Daniela Carrasco y Joaquín Eguren, editores de Queltehue: «Para que una editorial funcione bien, no tiene que ser una corazonada»

enero 23, 2026
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Queltehue Ediciones nació en 2018, con dos libros que financiaron ellos mismos. En estos siete años, el alcance de su trabajo ha ido creciendo: en 2025 recibieron la noticia de que dos de sus títulos –Cuerpos invisibles de Ignacia Godoy y Pulsión de tinta de Lorena Díaz Meza– fueron seleccionados en la shortlist del stand de Chile como país invitado de honor en la Feria del Libro de Frankfurt 2027. En esta entrevista, repasan la historia personal detrás del proyecto y develan su mecanismo de funcionamiento.

Se conocieron en la Universidad de Santiago en 2016. Daniela Carrasco, profesora de castellano, coordinaba el departamento de Lenguaje, y Joaquín Eguren, profesor de inglés, hacía lo mismo en su área. Él había participado en proyectos cartoneros que nunca se consolidaron y ella había hecho un diplomado en literatura infantil y juvenil. Ambos eran lectores asiduos de poesía. Por eso fue que en 2018 fundaron Queltehue Ediciones, que nació en una notaría de Estación Central.

Logo Queltehue Ediciones

Desde el comienzo se lo tomaron como una tarea seria. Se demoraron cinco meses en resolver los temas administrativos y después empezaron a trabajar en la publicación de sus primeros dos libros, que financiaron con sus ahorros. Las ventas de esos primeros proyectos permitieron la publicación de un tercero. Siete años después, su catálogo está conformado por 24 publicaciones que se dividen en cuatro colecciones: Puelche, de poesía; Camanchaca, de narrativa; Pikún, ensayo; y Waiwén, de rescate literario.

Aunque ambos están disponibles para apoyar las tareas del otro, tienen roles definidos: Joaquín se dedica al trabajo contable y administrativo, mientras Daniela se encarga de la edición. Separar roles fue una de las estrategias que permitieron que la editorial sobreviviera: cuando empezaron, Joaquín y Daniela eran pareja. El equilibrio funciona y el alcance del trabajo editorial también crece: el año pasado, sus títulos Cuerpos invisibles de Ignacia Godoy y Pulsión de tinta de Lorena Díaz Meza fueron seleccionados en la shortlist del stand de Chile como país invitado de honor en la Feria del Libro de Frankfurt 2027.

«Le pusimos Queltehue porque nos gustaban mucho las aves. Es un ave común que está en todo Chile y que es bien especial: cuida mucho a sus polluelos y pueden formar su nido en distintas partes, no necesita tantos requerimientos. Y las colecciones tienen nombres de viento. Nos interesaba mucho que el concepto fuera, si no único, al menos coherente. Eso nos dio un marco para nombrar las cosas y diseñarlas, nos permite volver al inicio. Uno siempre se cuestiona si estamos haciendo los libros que queremos hacer o si los libros van bien o no. No queríamos perdernos, por eso lo alineamos en base al concepto de un ave. Ahí ya podíamos tener la libertad de que los libros vuelan, de que están los nidos, de que hay viento. Ahí se articulaba», dice Joaquín esta tarde calurosa de enero en la que ambos integrantes de la editorial conversan con La Raza Cómica.

Raza Cómica (RC): Después de siete años llevando esta editorial, ¿sienten que ya tienen un andamiaje para funcionar? 

Daniela Carrasco (DC): Hemos aprendido y evolucionado mucho. Al principio, la edición que hacíamos no era tanto de contenido, a veces era más de acompañamiento al autor. Hemos hecho trabajos de edición fuerte, en los que participamos mucho en la edición del texto, y otros distintos, como en la colección de recuperación de autores, donde es más de actualización, con otro tipo de gráfica y otras particularidades, que también hemos ido aprendiendo. Yo creo que en cada colección hemos ido explorando y aprendiendo que se edita de forma distinta: la edición de poesía es diferente a la edición de texto, o la edición periodística con respecto a la de autores muertos hace 100 años, o la de narrativa con cuentos o con novelas. Creo que ha sido un aprendizaje durante el ejercicio. A mí me sirvió mucho hacer el Magíster en Edición en la U. Autónoma de Madrid. Antes de eso no habíamos hecho nunca un escandallo, y poner precios siempre es un tema. 

Joaquín Eguren (JE): Lo que sí hemos institucionalizado en el ciclo del libro es que al momento de firmar el contrato les pedimos fotos, audios, que estén presentes en ciertas ferias, que respondan entrevistas. Eso no lo teníamos antes.

RC: ¿Qué valor le ven al trabajo editorial en el panorama actual?

JE: Una reflexión que se nos da en este último tiempo es que las editoriales van a tener más valor en un contexto de inteligencia artificial. El otro día salió la noticia de que Amazon va a poner un límite para subir textos, porque existen autores que suben 20 libros al día: todo es IA. Creo que el factor humano va a tener que estar detrás de eso. Además, hemos visto muchos procesos de autopublicación… en algunos casos son exitosos, pero en otros el libro termina en Amazon y ahí no lo ve nadie. Es muy difícil para un autor nuevo hacerlo solo: requiere sí o sí de una editorial para estar en ferias o incluso postular a algunos financiamientos estatales. Esa parte, la humana, nos da tranquilidad. No nos hemos apresurado en el proceso, ha habido años que no hemos ganado fondos y, en vez de apurarnos por tener un libro rápido para recuperar fondos, redujimos la cantidad de tiraje, porque queremos mantenernos a largo plazo. 

DC: Para nosotros la editorial no es un negocio, nosotros trabajamos en otras cosas. Siempre hemos querido, como un sueño, poder vivir de esto…

JE: Pero en los últimos años la editorial es sustentable. 

RC: Eso íbamos a preguntar. Hay mucha gente a la que le gustan los libros que sueña, en abstracto, con tener una editorial –el sueño de la editorial propia, digamos–, pero qué implica en la práctica. ¿Cuál es la fórmula? ¿Cuáles son sus claves para que una editorial sea exitosa en términos de rentabilidad? 

JE: Primero, tiene que ser una persona muy disciplinada. También tener un colega en quien pueda confiar y que le dé la libertad de poder tomar ciertas decisiones. Nosotros esto lo hacemos en nuestro “tiempo libre”, pero en general son por lo menos dos o tres horas de trabajo todos los días: hay que estar mirando fondos, respondiendo correo, revisando postulaciones, y es un proceso que no se detiene nunca. Para que una editorial funcione bien, no tiene que ser una corazonada. Al inicio, quizá, puede ser una corazonada, pero después tiene que haber un trabajo sistematizado, con roles claros, y que también el equipo responda. Yo diría que la clave, más allá de tener un círculo literario que te apoye, es la regularidad de los procesos. También ser realista: nosotros, si bien tenemos un catálogo más o menos grande, nuestro tiraje máximo de un libro han sido 700 ejemplares o uno de 500 que hemos reimpreso cuatro veces. Es una magnitud pequeña, entonces hay que intentar mantenerlo en un circuito en el cual tú puedas responder y que al mismo tiempo te dé espacio para seguir avanzando sostenidamente. Y también es importante no perder de vista que es un negocio: la editorial vive de los libros y sin venta no va a haber más proyectos.

DC: Al inicio, la editorial fue un gasto que nosotros asumimos como cualquier empresa. Sabíamos que había que invertir y ponerle plata si queríamos que creciera. Los primeros dos libros que sacamos fueron con plata nuestra, después se empezaron a vender y con eso imprimimos el tercero. Siempre hemos separado: esta plata es de la editorial, esta otra plata es nuestra. Si mezclas tus platas con las platas de la editorial porque el negocio es personal, entonces se te desvirtúa todo. Y luego avanzar en pequeños pasos hacia ir formalizando más el tema. Por ejemplo, cuando ya llevábamos uno o dos años nos unimos a Editoriales de Chile, que es una cooperativa. Después, en algún momento, nos abrimos a distribuir, porque hasta 2022 o 2023 nosotros distribuíamos en las propias librerías. Estábamos en dos o tres librerías, que eran amigas, y al final pensamos en lo que era más apto para nuestro catálogo, que es chiquitito. Desde ese año que estamos con Libros del Amanecer, una distribuidora de poesía y de libros que van en nuestra línea. Si bien la distribuidora recorta harto y la librería recorta harto, igual nos llega algo, y yo le digo a Joaquín: es mejor que sea algo constante y que los libros se vean, que estén, que circulen. ¿De qué te sirve un libro guardado en una bodega? Al final, la idea de editar y publicar libros es que los libros circulen. 

RC: ¿Fue una decisión editorial desde el principio que la editorial siguiera, sin importar lo que pasara entre ustedes? ¿En ningún minuto alguno de ustedes dijo «quédate tú con la editorial y yo me salgo»? 

DC: A las complejidades normales, súmale que nosotros éramos pareja. Cuando nos separamos, tuvimos nuestros problemas y discusiones, y en su momento yo le dije a él que se quedara con la editorial, porque la veía como una carga de trabajo más, adicional a nuestro hijo. Joaquín me dijo que teníamos que seguir los dos y que podíamos hacerlo porque cada uno cumple un rol distinto, aunque de a poco hemos ido tratando de complementar, sobre todo en la parte de la edición. 

RC: Y cuando empezaron a buscar su portafolio de autores, ¿qué buscaban? ¿Qué libros querían hacer?

JE: Teníamos dos requisitos: que fueran autores noveles, es decir, que no tuvieran ninguna publicación en físico presente en el mercado chileno, y que fueran de temas que denominábamos nosotros como «contemporáneos». Queríamos trabajar esa transición entre la juventud y la adultez. Lo que hicimos fue pensar en los talleres en los que habíamos estado nosotros, a ver si había algún autor ahí, o le consultamos directamente a escritores conocidos nuestros que hacían talleres. Eso fue al inicio. Igual hicimos convocatorias, pero después ya llegó un momento en que no fuimos a buscar nosotros, sino que llegaban acá o eran textos que veníamos trabajando desde antes. Yo diría que para los primeros cuatro o cinco títulos fue así, y después ya se fueron acoplando a lo que queríamos nosotros. 

DC: Después llegaban textos o llegaban recomendaciones. También nos pasó que conocíamos a alguien, a otro editor o alguien que escribía, y esa persona nos decía “oye, yo conozco una escritora”, “conozco un autor que no ha sido publicado”, hubo mucho de “boca a boca”. Hemos querido volver a abrir convocatorias, pero nos abruma tener que revisar 100 o 200 manuscritos, porque la lectura es difícil cuando son dos personas las que llevan la editorial.

JE: Nosotros pedíamos 10 páginas y un “proyecto de libro”.

DC: Nos gusta que los textos que vamos a elegir para ser publicados tengan una línea, un alma. Siempre hablamos de “proyecto de libro”: no queremos que sean poemas sueltos ni una antología de poemas o cuentos que tenían guardados ahí, sino que haya un hilo conductor, que esté contando algo detrás de esa historia: un concepto, una idea, una forma de vida o lo que sea. 

Autores de Queltehue Ediciones / Gráfica realizada por Queltehue Ediciones

RC: A partir de las entrevistas a las autoras que ustedes han publicado, pareciera que van siguiendo premiaciones, concursos, proyectos que tal vez quedaron en una fase final de algún fondo pero no clasificaron. Cuando los libros se acercan a su línea editorial, ¿ha sido una estrategia para publicar? 

JE: Catalina Tamar había ganado el Roberto Bolaño en poesía, pero fue ella la que nos escribió a nosotros, y la verdad es que estábamos un poquito dudosos…

DC: Nosotros siempre tratamos de publicar por lo menos un libro al año de poesía, porque es lo que más nos gusta y es lo que amamos, pero la poesía es un género que vende poco. Ya teníamos cerca de 10 libros de poesía, pero decidimos darle un espacio. Pensamos en una portada que podía quedar bien y encontramos que podía aportar al catálogo.

JE: Y fue súper interesante, porque yo me junté con la Cata y le pregunté por qué quería publicar con nosotros y si había enviado su texto a otra editorial antes, y claro: lo había mandado a otra editorial, pero le cobraban por revisarlo. Después había otra que tenía los títulos copados hasta el 2030. 

DC: Y con Jessy Chamorro-Salas nos conocimos trabajando, pero ella había publicado en Sangría, que es una editorial que ya no está en Chile. Ella había quedado finalista en el Premio Municipal de Literatura en 2022. Me mostró los textos y fue lo mismo: nos pareció interesante.

RC: ¿Y hay un énfasis en que las autorías fueran mayoritariamente de mujeres?

DC: Lo hicimos a propósito, porque en un inicio eran puros autores hombres y en un momento tuvimos la conversación de buscar autoras, pero ahora estamos equilibrados.

JE: Por ejemplo, en la colección de rescate ahora vienen tres hombres, pero la que postulamos de nuevo trae tres autoras. Ahí lo vamos balanceando. A nosotros nos gustaría que hubiera paridad en el catálogo y en general yo diría que nos llegan más textos de mujeres. 

DC: Pero es variado, porque los manuscritos que llegan al correo para preguntarnos si los podemos publicar en general son hombres.

JE: Sí, pero yo creo que los hombres que nos mandan correos nunca han visto nuestro catálogo, porque mandan puras cosas que yo digo «esto no tiene nada que ver». 

RC: El otro día leímos una entrevista a un autor español donde decía que se había encontrado, a lo largo de su carrera, con que los clubes de lectura eran mayoritariamente de mujeres, pero que en los talleres de escritura con orientación a la publicación en general habían más hombres. Él pensaba que era una cosa de género: a las mujeres les interesaba conversar y escucharse, mientras que los hombres sólo querían publicar. 

DC: Y las mujeres también son más receptivas cuando uno las edita. En general, me ha pasado que con nuestras autoras hemos trabajado mucho conversando los textos y son muy receptivas a la crítica, de hecho quieren que las editen, que el texto crezca, y están receptivas a recibir la opinión que uno tenga como editor. 

RC: ¿Cómo ven el panorama de las editoriales independientes y cómo se ven a ustedes dentro de él? Sobre todo en este momento político, previo a un cambio de gobierno de ultraderecha.

DC: Al igual que en la pandemia, nuestra meta es mantenernos: si hay que publicar menos, publicaremos menos, pero pensamos que quizás haya que mesurar los proyectos en los años que vienen, que ojalá sean sólo cuatro. Está difícil, igual. En Editoriales de Chile igual hay temor, diría yo. Al menos en la Furia se sentía esto de “¿Qué vamos a hacer?” “¿Qué va a pasar?” “¿Qué va a pasar con los fondos?”, porque muchas editoriales viven o se mantienen gracias a los fondos. Nosotros, de alguna manera, también esperamos los fondos. Podemos mantenernos, pero también dependemos un poco de eso. 

RC: ¿Pero vieron un crecimiento en estos últimos años que tal vez se ponga un poco en jaque en esta coyuntura?

JE: Sí. Siendo muy sincero, yo creo que en estos cuatro años tuvimos una oportunidad de crecer como conjunto, pero no ocurrió. Y no lo asocio a la gestión del Ministerio de Culturas, para nada, creo que tiene que ver con la organización colectiva, con que falta profesionalización y oportunidades de crecimiento. También siento que a veces las editoriales somos un poco celosas de lo que vamos a hacer y caemos en una competencia, pese a que no siempre nos movemos en el mismo campo. Creo que nos farreamos la oportunidad entre todos: falta comisión, falta diálogo, falta articulación.

RC: Si ampliamos la mirada a los últimos 10 años, es evidente que hoy día es un momento mucho más fuerte para las editoriales independientes que para las editoriales grandes, es cosa de comparar la FILSA con la Furia. ¿Ustedes se sienten parte de ese fenómeno?

JE: Concordamos con que hay un boom de las editoriales independientes, que hay muchos trabajos y muchos libros que están preciosos, espectaculares, pero también pienso que las editoriales independientes están en un proceso de reflexión, que quizá saturamos algunos temas y estamos mirando para dónde ir. Estamos justamente en ese momento de cuestionarnos qué es lo que hemos estado publicando hasta ahora y qué es lo que viene, no en términos de género, porque vamos a seguir publicando poesía, narrativa y rescate de autores, sino en cuanto a lo temático. Creo que estamos en un momento a nivel país en el cual se van a empezar a cuestionar muchas cosas que varios de los libros que hemos publicado también se cuestionaban: de nuevo se van a cuestionar los roles de género y otros temas ideológicos que están en nuestros textos.

DC: Hay que empezar a ver qué libros potenciamos y qué libros van a seguir interesando al lector. Creo que va a ser un momento en el que todos los que estamos en los márgenes vamos a empezar a buscar espacios para encontrarnos y uno de esos espacios es la literatura. Vamos a encontrarnos en la literatura para reflexionar, para hacer comunidad, para mantenernos conectados. Va a ser un momento en el que la literatura va a cobrar más relevancia. 

«Cuerpos Invisibles» de Ignacia Godoy, libro seleccionado para la shortlist de Frankfurt

RC: Hace poco dos de sus títulos fueron elegidos para la shortlist de Frankfurt. ¿Qué significa para ustedes? ¿De qué manera los impulsa?

JE: A nosotros nos gusta que nos lean y creemos que hay poca crítica literaria en Chile, entonces nunca estamos 100% seguros de nuestros libros. Sabemos que los podemos maquetar, diseñar, editar, pero nunca sabemos cómo va a ser la reflexión posterior, y en general la experiencia lectora es un tópico difícil de estudiar. No hay una transición más allá de los clubes de lectura o los talleres que hemos hecho en colegios. Ahora, qué significa para nosotros… En términos monetarios, tenemos que ver si alguien quiere comprar los derechos, no va acompañado con un premio económico ni nada de eso, pero tiene un valor más profundo: nos viene a decir que el proyecto está bien y que lo consolidemos. Además habíamos ganado ciertos fondos del libro, lo que también nos daba cierta seguridad. Ahora queremos pasar a una nueva etapa y para eso estamos intentando el tema de los derechos de autores extranjeros, que tienen agentes literarios que cobran muy caro. También nos gustaría poder participar en ferias en el extranjero, como la de Buenos Aires.

DC: Y lo de Frankfurt creo que también viene a mostrarnos que es necesario que los textos circulen ya no solo en Chile. Quizá no todos, pero sí algunos podrían funcionar bien en otros países, y claro, nuestra intención es empezar a postularnos a otras ferias, como Buenos Aires o México. Creo que son temáticas transversales a todos los países.

JE: Y algo que tienen esos textos es que, si bien tienen una temática bien marcada, no son explícitamente un objeto que busque adoctrinar. Eso está pensado, es muy de profe. Nosotros lo hemos pensado en talleres, donde el descubrimiento va a través de la palabra y desde ahí se puede hacer el andamiaje. Eso ha sido una impronta, algo que ha estado muy claro desde el inicio: la idea es desarrollar el pensamiento crítico, pero el pensamiento crítico no es adoctrinante, eso es lo que hemos querido lograr con los textos. 

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