Bacanal Colectivo: 10 años de danza y desborde

septiembre 29, 2026
-

Para celebrar una década de trayectoria, el dúo de danza contemporánea realizó una gira nacional con la obra Sed de Piel en Coyhaique, Frutillar, Arica y Chiloé. En esta entrevista ahondan en los detalles del encuentro con el público luego de sus presentaciones en regiones y los desafíos de seguir la senda de la danza en Chile.

En la sala grande de Espacio Vitrina, un lugar destinado a las artes escénicas ubicado en Providencia, suena fuerte una playlist de Bad Bunny. Casi al mismo tiempo que el beat de la música, un montón de personas se mueve con energía, con una sensación de frenesí adherida al cuerpo, como si hubiera urgencia por llegar a algún lugar. Es la clase de Andrés Millalonco, docente, coreógrafo y bailarín.

Hace por lo menos cinco años que trabaja como profesor de danza en ese lugar, el mismo donde también dictaba clases Melisa Maturana, su amiga y compañera, antes de irse a Barcelona en 2023. Las clases de ella también eran así: jóvenes, estudiantes y aficionados bailando hasta el cansancio con el volumen de la música muy alto.

Esa es la energía que reúne a Bacanal Colectivo, la agrupación de danza que ambos crearon en 2016, mientras vivían en Brasil. Su nombre deriva de una palabra que la Real Academia Española define como «desenfreno». Un concepto que podría asociarse no solo a los talleres que han realizado de manera individual y conjunta, sino también a varias de sus presentaciones.

Luego de diez años de trayectoria, marcados por innumerables coreografías, invitaciones y encuentros con otros artistas que han dirigido y actuado sus performances, decidieron reunirse para inyectar su danza del desborde también en otras ciudades de Chile.

Públicos de Coyhaique, Frutillar, Ancud, Quemchi y Arica fueron testigos de una de sus piezas más célebres: Sed de Piel, una obra que crearon en pandemia sobre el contacto físico como una cuestión fundamental para la existencia humana.

***

-¿Cuál es la perspectiva que tienen de la danza en Chile 10 años después de la creación de Bacanal?

Andrés: Antes todo era más cohesionado. Ahora todo es más individualista. A la vez, tenemos menos complicaciones. No es que seamos millonarios, obviamente, pero tenemos más posibilidades económicas para dedicarnos a esto: los fondos, por ejemplo.

Melisa: Siento que hay más gente queriendo hacer esto, bailar. Más grupos, under, pero también súper contemporáneos, cada vez más visibles y eso aporta también a lo que hacemos nosotros.

-Hace 10 años ustedes decidieron crear un  «colectivo» de danza contemporánea, cuando lo tradicional suele ser una compañía. ¿Por qué decidieron agruparse de ese modo?

Melisa: Creamos Bacanal viviendo en Brasil. Estábamos los dos solos, en ciudades distintas. Nos fuimos a vivir ahí sin ponernos de acuerdo. Teníamos ímpetu, funcionamos trabajando juntos. De ahí se dio invitar gente para que nos hiciera coreografías. Invitar a otros coreógrafos también para que dirigiera grupos específicos, conectar con otros.

Andrés: No sé si sabíamos lo que estábamos formando. Unirnos respondió más a nuestros deseos de acompañarnos y de tener un entorno. Eso cruza todas las obras que hemos hecho en este tiempo: pensar en el otro, en el espectador, en las relaciones. Esos son los detonantes para todas las piezas. Eso es importante también cuando invitamos a otros a trabajar con nosotros, es gente con la que tenemos vínculos. Ahora podemos definir bien qué es lo que hacemos, pero no nos juntamos con ese propósito, se fue dando.

-¿Y por qué ese nombre, Bacanal?

Andrés: Es un desborde, tiene que ver con un exceso de comida, de deseo, de danza.

Me acuerdo que queríamos bailar mucho, o sea, realmente era algo que sentíamos corporalmente. Estábamos en un periodo en que la danza se empezó a europeizar, que estaba con todas estas líneas somáticas, donde la gente solo caminaba, estábamos dejando de bailar. Ahí surgieron otros grupos también, Plataforma Mono; Pseudónimo Cía, por ejemplo, que querían bailar mucho, igual que nosotros.

Melisa: Teníamos ganas de movernos, soltar esas ganas hacia afuera, sin pensar mucho y sin darle vueltas a esa parte teórica, que existe siempre, porque siempre tienes que pensar de dónde viene lo que haces, pero queríamos que el núcleo de la situación fuera el cuerpo, bailar.

-¿Dirían que eso es lo que caracteriza el estilo de Bacanal: moverse agitadamente?

Melisa: Creo que nuestro fuerte es que podemos llegar a nuestros extremos sin parecer esos bailarines perfectos propios de la consigna de la danza, sino que también nos cansamos, y queremos que las personas sientan eso a través de nosotros, que estén cerca. Por eso tenemos el gusto de salir del teatro italiano –a pesar de que igual hay lugares que no tienen esa opción–, pero para nosotros que el público esté encima es necesario.

-¿Qué sienten que queda de esos comienzos en el 2016 y que ha cambiado radicalmente? ¿Todavía existe esa intención de bailar mucho? 

Melisa: Creo que algo que ha pasado es que siempre hemos invitado a más personas, desde el día uno. La primera coreografía fue con más gente de afuera. Era una necesidad. Lo que menos habíamos hecho y lo que marcó esta gira fue bailar nosotros dos solos. Hacemos muchas cosas juntos; damos clases, pensamos, creamos, pero hasta Sed de piel, la obra con la que hicimos nuestra gira nacional 2026, no habíamos bailado juntos.

Andrés: Creo que la imagen que tenía hace 10 años de mi cuerpo, de mi danza o de las danzas es totalmente distinto. No sé si queda tanto de eso, pero sí queda la idea de lo importante de acompañarse.

-Sed de piel nace en pandemia. Habla sobre los afectos y el anhelo de estar cerca, ¿Cómo creen que se hace vigente eso hoy?

Melisa: Siento que estamos en un mundo que está muy solo, la colectividad se está perdiendo, el sentido sobre el territorio se está perdiendo y la gente se le olvida de que no somos sin el otro. Además, a mí me toca desde un lugar complejo porque ahora estoy lejos de mi gente, de esas personas que me hacen bien.

-¿Cómo fue la recepción de la obra durante la gira nacional?

Andrés: En los conversatorios post función, el público partía hablando desde lo que sentían y justamente era lo que habíamos trabajado, o sea, ellos capturaron la obra. Quizá por lo literal, lo dancístico, todo eso hace una sinergia que hace que se potencie lo que reciben, lo que están mirando. Aparece la empatía ahí también.

Melisa: La coreógrafa de la obra, Vivian Romo, supo entender la cercanía y la lejanía de los cuerpos, que eso es algo que cualquiera puede entender. Hasta los niños tenían lo suyo… en Arica, por ejemplo, después de ver la obra, un niño nos preguntó: ¿qué es la vida para ustedes?

-¿Qué observaron respecto a la infraestructura cultural en regiones respecto a la RM y la recepción de la danza contemporánea?

Andrés: Me gusta dejar en claro que no nos interesa ir colonizando con un conocimiento, no es que lleguemos a descentralizar la danza, llegamos a compartir y a querer saber qué es lo que sucede en esos lugares. Eso podría ser mismo en el sur o en otros lugares de Santiago. Y en relación a eso, tampoco es que Santiago lo tenga todo. Sí creo que en regiones las recepciones son mucho más cálidas, las personas están más a fin de conversar, recibirte y conocerte.

Melisa: La gente va porque quiere saber qué sucede, con ninguna otra intención, es simplemente ir a ver qué pasa, qué están dando en el teatro de su ciudad en ese día. Entonces eso es bonito, no son tus fans, no es tu mamá, tu tía o tu abuelita, la gente va porque quiere saber qué está pasando.

-Han pasado 10 años de trayectoria, celebraron esa década con esta gira nacional ¿Qué les gustaría que definiera los próximos 10 años?

Andrés: Creo que va a ir mutando, lo que sea para sentirnos vivos, sentirnos juntos. Algo que nos haga vibrar todavía. No perder el interés en esa búsqueda: algo que nos haga vibrar.

Melisa: ¿10 años más? Yo no me veo sin hacer esto. Me cambié de país y pensé que mi vida podía cambiar. Y hago exactamente lo mismo que hago en Chile. Es porque esto. Siento que para nosotros al estar juntos, activando y acompañándonos, reafirmamos todos los días ese deseo de querer estar en esto. Quiero estar 10 años más sabiendo que este es el lugar, independiente si es como bailarina, creadora, o productora. Para mí esto entrega algo que es importante, algo que la gente necesita. Si somos capaces de traspasar eso para que alguien le haga algún sentido en su vida, yo me doy por pagada.

ARTÍCULOS RELACIONADOS