Sofía Troncoso, autora: “Espero que la novela avance conmigo, porque estoy en un momento de movimiento”

septiembre 26, 2026
-

A días de lanzar su segunda novela, Lo que mata es la humedad, y seleccionada como una de las “26 en el 26” para la FIL Guadalajara, la autora antofagastina reflexiona sobre su obra y su oficio, y entra a la discusión sobre lo que está ocurriendo con la cultura en el país, cuando el gobierno recorta fondos para la literatura y las artes. “Los cambios que hicieron en el Fondo del Libro me parecieron desoladores. Nada debería hablar más que la propia obra en una convocatoria como esta, pero ahora parece haber una exigencia de ser alguien para probar que eres ya un buen escritor”, dice en esta entrevista.

El título de la obra no sorprende tanto cuando se conoce el lugar donde nació. Fue durante un viaje a Buenos Aires cuando Sofía Troncoso (1997) empezó a recoger los elementos que dieron forma a Lo que mata es la humedad (Provincianos Editores, 2026), su segunda novela. La Capital Federal de Argentina, esa ciudad tan ligada a la literatura y tan cercana para nosotros, tiene porcentajes de humedad atmosférica que superan a menudo el 70%. 

En la historia, Alma llega a una nueva ciudad, que no es explícitamente Buenos Aires pero podría. Allí explora las complejidades del deseo, el poder, la clase y la desolación emocional. El libro será presentado este jueves 1 de octubre a las 19:00 horas en Casa O, Lastarria (Villavicencio 395, Santiago), donde la autora conversará con la académica y poeta Gabriela Paz Morales.

Lo que mata es la humedad llega en un buen momento para Sofía Troncoso. En agosto, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL Guadalajara) la seleccionó en la lista “26 en el 26”, junto a otros 25 novelistas menores de 40 años que renuevan la literatura en español. Hasta allí viajará, entre el 28 de noviembre y el 6 de diciembre, para representar a Chile. Aunque la noticia fue recibida con sorpresa por la autora, en realidad no asombra: su primera novela, Funerales, recibió en 2022 el Premio Roberto Bolaño a mejor obra inédita y fue publicada luego por Trazos de Aves.

A pocos días del lanzamiento de su nueva novela, la autora conversó con La Raza Cómica y reflexionó sobre el proceso de su obra y el oficio del escritor en general, en un contexto donde el Estado –en manos de un gobierno de ultraderecha– impulsa recortes y retrocesos en cultura. 

¿Cómo fue el proceso de escritura de Lo que mata es la humedad? ¿De qué querías hablar o poner sobre la mesa al escribirla?

Empecé a escribir Lo que mata es la humedad después de un viaje a Buenos Aires que me inspiró muchísimo. La ciudad en sí fue gran parte de la inspiración para la novela. Los museos, los espacios verdes, la arquitectura clásica, prácticamente todo elemento de Buenos Aires fue motor para mi inspiración. Aunque la ciudad en la que vive la protagonista nunca es mencionada, porque quería ese sentido de desterritorialización, esa falta de pertenencia, sí tiene mucho que ver con Buenos Aires. Empecé en agosto y la terminé de escribir en diciembre, pero luego pasó por un proceso de revisión y espera editorial de tres años, y entre ello varias cosas cambiaron. En esta novela quería alejarme de algo que había marcado mucho en mi novela anterior, que fue la carencia, y quería hablar del deseo, pero no me di cuenta que ambos son ejes opuestos, complementarios, hasta que ya tenía avanzada la escritura. No hay carencia sin deseo ni viceversa. 

¿En qué se diferenció con el proceso de Funerales? ¿Sigue este libro alimentándose tan intrínsecamente de ti o das un paso más en la escala de la ficción?

Me embarqué de lleno en la ficción. De hecho, fue un ejercicio de ficción, cuánto podía estirar una historia en la que mis emociones o vivencias no tenían tanto protagonismo, e incluso sin tener un rol en absoluto. El proceso de Funerales fue mucho más rápido, doloroso, y este fue un poco más lento, más cuidado en la revisión, tal vez. Quise experimentar y creé un mundo muy lindo del cual no me siento una mera espectadora, pese a que mi vida en ese momento no influyó excesivamente en la creación.

¿Qué tienes en común con Alma? ¿Y qué las diferencia?

Alma es una persona intensa, autodestructiva. Tiene, además, grandes aspiraciones sociales que entrelaza intrínsecamente con lo que desea y lo que le falta. Diría que en común tenemos una intensidad similar, unas ganas de devorarnos el mundo, pero nos diferencian infinitas cosas. Ella tiene anhelos tortuosos, al punto de desequilibrar su vida completamente, y yo vivo en más calma. Ambas deseamos, pero, para ella, desear es su dios y esa es su misma ruina.

Estás en los días previos a lanzar tu libro. Debes haberlo vivido con el primero, pero existe ese nerviosismo de saber que lo envías al mundo y ya no puedes incidir en cómo va a ser su vida. ¿Cómo te sientes hoy? ¿Qué cosas quieres atesorar de tu proceso con el libro antes de liberarlo? 

Hace muchos años me dijeron que una vez que lanzas un libro, ya no es tuyo. Creo firmemente en eso, en esa entrega. Sí creo que estoy más preparada para lo que conlleva lanzar un libro, que en esa primera vez. Más que nerviosa, me siento emocionada por ser leída por otros. Algunas amigas que han leído el libro me han revelado sus impresiones y eso es lo que más atesoro, el descubrimiento inicial de ellas que, paralelamente, es yo descubrir otra novela dentro de la que escribí y descubrirme distinta a cuando la escribí, también. Presiento que habrá muchas revelaciones en el proceso de liberación, que ya empezó, y solo me queda atesorarlo a medida que sucede. Cuando el libro termina de ser mío, empieza a ser de los otros. Eso es lo más cierto. Solo espero que, cuando sea de los demás, la novela se revele una y otra vez. 

¿En qué momento te encuentra el lanzamiento de tu segunda novela? ¿Cómo la recibes?

Hay una entrevista de Catherine Lacey, en conversación con The Clinic, en que devela un consejo que recibió que me gusta mucho: estar escribiendo algo nuevo cuando sale un libro, “tener algo en marcha para no obsesionarte con la recepción” son sus palabras exactas. Me encuentra exactamente en esa misma posición. Estoy muy, muy feliz de que vea la luz, feliz por el lanzamiento porque presiento que será un día muy especial, feliz de que ya haya llegado el libro a algunas casas con la preventa, estar recibiendo comentarios positivos, pero, a su vez, no dejo que me consuman las preocupaciones de lanzar un libro. Estoy siempre trabajando en algo. Y esta segunda novela me encuentra en una parada linda en la vida: con mucha acción, con proyectos en paralelo, con una madurez que no es la misma que tenía al escribir el primer borrador, y pese a no sentir una desconexión total con la obra, como podría ser, sí espero que ella avance conmigo, porque estoy en un momento de movimiento.

Hace poco fuiste seleccionada en el “26 en el 26” de la FIL Guadalajara, ¿cómo ha sido ese proceso? ¿Has tenido momento de conocer la obra de tus compañeros de ranking? ¿Cuáles son tus expectativas de la feria?

Ser parte de la selección fue una completa sorpresa para mí, y un gran honor. Inmenso, tremendo honor. Tengo muchas ganas de ya estar allá, conversar con mis compañeros de la selección, que sus experiencias me nutran y viceversa, además de conocer otras personas dentro del rubro con las que pueda conversar de este precioso oficio. Conozco la obra de algunos de mis compañeros, pero —y esto es algo muy frustrante para mí, tanto como para algunos con los que he hablado— sus obras, mayoritariamente, no están disponibles en el país, y lo mismo pasa con mis obras en sus respectivos países. No he podido encontrar las novelas de quienes ya he seguido, y que desde ya admiro, también, pero espero que en la FIL Guadalajara podamos hacer esos intercambios no solo de experiencia, sino de nuestras obras.

Cuando salió la noticia, hiciste una crítica muy interesante sobre la cobertura en Chile de este tema, comparado con cómo te había contactado la prensa de otros países Latinoamericanos. ¿Qué muestra esa diferencia sobre el estado actual del mundo cultural en Chile?

Recuerdo cuando hice esa crítica, y cuánta gente pensó lo mismo, e incluso me ayudó a movilizarme en prensa. A ellos les agradezco muchísimo, porque finalmente sí salió una nota bellísima en ADN radio. Pero no hice esa crítica con resentimiento ni alguna mala intención, más bien fue porque consideré insólita la situación al ver cómo la prensa de otros países trataba a sus propios autores y cómo, aquí, había pasado desapercibida no solo mi participación, sino que la FIL Guadalajara de por sí. Es una de las ferias literarias más importantes del mundo, y la selección me tenía como la única chilena y, de hecho, la segunda más joven. La diferencia que vi con otros países, como México o España, me pareció abismal. Y, como te digo, recibí mucho apoyo de gente que pensaba lo mismo, que me decían que nadie es profeta en su propia tierra, que personas como Gabriela Mistral habían vivido eso mismo, ella pasando gran parte de su vida en México, de hecho, recibiendo grandes reconocimientos allá. No me quiero comparar con una poeta de esa magnitud, en ningún caso, pero sí quiero expresar que no necesariamente deberíamos tener que salir al mundo para ser reconocidos en nuestra franja de tierra, debería ser lo contrario. Pude ver, con esa crítica, y la experiencia que trajo, además de mis años de vivencias en el rubro, que el estado actual del mundo cultural en Chile tiene una dicotomía latente: dejar de lado a la cultura misma, a los artistas nacionales y, entre ellos, a sus propios colegas y, a la vez, una autogestión y apoyo en comunidad muy impresionante. Me dijeron, también, que entre artistas prefieren competir que colaborar, y en parte sí es cierto, pero el apoyo monumental que recibí me hizo, a su vez, cuestionar ese mismo mantra que pareciera que tenemos arraigado en el inconsciente colectivo.

Siguiendo esa misma línea, me gustaría que conversáramos sobre el Fondo del Libro. Ha habido muchas críticas a las modificaciones que se hicieron en esta convocatoria. Uno de los cambios es que quienes postulan tienen que hacerlo certificando su participación en talleres de escritura y adjuntando cartas de recomendación, una especie de currículum escritural que antes no se pedía. Mi pregunta no va tanto sobre la política de este gobierno en específico, sino sobre el fondo de esta modificación: ¿Crees que existe algo como la formación en la escritura, o que la recepción de fondos deba relacionarse con esa carrera? ¿Cómo nace un nuevo escritor? ¿Son los fondos estatales una oportunidad para que surjan? ¿Lo eran y ahora lo son menos? ¿Nunca lo han sido de forma suficiente?

Los cambios que hicieron en el Fondo del Libro me parecieron desoladores. Nada debería hablar más que la propia obra en una convocatoria como esta, pero ahora parece haber una exigencia de ser alguien para probar que eres ya un buen escritor. No creo que exista algo como una formación en la escritura que sea para todos igual, tampoco debería estar marcada por exigencias (como participar en talleres literarios) que para algunos pueden ser imposibles en las circunstancias de sus vidas en ese momento. Un escritor es escritor porque escribe. Y, por otro lado, los fondos estatales generan una expectativa que no sé si alcanzaban a cumplir antes, y ahora, tal vez menos. Queda ver cómo se desenvuelven los resultados este año y los posteriores, y si sufren otra modificación.

A mí me hace pensar en lo que conversamos alguna vez a propósito de tu Roberto Bolaño y de tu proactividad para encontrar una editorial con tu primera novela, o de la forma en que los autores en general están a cargo de gestionar la difusión de sus libros. ¿Cómo ves el panorama? ¿Qué reflexiones te surgen? 

Con tus preguntas inevitablemente pienso en La literatura chilena de hoy: un emprendimiento, columna de opinión de Marcelo Ortiz, que creo habla con gran elocuencia sobre el tema. “El autor que no se exhibe, no existe”. También pienso en un amigo, que, tras firmar contrato con una editorial, quedó a cargo de vender la mayoría de los ejemplares él, de manera sorpresiva. Hablaba con este amigo sobre la necesidad súbita de convertirse a sí mismo en una figura pública, tener un personal branding, ser una agencia de comunicaciones y una distribuidora al mismo tiempo. Me parece brutal. No sabría decirte cuándo el límite se pone difuso entre lo que una editorial y lo que un autor debe hacer, pero esto de la pospublicación que señala la columna de opinión que te menciono, me parece portar con un peso enorme. Escribir un libro siempre es abrumador. ¿Cómo es que terminamos añadiéndole más presión?

¿Cómo te gustaría que Chile –ya no sólo el Estado, sino la sociedad– apoyara las carreras literarias, especialmente de jóvenes como tú?

Es interesante la distinción que haces, pues claro que es un asunto mayor que solo fondos del Estado, o políticas del gobierno, pero no creo que hay que dejar de verlo. Gran parte del éxito de un artista comienza desde tener fuentes de ingreso, acceso a salud y vivienda digna, tener un ambiente que propicie que tenga tiempo y energía para crear. Eso, por un lado, y por el otro, que ese mismo ambiente parta en casa: tener el apoyo de una comunidad es importante, aunque percibo que eso realmente se genera cuando las personas ven en otros cómo se valora la cultura. Es decir, si yo veo que en Chile (a través del Presidente, del Ministerio, de las organizaciones culturales, de las fundaciones, de las librerías, de los premios entregados por quién corresponda, de los colegios y liceos, de las universidades, pero también desde los comentarios de figuras de autoridad, de tus vecinos y vecinas, de tus padres, de tus colegas) la cultura gana relevancia, en todas las capas posibles, tal vez seguir estos oficios sea más fácil, porque —idealmente— crecería como una bola de nieve que lleve a mayores oportunidades para todos. Y espero que esto no sea algo como pensamiento mágico.

AUTOR/A/ES
POR 
Consuelo Ferrer Durán
Periodista, lectora y tejedora chillaneja. Escribe sobre el duelo y la memoria, temas que también explora en el podcast Club de Duelo.
SÍGUENOS
CATEGORÍAS
AUTORES
ARTÍCULOS RELACIONADOS