¿De qué manera podemos entender una historia sin conocer todas sus variables? La respuesta es simple, no podemos. Nuestras conclusiones siempre van a ser erradas si se sostienen de una primera impresión de los hechos. Es por lo que la serie Zamudio: perdidos en la noche (2015) se posiciona no sólo como una de las mejores de Chile, sino que como el antídoto perfecto para las historias incompletas.
Basada en el libro Solos en la noche: Zamudio y sus asesinos (2014) del periodista Rodrigo Fluxá, la serie estrenada en TVN en 2015 presenta un recorrido por los eventos que llevaron a Daniel Zamudio al Parque San Borja la noche del 2 de marzo de 2012. Además, narra la historia de los jóvenes que terminaron con su vida, cometiendo uno de los crímenes de odio que más ha remecido al país en el último tiempo. Pero lejos de relatar una simple cronología, Zamudio: perdidos en la noche construye una historia que retrata las realidades y emociones de sus personajes de manera que el espectador supera la barrera de sólo observar, y juzga la información que se le entrega. Más allá de lo que se podría considerar una recreación de los hechos o una típica exageración dramática para ilustrar la conversación de algún matinal, esta serie presenta a actores como Nicolás Rojas en el papel de Daniel Zamudio y a Michael Silva como Ariel Andrade, uno de sus asesinos. Un dúo que visto desde un mundo de buenos y malos, forman una clara representación de personajes enemigos, pero como lo que aquí se buscó fue mostrar una historia con diferentes perspectivas, se presentan incluso similitudes entre ambos.
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De haber sido trabajada de otra forma, el enfoque de la producción habría estado casi exclusivamente en el ataque contra Daniel, el hecho de mayor impacto en la historia, pero habría sido un absoluto error tras saber lo que el desarrollo de los personajes logra en esta serie. La violencia física es mínima hasta el momento del asesinato. Se trabaja con más de un personaje y más de un espacio físico, y es ahí donde se encuentra una de las grandes virtudes de esta serie.
Se nos presenta un trabajo formado por tres diferentes espacios de la misma línea de tiempo. Cada capítulo inicia con momentos del ataque a Daniel, pero sin revelar por completo el rol de los involucrados, entregando progresivamente más pistas de lo que sucedió. Al mismo tiempo, nos enfrentamos a la vida de los personajes del ataque, realidades golpeadas por vidas familiares difíciles, sueños rotos, violencia e inmadurez. Y finalmente se nos traslada a los interrogatorios posteriores al ataque, donde vemos un lado fabricado y más pasivo de quienes niegan haber matado a Daniel. Todo en un montaje de fragmentos que ayudan a la originalidad de la narrativa y que definitivamente construyen la tensión hacia el clímax de la historia, pero también entrega un nuevo nivel de profundidad al otorgarle una voz a los involucrados como algo más que víctimas y victimarios. Y en medio de ambos polos, la figura del fiscal del caso como el equilibrio y la justicia, brillantemente interpretado por el actor Jaime Omeñaca. Es a través de su papel ajeno a la historia, representando a los espectadores, que conocemos los antecedentes del caso. Por su rol como figura moral reconocemos la actitud de los personajes, lo que creemos y lo que no de lo que se nos cuenta. Y por medio de él es que nos acercamos a la verdad que la serie quiere contar.
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Aquí es donde volvemos al análisis que adelantamos antes. No hay ninguna duda sobre la responsabilidad de los asesinos en el crimen de Daniel Zamudio, pero sus historias comenzaron mucho antes del ataque, y era necesario conocerlas para entender mejor quiénes son y por qué hicieron lo que hicieron. Esta serie logra profundizar en los personajes que por mucho tiempo, en las noticias y reportajes, permanecieron superficiales. Los saca de su único rol como victimarios y les da una voz, la de un grupo de jóvenes que, de alguna u otra forma, también fueron víctimas, pero de la vida.
Uno de ellos zamarreado por el sistema y ahora resentido, cree ser anti nazi sin saber lo que es una esvástica, y justifica su estilo de vida en una ideología que realmente no comprende. El otro es un xenófobo, sin más backstory que la de ser hijo de militar, guiado por la convicción poco fundamentada de que el país está peor por los extranjeros. El tercero, un artista seguro de que su talento lo hacía merecedor de más de lo que tenía, tan dolido por sus decepciones que terminó por mentir para proyectar lo que le hubiera gustado que hubiese sido su realidad. Y el último, un niño confundido que quiere encajar. Todos de contextos completamente diferentes, pero reunidos por el deseo de querer ser más de lo que realmente eran. Enfermos de tanto reprimir la rabia y el resentimiento que habían acumulado, terminaron por expresarlo de la peor y más horrible forma. Todo termina por resumirse en aspiraciones, decepciones y dolor. ¿No es quizás esa también la historia del personaje de Daniel?
Un joven homosexual, popular y seguro de sí mismo, convencido de que su trayectoria de vida estaba destinada a la fama, pero por medios que dejaban ver la inmadurez con la que llevaba su vida, y que rápidamente lo hicieron golpearse contra el suelo al enfrentarse con la realidad. Una decepción que lo dejó tan abatido, que terminó dejándose llevar por el abandono y la pena, para encontrarse con el peor escenario posible, un grupo de resentidos buscando la excusa perfecta para dejar salir todo el odio acumulado. Pero sólo hasta aquí llegan las similitudes.
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Las razones que llevaron a estos cinco jóvenes a encontrarse en el Parque San Borja podrían considerarse una muy mala coincidencia, pero nuevamente la serie se encarga de manifestar una verdad, y de aquí el acierto de la intervención del personaje de Jaime Omeñaca como el fiscal a cargo del caso. Nos conduce a través de las historias, hace las preguntas que todos queremos hacer, cuestiona las actitudes dudosas y empatiza con el dolor de su familia, pero una vez que ha terminado el recorrido, es él también quien encara todas las mentiras, las excusas de los asesinos y ejerce la fuerza que todos los espectadores quisieran usar para dar justicia a Daniel.
Según una nota publicada en el portal de Radio Cooperativa, en marzo de 2015, además de ser criticada por la madre de Daniel Zamudio por presentar una imagen falsa y negativa de su hijo, la serie alcanzó apenas un promedio de 7,1 puntos de rating durante su emisión. Sin embargo, logra alzar la calidad de las producciones de ficción en Chile, dándole valor a realidades de nuestra sociedad que pocas veces han sido retratadas así en televisión. La serie le da una voz a personajes que de otra forma no la tendrían, y eso vale mucho más que cualquier puntuación en rating.
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