“El cuerpo eran las cartas”: Kamelia Mardones sobre libro dedicado a su tía prisionera política

enero 08, 2026
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La distancia entre tu nombre y el mío, es la primera novela de la artista y escritora. Publicada bajo el sello Los libros de la mujer rota, recorre los baches biográficos de una sobrina que busca conocer a su tía, incluyendo su pasado que la interpela ética y afectivamente. De la mano de la escritura epistolar y la reflexión metaliteraria, el libro de Kamelia apuesta por la ficción para reconstruir una historia familiar. “Valía la pena explorar e intentar armar una narrativa y llenar esos vacíos”, dice en esta entrevista. “No me interesaba hacer un libro de historia, de la vida de la guerrillera”, agrega.

El libro como búsqueda. Siempre una búsqueda. Esta intención funciona como motor de la voz narrativa, Amaranta, una estudiante chilena de Literatura en Buenos Aires cuya vida se quiebra ante la noticia de la aparición de su tía Milena, que vuelve a Chile a entregarse a la justicia, que la acusa de ser autora intelectual de un atentado político-terrorista. 

La brecha temporal y geográfica, los vacíos de información y la mentira como mecanismo de protección son parte de una serie de distancias que convergen en este libro de Kamelia Mardones, editado por la escritora Romina Reyes. En La distancia entre tu nombre y el mío, la narradora ve su propia vida como un eco de la de Milena: lleva el segundo nombre en su honor y nace en el momento en que Milena se pierde en la clandestinidad. 

Esta voz de búsqueda se expresa en distintos dispositivos, principalmente las cartas que, en modulaciones intensas, se aproximan a ese otro ser, tan cercano y lejano a la vez: una especie de heroína o fantasma, cuya existencia se configura en torno al secreto.

La emergencia de esta publicación coincidió con un lanzamiento otro: el libro escrito por la tía narrada en La distancia entre tu nombre y el mío. Libros tío-sobrino fueron presentados en La Furia del libro, amplificando la resonancia de los cruces de ambas mujeres, unidas no solo por la sangre y la historia familiar, sino que también por la palabra. La tía de manera acotada sobre su experiencia en “Prisionera. Breves relatos de encierro”; y la sobrina extensa, intensa, especulativa, desde esta novela que revisamos en esta conversación. 

***

-Una de las palabras que se repitió en el lanzamiento de La distancia entre tu nombre y el mío en La Furia del libro fue “forma”. Hablemos de eso, de cómo diste con el formato del libro.  

La propuesta de la editora, Romina Reyes, terminó de ayudarme a decidir que esa era la forma que quería tomar el libro, porque pasó por varios estados. Esta versión, por ejemplo, tiene un guión y unos diálogos que surgieron en un taller que tomé con Leyla Selman. También pensé que podía haber sido una obra de teatro; que podía ser también -por venir de la poesía o como tener ese registro bien incorporado- un libro de poemas. Estuve explorando  formatos y siento que valía la pena explorar la historia como historia, intentar armar una narrativa y llenar esos vacíos. Quizás con la poesía, con el tema del silencio, el blanco, hay otra forma de decir las cosas que siento que me permite un mayor deslinde, que puede quedar más abierto a las preguntas…

-Pero acá se trataba todo lo contrario…

Claro, de buscar algo así como una respuesta si es que hay un espacio que está en blanco. Hacer ficción es como tomar esta tarea bien consciente de trabajar con la narrativa; decidir, “voy a hacer una novela”, y planificar la escritura. O sea, sí, hay una cosa intuitiva, pero también está la etapa de planificación, que no lo había hecho de manera tan consciente en otros momentos, esto de trabajar la proyección. Esta novela exigía otro tipo de planificación, al menos nueva en mí. Por ejemplo, el que Romina hubiese leído el material y luego armara diferentes propuestas de crecimiento de los personajes o del giro que podía tener cada uno, es una forma de editar un libro completamente distinta a los acompañamientos que yo había tenido en poesía. Pusimos el ojo en otro tipo de cosas: en las motivaciones de los personajes, sus arcos de crecimiento, en la indistinción de la voces poéticas. En este caso tuve que ir cortando y tomando decisiones más concretas para armar el mundo, presentarlo de forma más coherente, no solo la imagen, el primer impacto emocional. 

-¿Cómo describirías este proceso de edición con una escritora? Porque tú también lo has hecho con otros. Das taller. ¿Cómo fue que te guiaran? ¿Te dejaste guiar?

En este caso me dejé guiar un montón. De hecho, descansé en Romina, en Claudia, después en quienes se incorporaron en las últimas lecturas. Pese a lo cercano a la vida que es lo que escribí, no tuve demasiado apego con los materiales. Siento que me moví con bastante soltura, dejando ir algunas cosas.

Si bien fueron como ocho años de proceso, la vida también se iba renovando. No lograba tener la distancia necesaria para poder ver un punto ciego. Al mismo tiempo, viendo cómo es guiar otros procesos, una inquietud, una leve sugerencia que te hagan, habilita a que una misma comience a hacer trabajo de edición, que te haga cuestionar tus propias decisiones al momento de escribir. Me gusta mucho estar guiando procesos, y al mismo tiempo ver cómo muchas veces los mismos consejos y sugerencias que una hace para otros no son tan sencillos de incorporar; cosas que una cree que va a ser todo un gran tema no llegan a serlo porque son muy particulares los procesos.

En el caso de Romi, nosotras éramos compañeras en la universidad mientras escribí varias de las cartas que componen este libro, entonces ella me acompañó como amiga también. Conocía la historia familiar y aparte le gustó el proyecto de escritura. 

-Gran parte del libro se escribe desde Buenos Aires. ¿Fue esa distancia una oportunidad?

Sí. Creo que se relaciona primero con un tipo de escritura migrante o fuera de la familia, si se quiere, que creo que habilita otro tipo de vínculo, de preocupaciones. Cuando una vive fuera del país, con una red de apoyo menor, creo que cambian las prioridades. A mí me cambió la noción del tiempo, fue un remezón bien fuerte.

También, ya que hablamos de los puntos ciegos, esa situación permite tener cierta perspectiva, pese a lo interferida emocionalmente que estuve con la situación en la cual me inspiro; o con el proceso de escritura, que también es otra locura aparte. Escribir de cualquier cosa es súper intenso.

Al tratar de tener esta escritura de emergencia, siento que la distancia funcionó como perspectiva, como un filtro, como un espacio que para bien o para mal podía regular esa cercanía o esa densidad o ese nivel de intervención. Diferente a, por ejemplo, cuando ya estamos toda la familia más instalados en el mundo de la cárcel.

Hay un tema con la construcción de imágenes de una persona. Una persona termina desfigurada por la ausencia, por la falta de información, por la representación que hacen otros, como la prensa. Son muchas fuentes para lograr construir la propia imagen que tú querías. ¿Cómo lidiaste con con eso?   

Creo que la densidad, o la complejidad, o la riqueza de texturas de algunos personajes sí se dio. Me abrí a esa posibilidad una vez que asumí que iba a presentar una imagen contradictoria. Asumí la contradicción. Sí, porque pasé por diferentes estados, oscilar en ciclos de idealización. Después tampoco pasé a una demonización ni nada por el estilo, pero sí, a…

-…cuestionar…

Sí, cuestionar otro tipo de experiencia ligada a la revolución, a la búsqueda, a la justicia, a la libertad, como es el abandono de los hijos; cuando comencé a preguntarme de qué manera trabajar éticamente la historia, porque tampoco es que solo hubiese una búsqueda exitista de la creación de los personajes. No. Quise ser responsable con mis emociones y con las emociones de quienes me rodean o quienes han vivido esto, quienes lo puedan leer, quienes se vean involucrados; pero no por eso iba a ser un libro que a mí no me convenciera. Tampoco me interesaba hacer un libro de historia, de la vida de la guerrillera, necesariamente.  

Otro punto importante es el tema del nombre en términos de la identidad. Acá Milena es Pamela; también es el segundo nombre que ocupó en la clandestinidad; y había sido más tiempo Pamela al momento de la detención que Milena, que es su nombre real. En la escritura cuento “este es su nombre real. Este es su nombre falso -entre comillas-, en la novela. Este es su nombre falso y este su nombre falso-falso”. Entonces, ¿cuántas capas puede tener la chapa o la chapa al final?  

-Y a propósito de estas capas, en el lanzamiento también se abordó una suerte de comprensión en torno a la mentira como una forma de cuidar a otros. ¿Pudiste elaborar esto en el libro?

Es un tema porque esa cosa de la verdad torcida o mentira con signo de pregunta…, porque hay muchas mentiras que uno reproduce sin saber que lo son, que tiene que ver con esa sensación de inseguridad, como vivir perseguido, porque efectivamente puede estar siendo perseguido, pero también hay un montón de otros momentos en la vida que no, y el recurso ya te quedó instaurado. 

Por ejemplo, Pamela al decirle a sus hijos “soy Pamela” y que sus hijos le hayan llamado así toda la vida, podría decirse que es un nombre de mentira. Pero si nunca la conocieron de otra manera, ¿a qué verdad está faltando? 

A momento de la escritura y de dar orden a todo esto, me sucedió -y creo que es importante hacerme cargo aquí también- de que es muy difícil salir indemne de esas lógicas. De una u otra manera, hay una distorsión en la percepción o puede llegar a haberla si uno integra la verdad -entre comillas- de que el otro te está mintiendo por cuidarte. Y finalmente es el cuidado dentro de esa misma narrativa en la cual no te preguntaron si tú querías participar. Eso es lo que me interesaba, darle vuelta al tema de la lógica del secreto, porque es diferente que yo diga “ya, yo quiero ser parte de esta célula; y que bueno, me vas a mentir porque entiendo que el de arriba no puede saber, que hay un fin mayor”; a la familia. 

-Sobre esta cosa de la imagen, por esta misma incompletitud, podemos acudir a la imaginación, y tú lo decías, a la ficción. Yo lo asocié a esta idealización. ¿Cómo lidiar con esa idea de la heroína? 

Creo que, como todo, lo primero es asumirlo. Cuando me di cuenta de que estaba trabajando con la idealización, la proyección y el deseo, asumirlo me permitió comenzar un duelo de esa imagen, de esa muy heroína, muy idolatrada, ni siquiera tanto por mis padres, sino que por mi propia perspectiva política, que obviamente no he separado de la familia. 

Debo decir que también puse harto de amor y de dedicación en esa construcción. Alimenté mucho esa imagen. Cuánto hay también de mágico en el amor o en las conexiones, porque ese compromiso me seguía siendo muy coherente. 

Actualmente mi tía no es guerrillera, está en misiones de paz y se fue full en la hippie, es como pacifista máxima, pero igual es muy coherente con la imagen que tenía de ella en términos valóricos, espirituales si se quiere. 

Quizás se me desidealizó incluso más a partir también del mismo estudio de archivo que hice, donde aparecieron no solo el ideal político, sino algunas formas de funcionamientos en las orgánicas, que si tú la miras como mujer de este tiempo, puedes ver lógicas masculinistas de exclusión, violentas… un montón de cosas. 

-Hay una intertextualidad. El libro tiene vínculos con otros. ¿Cuáles son esos hipervínculos?

Hay cosas que son más o menos directas y otras que son más sutiles. Hablo de Los vigilantes de Diamela Eltit, del que me interesaba la perspectiva biopolítica, el poder leer a partir de los personajes, el funcionamiento de otras estructuras de control. Eso lo hace muy bien Diamela: construir una escena, poner a mover a los seres y ver cómo se dan las lógicas de relación. Me gusta ese tipo de representaciones, de personajes que dan cuenta de todo el sistema, pero están en el margen, como es en este caso de mi libro, la cárcel.  

Hay otras cosas que hablo, artículos que menciono, sobre todo del tema de la escritura en el exilio, la escritura migratoria: Julio Ramos; un poco de George Simmel, de teoría del secreto. Se mencionan algunas cosas de las novelas de posguerra civil española, que vienen de un seminario que estaba cursando en Buenos Aires, donde el aparato teórico era la teoría del secreto o cómo escribir en persecución. Me encantaban estas cosas de las casas, de hablar de un espacio cuando realmente puedes estar hablando una ciudad o de un país, pero tienes que burlar cierta censura, entonces hay otra forma de representación del espacio. 

Las dinámicas carcelarias se lee, presentan contradicciones, frustraciones algo super concreto: la habilitación de accesos al cuerpo de la persona presa y de sus visitantes. ¿Cómo describirías esa dimensión? ¿Aprendizaje?

No encuentro el adjetivo, porque así de buenas a primeras una diría enriquecedor, que te ayuda a ampliar la mirada…

-El libro evoca empatía por ese cuerpo que está ahí encerrado. Eso suscribiría quizás a  esa dimensión aprendizaje…

Hay una cosa en el cuerpo de desnaturalizar tu práctica. En la cárcel hay lógicas de amabilidad, de hecho hay harta más solidaridad de la que una puede creer. No es pura hostilidad, y ahí quise darle eso un poco al personaje de la gendarme. Son las personas con quienes más comparten estando adentro. Es harto más porosa la relación, incluso a nivel emocional.

La desnaturalización de las cosas que te pasan en el cuerpo va desde la ropa a cómo abrazas a las personas que quieres. Lo dije así en el lanzamiento: es el cuerpo y el tiempo que se mueven de una manera distinta. Es casi como que entras con otro cuerpo, con otro tiempo ahí. 

Esta experiencia me asombró genuinamente. Te interpela una experiencia tan límite -que tampoco es tan límite- que es enfrentar tus propios prejuicios. A mí me costó entrar en esa normalización del presidio, que fue dejar de tener pena y rabia todo el rato, estar pensando en cuándo la libertad, en cuándo se termina. Esta lógica es: “esta es una vida, no es un paréntesis en nuestra vida, es una vida”. 

Esa extrañeza también es como una exotización del asunto. Hablando del tema con Romina, nos preguntamos qué tan gore, qué tan inscrito en libro en literatura de ruco o  de memoria histórica tenía que ser. Eso fue totalmente lo que estábamos tratando de evitar, pero esa visión igual habita en uno, casi asombrados con que la felicidad pueda estar, se pueda dar en esos lugares.  

-Acá hay otro tema que es que al escribir sobre otros y para otros puede ser al final escribir sobre una, narrarse una.  

Sí. A nivel de libro me complica la respuesta, quizás más que porque se dio así en lo real. Agradezco la pregunta y lo que hizo la Romina en su momento de cuestionar los narradores, de cuestionar los temas, de cuestionar las personas, los tiempos de narración… traigo a la autora del libro El camino del poeta, Silvia Adela Kohan, una española que tiene también un manual de narrativa donde dice que no es solamente la historia que quieres contar, sino la historia detrás de la historia, y que no es casual la voz, la persona que escojas para para narrar. 

Pasé varias veces por esas preguntas, y haciéndome un poco cargo de eso, es que las escenas más narrativas están en esta tercera persona en que Milena, que es vista desde afuera. En todo lo que tiene que ver con su vida familiar y política antes de la clandestinidad, ocupo la tercera persona y la intento narrar desde lejos como para darle ese protagonismo. Nunca me puse en la primera persona. En las cartas no es ella narrando toda la historia. Tuve que ver varias opciones, le di varias vueltas, pero creo que eso sí se mantuvo siempre independiente de los cuestionamientos: el tema epistolar, el cuerpo eran las cartas. 

A propósito de esta reflexión, hay un apartado que viene que asumí como algo metaliterario, donde hablas de tu participación en un taller y tú misma dando taller, entre otras cosas. Fue como mostrar el lado el revés de un bordado o la costura de una ropa. ¿Por qué optaste por eso? 

Tenía ganas de mostrar el artificio. Es una perspectiva que no está aquí textual, pero sí estaba como subtexto: el tema del realismo socialista, como cada personaje o relación entre personajes puede hablar de una dinámica social particular. Me metí con el tema del teatro brechtiano, esta cosa de cambiarse de ropa en el escenario, de mostrar que esto no es la vida y hacerlo aún más evidente, marcar esa distancia de la representación. También me gustaba pensar que se pudiese dar que el libro mire al lector.

-Hay una pregunta por la justicia. ¿Lograste responderla en este proceso? 

Sí. Hay algunas preguntas, como la relación y la distancia entre la justicia y la ley, entre la ley y los dictámenes judiciales, que es otra cosa; entre la justicia y la libertad; y si bien hay cosas que me interesaba responder a nivel narrativo, filosófico y conceptual, con plantear la pregunta fue suficiente. Al menos me quedo -no sé si como conclusión- con que si hay una justicia no se da en los términos y en los tiempos humanos; funciona a otros tiempos, sobre todo en la reparación quizás más sutil que creo que buscaba Milena, para quien cumplir una condena era casi la consecuencia práctica de esta otra intención que tenía. Por ejemplo, cuando murió su padre, sus hermanos le dejaron un espacio en el funeral. Ella no quería que sucediese eso con su madre. Por eso, al momento en que yo veo a mi abuela con mi tía sí hay otra justicia, otras justicias, otras cosas que suceden incluso al alero de estas otras situaciones injustas. No es algo plano, sobre todo cuando las intenciones de quien está poniendo el cuerpo detrás de las rejas no persiguen solamente motivos judiciales, no persigue solamente alivianarse judicialmente.

-¿Cómo describirías tu relación actual con tu tía?

Es bacán. Estuve en el lanzamiento de su libro el día anterior al lanzamiento de este. Tenemos una relación súper cercana, súper súper cercana. Siento que nos comprendemos a niveles súper íntimos, siendo que igual los momentos que hemos compartido en tiempo, no ha sido tanto. A pesar de eso, sí tenemos una súper súper buena relación, muy rica a nivel intelectual y emocional. 

-Lo dijiste en el lanzamiento, tu relación con Maha Vial. 

Pucha que la quiero. Fuimos muy amigas y con el libro fue bien importante porque compartí las primeras cartas con ella. Ella hizo una primera lectura de esto y me hizo preguntas en su momento que fueron muy importantes para el crecimiento del libro.  A mí me encanta la escritura de la Maha, siento su influencia, sus representaciones crudas; esto que te decía antes de la contradicción y todo lo demás, es como hablar tan desde el amor, pero también tanta rabia, tanto despojo y tanto apego a la vez. Toda esa fuerza que tiene me ha enriquecido un montón. Ella apuntó a otro tiempo. No tenía ningún apuro en términos de recepción. Me hubiese gustado que viera el libro listo.

AUTOR/A/ES
POR 
Francisca Palma
Nortina y hospiciana. Periodista, funcionaria pública y bordadora. Autora de Iquique Glorioso (Editorial Radio U. de Chile, 2016) e Iconoclastas (Navaja, 2024).
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