Territorio en disputa: calles abiertas y territorios íntimos

Este es el primer título de la colección Literatura Reciclada, plaquettes artesanales de Ediciones Punto G en su nueva línea cartonera, esto es, manufacturada con materiales reciclados. Las portadas, en consecuencia, son trabajos únicos, en este caso empleando páginas de planos de las ya extintas guías telefónicas. La idea es editar de esta manera poemas que, por alguna razón, no hayan sido incluidos en algún volumen mayor ya publicado en formato libro, reciclando no sólo materiales, sino también textos, salvando a unos de la basura y a otros de su primera vocación de inéditos.
 
Territorio en disputa reúne once poemas de Patricio Contreras Navarrete, escritos en forma paralela al libro Calle abierta (Balmaceda Arte Joven Ediciones, 2016). Con ello, Contreras continúa trazando el recorrido por las calles de Puente Alto, sector periférico de la Región Metropolitana, dando cuenta de las asperezas y ternuras del cotidiano en las poblaciones y ahondando en la problematización de la poesía política en la lucha por el territorio, esta vez desde su experiencia como bibliotecario en la Escuela Padre Hurtado de dicha comuna.
 
Estos textos los dedica a los niños y las niñas que crecen en esos espacios violentados, como la pequeña del poema “Respuestas a una niña de la Escuela Padre Hurtado”, esa que le exigía toda la atención del mundo, en ese lugar donde, en palabras del autor, “[…] la desilusión/ suele ser la única enseñanza posible” (17).
 
Tanto Calle abierta como Territorio en disputa evidencian los problemas sociales que aquejan a nuestras poblaciones. Acá veremos a la mamita que lleva a su hijo sobre un carro de supermercado, durmiendo sobre bolsas de basura; niños jugando con pistolas imaginarias o de fogueo que pueden ser una premonición de las balas reales; muros con leyendas que dicen NO + PASTA BASE; asaltos al camión del gas; y el regreso a casa en el recorrido de la 204 o la 205 hasta la muni o el consultorio, sedes camufladas del Opus Dei o los canutos, lugares donde se evidencia la repartija y el cohecho del siglo XXI.
 
Esas imágenes del Puente Alto real son el telón de fondo de esta plaquette, pues los textos de Territorio en disputa, a diferencia de Calle abierta, aunque también se vuelven fotos o postales de la marginación, muchas más derivan en profundas reflexiones políticas y existenciales, girando justamente en torno a esas calles, al sistema y a la sangre, tanto en un sentido geopolítico como genético e histórico.
 
Si Calle abierta nos arrojaba citas de Piotr Kropotkin sin deglución en “Extractos de un antiguo libro aún vigente”, en Territorio en disputa el autor dialoga con este importante autor anarquista en sus tres primeros poemas: “Prisión voluntaria”, “Panfleto contra la explotación” y explícitamente en “Fábula horizontal”, donde señala: “[…] no todas las especies/ abusan de las jerarquías/ ―sugería Kropotkin―/ es el ser humano quien vive como las abejas”. Lo mismo cabe decir respecto a Marx y la conciencia de clase, en el poema titulado “Nieve en Puente Alto”.
 
En cambio, los poemas titulados “Herida abierta”, “Territorios íntimos” y “No direction home” constituyen una reflexión sobre la construcción de cada sujeto, a la base de “la aceptación o negación del padre/ el encuentro o desencuentro con la madre/ y el pulso de las calles donde transita”. Estos tres elementos –el padre, la madre y las calles– ya presentes en Calle abierta, en esta plaquette cobran mayor importancia desde una íntima reflexión acerca de la posibilidad o imposibilidad del poema, ese templo destinado a nunca abrir sus puertas.
 
Para el hablante, tanto la historia como la calle son libros abiertos. Para el padre, en cambio, la historia es una herida incurable que incluye la muerte de amigos durante la dictadura. En Calle abierta se nos reveló el origen del nombre del autor: en honor al amigo de su padre, Patricio Leonel González González, jovencísimo miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, acribillado por la policía a fines de 1985 (poema “Sobre héroes y Patricios”). Para la madre, la calle es un dolor de cabeza en un barrio peligroso. En cambio, para él, la herida incurable y el dolor de cabeza son la poesía, ese “balbuceo en el discurso”, esa “zona de tregua” en donde dialoga justamente con esa historia reciente, y las calles que transita, llenas de esas heridas abiertas de otro –nada menos que el padre– y esos horrores de infancia de otra –nada menos que la madre–, heridas y dolores que el hablante porta en la sangre, y que por lo tanto le son elementos constitutivos. Pero, tal como señala en “No direction home”: “La cría no es sólo un reflejo de la selva/ ni una reproducción fiel de su ascendencia/ sino una construcción imprecisa/ una carta boca abajo en este juego de azar”. Entonces, somos cartas desconocidas, boca abajo, en este juego de azar que es la vida, que siempre vuelve a comenzar. Tal vez por eso el hablante termina escuchándose a sí mismo saber ―que no es lo mismo que simplemente hablarse o saber― que si no llega a despertar es que “volvió a casa”, al hogar, al poema, a sí mismo, ese templo que de otra forma nunca abre sus puertas. El poeta es entonces un obrero edificando ese templo sobre terreno ajeno, metáfora que en el poema “Territorios íntimos comprueba que va mucho más allá de lo evidentemente político, complejizando aún más este Territorio en disputa.
 
Finalizo recordando unos versos de Calle abierta que me parecen en consonancia con esta idea: “No vale la pena viajar por fuera/ si queda tanto que hacer por dentro […]/ Viajar por el mundo resulta desolador/ cuando uno aún no se recorre las venas” (poema “Viajero geopolítico observando el nacimiento del Hombre Nuevo”). Las venas son calles internas que portan justamente las herencias y los desarraigos que, junto a nuestros propios pasos y caminos en el mundo externo, nos van construyendo. O, como señala el propio autor: “Podría calcular la cantidad de sangre/ en mis venas / pero jamás podré saber/ cuántos litros volqué fuera de mí/ para hacerse parte del mundo/ y hablar a través de mis despojos”.
 
Eso me parece que es Territorio en disputa: una invitación a mirar las calles concretas, las que caminamos y las que no, y darnos cuenta así de lo injusto que resulta que ninguna realmente nos pertenezca, pese a que igual las pagamos y sustentamos. Pero también una invitación urgente a recorrer nuestros territorios íntimos; esas internas arenas movedizas mucho menos concretas que también debemos tener la enorme valentía de afrontar, para construirnos –o deconstruirnos– como sujetos en el mundo.
 

 

Territorio en disputa, de Patricio Contreras Navarrete.
Ediciones Punto G.
Poesía.
29 páginas.
Fanny Campos Espinoza
edicionespuntog@gmail.com