Marcos Meza y su disco “Ecos”: contrario a la velocidad del mundo

marzo 25, 2026
-

El pianista Marcos Meza presenta «Ecos», un disco que a través de nueve íntimas piezas para piano solo, sirve de testimonio de una década de residencia en Berlín, y a la vez cierra un ciclo de investigación, estudio y reflexión en torno a la música neoclásica, folclor chileno y jazz.

Diez años de residencia en Berlín, un puñado de discos publicados, colaboraciones e incursiones con diversos géneros musicales, son parte de las experiencias vitales que el pianista y compositor chileno Marcos Meza plasma en Ecos, su nuevo disco. 

Fundador de proyectos como la premiada banda experimental jazz/rap/rock Cómo Asesinar a Felipes, el artista ha ejercido como músico, compositor o arreglista en los terrenos del pop, jazz o electrónica. También ha aportado con música para cine y TV. Su trabajo como arreglista en el disco Tu historia, obra de la cantautora mexicana Julieta Venegas y producido por Alex Anwandter, fue merecedor de un Grammy Latino. 

Discos recientes de su autoría como Suite no hay escape (2020) y Piano reveries (2023), dan cuenta de sus inquietudes y amplitud de criterios, a la hora de abordar las dinámicas y capacidades tímbricas del piano. 

En los últimos años, durante su larga estadía en Berlín, decide tomar clases con la profesora rusa Tatjana Komarova, quien por dos años actúa como su coach musical en materia de música neoclásica. Sus estudios formales previos en piano popular y jazz, además de sus variados intereses y curiosidad, lo impulsaron a realizar un proceso de análisis en cuanto a influencias y propósitos. 

«A través de este proceso largo y minucioso, observé todas las influencias que hay en mí, que tienen que ver con las cosas que he hecho, con la gente que me he topado en el camino. Desde música clásica, que aprendí cuando chico porque tuve clases de piano con una profesora polaca. Después me metí en el hip-hop, como a mis 14 años, luego entré a estudiar, conocí el jazz. Los estudios en la universidad me abrieron puertas a proyectos más pop, más rockeros, y ahí me abrí a distintas ramas musicales», dice Marcos Meza al describir parte del camino que lo llevó a dar forma a Ecos.

Según el músico, este nuevo trabajo se enmarca en tres grandes influencias: música clásica moderna, principalmente impresionista, jazz y folclor chileno, especialmente tonadas. Nueve piezas para piano solo que escapan de la frivolidad y vértigo de los algoritmos, para proponer una música pausada y reflexiva. 

Un disco que también es un homenaje a su historia familiar, ya que buena parte de las melodías que se escuchan en Ecos fueron pensadas o concebidas en visitas a la casa familiar de sus padres en San Esteban, cerca de Los Andes. Aflora entonces un interés genuino por profundizar en la música tradicional chilena, al mismo tiempo tomar inspiración desde el valle central chileno. 

Portada Disco ECOS -Marcos Meza – 2025

—¿Qué tan importante es el paisaje cordillerano y lo familiar en este disco?

Cada vez que volvía a la casa de mis padres en Chile aprovechaba de crear, armar material para luego trabajar de regreso en Berlín. Entonces muchas de esas melodías están inspiradas en ese lugar, por las montañas, por el valle central, por los distintos festivales, las tradiciones que hay ahí. Y por razones de la vida, ese lugar ya no existe más para nosotros, porque mis papás, por razones de salud y otros asuntos, tuvieron que retornar a Santiago. Entonces este trabajo también es un homenaje a ese proceso, a esa parte de historia familiar, que fueron como 20 años. 

—Aunque pausadas todas, cada pieza en el disco conmueve de manera distinta.

Todas tienen distintos elementos, o más marcados. Unas son más jazzeras, otras más clásicas y otras más populares. Y básicamente están muy conectadas con mi proceso en Berlín. Creo que todo lo que venga en adelante va a ser un efecto rebote. En el sentido de que ahora sí yo creo que, después de haber hecho este proceso de estudiar, aprender y darme el tiempo de ir a fondo, sobre todo en cosas de escritura, de cómo piensan la música los compositores más doctos. Seguramente volveré a experimentar y hacer cosas más jugadas, en los próximos discos. Esto lo siento como la cúspide de estos diez años en Alemania. 

—Es un disco de mucha reflexión también…

Otra cosa importante es que fue como una terapia. Tatjana Komarova fue una coach musical, como una productora musical en el piano. Entonces es un momento de mucho autoanálisis, en el fondo descubrir quién soy artísticamente, y creo que eso me ha ayudado mucho a echar raíces a nivel musical. Siempre he colaborado con gente y anclándome a lo que otros artistas son. Tratando de ayudar y darle forma a otros proyectos. Pero este proceso me ha ayudado a entender qué quiero decir. Qué melodías y acordes son los que me pertenecen, qué historia es la que me pertenece. Y dónde pertenezco en el fondo.

—Creo que hay una intención de ir en la dirección contraria al mundo, escapar del vértigo. ¿Es una declaración de intenciones?

Yo diría que sí, pero no de manera tan consciente, o de una manera tan contestataria. Más bien responde a un proceso personal, natural, que tiene que ver con mi vida en Berlín, mis primeros años supongo. En ese momento estuve súper influenciado por la música electrónica, me interesé mucho. Compartí con músicos electrónicos que construyen instrumentos, que van a lugares donde sucede esa música, ya sea en fiestas, festivales o ferias. Hice tres discos en esa línea: Universo paralelo, Four rituals con Paulo Sapiain y Piano reveries, que también está hecho con electrónica. Después de varios años en esa dinámica, sentí la necesidad de volver a trabajar la música de una manera más íntima, no tanto con los objetos, sino más bien observar y procesar lo que estaba dentro de mí, las melodías.

—Como un acto reflejo de madurar…

Supongo que tiene que ver también con mi edad, mis cuarentas, mirar de una manera un poco más amplia, con cierta perspectiva las influencias, el camino recorrido. Me quise dar un tiempo para observar eso, con cierta profundidad y ver qué iba apareciendo. Y hacer este disco a mano, con papel y lápiz, un piano de madera. Y prepararme para poder tocar esta música de la mejor manera posible. Eso me exigió estar muy ensimismado y atento a cuáles son mis capacidades y mis limitaciones. Al menos para mí esto es algo que la música electrónica no te exige. La electrónica tiene una cosa más lúdica, más de improvisar, de cosas que suceden al azar o sonoridades que nunca pensaste que podían existir. Uno graba nomás y es maravilloso. Pero el trabajo previo, de observación, por lo menos para mí, se me hacía muy importante hacerlo. 

Música e identidad chilena 

Aunque Marcos Meza visita Chile con cierta regularidad, ya sea para reunirse con amigos o familia e incluso para tocar con sus antiguos compañeros en la música, no puede dejar pasar el hecho de que una década de residencia en Alemania, además de otorgarle perspectiva y profundidad a la hora de componer, lo ha llevado a reflexionar e incluso a cuestionar lo que nos constituye como chilenos. O a la imagen que existe sobre ser chileno en el exterior, al menos en cuanto a la cultura y a la música. 

«En el exterior inevitablemente hay que decir lo que uno es, que es lo que uno hace y cuál es tu sonido. Si dices, yo soy músico chileno, soy pianista, te dicen ‘bien toca algo chileno’. Y sí, uno puede tocar una cueca o algo, pero tampoco es tan así. Es una cazuela, los chilenos somos como una cazuela. En ese sentido es muy importante hacer un trabajo de investigación, en mi caso de tomarme con más responsabilidad el tema, investigar a mi familia, preguntar. Ver de dónde vienen las cosas, para tener fundamentos un poquito más sólidos respecto a lo que hago, lo que quiero decir», dice el músico.

Marcos Meza

—En la práctica ¿cómo se vive y experimenta la identidad chilena o algo parecido a eso tras varios años fuera de Chile?

Uno tiene la posibilidad de mirar con más distancia todo y eso te da una perspectiva que cuando uno vive en el país, no te das cuenta. Para mí la identidad tiene una estrecha relación con la continuidad. Cuando hablo o pienso en identidad me pregunto qué quiero mantener, cuáles son los elementos que me configuran como ser humano dentro de una sociedad, y cuáles de esos elementos quiero mantener y cuáles no. Cuáles son los que me aportan en mi relación, en este caso, con la música, con el arte. Porque ser artista finalmente tiene que ver con ser honesto con uno mismo y tratar de entenderse uno mismo.

También hay muchas cosas que uno aprende en el camino, que son muletillas a veces, cosas que uno adopta por supervivencia, por tener que mostrarse más firme frente a otros, frente a colegas o al sistema. Y estando fuera de Chile como que uno se ve más libre de todas esas cosas, uno empieza a entrar en preguntas más sencillas, pero al mismo tiempo más difíciles, que tienen que ver con “qué quiero decir”. Fuera de Chile he aprendido a ser más humilde, supongo, o a ser un poco más cariñoso conmigo mismo, respecto a mi arte, a la manera en que me relaciono con la música. 

—Chile es un caso especial…

En el caso de Chile se produce un fenómeno raro, creo que tenemos una manera muy competitiva de ser artistas, como muy ‘yo soy el mejor’. O mejor que otros. Supongo que eso viene dado por la colonia, por la historia de cómo han sido las cosas en Chile puntualmente. Y también porque Chile está muy alejado, es una isla que está al final de Sudamérica y por así decirlo al final del mundo. Entonces pasa que no hay una identidad muy clara chilena, si tú le preguntas a cualquier persona fuera de América, a mí me ha pasado, el 70% la gente no sabe qué es Chile o dónde queda Chile. 

—Una especie de cazuela, tal como dijiste

Y si tú le preguntas a alguien cómo suena la música chilena, no existe ningún referente, no hay un parámetro. Lo único que hay en Alemania, porque hay una similitud a nivel político, es cierta claridad que hubo una dictadura y que hay bandas que están asociadas a ese fenómeno. Pero no hay una imagen o un sonido claro que tenga que ver con la cultura matriz chilena, como que no hay un sonido. Y creo que eso es difícil como artista, viviendo en el extranjero.

—Ha sido un proceso de análisis junto a la creación de la música…

Y a propósito de identidad, algo que aprendí también con este proceso, es que el arte debiera hacerse amigablemente, de manera fraterna, de manera respetuosa, con una intención de entendimiento de unos con los otros. De intercambiar conocimiento. El arte debe ser una instancia de abrirse, de mostrar y compartir lo que uno tiene. Y pareciera ser que las sociedades que son más amigables en ese sentido, tienen una cultura más viva, más orgánica, más clara y poderosa. Pareciera ser que los países que están más en conflicto, que tienen más odio, que ponen una barrera social, como Chile, ocurren estas fragmentaciones, en que el arte no puede penetrar en las distintas esferas sociales porque no hay fraternidad. 

—Crear este disco ha sido una manera de saber qué decir…

Este trabajo sin duda tiene que ver con eso, yo diría que es como una tesis, es como un trabajo de título. Donde en el fondo investigué las influencias que me configuran como músico, las traté de procesar, analizar, desmenuzar. Y las plasmé en esta obra. El proceso me permitió darme esa posibilidad, de profundizar y observar, para luego tener algo que decir. Algo genuino, algo propio. Esa es la importancia que tiene para mí Ecos. Y no son todos mis trabajos así. Lo más probable es que en el futuro haga otro disco, que quizá no tenga esa dimensión, quizá sea más como un juego, simplemente explorar. No necesariamente tener esa gravedad, esa profundidad. Pero este disco sí me lo planteé desde ese lugar.

Ecos se puede escuchar en:

Bandcamp

https://marcosmeza.bandcamp.com

Spotify Marcos Meza

ARTÍCULOS RELACIONADOS