Por qué Gramsci en América Latina?

abril 02, 2026
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El escándalo de contradecirme, de estar 

contigo y contra ti;  en el corazón contigo, 

en la luz, contra ti en las vísceras oscuras

Pier Paolo Pasolini,

“Las cenizas de Gramsci”

¿Por qué Gramsci en América Latina? Esta pregunta da origen al título del libro publicado colectivamente en 2024 por la Asociación Gramsci Chile y Voces Opuestas Ediciones. La interrogante que convocó originalmente a los autores se torna una invitación abierta para cualquiera que desee leer o releer la obra de Antonio Gramsci, el célebre e ineludible intelectual italiano. En tal caso: ¿Por qué Gramsci aquí y ahora, dos años después, en Chile y ad portas de un gobierno orgullosamente pinochetista? ¿Por qué se vuelve relevante un libro escrito por especialistas en este filósofo en particular?

Antonio Gramsci (1891-1937) es una figura central no sólo en la teoría marxista del siglo XX, sino en el pensamiento político y los estudios de la cultura en su totalidad. Fue merecedor de la admiración del mismísimo Pier Paolo Pasolini, quien además de prodigarle un gran respeto intelectual le dedicó versos de una profunda interpelación vital. En “Las cenizas de Gramsci” (1954), el hablante lírico se pronuncia frente a la tumba del sardo: “El escándalo de contradecirme de estar/ contigo y contra ti; en el corazón contigo/ en la luz, contra ti en las vísceras oscuras”.[1] Pasolini valora el legado de Gramsci como un monumento ético que lo inspira y lo conflictúa, porque lo somete a revisar sus propias contradicciones ideológicas. De igual modo, muchos nos hemos sentido interpelados por la contundencia de su escritura, una que hace, como pocos, del análisis llamamiento y prosa. Gramsci concilia minuciosidad en la teoría y claridad en la argumentación, desenfado y sentido de urgencia en una obra sólida que, sin exagerar, ya se prefiguraba en sus ejercicios escolares cuando era un joven estudiante en el liceo en Cerdeña.[2]

El libro propone una “reflexión gramsciana situada”[3] no sólo geopolíticamente hablando (desde Latinoamérica), sino que además se fundamenta en la biografía de una comunidad universitaria concreta (desde Valparaíso). El volumen puede ser considerado meramente como las actas de un coloquio internacional, pero también como el manifiesto de una comunidad de académicos porteños militantes o incluso, y por sobre todo, como un homenaje al legado del profesor Osvaldo Fernández, un intelectual marxista chileno y traductor pionero de Gramsci muchas veces pasado por alto.

Para los investigadores Paula Vidal y Roberto Vargas,[4] la historia de la teoría marxista chilena se caracteriza a partir de la contraposición de dos tendencias intelectuales: la de Marta Harnecker[5], althusseriana y la de Osvaldo Fernández, gramsciano. En términos muy generales, tanto Althusser como Gramsci son conocidos mayoritariamente por robustecer el marco teórico marxista para describir cómo se construye un orden social. Es decir, nutrieron conceptualmente la noción del Estado y la caracterización de sus procedimientos para legitimarse y perpetuarse. Althusser, por su lado, lo hace mediante los conceptos de aparatos ideológicos de Estado, ideología e interpelación; Gramsci, en tanto, a partir del concepto de hegemonía, bloque histórico, sociedad civil y batalla cultural, entre otros.

Sin duda, el pensamiento de Harnecker se tornó predominante no sólo en el Chile de la década del sesenta, sino mundialmente a través de su prolífica obra. Fernández, en cambio, ha permanecido mayoritariamente en el olvido nacional. Con un favoritismo valiosamente no disimulado, Vidal y Vargas reivindican su pionera publicación de Maquiavelo y Lenin (1972), una de las primeras antologías de los escritos de Gramsci en Chile. Desde la perspectiva de estos investigadores, Fernández se distanció del “uso manualístico”[6] de Harnecker e inauguró una escuela marxista heterodoxa. Su principal fundamento fue el cuestionamiento de la traducción de los debates del siglo XX y de los clásicos marxistas. Fernández proponía una escritura no tan solo reflexiva en términos de contenido, sino autorreflexiva en torno a sus propios procedimientos como “escritura-traducción”.

Mi acercamiento como lector a Gramsci ha sido más bien accidental y movido por el desengaño sentimental y político. Como estudiante universitario me mantenía en el cómodo y también contemplativo lugar de la fascinación difusa, aquella que corroe mediante el fetiche a la teoría. Conocía en mayor o menor medida un par de conceptos clave y la importancia del personaje. Sin embargo, hace exactamente un año, Iñaki (o Igno) me invitó a una Fiesta de los Abrazos en Valparaíso que prometía la visita de la aclamada Ministra Jeannette Jara (quien no llegó). Ocurrió durante una temporada que pasé allá en la que afortunadamente conocí a Miguel y Chango, grandes amigos porteños. En la Fiesta pude conversar distendidamente con los autores y expresarles mi curiosidad antes de comprar el libro que ya asumía prometedor. Semanas después asistí a uno de los tantos lanzamientos del libro en la Casa Cultural Marx de Valparaíso, hasta que decidí escribir algo al respecto. Y un año después retomo lo que fue el borrador de esta reseña dejando la vida volar.

¿Por qué Gramsci en América Latina? Dos capítulos abordan una de las aristas que considero más relevantes. En “Agustín Laje y la apropiación del pensamiento gramsciano” y “Un Gramsci de derecha: el caso de Diego Fusaro”, Javier Molina-Johannes y Gonzalo Jara Townsend, respectivamente, asumen una valiosísima tarea, muchas veces acaparada por las extremas derechas: desmenuzar analíticamente las escrituras del enemigo ideológico, en este caso, sumergirse en las formas y las retóricas escritas de las ideologías neoliberales y fascistas en su estado más puro. Pública es la fijación de los centros de pensamiento de extrema derecha chilenos (como Fundación por el Progreso, Libertad y Desarrollo y Fundación Jaime Guzmán) por el aparato conceptual de las izquierdas;  abundan minutas, columnas y publicaciones que, aunque muchas veces de manera malograda[7], intentan apropiarse y encauzar reaccionariamente las teorías de izquierda.

Javier Molina-Johannes inicia su capítulo reconociendo que: “dentro de las derechas latinoamericanas existe una vertiente que ha venido reapropiando nociones de Gramsci, precisamente, para utilizarlas en contra de los horizontes emancipatorios que buscaba el sardo”. Argumenta que sujetos como Laje intentan “promover una vía política derechista abocada a la ‘batalla cultural’”.[8] En otras palabras, este horizonte político asume como única zona de confrontación lo que denominan “la batalla cultural” (en sus discursos todo lo que no sea ideología o cultura está zanjado, amarrado, no vale la pena levantarlo como ámbito de discusión porque implicaría hacer cuestionable el control que ya ejercen). Esta batalla cultural es, en palabras de Laje, “la conformación de ideologías, discursos, símbolos y marcos de referencia que sean capaces de hacer equivalentes a una serie de identidades diferenciales en lucha”.[9] Molina-Johannes identifica que esta apropiación realizada por las derechas instrumentaliza los conceptos gramscianos para ocultar la compleja retroalimentación entre estructura y superestructura. O, en otros términos, eluden los vínculos entre cultura, economía e historia al momento de construir y conceptualizar una hegemonía.

            Apropiaciones abundan. Probablemente antes de esta valiosa publicación colectiva el nombre de Gramsci era invocado en prensa casi de manera exclusiva por los centros de estudios de extrema derecha. El 19 de diciembre de 2019, Axel Kaiser publicó en el Diario Financiero una columna titulada “El triunfo de Gramsci”.[10] ¿Cuál era este supuesto triunfo? Kaiser asegura que durante los inicios de la revuelta social de 2019 la izquierda chilena logró construir una hegemonía cultural: “diversas instituciones han sido colonizadas por activistas de izquierda”. La premisa es ciertamente delirante, pues el fantasma alimentado por Kaiser pinta como una crisis orgánica o de hegemonía, citando al propio Gramsci, la circunstancial presencia de puntos de vista pluralistas y críticos en la prensa empresarial. Kaiser insiste en que la intelectualidad, el poder judicial e incluso el congreso empezaban a estar dominados por la izquierda. En otras palabras, el simple hecho de que instituciones públicas y privadas contrataran a sujetos de izquierda, o que estos tuvieran cargos de representación, era un síntoma fatal de una revolución en curso:

En Chile ese punto de inflexión llegó y las décadas de trabajo construyendo hegemonía por parte de la izquierda están logrando el objetivo. En cuanto a la mayoría de los empresarios, siguiendo a Lenin, podemos decir figurativamente que fabricaron la soga con la que los van a colgar, pues fueron ellos quienes contrataron, financiaron o simplemente no se preocuparon de lo que ocurría al interior de sus medios, universidades, colegios, etc. Así, Gramsci los derrotó y estará por verse si en el futuro lograran revertir la hegemonía actualmente establecida para sacar a Chile de la larga y oscura noche que sin duda se le viene encima (Kaiser).

Para Kaiser, poco importa la concentración de medios, el modelo fundado en la privatización y el duopolio derechista, la ausencia absoluta de medios de izquierda con tiraje nacional ni tampoco la agonía de la prensa alternativa en las últimas décadas. Desde su apropiación de Gramsci, para nada desinteresada, lo anterior no existe porque de existir podría llegar a ser debatible. Basta con la presencia de un par de sujetos disconformes o aparentemente disconformes en los paneles de los matinales para que la revolución esté en curso. Si bien Molina-Johannes se aboca a la obra de Agustín Laje, como exponente de la “Nueva Derecha” latinoamericana, sus conclusiones resultan igualmente esclarecedoras para interpretar estas ideas de Kaiser. Al igual que Laje, la apropiación de Gramsci lleva a estos autores a deformar la concepción gramsciana de la sociedad civil. Ocultan, convenientemente, su articulación con la estructura económica y con las sangrientas experiencias históricas como los golpes de Estado en Latinoamérica que fundaron los Estados neoliberales y afirmaron al neoliberalismo como cultura.

            En el capítulo “Apuntes sobre Estado Integral y Hegemonía para pensar la historia nacional”, Pablo Torres reconoce que las apropiaciones culturalistas y derechistas del concepto de “Estado” en Gramsci convergen en identificar sociedad civil con una superestructura disociada de la economía. Al caracterizar el Estado, Gramsci distingue entre sociedad política y sociedad civil. Esta distinción consiste en asociar el primer término al gobierno, el aparato público y la coerción; el segundo término, en tanto, está ligado a la cultura, el consenso o la dominación blanda. Su objetivo es enfatizar que (1) la cohesión social no se logra exclusivamente mediante la fuerza y (2) el Estado no se reduce al aparato público. En su definición, la sociedad civil sería la zona donde se construye y disputa la “hegemonía política y cultural de un grupo social sobre la entera sociedad, como contenido ético del Estado”.[11]

            Aquella delimitación de términos lleva a Torres a aproximarse a la historiografía chilena desde una perspectiva gramsciana. El cambio de perspectiva es efectivo, pues colisiona con un modo de narrarnos nuestra propia historia y concebir nuestros lugares, individuales y colectivos, en la sociedad. Esta autorrepresentación profundamente arraigada muchas veces viene sedimentada desde la asignatura escolar de Historia y es actualizada por los medios de comunicación masivos. En este sentido, caracteriza elocuentemente el desarrollo del Estado chileno del siglo XX a partir de una paradoja no menor. Citando al historiador Rodrigo Henríquez, reconoce que el Estado social chileno, aquel del siglo XX, “fue creado por militares (entre septiembre de 1924 y enero de 1925) y desmantelado por los militares 50 años después”. Si bien el capítulo se aboca, entre otras cosas, a los procesos constitucionales chilenos del siglo XIX y XX, creo que en otro momento se encuentra la vigencia más interpeladora para nuestro presente. Escribe:

Es interesante notar la lucidez de la Democracia Cristiana de 1970 respecto a la defensa del Estado burgués y su interés en el Estatuto de garantías constitucionales, para mantener fuera del control del gobierno [de la Unidad Popular] instituciones clave como los medios de comunicación, las escuelas y la educación.

Torres identifica que desde los primeros momentos en los que se intentó modificar la constitución, del modelo portaliano al social-integral, las elites gobernantes intentaron contener la creciente participación popular, que era incompatible con el modelo capitalista y oligárquico: “para contener la irrupción de las masas, la burguesía articula la violencia con el consenso, es decir, el intento de generar legitimidad social y fidelidad de grupos sociales enteros”. La Democracia Cristiana opositora a Allende tuvo una agudeza gramsciana, porque identificó la relevancia de la prensa y la educación en su conjunto, en tanto sociedad civil, para construir hegemonía política y cultural. En otras palabras, el interés de la Democracia Cristiana era evitar que la Unidad Popular llegara a disputar el sentido común y en última instancia la cultura política chilena.

En una entrevista realizada a inicios de 1973, Marta Harnecker aseguraba que en el gobierno de Allende no existía tan solo libertad de prensa, sino un verdadero “libertinaje”.[12] El diagnóstico de Harnecker sigue vigente a más de 50 años. La Constitución y los gobiernos de turno resguardan económica e institucionalmente a un duopolio mediático, monocorde ideológicamente, y de paso aseguran el desangramiento financiero de cualquier indicio de medio alternativo. Incluso el gobierno frenteamplista de Gabriel Boric desarrolló una política comunicacional alineada a la Democracia Cristiana del setenta, en favor del libertinaje derechista. Como los antecesores de los cuales pretendían desmarcarse, concentraron el avisaje estatal en El Mercurio y La Tercera, en desmedro de los medios comunitarios e independientes.[13] La derrota en medios no es una cuestión  de contenidos meramente, implica una indolencia frente a una tarea central: asumir a la sociedad civil como un espacio de disputa hegemónica, de los símbolos, del sentido común y de los términos con los que se asume colectivamente nuestro momento histórico. 

Tan solo intentar regular el “libertinaje” o intentar legislar sobre algunos de los puntos otrora sujetos a las garantías constitucionales sigue generando una reacción generalizada (totalitarismo, chavismo, Cuba, Venezuela, comunismo). El desafío es precisamente aquel: cambiar los términos de una discusión que logra representar inequívoca e impunemente como democrático lo antidemocrático. Y viceversa: la libertad de prensa no es tal si no hay derecho a la comunicación, sin pluralismo no hay democracia y menos si dos familias concentran la difusión de ideas en todo un país. Y las consecuencias de abandonar aquella disputa hegemónica son constatables en el adelgazamiento discursivo, en consecuencia, el adelgazamiento democrático, por ejemplo, de los recientes programas presidenciales[14] del Partido Comunista en lo que respecta a los medios de comunicación.

Por último, Cristian Jamett y Alexander Pizarro dedicaron un capítulo a la historia chilena reciente: “La relación entre el embrionario bloque progresista y la sociedad civil: el caso de la derrota del proyecto constituyente de 2022”. En sintonía con el resto de los colaboradores, su análisis de la coyuntura chilena pretende “recuperar una concepción de sociedad civil como campo de disputa hegemónica, con el objeto de superar las definiciones contemporáneas que la entienden como espacio monopolizado necesariamente por expresiones sociales progresistas”[15] (pensemos en Kaiser y el supuesto triunfo de Gramsci, pensemos en los “monos peludos” de Natalia Piergentili). El capítulo resulta valioso en la medida en que describe minuciosamente los mecanismos e ideales inoculados culturalmente que conformaron una sociedad civil neoliberalizada. Jamett y Pizarro analizan cómo los movimientos sociales del ciclo 2011-2019 socavaron aquel consenso neoliberal. Sin embargo, no son complacientes en lo más mínimo, pues en gran medida apuntan analíticamente a las políticas de izquierda, sus contradicciones y sus muchas veces ásperas relaciones con los deseos de las grandes mayorías sociales.

¿Por qué Gramsci en América Latina? Este libro de autoría colectiva entrega respuestas claras. Lo primero, la figura de Antonio Gramsci funciona como una excusa idónea para reivindicar la producción intelectual de una comunidad académica militante, regional y con vocación latinoamericana, cuyo quehacer no se encuentra amparado por las cúpulas académicas metropolitanas. La coherencia del volúmen reside ahí, precisamente, al conciliar el discurso especializado con los riesgos que implica tomar una posición nítida, de izquierda, en los debates políticos contemporáneos. Lo segundo, y lo más importante, a lo largo de sus capítulos el libro potencia la contradicción o, lo que editorialmente denominan voces opuestas: “contrapuntos y voces opuestas que es preciso mantener en vilo… contaminadas de diversidad”.[16] Este libro acude a la vitalidad del pensamiento gramsciano para caracterizar los procedimientos del fascismo que está llegando al poder, sí, pero también, y más estimulante para los y las lectoras, para desafíar la imaginación política de izquierda y los fundamentos que guían su accionar.


[1] Pasolini, Pier Paolo. “Las cenizas de Gramsci”. Las cenizas de Gramsci. Visor. 2009.

[2] En 1910, con tan solo 19 años, Gramsci escribe en su última clase del liceo el texto “Oprimidos y opresores”. Con una conciencia histórica en extremo lúcida, apunta a las contradicciones propias del culto a las ideas de civilización, progreso y libertad. Anota: 

Muchos dicen que el hombre ha conquistado ya todo lo que debía conseguir en la libertad y la civilización, y que ahora no le queda más que gozar el fruto de sus luchas. Yo creo, en cambio, que hay mucho más por hacer: los hombres están solo barnizados de civilización, y en cuanto que se les rasca aparece inmediatamente la piel de lobo. Los instintos se han amansado, pero no se han destruido, y el único derecho reconocido es el del más fuerte.

Por el año 1910 también, pero en Chile, un Luis Emilio Recabarren de 34 años daba en Rengo la conferencia que daría origen a Ricos y pobres (1910).

Gramsci, Antonio. Antología. Siglo XXI. 8-12. 2021.

[3] V.V.A.A. ¿Por qué Gramsci en América Latina? Voces Opuestas. 2024.

[4] “Vidal-Molina, Paula y Vargas Muñoz, Roberto. Derroteros del marxismo chileno. Notas sobre Marta Harnecker y Osvaldo Fernández. Izquierdas 51. 1-15. 2022. <https://www.izquierdas.cl/ediciones/2022/numero-51>

[5] Marta Harnecker (1937-2019). Discípula de Louis Althusser, educadora popular y teórica marxista que participó de experiencias revolucionarias como la Unidad Popular y la revolución bolivariana, co-autora junto a Gabriela Uribe de los míticos Cuadernos de Educación Popular de la editorial Quimantú y autora de Conceptos elementales del materialismo histórico (1969), libro que cuenta con más de cincuenta ediciones y millares de lectores a lo largo del mundo. 

[6] Vidal-Molina, Paula y Vargas Muñoz, Roberto. Derroteros del marxismo chileno. Notas sobre Marta Harnecker y Osvaldo Fernández. Izquierdas 51.

[7] No solo Gramsci, sino figuras más recientes como Mark Fisher han llamado la atención de esta maquinaria intelectual de derechas. Por ejemplo, en octubre de 2023, Jorge Ramírez (Libertad y Desarrollo) publica en Ex-Ante la columna “Mark Fisher: la lectura clave para comprender el auge y la caída frenteamplista”. A través de una argumentación sumamente precaria, Ramirez intenta identificar la política frenteamplista con el pensamiento de Fisher exclusivamente a partir de un tweet del entonces diputado Gabriel Boric. <https://www.ex-ante.cl/mark-fisher-lectura-clave-para-comprender-el-auge-y-caida-frenteamplista-por-jorge-ramirez/>

[8] V.V.A.A. ¿Por qué Gramsci en América Latina? Voces Opuestas. 2024.

[9] V.V.A.A. ¿Por qué Gramsci en América Latina? Voces Opuestas. 2024.

[10] Kayser, Axel. El triunfo de Gramsci. Diario Financiero. <https://fppchile.org/el-triunfo-de-gramsci/>

[11] Gramsci, Antonio. “La sociedad civil”. Antología. 290-291. 2021.

[12] Asegura que: “Chile es de los países donde existe una mayor libertad de prensa en el sentido burgués. Digamos, porque yo considero que no existe libertad de prensa para el pueblo propiamente tal porque las organizaciones populares no tienen los medios de comunicación que necesitan y son la mayoría del pueblo y en cambio sí grupos privilegiados, minorías o partidos, bastante minoritarios tienen muchas posibilidades de propagar sus ideas”

Marta Harnecker sobre la Prensa. <https://www.youtube.com/watch?v=57GmRA8RrOY>

[13] Alarcón, Maximiliano. Gabriel Boric: el santo patrono de El Mercurio y La Tercera. Interferencia. <https://interferencia.cl/articulos/gabriel-boric-el-santo-patrono-de-el-mercurio-y-la-tercera>

[14] En su precandidatura presidencial, Daniel Jadue incluyó dentro de sus propuestas programáticas el “Derecho a la comunicación y medios”: “El derecho humano a la comunicación y libre expresión, así como el derecho a una información plural, veraz y oportuna está resguardado por el sistema internacional de derechos humanos y entendido como condición básica de toda democracia”. El “Programa de gobierno para un Chile digno, verde y soberano, plurinacional e intercultural, feminista y paritario” reconoce la ausencia de pluralidad y el carácter privatizado del modelo de medios heredado de la dictadura, con el objetivo de “modificar la concepción neoliberal de los derechos asociados a la comunicación y hacer más equitativo el sistema de medios”. El programa de Jeanette Jara, en cambio, se plegó con firmeza a los términos de la derecha y tampoco abordó la cuestión de los medios de comunicación (como una arista posible para ampliar los términos del debate).

<https://pcchile.cl/wp-content/uploads/2021/06/programa_ok.pdf>

[15] V.V.A.A. ¿Por qué Gramsci en América Latina? Voces Opuestas. 2024.

[16] V.V.A.A. ¿Por qué Gramsci en América Latina? Voces Opuestas. 2024.

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