Antuco, las caminatas blancas

octubre 19, 2026
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La poeta María José Figueroa revisa, motivada por sus andanzas andinas, el poemario Antuco, de los dos Carlos -Cardani y Soto Román-. Publicado el 2005, su registro y posición no pierde vigencia. Su trabajo de memoria, tampoco y por eso hoy o cualquier día, vale la pena recordar esta escritura y por supuesto, a los 45 jóvenes muertos por la negligencia y ceguera militar.

Llegué a leer Antuco, libro escrito a cuatro manos por Carlos Cardani Parra y Carlos Soto Román, por haber investigado la tragedia como preparación a un taller de técnicas invernales de montaña que tomé con Ernesto Olivares en septiembre del 2025. Con mi cordada, ya habíamos entrado en la nieve asumiendo riesgos que desconocíamos. Por eso se hizo necesario el curso para seguir avanzando en nuestra práctica. Teníamos que aprender de hipotermia, de evaluación de terreno, gestionar riesgos de avalancha, cómo caminar, cómo encordarnos, etc.

Volver a mirar la tragedia de Antuco empieza con una tristeza que se convierte en rabia profunda por el calibre de la decisión y el ego feroz del mayor Patricio Alejandro Augusto Cereceda Truan y el teniente coronel Luis Enrique Pineda Peña. Ellos llevan el peso de decidir una marcha de 150 conscriptos, a -35°C, con viento de 60km/h, advertidos de que esas eran condiciones de viento blanco. En viento blanco no se camina. En el invernal, evacuamos con caída de nieve sin viento. No son condiciones de marcha por ningún lado.

Murieron 45 personas; 44 conscriptos entre 18 y 22 años, un sargento segundo de 39 años. Patricio Cereceda, el único de la cadena de mando que tuvo un presidio efectivo de 5 años, fue recontratado por el ejército en 2023 y despedido el 2025, pocos días después de cumplirse los 20 años de la tragedia. Pineda está retirado.

Carlos C y Carlos S transformaron esta tragedia espantosa en un libro que te rompe, que te hace sentir el peso de la caminata con la ropa mojada, la caída de los conscriptos uno tras otro, la desesperación de sus compañeros y los efectos implacables de la hipotermia. Sientes el peso liviano de la vida de los conscriptos a los ojos del mayor y teniente.

La voz poética de ambos es muy visual. Me llevó a ver caer a los soldados y los intentos desesperados por ayudar a los compañeros que se quedaron en el camino, azules de frío.

Los poemas visuales profundizan la herida. Los autores crearon un enrejado de nieve caída sofocante, apoyados por partes militares, tecnicismos de la marcha en nieve, de la hipotermia y la expresividad propia de la angustia.

Mi Sargento

¿Cuánto falta?

¿Falta poco, mi Sargento?

Estamos cerca ¿no es cierto?

Estaban a varios kilómetros de un refugio donde no los esperaba nadie, no había calor ni comida, donde murió uno de ellos apenas llegó.

Los autores nos recuerdan que eran prácticamente niños jugando en la nieve. Me fue imposible no sentir culpa por ir a hacer deporte a un territorio donde otros murieron.

Si tuviéramos un contexto de guerra, ¿deberíamos esperar la misma falta de coordinación en la gestión de un rescate?

Antuco acaba de ser traducido por Cardboard House Press en una edición bilingüe. Pueden encontrar el original y el traducido en Pedaleo Librería.

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