Dulce y Agraz: «La etapa de creación de Sentimientos fue particularmente vulnerable y honesta conmigo misma»

noviembre 04, 2026
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Dulce y Agraz presenta Sentimientos, un EP de seis canciones que reúne las experiencias y transformaciones personales que han marcado los últimos tres años de su vida, desde su migración a Ciudad de México hasta su matrimonio.

Producido por Sebastián Aracena y Luc Blár, el trabajo explora el desamor, la confianza, la migración y la construcción de una vida en pareja a través de una escritura íntima y directa, acompañada de arreglos orgánicos y tomas grabadas en vivo. El EP también incluye «Pies calentitos», una canción escrita hace cerca de diez años que la artista decidió publicar al volver a reconocerse en su historia. Como parte de este lanzamiento, el videoclip de «Sentimientos» fue grabado en el histórico Bar El Cinzano de Valparaíso, un espacio emblemático de la bohemia porteña que conecta el proyecto con sus raíces chilenas.

En esta entrevista, Dulce y Agraz conversa sobre los cambios personales y creativos que dieron forma a Sentimientos: su vida en Ciudad de México, la escritura a partir de sus diarios y la búsqueda de una sonoridad más orgánica. También reflexiona sobre las dificultades de la escena musical chilena, la poesía como una forma de habitar el mundo y el vínculo con Valparaíso.

—¿Cómo ha sido cambiar de país, tanto en tu proceso creativo como en tu vida personal?

—Ha sido increíble para mi proceso creativo, porque acá encontré un trabajo que no sabía que existía: escribir canciones para otras personas. Eso me ha hecho crecer muchísimo como compositora. De hecho, esta semana voy a trabajar en composiciones para una empresa que se llama Soundstripe. No sabía que existía este trabajo de escribir canciones a sueldo, y me parece maravilloso.

En Chile esa industria no está muy desarrollada ni es muy conocida. Existen colaboraciones con otros artistas, que son interesantes porque permiten mezclar mundos, pero no es tan habitual participar en sesiones de composición. Estar acá me ha abierto esa posibilidad y me encanta. También me he empapado de mucha diversidad.

Algo muy lindo de México es que conviven distintos géneros al mismo tiempo. Además, es una ciudad gigante, donde siempre está pasando algo. Todo eso es muy estimulante creativamente. En mi vida personal también han cambiado muchas cosas, pero esa es una conversación más larga.

—¿Cómo tomaste la decisión de irte a México?

—Fue una de esas decisiones que uno toma intuitivamente. Venía sintiéndome muy estancada en Chile. Creo que Chile es un lugar con muchísimo talento y gente muy creativa. También es un país hermoso, con mucho espacio natural, donde la contemplación está al alcance de todos. Pero, si ese talento no tiene dónde mostrarse, se pudre. Esa es mi visión de Chile. Siento que el país es muy pequeño para albergar tantas cosas y que tiene una mirada muy unidireccional. Hay un foco en cierto estilo, género o música que está de moda, mientras muchas otras propuestas quedan relegadas y, si no salen a la luz, se van pudriendo.

Eso pasa en distintos ámbitos: en lo creativo, en lo económico y también en lo emocional. Lo veía mucho a mi alrededor y no quería que me pasara. Además, hay un discurso del que quizás me contagié con los años: que en Chile no se puede hacer arte. Me dio miedo terminar creyéndolo, así que decidí irme a donde fuera.

En 2023 fui tres semanas a Argentina para ver cómo me iba. Estuve en Buenos Aires, una ciudad muy estimulante creativamente, pero sentí que Argentina era un lugar más hermético y que costaba entrar en su público. En cambio, México te abraza de inmediato y la transición es mucho más amable.

—¿Te has sentido cómoda en México?

—Sí. Me da risa esa mirada tan unidireccional que a veces tenemos en Chile. Creemos que en México quieren mucho a los chilenos, y sí, puede ser, pero también reciben así a personas de Colombia, Venezuela, Ecuador y otros países. Es muy distinto de cómo nos relacionamos nosotros con otros lugares.

—¿Cómo es mirar a Chile desde la distancia? Se cumplieron siete años del estallido social y quería preguntarte cómo ves las noticias, la represión y los recortes.

—Podríamos hablar una hora entera de Chile, pero también están pasando muchas cosas en otras partes. Pienso, por ejemplo, en lo que ocurre en Francia con la revuelta estudiantil, que me trae recuerdos de 2018, o en España con el problema de la vivienda. México también tiene sus propios movimientos.

Con Chile estoy muy confundida. Cuando lo miro desde lejos, pienso que el único problema del país es la percepción que tiene de sí mismo. Sé que ha habido cambios en materia de seguridad y que algunas cifras de robos y delitos han aumentado con los años, pero también creo que esos números se amplifican en función de la sensación de inseguridad. Muchas decisiones se toman a partir de creencias construidas según la conveniencia de ciertas personas.

Chile es maravilloso en muchos sentidos: es estable, hermoso desde el punto de vista medioambiental y tiene mucho potencial. Pero nadie lo ve, o no existe la seguridad ni la determinación para reconocerlo. Terminamos tomando malas decisiones porque tenemos muy perturbada la percepción de nuestro propio país.

—En una entrevista con La Tercera hablaste de la lectura y la escritura. Me llamó la atención cómo utilizaste tu diario de vida para escribir las canciones de Sentimientos. ¿Cómo fue ese proceso?

—Creo que siempre uso mi diario, pero la etapa de creación de Sentimientos fue particularmente vulnerable y honesta conmigo misma. Lo que cambió en el proceso fue que no quise disfrazar demasiado las cosas que quería decir. Suelo darles muchas vueltas, buscar metáforas y encontrar una forma más construida de expresar algo. Albor, por ejemplo, es un disco así: el tracklist funciona como un poema, una historia con principio y final. Es lindo dedicarse a crear una obra más compleja, pero a veces las emociones no necesitan complejizarse. Yo quería decir las cosas de forma más literal.

Mi diario fue la fuente de todo. Aunque siempre lo es, esta vez no quise cambiar demasiado las cosas: algunas frases pasaron directamente del diario a las canciones, sin edición, metáforas ni intención de hacerlas rimar.

—Has dicho que la poesía es muy importante en tu vida y que es como una droga, quizá tu favorita. ¿Qué poetas o autores te han marcado?

—Curiosamente, ahora estoy leyendo más narrativa. Entre las autoras que siempre menciono está Soledad Fariña, una poeta hermosa. Me encanta cómo construye imágenes. Creo que por eso digo que la poesía es como una droga: te permite ver cosas y altera tu percepción del mundo y de la vida sin necesidad de alterar tu mente.

Para las personas sensibles, puede ser una manera más real de habitar el mundo. La metáfora, por ejemplo, es una herramienta hermosa porque sobrevive al tiempo. Permite guardar algo que queremos decir en palabras que amplían su significado y concentran un mundo enorme en muy poco espacio. Una frase puede cambiar según el momento en que la leemos y los sentimientos que nos acompañan. Al final, lo escrito no son solo palabras: también son imágenes y sensaciones. Para mí, es una herramienta muy potente y necesaria en el día a día.

—¿Qué estás leyendo actualmente?

—Estoy leyendo El dios de las pequeñas cosas, de Arundhati Roy. Es increíble: cuenta la historia de dos niños que crecen en Kerala. Yo no conocía ese lugar ni sabía mucho sobre cómo funcionan las cosas en India o sobre ciertos conflictos y el cristianismo allí. Es una novela, y me gusta mucho porque siento que estoy viajando por India y conociendo un lugar al que quizás no tendría la oportunidad de ir si no fuera por el libro.

—¿Por qué eligieron El Bar Cinzano como locación para los videos de Sentimientos?

—Hice los últimos tres videos de Sentimientos con Golondrina Films, y casi todo el equipo es de Valparaíso. Buscábamos una locación que tuviera un bar o un lugar interesante. El Cinzano es un sitio muy mítico, pero además hay paisajes hermosos alrededor de Valparaíso. Grabamos todo allí; el Cinzanono es el protagonista, sino uno de los lugares desde los que podemos mostrar también esos paisajes.

—¿Cuál es tu percepción de Valparaíso? Hay un discurso que lo describe como una ciudad fea y peligrosa. ¿Cómo la ves tú?

—Creo que mi visión es la de alguien que visita la ciudad, no la de una persona que vive allí, y es importante decirlo. Por ejemplo, no conozco de primera mano cómo es la delincuencia en el día a día, así que no puedo hablar de eso. Pero me encanta Valparaíso. Me parece un lugar inspirador, bohemio, entretenido y hermoso para estar y habitar. Algo que disfruto de grabar en Chile es mostrar lugares míticos a personas que nunca han ido. Valparaíso siempre ha sido una fuente de inspiración para mí. Me conecto mucho con el arte callejero, con el arte sin pretensiones, hecho simplemente porque sí.

—¿Cómo fue trabajar con Sebastián Aracena?

—Fue hermoso. Colaboramos desde hace mucho tiempo; de hecho, Sebastián grabó muchas guitarras en Trino. Algo que me llama la atención ahora son los comentarios en TikTok sobre este disco y, en particular, sobre el focus track, «Qué sentimientos». Mucha gente me dice que le recuerda a Mon Laferte. Y tiene sentido, porque estoy trabajando con su guitarrista, productor y músico de hace muchos años. Es lógico que esa colaboración le dé a la canción algo de ese mundo.

Aunque llevamos mucho tiempo colaborando, nunca habíamos abordado juntos un proceso completo de producción. Sebastián también produjo una canción llamada «Quiero que seas tú», que quizás tiene ese mismo color. Me encantó trabajar con él. Además, coincidió con una etapa de muchos cambios: trabajamos juntos antes y después de que se convirtiera en papá. Mi mánager también tuvo un hijo en esa época; yo me fui a vivir a Ciudad de México y Sebastián volvió a Chile. Que el EP se construyera mientras todos atravesábamos esos procesos fue realmente un milagro.

—¿Cómo se relaciona este EP con tu migración?

—Las canciones acompañan ese proceso, aunque no es el único que aparece en el EP. Hay otras cosas ocurriendo; siento que el disco acompaña y describe esos cambios.

—¿Por qué decidieron incorporar tomas grabadas en vivo?

—En el EP hay varias tomas completas grabadas en vivo. En «Íbamos», por ejemplo, la batería y el bajo se grabaron en una misma toma. Mientras construíamos el disco, estaba recordando bandas como Keane o Coldplay, de los años 2000, que tenían el piano muy al centro y un sonido de banda clásico, pero transmitían una emoción enorme.

Empecé a ver conciertos de Coldplay de esa época, especialmente de «Yellow». Siento que los años dos mil tienen una nostalgia y algo muy emocionante que quería dejar impreso en el EP. Creo que eso se nota en las grabaciones en vivo. También me emociona mucho la posibilidad de trabajar con una banda y con músicos. Es el primer EP que abordo de una manera menos digital. Hoy suele ser más práctico producir con un computador, un MIDI o una base hecha digitalmente; después es difícil conseguir financiamiento para reunir a una banda y tocar en vivo. Trabajar con instrumentos más orgánicos implica un riesgo grande.

—¿Por qué decidiste incluir «Pies Calentitos» en el EP, siendo que es una canción que ya tenía un tiempo?

—Es difícil encontrarle el momento a una canción así. Durante un tiempo pensé en sacarla como bonus track o en una edición deluxe, pero no me hizo sentido. Después empecé a hacer Trino y sentí que no encajaba con su vibra. Más adelante comencé a hacer otras cosas y la canción siguió esperando. No sé si hay una razón estratégica detrás de la decisión. Fue algo intuitivo: ahora estoy viviendo en carne propia la historia que cuenta y volví a identificarme con su letra y con ese momento. Sentí que esa historia había vuelto a mi vida y que quería publicarla.

—¿Cómo influyó tu matrimonio en tu música?

—Creo que ha influido más en mi vida cotidiana, aunque también forma parte de este EP. Casarme y mudarme de país fueron cambios enormes. El matrimonio me ha hecho sentir más estable y tranquila, con una paz muy profunda. También cambió mi percepción de lo que significa formar una familia. Para mí, ese momento de casarse y construir una familia entrega una estabilidad y una tranquilidad de base que antes no había experimentado.

—¿Cómo fue participar en la gira con Los Bunkers?

—Fue muy lindo. Siempre que hablo de esa experiencia me emociono, porque hoy me conmueve mucho encontrar generosidad, humildad y transparencia en ciertas personas de la música. No siempre es fácil encontrar a alguien con tanta trayectoria y masividad que siga siendo tan amable, abierto y generoso, y que tenga ganas de compartir, conversar y tomarse el tiempo para hacerlo.

—En México te has encontrado con muchos músicos. ¿Cómo describirías la escena musical en la que te mueves?

—No sé si “moverme” es la palabra, porque uno conoce músicos todos los días. La escena es muy grande y no se limita a un solo grupo de personas. Hay artistas con trayectorias muy distintas: algunos llevan dos años publicando música, otros quince o diez, y vienen de géneros muy diversos.

—¿Piensas volver a vivir a Chile en algún momento? Ahora vas a venir a tocar el EP, pero me refiero a instalarte de nuevo.

—La verdad es que me gusta vivir acá. Desde que llegué, nunca he pensado en volver a Chile para vivir. A veces uno tiene momentos de duda, en los que piensa: “¿Qué estoy haciendo?”. Pero nunca he llegado a la conclusión de que deba devolverme. Sí quiero volver de visita, de vacaciones o a tocar, pero para vivir, creo que no.

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