Tres libreros recomiendan lecturas para el verano
El verano no solo cambia los ritmos del día, también transforma la manera en que leemos. El calor, el tiempo libre y cierta disposición al ocio hacen que muchos lectores busquen libros que dialoguen con la estación: textos breves, atmósferas intensas o relatos que no le huyan al sol ni al agobio. Tres libreros comparten aquí sus recomendaciones para acompañar la temporada estival.
Camila Hormazábal, librera de Metales Pesados Alameda, apuesta por un libro que se sumerge de lleno en la experiencia veraniega, sin idealizarla. Su recomendación es Desvelos de verano de Martín Kohan (Banda Propia, 2023), un volumen de cuentos breves y ágiles que orbitan en torno al calor, los paisajes y las pequeñas incomodidades propias de la estación.

“El libro evoca el verano no solo desde la idea de vacaciones o tiempo libre, sino también desde sus aspectos más incómodos”, señala Camila. El sonido persistente de los insectos, las moscas que rompen el silencio nocturno, los juegos de cartas y el peso del calor estructuran relatos atravesados por un humor negro sutil, que vuelve reconocibles, y perturbadores, esos escenarios tan propios del verano.
Desde otra vereda, Carlos Cardani, librero de Pedaleo Librería y poeta, recomienda títulos que pueden funcionar como puerta de entrada a la lectura o como una forma de intensificar la experiencia estival. Para quienes buscan salir de un bloqueo lector, sugiere Poeta chileno de Alejandro Zambra, una novela accesible y cercana que sigue convocando nuevos lectores.
También destaca Tarambana de Yosa Vidal, una novela de lenguaje rico que, a partir de la figura de la Monja Alférez —una mujer que se traviste—, recorre la historia del Chile del siglo XX, desde los años cuarenta hasta los noventa, con personajes y situaciones fácilmente reconocibles.

Pero si se trata estrictamente de leer calor en pleno calor, Cardani propone una opción menos complaciente: Islas de calor de Malu Furche, un libro de cuentos ambientado en un Santiago asfixiante, atravesado por temperaturas extremas. “No sé si es muy producente leerlo en verano, porque te va a dar más calor todavía”, comenta, “pero está muy bien hecho”. Su justificación es clara: “Si vamos a tener calor, tengamos más calor”.

Por su parte, Cat Contreras, opta por una lectura incómoda y profundamente atmosférica: Sirio (2016) de Martín López Lam, publicado por Editorial Fulgencio Pimentel. Se trata de un relato gráfico que narra los últimos días de una pareja heterosexual cuya relación está agotada, atrapada en el tedio de un verano en una casa de playa. La niebla matinal, las jaurías de perros y una sensación constante de asfixia construyen un clima donde incluso una muerte en la piscina no logra activar la acción.

Cat elige este libro “a pesar del desagrado que produce el narrador”, precisamente por su capacidad de sumergir por completo a las y los lectores en una relación insufrible, tan propia —dice— de los peores veranos. En diálogo con La ciénaga de Lucrecia Martel, Sirio presenta personajes que son, antes que nada, cuerpos que sudan, padecen y no dialogan. El dibujo, cargado de manchas y texturas, junto a una narrativa fragmentaria y confusa, refuerza esa experiencia de incomprensión: el lector se ahoga, se pierde y no entiende, del mismo modo que los personajes, nos explica Cat.
Tres recomendaciones distintas, pero un punto en común: el verano aparece no como postal idílica, sino como un espacio de fricción, cansancio y calor persistente. Porque leer en verano también puede ser una forma de habitar y soportar la estación.




