muy público”, nos dice Carolina León en la presentación del libro “Nacemos de mujer. La maternidad como experiencia e institución” de Adrianne Rich; mientras que en Chile hasta dar teta en la calle es visto como un asunto que debe hacerse en los baños de los lugares públicos, bajo un manto o simplemente en la casa, o sea, el mensaje claramente es: ‘mujeres madres, enciérrense y por dos años, luego vuelvan a salir al mercado laboral e inventen que se tomaron años sabáticos, para que además no sean discriminadas por criar’.
Producción y reproducción
Pero la desigualdad y precarización de la mujer no es cuestión sólo de los tiempos que corren. Rich (1976) y Beauvoir (1949) nos plantean que es el surgimiento de la propiedad privada lo que posibilitó la agricultura y transformó a la mujer en un bien más. Esto mientras que para el gobierno de Sebastián Piñera los derechos ganados lentamente por las mujeres no son prioridad ni siquiera para respetarlos. Su propuesta para hacer frente a la pandemia ante el encierro individual, posibilita que las mujeres que tengan hijos entre 0 a 6 años se puedan acoger a la ley de protección del empleo, lo que en la práctica significa sobrevivir con los dineros del seguro de cesantía. Esta propuesta no hace sino negar el fuero maternal, y dejar a la mujer, su familia y criatura en mayor desprotección en caso de perder el empleo una vez que la pandemia haya pasado, porque ahí sus fondos estarán probablemente en cero. Piñera y su gobierno olvidan y niegan todos los avances que han logrado las mujeres desde inicios del siglo XX. Recordemos que en 1909, en Francia, comenzó a aplicarse un descanso remunerado para las mujeres embarazadas y desde 1913 el prenatal y postnatal fue una realidad.
Siguiendo a Beauvior, “uno de los problemas esenciales que se plantean a propósito de la mujer, según hemos visto ya, es el de la conciliación de su papel reproductor con su trabajo productivo”, y es precisamente esta problemática la que deja de manifiesto la postura del gobierno ante el postnatal de emergencia, puesto que ante el contexto actual de emergencia sociosanitaria se lava las manos y deja en la responsabilidad individual de las madres, el hacerse cargo de que el sistema de cuidado de las salas cunas – derecho pagado o subsidiado a las madres durante los dos primeros años de vida–, no está en funcionamiento.
Fue precisamente Engels quien escribió que sólo cuando la mujer formara parte de la producción y dejara de ser la responsable del trabajo doméstico –incluimos aquí el cuidado– podría emanciparse. Con esto vemos que a pesar del distanciamiento histórico, la vida de las mujeres madres sigue siendo la misma. Somos siempre las primeras responsables en hacernos cargo de las criaturas, y aunque formemos parte importante de la fuerza de trabajo, sigue existiendo una gran diferencia con respecto a lo que viven los hombres, tanto en su hogar como fuera de éste.
Brechas
Las mujeres ganamos menos, tenemos peores empleos y condiciones contractuales, además dedicamos más tiempo a las tareas domésticas y de cuidado –o doble jornada, como le llaman–, que se dan siempre en la esfera privada del hogar. El 50 por ciento de las mujeres chilenas ganan menos de 344 mil pesos y sólo 9,1 por ciento reciben más de 1 millón, cuando los altos cargos de las empresas, como los directivos están reservados para los hombres. Y mientras los hombres dedican poco más de 19 horas al trabajo no remunerado, las mujeres lo hacen en 41,25 horas en una semana de lunes a domingo. Todo esto según el estudio de la Fundación Sol “No es amor, es trabajo no pagado”.
“Ha sido a través del trabajo como la mujer ha conquistado su dignidad de ser humano; pero fue una conquista singularmente dura y lenta”, nos advierte Simon de Beauvoir. Y, sin embargo, pese a que hemos logrados muchos avances, sigue existiendo la lucha por dejar de ser mirada como otro.
Todo esto sucede mientras el gobierno levanta lo que ha denominado “Crianza protegida”, la cual posiciona el criar en la esfera de la responsabilidad individual, de lo privado, muy lejos de la corresponsabilidad social que debiese primar. Además, esta propuesta olvida a las mujeres que ganan por jornadas, que boletean y a cuantas otras que no caben dentro del sistema formal del empleo. Lo que el gobierno llama “crianza protegida” no es sino volver al sistema donde las mujeres madres tenían que callar ante la injusticia y explotación porque sino dejarían sin sustento a sus criaturas y quizás también a la familia. Esto es ejemplificado por Beauvoir tal como lo recrea con una cita de El Capital de Marx, referida a un fabricante que solo empleaba a mujeres –de preferencia casadas y con familias que mantener- por la docilidad al trabajo dada la condición indispensable de este trabajo para la subsistencia de su gente.
Un ejemplo que hoy vemos en caso de la empresa Fruna, la cual seguía funcionando sin importar la cuarentena y el contexto de pandemia, exponiendo a sus trabajadoras y trabajadores, y con ellos a sus niñas y niños a seguir asistiendo a la sala cuna y jardín infantil que la empresa tenía con convenio.
Maternar como una cárcel para la mujer
“La maternidad no es un ‘hecho natural’, sino una construcción cultural multideterminada, definida y organizada por normas que se desprenden de las necesidades de un grupo social específico”, ‘señala Cristina Palomar (2005) en Maternidad: historia y cultura. En Chile la maternidad continua estando en lo que Rich (1976) llama la institución de la maternidad construida y raptada desde el patriarcado, que impone a las mujeres cómo se deben transformar al quedar embarazadas –que por cierto si no se trata de un feto inviable, producto de una violación o está en riesgo la vida de la mujer, no puede decidir no tenerlo– invisibilizándolas y dejándola en una vida de muchos deberes ser.
Como nos advierte Barriga, las expectativas y obligaciones de la mujer que es madre han ido aumentando con el tiempo, dejándonos en una pobreza total en cuanto a tiempo libre. Y no sólo eso, sino que la ha encerrado cada vez más en el mundo privado del que pensó, luego de ingresada al mundo del trabajo remunerado, había dejado de estar obligada a permanecer. La segunda Ola feminista planteó a la maternidad como la principal cárcel de las mujeres, puesto que este quehacer no tenía principio ni fin y no daba cabida al desarrollo de la subjetividades de las mujeres madres y esposas (Palomar, 2005).
Lina Meruane en su libro Contra los hijos expuso que estaba en contra de esa pasividad de la maternidad que no deja cabida a la acción política. Y bueno, ese ha sido el gran trabajo de la institución de la maternidad, que ha construido realmente una cárcel de la que se es difícil escapar sin un compromiso social de por medio y tiempo para realizar esa acción colectiva tan necesaria para obtener cambios en cómo se vive la crianza en Chile. Es por ello como nos señala Rich, “al parecer el patriarcado no solo exige que las mujeres asumen el peso más grave del sufrimiento y de la autonegación para la continuidad de la especie, sino que la mayoría de esta misma especie –las mujeres– permanezcan en lo esencial olvidadas”.
Recuperar la maternidad desde una perspectiva feminista se hace imperante, no sólo para hacerle frente a la institucionalidad con sus políticas contradictorias que buscan incentivar a la mujer en las diversas esferas de la vida capitalista, al mismo tiempo que la deja con la responsabilidad de la crianza y el cuidado del interior del hogar, sino que también por propuestas como “crianza protegida”, que deja en evidencia cómo desde el patriarcado se están pensando y gobernando a las mujeres, esas otras que somos y que configuramos seres pasivos, sin tiempo y voluntad para salir a marchar. Desde esta perspectiva también el llamado va para a las feministas para que retomen a la maternidad como parte de las luchas, ya es tiempo de recuperar el maternar.
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