Camila Sosa Villada: “La vergüenza nunca se supera, igual que la rabia. Nunca te olvidas de que eres india y travesti” 

abril 07, 2026
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La escritora y actriz argentina estuvo en Chile invitada a celebrar el 25 aniversario de Santiago en 100 palabras. Fiel a su estilo, con ironía y desparpajo, habló del mundo literario, de la vergüenza como motor para escribir, desacralizó el silencio como un orden sagrado, y se refirió a su admiración y desencuentros con su “chilena favorita”, Claudia Rodríguez, narradora y activista fallecida en noviembre pasado.  

Siempre vuelve a Córdoba. Siempre regresa al parque Sarmiento. Lo hace en sus conferencias, aparece entre sus respuestas cuando es entrevistada, pero sobre todo en su literatura donde elabora un registro y una ficción de ese pasado. Un paisaje que se repite. En su juventud, Camila Sosa Villada (1982) habitó ese lugar, ese parque Sarmiento, entre los árboles, las sombras y la oscuridad. Una asidua de ese paisaje donde se intercambiaba dinero por sexo. Allí conoció a otras travestis que se prostituían. Allí conoció a sus clientes.

“Por las noches se torna salvaje. Las travestis esperan bajo las ramas o delante de los automóviles, pasean su hechizo por la boca del lobo, frente a la estatua del Dante (…) Las travestis trepan cada noche desde ese infierno del que nadie escribe”, apunta Camila Sosa Villada en la primera página de Las malas (2019), novela con la que obtuvo el importante Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz, además del reconocimiento de sus pares y la consagración entre los lectores.

“La verdadera literatura es la que te avergüenza”, dijo la escritora y actriz, quien estuvo en la capital invitada a celebrar el 25 aniversario de Santiago en 100 palabras. Esa frase la dijo el martes 31 de marzo cuando compartió con un grupo de periodistas en la Galería D21. Al día siguiente, participó en una charla magistral en el Teatro Universidad de Chile, recinto que, repleto, la aplaudió. Ofreció “una charla inmagistral”, como recalcó la autora, y agregó entre las risas de los presentes: “Lo único magistral que conozco es la marca de un detergente”.   

Uno de los temas más desarrollados por la autora fue la vergüenza. “La vergüenza, el pudor nunca se supera, igual que la rabia. Nunca te olvidas de que eres india y travesti”, recalcó ese martes en Galería D21, rodeada de retratos de autoras y autores y artistas que colgaban de una pared: María Luisa Bombal, Pedro Lemebel, Jorge Teillier, Juan Luis Martínez, Enrique Lihn, Susan Sontag, Mauricio Wacquez, Eugenio Dittborn, Los Prisioneros, entre otros.

“Lo cierto es que nunca me consideré una escritora, nunca me consideré otra cosa más que un fracaso y un despropósito”, afirmó luego Camila Sosa Villada en la masiva charla, y recordó el inicio de su primer libro, el poemario La novia de Sandro, donde dice “Soy una negra de mierda, una ordinaria, una orillera, una cuchillera, el mundo me queda grande…”.

Su último libro, La traición de mi lengua (2025), es tan breve como intenso. “Escribir sobre la amargura, a veces, es el único modo en que estoy feliz”, asegura. Allí también anota un puñado de frases punzantes, bellas, crueles y eternas: “No hay nada más familiar que la vergüenza”; “El lenguaje es un disfraz, posiblemente el primer disfraz”; “Aprendió de la sabiduría que trafica la ficción”; “Una escritora no puede ser esclava de su vida”, “Da vergüenza admitir que a veces una odia las criaturas que escribe”.

Los ladridos del fascismo

En su paso por Chile -donde estuvo acompañada de su madre-, con humor y desparpajo, Camila Sosa Villada habló de la literatura y sus convenciones, de la que descree y mira con distancia. “La vergüenza es uno de mis afectos favoritos. La vergüenza es un motor literario enorme para sentarse a escribir lo que sea. También, sin ironía y sin cinismo no existe la literatura”, afirmó la narradora, quien dijo ser de la “escuela” Pedro Lemebel.

“Quien no soporta la ironía no soporta los libros”, repitió la narradora, agregando: “Escribo porque gano bien escribiendo. Un libro no va a cambiar el mundo”. Y entregó, lo que ella denominó “un dato pornográfico”: “Escribo siempre desnuda y bajo la influencia de una sustancia. Nunca estoy sobria”.

Entre otros creadores chilenos, aparte de Lemebel, citó versos de la poeta Stella Díaz Varín. A ella se suma Gabriela Mistral, citada en el epígrafe de Las malas, y Claudia Rodríguez, escritora y activista travesti fallecida el pasado 29 de noviembre, a quien dedicó la charla. “Mi chilena favorita”, Claudia Rodríguez, dijo Camila Sosa Villada, quien al iniciar el encuentro citó el texto Vienen por mí, de la autora de Ciencia ficción travesti: “Una buena receta de sushi obliga a usar un tipo especial de arroz a la venta en cualquier supermercado, grano corto, blanco… una consistencia extremadamente pegajosa”.

El día anterior, en Galería D21, tras referirse a la nueva edición de su libro El viaje inútil (Tusquets, 2025), donde se omite el subtítulo impreso en la primera edición, “Trans/escritura”, (Ediciones Documenta, 2018), aludiendo a lo prescindible que se volvió remarcar un concepto que ya era evidente. Sosa Villada fue sincera en comentar que Claudia la visitó en su casa, en Argentina. “Ella no era ninguna marginal. Y todas hemos cambiado, le dije, pero ella no lo aceptaba. Con Claudia terminamos como el culo”.      

Romper el silencio

En su “charla magistral”, Camila Sosa Villada dijo que no haría un elogio del silencio, sino mostraría la astucia y la voluntad de una escritora por romperlo: “El silencio no es anterior al ruido. Un libro rompe el silencio, pero no es solamente un libro el que rompe el silencio también lo rompen las marchas de los pueblos latinoamericanos, los gritos de las madres pidiendo justicia e incluso los ladridos del fascismo”.

Y por supuesto que no calló. No guardó silencio. La escritora le llamó la atención públicamente a la organización por colocar en los afiches de promoción solo su nombre paterno. “Se ve que las letras son un bien muy preciado y hay que ahorrar”, dijo entre las risas de los asistentes y agregó, “sin ningún otro reproche”, que “no creo que a Vargas Llosa lo hubiesen llamado Mario Vargas”.

Antes de retirarse, entre los aplausos, Camila Sosa Villada cerró: “Yo solo soy una escritora que adora sus errores”.   

[Las fotografías son gentileza de Fundación Plagio]

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