Amauta cumple 100 años: “Una revista histórica”
La Balanza Taller Editorial y el Archivo José Carlos Mariátegui, lanzan la reedición del primer facsímil de “Amauta”, medio dirigido por José Carlos Mariátegui, en Lima, Perú en 1926 y que tuvo una circulación de 32 números durante 4 años, abordando temas de arte, política y cultura de una época marcada por la irrupción de fascismos, guerras e imperialismos.
Conmemorando estos 100 años conversamos con el escritor Mateo Díaz Choza; Arturo Higa Taira, diseñador editorial de la nueva versión de Amauta y con Tania Favela, poeta y ensayista mexicana.
Amautas en sus épocas de reproductibilidad técnica
La reedición de “Amauta” es un proceso que ha sido llevado a cabo por el taller editorial La Balanza y el Archivo José Carlos Mariátegui, esta última entidad ha digitalizado además de las revistas, su correspondencia y otros materiales disponibles en https://www.mariategui.org/
Según el escritor peruano Mateo Díaz, el proceso de reimpresión de Amauta, es la continuación de un trabajo de años, “La Balanza es una editorial fundada y dirigida por Luis Alberto Castillo. Me parece que desde el año 2020, han publicado textos de poesía, textos ensayísticos, de arte, sobre todo pensando las relaciones entre arte, política, estética y en ese sentido, el hecho de que hayan decidió sacar esta edición de Amauta es casi una continuación de este proceso y suena, incluso, como un paso lógico”.
La Editorial Minerva fue fundada por José Carlos Mariátegui y su hermano Julio César Mariátegui y dentro de sus proyectos se encuentra Amauta, medio de comunicación fundado en Lima, Perú en 1926 y que tuvo una circulación de 32 números durante 4 años. Luis Alberto Castillo, es autor del libro “La máquina de hacer poesía” donde analiza las posibilidades técnicas que permitieron el desarrollo de la literatura peruana entre ellas la Editorial Minerva.
Con respecto al proceso de impresión esta dimensión tuvo una serie de consideraciones, que buscaron sobre todo mantener todos los elementos de la revista, incluyendo sus anuncios publicitarios, que en una reedición de los años 70 habían sido retirados. Así lo explica Arturo Higa Taira, diseñador editorial de la nueva versión de Amauta, “nosotros entendemos de que Mariátegui no solamente era un pensador, sino también un empresario, alguien que entendía que hacer una revista también implicaba movilizar las fuerzas económicas del país, implicaba que todas las contradicciones posibles se expresaran para seguir haciendo cultura”.

La revista contó además con un sistema de suscripciones que fue clave en su sostenibilidad y como parte de la estrategia de venta, la nueva edición también funcionará con suscripciones, como lo expresa el sitio Archivo Mariátegui, “Para lograr el objetivo, de editar los 32 números de Amauta, hemos lanzado un sistema de suscripción para los cuatro primeros números que se publicaran a lo largo de este año. Más allá del vínculo comercial, la participación de los suscriptores le da sostenibilidad al proyecto y le otorga una dimensión colectiva”. Para suscribirse pueden hacerlo a través del siguiente enlace https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSeEPj64h3aPk_JKr-9y-zDymKQXmqoYLaOaeLkEjsf3O4xH1A/viewform
Entre las búsquedas de estilo, además de respetar las dimensiones, las composiciones, las propuestas de color, estuvo también el respetar los “errores” de orden tipográfico o de saturación de color, debido a que la producción original fue realizada con tipos móviles. Arturo Higa, comenta, “Creo que a la hora de hacer una práctica contemporánea de impresión, seguramente vamos a sembrar preguntas hacia el futuro, o sea, qué ha sucedido allí. Cómo entender, por ejemplo, el mecanismo de reproducción, o cómo ese mecanismo de reproducción tiene ciertas singularidades, sobre todo en los tipos móviles que dejaban la huella impresa en el papel”.
Si bien la revista se ha pasado de la versión de 1926 hecha con tipos móviles a la del 2026 hecha en offset, la discusión ética en torno al respeto de la propuesta ha sido la constante, buscando abrir el debate en torno a la idea del “error”, la “huella”, pero también queriendo producir un material que sea accesible en términos de materiales y costos, “En este caso, la voluntad de Amauta, ha sido volverla contemporánea desde las tecnologías de reproducción contemporáneas, pero conservando el espíritu y, sobre todo, también la hechura original”, agrega Higa.

Un Amauta periférico recorre un puñado de mundos
Una de las particularidades de la revista Amauta fue su capacidad de promover escrituras de diferentes territorios. Mariátegui no era limeño, nació en Moquegua y su familia provenía del puerto de Ilo, cuestión que fue clave para elaborar una propuesta editorial descentralizada, como comenta Mateo Díaz, “articulaba colaboradores de distintas partes del Perú, así como en otros números con autores de diferentes partes de Latinoamérica y de otras partes del mundo. En ese sentido, la generación de Mariátegui es una generación que se autoidentifica como provinciana también. No como capitalina, sino como provinciana. Muchas de las figuras de la época como –Víctor Raúl– Haya de la Torre que era trujillano, o –César– Vallejo –de Santiago de Chuco– muchas de estas figuras no eran de la capital, entonces creo que ese es un un elemento decidor de lo que se estaba gestando en esta revista”.
En ese sentido la revista permitió que las diferentes expresiones artísticas, creadoras, vanguardias tuvieran cabida. La escritora mexicana Tania Favela señala al respecto, “Es una revista política, revolucionaria, indigenista, pero al mismo tiempo con una mirada estética muy amplia. Es decir, Mariategui se dio cuenta, muy claramente, que el arte es importante, es decir, que la poesía es importante, que la pintura es importante y cómo, de alguna manera, le da un lugar muy fuerte dentro de la revista”.

Solo en el primer número hay 9 poetas, entre los que destaca el poeta José María Eguren lo que da cuenta de un un amplio circuito y conexiones con escritorxs “O sea, si uno mira el contexto ya habían revistas antes de Amauta, revistas muy importantes y también una serie de movimientos importantes en Trujillo, con la bohemia trujillana, el Grupo Norte o en Puno o en Arequipa. Es decir, lugares muy claves, que Mariátegui supo ver todo lo que había alrededor de él y de alguna forma canalizarlo”, agrega Tania Favela.
Además de la poesía la revista en sí buscó ser una propuesta estética que redefinió constantemente sus posibilidades y alcances, ya en su primera editorial Mariátegui señala, “El título –Amauta– no traduce sino nuestra adhesión a la Raza, no refleja sino nuestro homenaje al Incaismo. Pero específicamente la palabra ‘Amauta’ adquiere con esta revista una nueva acepción. La vamos a crear otra vez”.
En coherencia con lo anterior la portada de la revista estuvo a cargo del pintor peruano José Sabogal quien por medio de una matriz xilográfica, hizo el rostro de perfil de un sabio o maestro indígena, lo que da cuenta de la relevancia del indigenismo en la revista pero a su vez la conectaba con una tendencia más amplia, “el indigenismo mexicano era era un modelo para el indigenismo peruano, pero también hay una vocación, podríamos decir cosmopolita. Creo que el elemento más marcante de este facsímil, es el texto de Freud, que además dice que fue traducido especialmente para Amauta”, comenta Mateo Díaz.
1926 – 2026
El contexto en que vivió José Carlos Mariátegui, tiene características bastante próximas con nuestra coyuntura. Era un periodo entreguerras, marcado por el ascenso de los fascismo, pero además con redifiniciones en términos del mapa imperial, “Me pareció muy interesante esa mirada muy actual. La idea del peligro de las dictaduras, pero también el peligro del imperialismo, por ahí habla de la la glotonería de Yanquilandia, o sea, no puede ser más actual, es muy impresionante. De pronto decir, bueno, estoy leyendo esto a cien años y qué ha cambiado”, comenta la escritora Tania Favela.

Una constante en la región en ese momento será la asunción de militares en los gobiernos o civiles tomando medidas autoritarias, o derechamente golpes de Estado. Durante el periodo de publicación de Amauta, en Chile gobernó el general Carlos Ibañez del Campo, que desde una historiografía crítica se ha señalado como “la dictadura de Ibañez”, así también en Argentina se realizará el primer golpe de Estado del siglo XX liderado por José Félix Uriburu y en el caso del Perú, Augusto B. Leguía gobernó durante 11 años –1919-1930–, etapa de modernización autoritaria y fuerte influencia de capitales estadounidenses. Leguía fue derrocado en agosto de 1930 por el golpe de Estado de Luis Miguel Sánchez Cerro, prácticamente el mismo tiempo que se publicaba el último número de Amauta.
Fue tal el grado de presión que Mariátegui antes de publicar Amauta, estuvo en el exilio durante 4 años –1919-1923–, donde conocerá diferentes procesos de lucha en Alemania, Francia, Austria y probablemente lo más influyente fue su estadía por 2 años en Italia, “Ese viaje a Italia, al que va, de alguna manera, vetado por el gobierno de Leguía, porque era una manera de de sacarlo, no lo querían tener ahí. Leguía con cierta sagacidad, adivinó que podía ser un problema, Pero este viaje le va a permitir a Mariátegui tener una visión más completa, digamos, más cosmopolita en ese sentido”, señala Mateo Díaz.
En ese periodo conoció a Anna Chiappe, cronista y escritora, quien se convirtió en su esposa y será central en la producción intelectual que se difundirá de José Carlos Mariátegui. Debido a las complicaciones en la salud de Mariátegui, Anna Chiappe se encargaba de sus cuidados médicos, de mecanografiar sus manuscritos, organizar la correspondencia y archivos de la Editorial Minerva. Fue su soporte vital y sin su colaboración Mariátegui no tendría la escala de intelectualidad pública que posee, porque además fue ella quien resguardó su archivo, al que dedicó el resto de su vida –60 años– protegiéndolo de la censura y organizándolo. Gracias a su soporte fundamental, Mariátegui pudo difundir lo que había visto en primera persona: el ascenso del fascimo, las huelgas obreras, las consecuencias de la guerra y el periodo posguerra en Europa, su interés por el psicoanálisis, los movimientos de vanguardias artísticas, el pensamiento marxista.
Sabía que le quedaba poco tiempo y quiso que en Amauta se expresaran todas esas inquietudes, desde la revolución mexicana a la revolución rusa, desde las colaboraciones de David Alfaro Siqueiros a los textos de Vladímir Mayakovski. Mariategui sabía, como señaló en la primera editorial de Amauta que: “Habrá que ser muy poco perspicaz para no darse cuenta que al Perú le nace en este momento una revista histórica”.



