Un cauce recobrado
El escritor Roberto Merino es uno de los asediantes cuyas palabras forman parte de la nueva edición del inédito libro “(Un texto a la deriva)” de Juan Luis Martínez.
Fechado originalmente en 1981, el autor dejó la propuesta de portada junto al manuscrito, en las que incluyó, como en sus dos obras publicadas en vida (La nueva novela – 1977, La poesía chilena – 1978), el sello de “Ediciones Archivo”. El libro circula por primera vez gracias al trabajo conjunto de Ediciones PUCV y la Fundación Juan Luis Martínez.
Durante enero, compartiremos este y los otros textos que en esta edición anteceden a la obra de Juan Luis Martínez, junto a algunos de sus versos.
Veo a Juan Luis Martínez una tarde de 1985 en su casa de Villa Alemana: alto, encorvado, concentrado en unos papeles de gran tamaño que sostenía en sus manos y que parecía escrutar antes de decidirse a mostrármelos. Ya es sabido que Martínez era reacio a la posibilidad de que otros escritores se asomaran a su obra en proceso, más que nada por la posible transferencia inconsciente de ideas, de frases o de aura.
El hecho es que esa tarde nublada, al menos por un momento, prescindió de sus escrúpulos. Entiendo que me quiso confiar de alguna manera el largo poema en endecasílabos que había titulado Un texto a la deriva. El libro estaba parcialmente compuesto, fechado en 1981, con tipografía Helvética Bold en el titulo de la portada y unas imágenes de lo que me pareció ser el registro fotográfico del paseo de Lewis Carrol y Alice Liddle por el Támesis en el verano inglés de 1862. Pero es posible que sólo se haya tratado de una trasposición mía entre una deriva y otra.
Un rasgo particular de Un texto a la deriva consistía en la inclusión, paralela al texto central, de reproducciones de las páginas de un libro epistolar de Erasmo de Rotterdam, tarjadas por la Inquisición. Esos enfáticos trazos, esos ocasionales espacios en blanco y las palabras sueltas libradas de la censura constituían un flujo discontinuo. Lo último era perturbador en la medida en que correspondía a una insistente exhibición de la ilegibilidad o de la mudez obligada. Por cierto, la tachadura -como acción y como signo- tenía que ver con el sistema significante que Martínez había desarrollado en su libro clave: La nueva novela, de 1977.
Tengo que decir que el texto mismo me produjo la impresión de un enigma. Me perece haberlo leído en silencio, a la rápida, pero profundamente, sin acceder a otro contenido que el de las imágenes y el de la cadencia de los endecasílabos que causaban, en la frecuencia de la lectura, el efecto de algo que se aleja mientras se consume y resplandece discretamente.
Más no entendí, pero el poema me gustó mucho, es decir, me provocó alegría. Pensé que el entendimiento era, en este caso, un aliciente futuro, un motivo de búsqueda.
Juan Luis me explicó que el poema pretendía tener algo así como un tema: la Constelación del Cisne reflejada en un lago sin testigos de ninguna especie. Lo que le interesaba era el paisaje no visto, o sea, interpreto ahora, un paisaje al margen de la percepción que sostiene su existencia. Juan Luis se movía, en este sentido, entre las zonas de la epistemología, de los sueños y del psiquismo en general.
En los años siguientes, le pregunte muchas veces a Martínez que había pasado con Un texto a la deriva, que por qué no lo publicaba. Sonreía y decía que no le parecía que estuviera listo aún. O sea no había apuro, los libros tienen su propio tiempo, no hay necesidad de alterar el silencio.
Hace poco me encontre en Santiago con Eliana Rodríguez, viuda de Juan Luis, y me informó que para ella Un texto a la deriva había sido un hallazgo reciente. Que, contrariamente a la costumbre, Juan Luis nunca se lo había mostrado, y que al parecer no se lo había mostrado a nadie más. Esto aumenta para mí la extrañeza, la sensación de inminencia que se produce cuando un objeto nos es inferido restituido a contrapelo del tiempo. Algo de eso escribe Valéry sobre el momento en que Mallarmé le confió el original de Un golpe de dados nunca abolirá el azar.
En esta plegadura del tiempo hay quizás una prueba. En 1985 Natalia Babarovic y yo solíamos visitar a la familia Martínez. Un dia, en vísperas de una de estas visitas, encontramos un párrafo de Henry James (en Las alas de la paloma) que nos tincó que podría interesarle a Juan Luis. Se lo mostramos y él lo anotó a mano en un cuaderno. Ahora, al leer nuevamente Un texto a la deriva -esta vez de modo distendido y extenso- encuentro la cita de James incorporada al poema como si fuera parte de el, alivianada de su condición de epígrafe:
«Tenia la constante impresión de que su amistad flotaba
Como una isla del sur
En un inmenso y cálido mar que formaba, para cualquier circunstancia
posible, el margen
la esfera externa de emoción general, y toda innovación podía hacer
que el mar cubriera la isla o que el margen desbordara
sobre el texto»
En este punto surge un dato significativo. Martínez no menciona la novela de James como Las alas de la paloma, sino como Las patas de la paloma. La probabilidad de que el autor haya incurrido en una evidente errata, gazapo, lapsus, se desbarata al constatar que hay intervenciones manuscritas suyas en las palabras mecanografiadas. Lo que se puede concluir, a partir de este y otros casos, es que Un texto a la deriva deja lugar en su decurso a las erratas como variaciones mentales o bifurcaciones posibles del trance creativo. La poesía, precisamente, considera una disposición anómala hacia el lenguaje, de tal modo que aparecen asociaciones y desviaciones que operan a un nivel formal básico, el de los tropiezos fonemáticos.
La presencia de erratas en el original de Un texto a la deriva es un quebradero de cabeza para los editores: el dilema es cuáles son pertinentes cuáles son descartables. La observación más sorprendente la dio, en una conversación sobre este problema, María Luisa, la hija menor de Juan Luis. «Durante muchos años lo vi escribir», explicó. «Y cada vez que se quedaba inactivo era por una errata. Entonces las erratas son pausas, detenciones Las erratas son tiempo al interior del texto».

***
(Un texto a la deriva)
[Fragmento]
UN TEXTO A LA DERIVA
Nunca escuchamos nada tan absurdo
unos cisnes absurdos y un naufragio.
No eran cisnes ni avutardas
¡Eran cisnes absurdos ni avutardas!
¿Qué recuerdo será esta travesía?
La nombradía del crítico egoísta
no alcanzará el valor de este naufragio
Dura todavía el duro instante:
<iSi dura, cuánto dura, el duro instante?>
el tiempo que naufraga en el instante
el duro instante no dura un instante
El yo es espuma en el naufragio del yo
en otra forma del ser naufraga el yo
en otra forma del ser naufraga el ser
¿En qué otra forma del ser naufraga el yo?



