Los monos siguen bailando: una década del colectivo de danza Plataforma Mono
Entre la autogestión, el multiempleo y la falta de financiamiento, el colectivo celebra 10 años de trayectoria reafirmando una intuición definitiva por la danza y el movimiento.
Hace diez años los monos saltaban de sala en sala por Santiago de Chile, investigando nuevos estilos y formas de moverse por la ciudad y los escenarios. Por esa época la escena de la danza contemporánea era una especie de monte parapetado y solitario, un denominado nicho que convocaba a una audiencia muy especializada antes que a públicos masivos, donde el colectivo de danza Plataforma Mono irrumpía con fuerza animal.
Una década más tarde las cosas siguen más o menos igual. Los públicos de la danza no han crecido mucho desde 2016. En la reciente cuenta pública 2025 del Centro Cultural GAM, la infraestructura cultural más importante del país y la que recibe el porcentaje más alto de financiamiento a través asignación directa del Ministerio de Cultura; se registraron más de 1 millón seiscientas mil visitas anuales, concretando un aumento del 8.2% respecto al año anterior.
De 572 funciones de artes escénicas y musicales, se contabilizaron 75.219 espectadores. Pero menos del 9% de ese total asistió a una obra de danza, solo 5,57% asistió a una obra pagada y un poco más de 2 mil quinientas personas presenciaron obras gratuitas.
Ya en 2023, el Observatorio de Políticas Culturales advertía una realidad cruda para quienes hacen de la danza su sustento de trabajo. La investigación ¿Cómo se sustenta la danza en Chile? informó que el 80% de lxs trabajadores de la danza realizan su oficio sin contrato.

Las investigadoras Marcela Valdovinos Suazo, Catalina Navia Lagos y Bárbara Negrón Marambio también señalaron que menos de la mitad de las personas encuestadas hacía de la danza su única fuente de ingresos económicos. A pesar de haber recibido formación profesional y universitaria en el área, bailarines y bailarinas deben encontrar otros trabajos que sobrepasan las fronteras de lo estrictamente artístico.
El multiempleo, la dependencia extrema de fondos concursables como soporte principal e, incluso, el autofinanciamiento, vienen siendo desde hace muchos años los elementos que gobiernan la dinámica económica de quienes viven gracias a la danza profesional.
Los números de audiencias nunca han sido partircularmente buenos, pero sorprendemente, eso jamás ha sido motivo suficiente para dejar de bailar. Una verdad que cobra especial fuerza para los monos, quienes han sido definidos como un espacio vibrante para artistas salvajes.
Juntémonos a bailar, veamos qué hacer, sigamos formándonos también fuera de la escuela, dijeron los monos allá en 2016, bajo la iniciativa, principalmente, de Pepo Silva, Daniella Santibáñez y Javiera Paz González; hoy todos fuera –de manera oficial– del colectivo de danza Plataforma Mono.
Esa idea de formarse fuera de la escuela se relacionaba directamente a la diversidad de procedencia de sus establecimientos: estudiantes y egresados de la Escuela Moderna de Música y Danza, la Universidad Academia de Humanismo Cristiano –antes también llamada Centro de Danza Espiral– y la Universidad de Chile, espacios que coincidentemente en la actualidad, diez años más tarde de la reunión inicial de los monos, continúan siendo los sitios principales de formación universitaria de danza contemporánea en Chile.

No habían lucas y eran cabros que no eran conocidos en el circuito, así que empezamos todos a buscar de forma muy patuda, confiesa Javier Mono Muñoz, bailarín, investigador escénico, y uno de los intérpretes que lleva más tiempo en el colectivo. Su apodo Mono es una coincidencia, le decían así porque tiene los brazos largos y parece un monito cuando baila.
¿Cómo defines la transformación del lenguaje de Plataforma Mono a lo largo de estos 10 años?
Siento que la característica es aquello híbrido, lo poco claro, lo difícil de categorizar. La danza contemporánea permite abarcar otras disciplinas o combinarlas de una forma orgánica. Thomas Bentin trabajaba mucho el estilo Gaga, pero en Cumulonimbus quería más show, le gustaba mezclar elementos del espectáculo y la idea de cuerpos brillantes. Agitadores, por otro lado, es bastante salvaje, tiene mucha improvisación, es caótica, un toque más punk. Y luego, en La Cacería, nos mezclamos con el teatro. Me cuesta, entonces, categorizarnos.
La característica principal parece ser la adaptabilidad… propia de los monos también
Claro. También una cosa es tener las ganas de invitar a gente y trabajar con ellos y otra es la disposición estar abierto a recibir la mirada del otro. Hay una especie de escucha que es muy importante y se expande también fuera del colectivo. Matías Segura desde la asesoría técnica, Bruce Gibbons desde la dramaturgia, Rodrigo Pérez en el teatro. Al grupo le gusta aprender mucho de otras personas, entonces todo el tiempo hay mucha hambre. Eso es algo que caracteriza al grupo: un hambre de aprender y continuar creciendo.
En la danza contemporánea, la dinámica de la personalización suele ser la regla general. Artistas y coreógrafos de todo el mundo suelen expandir la bonanza de sus nombres también a sus colectivos y compañías: las famosas Martha Graham Company o Merce Cunningham Dance Company en Nueva York, por ejemplo, o en Chile, José Vidal y Compañía o Joel Inzunza y Compañía comulgan esta costumbre.
Plataforma Mono, sin embargo, propone una visión donde la utopía de la colectividad encuentra un horizonte. No siguen el estilo de un único coreógrafo; no manejan, ni siquiera, un único lenguaje. Los roles administrativos se deslizan en territorio movedizo, intercambiándose entre sí. Unos meses eres el mono tesorero, luego eres el mono gestor cultural, después eres el mono que da las entrevistas. Todo es posible entre los bailarines que también hacen de animales.
Ha sido un proceso largo y difícil porque siempre es intentar hacerlo horizontal. Socialmente está todo configurado para que esté ordenado en vertical; comunicarse siempre con una persona y que se den los roles hacia abajo. Aquí siempre se ha intentado que cada uno asuma responsabilidades, que tenga deberes fuera de lo interpretativo y del ensayo. Tratamos de abarcar aptitudes o habilidades que uno maneje, no presionar hacia un lugar incómodo, pero a veces también toca. Siempre que el grupo se reestructura, que se va alguien, que entra alguien, toca acomodar todo en su lugar.
Han sabido de cambios y partidas; el último en marcharse fue el cofundador Pepo Silva y ahora el Javier Mono Muñoz tiene el título del más antiguo dentro del grupo. Pero en el marco de su décimo aniversario sabrán también de regresos. Con el apoyo del Fondo Nacional de Artes Escénicas la joven y premiada coreógrafa chilena Daniella Santibañez dirigirá a los monos para presentar la pieza EXHUMAR durante julio en Centro NAVE.

La idea original es de Pepo, pero Dani Santibañez hará la dirección coreográfica. Esta obra es la acción de traer de vuelta ciertas cosas que han sucedido durante estos 10 años; desenterrar algunas danzas que ya fueron y desenterrar vínculos también: por eso volver a trabajar con la Dani, que cofundó el colectivo hace 10 años. Será una suerte de rito. Queremos sacar algo, aunque no sepamos lo que vaya a ser, es una linda incertidumbre.
Como es parte de su naturaleza, antes de Exhumar, durante este 2026 Plataforma Mono celebrará su aniversario bailando. El ciclo de funciones de Matucana 100 lo inaugura Cumulonimbus, disponible en cartelera desde el jueves 02 hasta el sábado 04 de abril. Le siguen Agitadores del 09 al 16 y finalmente La Cacería, una pieza creada junto al director de teatro Rodrigo Pérez, del 16 al 18 de este mes, también en Matucana.
Si tuviésemos un financiamiento más estable, creo que el grupo podría dedicarle mucho más tiempo a esto, pero ahora estamos a la espera de que nos llegue el último fondo que nos adjudicamos para la obra que vamos a armar este año, EXHUMAR. El resto de las actividades, incluyendo este ciclo de repertorio, son todas sin financiamiento, finaliza Javier Mono Muñoz.



