Poleo Painemal: “A través del retrato busco narrar realidades que tienen la urgencia de ser conocidas”
“La ancestralidad también se construye en el presente” es el nombre de la exposición de pinturas de la artista, que está disponible en Galería Hifas hasta el 31 de enero del 2026. La muestra reúne retratos de personas indígenas y afrodescendientes trans, travestis y no binarias, concebidos desde la urgencia, la memoria viva y un compromiso afectivo con el derecho a existir.
Ningún retrato es sólo imagen, porque ninguna imagen es ingenua. Toda imagen piensa, hiere, celebra o discute. El retrato es siempre un territorio donde se disputa la potencia de la representación. A lo largo de la historia, retratar ha sido una forma de representar cuerpos y almas, vivos o muertos, pero también un dispositivo que produjo sujetos legibles según los marcos normativos de quienes escribieron —y pintaron— la historia.
Bajo esta premisa, centralmente la politicidad y potencia de la imagen, es que la artista travesti mapuche Poleo Painemal llega a Galería Hifas con la exposición “La ancestralidad también se construye en el presente”, en la que propone un espacio de encuentro entre arte contemporáneo, memoria territorial y visibilidad para las comunidades LGBTIQ+, históricamente marginadas de los relatos oficiales del arte y la cultura.
La exposición —abierta al público hasta el 31 de enero de 2026— reúne retratos de personas indígenas y afrodescendientes trans, travestis y no binarias, concebidos desde la urgencia, la memoria viva y un compromiso afectivo con el derecho a existir. Estas obras desobedecen a la blanquitud como imperio estético, político y afectivo: un régimen de poder que define qué cuerpos pueden ser visibles y cuáles quedan fuera del marco. Frente a ello, los retratos de Painemal portan nombres, cuerpos, pieles, cabellos, emociones, sexualidades, identidades y deseos que afirman la diversidad como valor colectivo.
Poleo Painemal es nacida en Wallmapu en 1998 y oriunda de comunidades disidentes del Barrio Yungay. Desde los trece años, cuando comenzó a pintar murales, su práctica artística ha estado orientada a visibilizar aquellas existencias que Chile prefirió no mirar. Su trabajo dialoga de manera directa con la experiencia territorial de Yungay, un barrio marcado por la organización comunitaria, la diversidad social y la resistencia cultural, donde la presencia LGBTIQ+ ha sido históricamente parte activa de su tejido social.

—De alguna forma, pintar implica plasmar, generar una imagen que —desde su potencialidad y uso— podría devenir ícono o canon; condensar algo. Considerando que tu búsqueda se sitúa en la vereda de la disidencia, de la otredad, de la visibilización de ciertas formas de vida, ¿qué consideraciones tienes en el ejercicio de representar?
Cuando retrato a otras personas, también me retrato a mí. Me interesa trabajar junto a personas que tengan experiencias de vida similares a la mía. A través del retrato busco narrar realidades que tienen la urgencia de ser conocidas.
Esta serie es la más extensa que he realizado hasta ahora, y en ella busqué retratar a personas trans, travestis y no binarias que fueran indígenas y/o afro, ya que se trata de experiencias que rara vez aparecen en las cotidianidades y en los relatos dominantes.

—Siguiendo esta idea, en el texto que se puede leer en la galería, preparado por Ernes Orellana, aparece la frase: “Toda imagen piensa, hiere, celebra o discute”. Si pudiéramos profundizar en estos dos últimos puntos —la celebración y la discusión— en relación con tu obra, ¿cómo dirías que se aplican?
Cada uno de estos retratos celebra la existencia de estas personas: sus rasgos físicos, sus historias y su fuerza. Al mismo tiempo, las obras abren un espacio de conversación sobre experiencias de vida poco conocidas.
La discusión nunca puede ser si estas personas pueden o deben existir, porque su existencia ya está afirmada y respaldada en la representación pictórica misma.

—Estás presentando esta muestra en una galería con una curatoría muy específica y comprometida. ¿Qué punto de tu carrera marca esta exposición individual?
—Esta es mi primera muestra individual. Exponer en Galería Hifas responde a un camino que he recorrido desde mi adolescencia, ligado al arte urbano. Me resulta muy interesante poder ver murales míos en el barrio Yungay y, a la vez, en la misma calle, encontrar obras de caballete. Esa convivencia hace evidente, para quienes transitan el barrio, una búsqueda constante: el retrato de personas disidentes tanto en formatos pequeños como monumentales.
—¿Cómo eliges o llegas a las personas que pintas? Me encantó, por ejemplo, pasar por fuera y ver a la gran Nena Delka.
—Les elijo porque muchas veces siento que tenemos cosas en común, incluso sin conocernos en profundidad. Llego a elles principalmente a través de mis historias de Instagram, cuando publico que estoy buscando modelos; en otros casos, también soy yo quien les invita directamente a participar del proyecto.

—El nombre de la exposición es una declaración de principios y también un gesto de urgencia. ¿Cómo explicarías la elección de este título?
Llevo muchos años investigando y dándole forma a pensamientos que me acompañan desde la adolescencia y que, ya en la adultez, pude comenzar a ordenar, historizar y profundizar.
El título surgió durante el proceso de creación de las pinturas; no recuerdo un día específico, pero la frase apareció como un eco que resonó durante días. Tiene que ver con la comprensión de que nosotres, como pueblos indígenas, hemos sido parte de muchos presentes: hemos impulsado movimientos y cambios sociales, hemos buscado la autodeterminación y, al mismo tiempo, participamos activamente de la sociedad chilena. Sin embargo, desde una mirada colonial, se nos intenta dejar anclades en lo “primitivo” como una forma de deslegitimar nuestras existencias, nuestros saberes y nuestras luchas.
Desde ahí, el título emerge como una reflexión sobre hacia dónde nos dirigimos como pueblos-naciones y sobre la importancia de mirar nuestro pasado para construir un presente y proyectar un futuro. Esto tiene una relación directa con las disidencias sexuales y de género, ya que hemos existido en todas las culturas indígenas; parte de esa búsqueda en el pasado implica reconocer estas presencias, tanto históricas como actuales, para que nosotres, como diversidades ancestrales, también tengamos un futuro dentro de nuestras comunidades, fortaleciendo el tejido social, político, territorial y espiritual.

—Tu trabajo es denominado en este comunicado como “realismo travesti”. Pienso, por ejemplo, en la ciencia ficción travesti de la inolvidable Claudia Rodríguez. ¿Cómo definirías este género? Lo imagino como un registro expansivo.
Hace unos tres o cuatro años comencé a denominar así mi pintura. No es un término que haya pensado en profundidad desde entonces, pero en su momento me hizo mucho sentido. En ese tiempo también hacía ilustración y trabajos más caricaturescos, que igualmente llamaba realismo travesti.
El término no tiene tanto que ver con la técnica pictórica, sino con la narrativa de la obra: con plasmar una realidad que se condice con la experiencia travesti. En ese sentido, simplemente calzó con lo pictórico.
Si hablamos desde lo narrativo, claro que hay una relación con la obra de Claudia Rodríguez. Muchas de las ilustraciones que denominé realismo travesti tomaron fuerza después de leer Cuerpos para odiar. Sin embargo, los nombres y cruces no son una cita directa, sino más bien una coincidencia histórica: les travestis estamos produciendo arte y cultura, y eso también se lo debemos a quienes estuvieron antes. En mi caso, a personas mapuche y travestis; dentro de elles, también está Claudia.

-Estamos frente a una exposición en galería, pero tu trabajo también habita la calle. ¿Cómo dialogan ambos espacios dentro de tus inquietudes artísticas?
Creo que se trata de la misma búsqueda, aunque en distintos formatos, materiales y técnicas. Donde más dialogan es en el dibujo a mano alzada, que deja ver la autoría de la obra. Otro punto en común es la velocidad de ejecución: tanto en la calle como en el caballete, los tiempos de trabajo han sido muy acotados. Esa urgencia también es política, porque responde a la necesidad de aparecer, de ocupar espacio y de inscribir estos cuerpos y estas historias en contextos donde muchas veces han sido borradas.
—¿En qué creaciones estás trabajando actualmente?
Estoy produciendo mi primera exposición en la galería a la que pertenezco, Galería Isabel Croxatto. Allí presentaré algunos retratos de personas que considero importantes de narrar. La muestra se realizará durante el primer semestre de este año.



