Volver a Huayquiñir y pensar en el presente

octubre 19, 2026
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En su más reciente entrega de recopilación y difusión de las escrituras mapuche del siglo XX, el antropólogo Enrique Antileo realiza una antología de los textos de Carlos Huayquiñir Rain (1913-1978), periodista de Juventud Araucana, La Voz de Arauco y El Araucano. El texto de la presentación de Claudio Alvarado Lincopi, realizada en el seminario «Escrituras Mapuche del siglo XX: autoría, labor intelectual y pensamiento», reflexiona sobre el valor y la potencialidad de esa palabra impresa para el movimiento mapuche de nuestro momento convulso.

La sociedad mapuche, y en particular el movimiento mapuche, tiene un grave problema con su historia. Hoy atravesamos un momento poco grato para las fuerzas movilizadas de nuestro pueblo, aunque para ser justos el naufragio es mucho más general, atraviesa a todos los movimientos indígenas en América Latina, y a gran parte de las energías emancipatorias y democratizadoras del mundo. Ahora, en cualquier caso, mal de muchos, consuelo de tontos. 

¿Qué podemos decir del actual momento del movimiento mapuche? La verdad, muchas cosas, desde tropezones tácticos a descuidos estratégicos, de fricciones innecesarias y pocas capacidades para el diálogo interno, dirigencias ególatras, intelectuales ensimismados, en fin, las trabas son varias. Pero si hay una inconveniente embarazoso, sobre todo para un pueblo que reclama tener una muy buena memoria, es que desconozcamos nuestra propia historia política.

El movimiento mapuche casi no habla, porque casi no sabe, de las potentes y hermosas creatividades que emergieron y se desplegaron durante la primera mitad del siglo XX. No es posible que el relato magnánimo del movimiento tenga que retroceder hasta el siglo XVI, y que incluso en ese ejercicio solo convoque a la heroicidad más célebre, los archicitados Lautaro y Caupolicán; aprovecho de decir que también miremos a Lientur. El otro marco temporal que se enarbola son las resistencias contra la colonización chilena, todas las generaciones del siglo XIX.  

Desafortunadamente, el rico acervo organizativo y reflexivo que va desde 1910 a 1973, no solo es menos reivindicado, sino que también menos conocido. Este es el primer gran sentido intelectual y político de los esfuerzos que hace varios años viene desarrollando nuestro colega y hermano Enrique Antileo. Este libro, Huayquiñir, el primer periodista mapuche, es otro gran aporte para develar una historia igual de épica, y con posibilidades que, desde mi punto, se acercan de manera punzante sobre nuestra propia realidad. Es evidente que la vida política y cultural con la que tuvo que reñirse Huayquiñir es mucho más cercana que la del siglo XVI; sin por ello desconocer ese gran impulso de libertad que nos legaron nuestros hermanos que triunfaron en Curalaba. En fin, solo quiero decir que tenemos mucho por aprehender de nuestros abuelos del siglo XX, y allí la figura de Huayquiñir es fundamental.

Me quiero detener en algunas ideas que son factibles de rescatar de Huayquiñir en la lectura de Antileo. En primer lugar, esa hermosa certeza de nuestro “primer periodista” sobre la dignidad humana del pueblo mapuche. Eran tiempos de desprecio y racismo, también de servidumbre y explotación laboral, además del despojo incesante de nuestras tierras. En esa realidad, Huayquiñir levantó su cabeza entre la ciudad letrada, y esbozó un llamado hacia la subjetividad del colonizado, buscó removerla, sacudir la vergüenza, expurgar la inferiorización internalizada por el aparato ideológico colonial. Su orgullo juvenil mapuche es pura belleza, y así quedó retratada en su icónica fotografía publicada en el Heraldo Araucano en 1942, con apenas 29 años de edad.  

Carlos Huayquiñir. Cortesía de Enrique Antileo

La escritura y el estudio, algo que el movimiento mapuche actual debería reivindicar decididamente (¿o acaso nuestros jóvenes hermanos del campo y la ciudad no necesitan de mayores y mejores condiciones para estudiar y ser un mejor aporte para su pueblo?), fueron elementos cruciales en el pensamiento de Hauyquiñir. Defenderse de los abusos, estudiar y organizarse, buscar permanentemente la dignidad del pueblo, la “dignidad de la raza” le decían por aquellos años.

Enfrentarse al racismo y “borrar el menosprecio” siguen siendo elementos vitales para nuestra organización colectiva. En este sentido, y acá una genialidad de Huayquiñir, es vital preguntarse cómo ese menosprecio tiene también consecuencias en la estructura del trabajo y del salario en Chile. Nuestro primer periodista acusaba al racismo y también a los “salarios irrisorios”; todo aquello que hoy pensamos bajo la articulación de “raza” y “clase” ya tenían un sentido en Huayquiñir.

Podríamos seguir esbozando sus potencias reflexivas para el presente, volver a Huayquiñir para encontrar las hebras que hoy necesitamos: su preocupación por la tierra, por la organización mapuche, por la capacidad de influir en los derroteros del país en su conjunto, además de sus reflexiones sobre educación, dignidad, racismo y un largo etcétera. Pero no quiero terminar sin referirme brevemente a su capacidad ensayística.

Carlos Huayquiñir consiguió algo muy difícil para todo escritor, encontrar una voz propia, saborear el pulso y el ritmo del lenguaje, y todavía más dominando la lengua del invasor. Es realmente un ejemplo canónico de un siglo realmente complejo para los antiguos pueblos de América, ahora incorporados en las repúblicas patricias del siglo XIX; repúblicas que fueron democratizándose bajo el impulso de otros cientos como Huayquiñir. Y en ese impulso político y cultural, el ensayo periodístico tuvo un papel crucial, un modo de escritura que entiende la necesidad de comunicar, pero también la necesidad de utilizar bellamente la escritura. Hay momentos realmente atractivos en sus textos:

Ni la indolencia propia del Araucano era flojera, ni su falta de civilización europea. El indio vivía en su ambiente propio y en su medio era digno y era honesto. No queremos decir que se presente a nuestros antepasados como un prototipo de virtudes cristianas, pero tampoco nos es dable tolerar el que se nos muestre como ejemplares de perversión

“Prototipo de virtudes”, “ejemplares de perversión”, “digno y honesto”, sus palabras tienen peso, hay densidades en la elección de sus palabras, además de esos rodeos argumentales que marean y envuelven. Huayquiñir era ciertamente un buen escritor.

Finalmente, dos ideas que rescato de las reflexiones de nuestro peñi Enrique. Por una parte, la noción de “doble conciencia” para reflexionar sobre estas generaciones de escritores, escritoras e intelectuales. La idea de pensarse mapuche y chileno, navegar en esas fricciones, esbozar una síntesis que reclama lo total (la dignidad humana, por ejemplo), desde el histórico convencimiento de seguir siendo un pueblo. Acá hay algo que debemos volver a reflexionar pensando en nuestros fines estratégicos. Y, en segundo lugar, un concepto de autonomía que rescata Antileo de Huayquiñir. Autonomía como la

Capacidad del mismo pueblo mapuche de revertir el complejo escenario en el que debe desenvolverse […] los tutelajes son indeseables e inconvenientes. Son las propias iniciativas mapuches, individuales y colectivas, las que lograrán los cambios necesarios en la convivencia con el mundo chileno (40).

Esta última reflexión de Enrique Antileo me parece vital para nuestras reflexiones tácticas contemporáneas. En fin, en momentos de crisis, donde el naufragio parece lo evidente, solo basta decir: ¡nada de naufragio, solo una tembladera de piso; volver a nuestra historia y recobrar desde allí nuestras razones y esperanzas! Gracias peñi Enrique por esta publicación. Gracias peñi Huayquiñir por el legado heredado a todo nuestro pueblo.

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