Tinta Negra: diez años de hacer libros desde el sur del mundo. Entrevista con Editorial Tinta Negra
¿Cómo nace el proyecto y línea editorial de tinta negra como microeditorial? ¿Qué integrantes la componen hoy?
Tinta Negra surgió hace 10 años en Santiago, fundada por Estela Morales como una iniciativa editorial que buscaba autopublicar su trabajo como artista visual y publicar a otres artistes visuales en formatos pequeños, accesibles, dialogantes entre el papel y las artes visuales.
Cuando Estela vivía entre Santiago y Valdivia, egresada desde hace poco como artista visual de la difunta universidad Arcis, buscaba plataformas para difundir su trabajo como ilustradora y tatuadora, pero que también, estaba íntimamente relacionado con sus trabajos como artista visual y performance, descubrió que el medio editorial podía unificar distintas formas de leer y de grabar, así nacío “Estudios del paisaje I” su primer fanzine e iniciador de la editorial. El nombre “Tinta Negra” hacía alusión a eso, a la tinta negra de los tatuajes y a las publicaciones ochenteras de comiqueros under.
Desde un inicio se planteó como pregunta en torno a la relación entre el libro y las artes, y cómo sus materialidades y propuestas de diseño podían hacerse cargo de ello, pensando ya la publicación como un pequeño objeto y experiencia de lectura. El año 2018 volvió Estela a Valdivia y también entró Martina Pedreros a la editorial, primero como autora y luego ya como editora el año 2020, completando así el equipo que conformamos hoy. A la fecha llevamos más de 15 publicaciones, entre fanzines, fotolibros, novelas, poemarios, libros de artista, libros objetos, entre otros.
¿Qué relación tiene la colectividad “club de estampa” con los proyectos que nacen de tinta negra?
Club de Estampa -hoy Cooperativa de Trabajo Exploratorio de Artes y Oficios- es una hermosa red de amistad, cuidado, activismo y creatividad nacida el año 2021, en plena pandemia, primero como lugar de exploración y creación colectiva, y luego como colectividad con proyectos aunados en un mismo espacio de taller. Actualmente Club de Estampa lo conformamos 8 mujeres y disidencias, donde confluyen también distintas iniciativas y proyectos personales relativos a las artes y oficios, entre los cuales está Tinta Negra. Este cruce de proyectos, saberes y quehaceres nos ha nutrido mutuamente, permitiendo que muchos de los proyectos editoriales de Tinta Negra, realizados en el taller de Club de Estampa, incorporen el trabajo de las compañeras en sus procesos, sea en la costura de los libros, en la estampa de sus hojas, en el registro fotográfico de estos, etc. Además, desde el 2025 somos una cooperativa de trabajo donde la duplicadora RISO es parte fundamental del diseño de trabajo que se ha levantado en esta ampliación del taller gráfico a una pequeña imprenta. Allí se dialoga constantemente entre las compañeras operadoras de la RISO en todas sus fases (cotizaciones, recepción y preparación de los archivos, impresión, entre otros), y todo lo que implica una vinculación editorial de la propuesta, donde puede entrar también el trabajo de acompañamiento del proyecto, ya como editorial.
Es muy linda esta sinergia, pues hemos podido no solo publicar libros donde las manos de las compañeras del Club están, sino también fanzines, manuales, propaganda, y afiches nacidos desde otras colaboraciones territoriales, que es también el propósito de la red del Club en su visión sensible respecto a problemáticas sociales, territoriales y globales.
¿Qué sensibilidades buscan en sus autoras para que su proyecto sea seleccionado a través de tinta negra? ¿Qué miradas busca la editorial al seleccionar narrativas, ya sean visuales, poéticas o literarias?
Nos interesan autorías que habiten el sur de Chile o que estén lejos de la metrópolis, incluso dentro de la ciudad. Hemos publicado, por ejemplo, la obra de una autora que es de Puente Alto, pero su trabajo sigue estando fuera del centro, son cosas que de todas formas se pueden apreciar en sus obras. En su mayoría, nuestrxs autores son de provincia, habitantes del sur del Bío Bío y su sensibilidad está puesta en una mirada descentralizadora. Nos interesan las obras -independiente del tipo de texto sobre el que se construya- que perciban la naturaleza de forma particular, con preguntas y observaciones sobre qué implica habitar estos territorios, sus memorias, sus heridas; así como la conciencia sobre naturaleza, el clima y lo vivo que nos atraviesa e incluye. Creemos que es inevitable que no surja en las obras una mirada puesta en ella, por eso nuestra sensibilidad y mirada editorial coincide con el ecofeminismo y el transfeminismo. Lxs artistas que publicamos en su mayoría están cerca de eso, sin ser un requisito el profesar ninguna militancia, mas sí poder leer esa sensibilidad en sus obras.
¿Cómo se relaciona Tinta Negra con su territorio sabiendo que la materialidad de sus libros nacen desde Ainilewfu, ciudad de los 9 ríos?
Como TN nos definimos como una microeditorial, nuestros tirajes son máximo de 300 ejemplares, incluso cuando trabajamos con imprentas no realizamos tirajes más altos porque implican una serie de cosas que obligan a insertarnos en la industria del libro como tal. La decisión de conformarnos como microeditorial responde a poder decidir con conciencia el uso de materiales y la forma en que diseñamos, incluso confeccionamos los libros. Entendemos que el papel viene de los árboles y creo que respetamos e intentamos que sea visible. Utilizamos papeles reciclados en su mayoría, o industriales con certificación medioambiental, y también artesanales. También decidimos la forma en que utilizamos las tintas, sobre todo cuando imprimimos nosotras en nuestro taller, dado que trabajamos con una multicopiadora RISO cuyas tintas están elaboradas en base a arroz y soya. La misma máquina nos obliga a escoger papelería sin plásticos. Estamos lejos de utilizar papeles brillantes o fotografías HD, y eso se evidencia en la materialidad de nuestros libros. Nos gusta una materialidad opaca y rústica por decirlo así, en la medida que el proyecto lo amerite, y esto también va de la mano con procesos manuales de confección que siempre posibilitan que cada libro sea un objeto en sí mismo… sea desde su papelería, hasta el trabajo con materialidades propias de la zona, como con algas y bioplásticos, como en la publicación del fotolibro Úvula.

¿Qué desafíos enfrenta la tinta negra dado el avance del neofacismo a nivel mundial?
Creemos que los desafíos de Tinta Negra no son muy distintos a los desafíos de lxs artistas en general, sobre todo del Sur Global. En el campo editorial, en particular, publicar implica una responsabilidad con lo que deseamos decir, hacer público, con visiones y prácticas que creemos que necesitan ser leídas, y en el escenario que nos encontramos parece que urgiera más que visiones levantadas desde la amorosidad, la cooperación, la defensa de los DDHH y de la Tierra, tengan relevancia discursiva.
Es un hecho que el fascismo avanza sin ninguna limitación y en todos los territorios. Que este neofeudalismo digital es el escenario donde la performance de la validación del poder se da en el monopolio de la información, y donde también la cultura parece más que nunca ser una trinchera de resistencia crítica, de abordaje de la pregunta por “la verdad” que consumimos en esta construcción de la experiencia mediante algoritmos. Ante el escenario mundial, siempre es importante que miremos dónde estamos situadas y desde allí seguir tejiendo redes, colaboraciones, discursos visibles en nuestras prácticas.
La autogestión ha existido siempre, y no son espacios competitivos sino que existen por la cooperación mutua, y si se retrocede en políticas culturales precarizantes, sabemos que seguiremos activando respuestas creativas para defender el derecho a crear. Porque trabajar en cultura parece ser una constante defensa de ello. Es hermoso y conmovedor sabernos pensantes y sabernos -aún con la impunidad con la que se inventan guerras desde poderes económicos indiferenciados de los políticos-, que somos muchas personas a nivel mundial que estamos creando desde la urgencia de hacer ver y desde la convicción de que las expresiones artísticas son espacio de expresión, denuncia, transformación y, sobre todo, de construcción de memorias. En ese sentido, internet también nos acerca a proyectos afines y nos permite mirar prácticas admirables en otros territorios y que inspiran a seguir creando.
¿qué proyecciones tiene la editorial para estos próximos años?
Nos gustaría proyectarnos no solo como una editorial impresa, si bien amamos imprimir, nuestras obras y nuestros artistas suelen tener una basta producción que va más allá de lo imprimible. Nos gustaría levantar un proyecto sonoro que exponga ese otro lado de las obras, en la mayoría de las publicaciones que ya existen, hay una dimensión sonora que se expresa generalmente en los lanzamientos. Tenemos archivos de audio que nos gustaría compartir. En ese sentido, hemos aprendido y nos hemos nutrido un montón de la interdisciplina y de los universos que cada artista nos ha regalado en los despliegues de sus obras. Entendemos que el libro es un soporte, pero que hay muchos más y que sus diálogos y lecturas siempre van a ser expansivos y muy creativos.
¡Este año cumplimos 10 años y por supuesto deseamos seguir publicando! Por lo pronto, este primer semestre publicaremos la segunda edición de Performance de la sangre y un pequeño librín llamado Un puñado de espuma, de la poeta y editora Gabriela Balbontín. Por cierto, siempre seguir conociendo a más artistas y amigues, ojalá no solo del sur de Chile, si no de cualquier suralidad.




