Activar archivos: un diálogo con Romina Resuche
«El archivo para nosotras es verbo, es acción, es llenar espacios de silencio, es excavar, documentar, mediar, invocar, hacer talleres, entrevistas, encuentros, crear exposiciones, publicaciones, videos y contenidos. Apostamos a que lo más significativo es que los archivos se activan al relacionarse con las artes, y viceversa».
Estas palabras las leímos en voz alta en 2021, durante el seminario Archivos del Común IV en el Museo Reina Sofía. Eran una forma de reflexionar sobre nuestra práctica en el colectivo Arde, una ruta que trazamos desde 2017. Hoy, esa idea de activar el archivo sigue siendo nuestro principio fundamental: no solo recolectamos y guardamos; nos preguntamos cómo crear comunidades y despertar conversaciones en el presente.
Bajo esa premisa nace Activa y Archiva, un proyecto con el que buscamos profundizar en estas lógicas. Durante 2025, desarrollamos colaboraciones con artistas, investigadorxs y amantes del archivo. Así llegamos a la curadora argentina Romina Resuche, gestora de la plataforma Archivos y Activaciones, a quien invitamos a escribir un texto para pensar preguntas clave: ¿Qué hay detrás del gesto de «activar el archivo»? ¿Por qué los archivos parecen hoy más vinculados al presente que al pasado?
La invitación es a intentar poner en palabras esto que venimos practicando, cada una desde su proyecto, a uno y otro lado de la cordillera.

Apagar la máquina
por Romina Resuche
Parte 1
Trabajar con archivos es acariciar la historia, rasguñar partes, lamerle otras. Los archivos se profanan, se intercambian, se materializan, se reubican, retornan, se destruyen, quedan huérfanos, se desarchivan. Son una excusa para algo: reunir, intervenir, dislocar, traducir, actualizar, poner en acto, hacer.
Los archivos del futuro, si es que hay uno, serán aquellos que hayan pasado por nosotres, con nuestras intervenciones y mediaciones. Aquello que hayamos activado, ficcionado o friccionado.
Lo que nos sobreviva construirá imágenes, historias e imaginarios sobre lo vivido, o quizás nuevos archivos, con otros formatos. No sabemos la suerte de la materia, su salvaguarda no está exenta del destino que corren (genocidios, terricidios y pandemias mediante) muchas vidas. Ciertos archivos no pueden emanciparse cuando cambia el arconte.
Los archivos muchas veces se hacen para que su consulta llegue desde la academia, desde la legalidad o su falta: son papeles sobre papeles, documentos sobre escrituras y escrituras sobre documentos. Se jerarquiza a los usuarios de esa información (cito a la pensadora boliviana Virginia Aillón Soria) o se vuelve críptico su modo de abordaje.
Activar un archivo es la combinación de un término asociado a la acción, al presente, a la vida; con otro que refiere a lo quieto, a lo guardado, a lo dormido y quizás ordenado. Las activaciones habilitan otros campos de acción y de repercusión. Y a veces tienen más responsabilidad relacional que los archivos mismos (vueltos recurso para el movimiento necesario); con más peso político, ético y poético.
¿Qué es un archivo para cada une de nosotres? ¿Qué archivos conocemos? ¿Cómo fueron hechos y con qué? ¿Por quiénes? ¿Cuáles cuidamos (o post-custodiamos) incluso sin ser conscientes de ello? ¿Qué archivan esos archivos y qué hace que los nombremos así? ¿Cómo se accede a ellos? ¿Para que sirven? ¿A quién le sirven? ¿Tienen que servir?
Más allá -y más acá- del trabajo archivístico actual e histórico, que preserva, conserva, ordena, cataloga y guarda materia como prueba de existencias, de dichos, de hechos; mucho ha desaparecido, ha sido borrado, destruido a sabiendas o considerado como basura. Mucho ha sobrevivido, pero no se sabe dónde, y tanto más está escondido en cajones, bauleras, edificios oficiales, silencios vivos.
A veces el archivo nos puede ayudar a contar lo que alguien no ha podido decir. Otras veces la guarda de ciertos elementos habilita un mañana para clarificar los tantos. En algunas ocasiones los archivos, siempre incompletos y caóticos cuando se los acerca a la memoria, acompañan causas, hitos, revelaciones, reparaciones. A veces no tienen nada. Para algunes no es preciso que haya archivo.
Ante la imponencia de la palabra archivo, el sentido del desarchivo está desprotegido. Como acción o concepto, habilita pensar que hay una forma de hacerlo, que siempre es preciso, que nunca lo es, que no es tiempo aún, qué depende de qué archivo.
En un hoy destartalado, desequilibrado, desordenado, -afortunadamente tal vez- caótico: ¿cómo demandar a una serie de documentos que cumpla una función en su quietud?, ¿cómo pedirle que desobedezca la orden primigenia?, ¿cómo procurar ordenarlo nuevamente donde estaba, cuando algo se comporta en repetición, como la masacre o en divergencia (de material a inmaterial y viceversa)?, ¿qué archivan los cuerpos, las mentes, las manos que se ocupan de los archivos? ¿qué activan sus habitancias, sus relaciones, sus movimientos?

Parte 2
Lo que llamo activaciones de archivos son esas detonaciones, esas escuchas, esas quietudes que abren prácticas, y sobre todo las que abren a prácticas que por lo general no son las que ejercemos, las que ensayamos, las que imaginamos para nuestro hacer/sentir/pensar.
Ante algunos materiales que llegan a nosotres -o que nos encontramos o terminamos buscando- nuestras prácticas no alcanzan. Necesitamos otras que nos habiliten o nos hagan de puente a activaciones precisas. Operan la curiosidad, el compromiso, el capricho, la promesa, la resistencia, la insistencia y la decisión. También con quien nos cruzamos, de qué nos nutrimos, cuánto nos vaciamos.
En muchos casos alcanza con el intento. En otros no, y quizás por eso trascienden a los materiales (entendiendo por esto no solo las cosas, los objetos) y a los autores de las obras, a los protagonistas de las historias, a la Historia con mayúscula.
Siguen algunos ejemplos de activación desde y con prácticas artísticas. Proyectos y procesos que acompañé y otros que no, pero que me parecen ejemplos clave para abrir reflexiones. Son Imperial Ruso, de Paula Castagnetti; Bajo las banderas el sol, de Juanjo Pereira; y Alfonsina, el extraño caso de una confusiva, de Paz Marín.
1/
Paula encontró un cuaderno cuando una de sus abuelas murió. Tenía recortes pegados, notas que la madre de su padre (Nelly) había escrito y compilado en ese montón de hojas espiralado lleno de pedazos de periódico y anotaciones manuscritas con lapicera. Tiempo después, cuando estaba embarazada, pensó en el cuaderno. Su abuela no había llegado a ser su abuela. No coincidieron en vida para saludarse. Quiso conocerla. Acomodó el living de su departamento en la ciudad de México para que ocurra la cita. Cocinó el que le dijeron que era su postre preferido, ese que se la imaginó comiendo en el patio de la casa de San Telmo, en Buenos Aires. En este acto de encuentro se desarchiva una historia. Un registro en video, una performance, un texto, sonidos, palabras, un clima. Una pieza audiovisual que partió del interés de una actriz por provocar un acto psicomágico con las herramientas que tuviera y alguna otra. No era el cuaderno como objeto, sino como reservorio de muchos otros objetos, un posibilitador de historias, de revelaciones sobre una figura desconocida.
2/
No era un archivo propio, ni siquiera era un archivo. Era una búsqueda y de esa búsqueda, hallazgos, y un guion que intentaba tomar lo que se pudiera de 140 horas de registros audiovisuales, de piezas creadas para contar lo que promovían como logros quienes sostuvieron la dictadura militar de Alfredo Stroessner en Paraguay. El material de los movimientos del enemigo encerrado en películas y digitalizaciones albergadas en países de Europa, en colecciones de historiadores, en agencias de noticias internacionales. 35 años sostenidos de saqueos, torturas, explotación y asesinato y la estructura ideológica documentada, las campañas de impulso y propaganda y el disfraz del progreso en cintas y casetes, disperso por el mundo, inaccesible para su revisión crítica, para su uso ciudadano, para los trabajos de la memoria en un supuesto después. Una serie de filmaciones y otras cosas que no pueden considerarse archivo porque no están juntas más que en esta película.
La activación de Juanjo Pereira y el equipo que lo acompañó en las búsquedas, hallazgos y composiciones trastoca la condición de obra inscrita meramente en el universo de las artes, del cine, del documentalismo, de la historia. Poner en público y en relación lo que fue (y sigue estando) privatizado, lo que se escondió con fines tesoreros alejado de donde fue tomado. Crear un desarchivo que arma un nuevo archivo para la consulta pública, por supuesto incompleta pero extensible y visible, intervenida por un grupo de artistas con la intención de poner sobre la mesa lo que aún no fue horadado. Bajo las banderas el sol es una activación que jaquea incluso la idea de found-footage y arranca la piel de la hipocresía de las progresías que no alcanzaron a evitar el regurgite de fascismo en los sures y los nortes.
3/
Alfonsina, el extraño caso de una confusiva no es solo un libro. Es una serie de eventos, situaciones, performances, reuniones, rondas, invenciones. Paz Marín, danzarina y educadora, fue tomando hilos de su experiencia vital, relacionándose desde su singularidad. Así trazó un camino hasta elaborar una pieza que más que una representación teatral y performática, abrió lecturas y ejes mostrándose desde la multiplicidad de prácticas y resoluciones: objetuales, cromáticas, sonoras, somáticas. Antes de eso, encontró una foto entre sus álbumes familiares. La imagen de alguien que se le parecía físicamente. Preguntó quién era esa ancestra. Nadie hablaba de ella. Estaba loca, le dijeron. Loca era distinta.
No alcanzaba con reproducir una imagen o continuar un trabajo silencioso o solitario o solamente emocional. Había que bailarlo, reírse, compartir. De esa primera pieza surgió el encuentro y las conversaciones que la llevaron a iniciar encuentros entre mujeres y las fotografías de sus ancestras. Armó un dispositivo de escucha para explorar la pregunta: ¿cómo se teje el recuerdo de otres con la memoria personal? Indagando en los gestos corporales como posibilidad para ir develando lo que le pasaba a cada quien al escuchar la memoria de otrxs, entendiendo el gesto como un medio para compartir conexiones, sincronías, resonancias, puntos de fuga, nudos.
Lo que hacía Paz era vincular y dar lugar a las posibilidades de la memoria en presente. De ahí surgió la posibilidad de un libro, y para crear una ficción se juntó con un guionista y eligió una serie de imágenes robadas de internet, de álbumes propios y ajenos y armó muchísimas preguntas más. Sus herramientas como investigadora en pedagogías del movimiento le ayudaron, y para sumar más a la búsqueda asistió a las consultas semanales de rutina entre un grupo de psiquiatras y las personas internadas en un centro de salud mental activista de la desmanicomialización. Una vez armado el relato, se definieron detalles estéticos y matéricos. Y se decidió que el libro tendría dentro patrones que pudieran bordarse dentro del libro mismo. Luego hubo reuniones para bordar copias del libro que fue encuadernado por la Bresky, una organización de Valparaíso, Chile, dedicada a la inclusión laboral de personas con diagnósticos psiquiátricos.
Lo que gestó Paz se reveló no autoral si no coral y traspasó lo autobiográfico, plantando una propuesta de acciones entrelazadas, de posibilidades vitales, de encuentros y viajes, en el impulso de una obra que no cierra, ni termina; toma formas, se erige transformadora y transformativa. El documento propició una intimidad, que dio paso a la ficción para reunir y volver a esa reunión documento (actividad humana fijada en un soporte) Una sola fotografía de archivo activada en/con giros, interacciones, insistencias y resistencias.
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Romina Resuche (Argentina, 1975): Curadora, periodista, habitante de zonas ribereñas, caminante, escuchadora, artífice de la plataforma Archivos y Activaciones.
Arde, Colectivo de mujeres dedicadas a los archivos, compuesto por Pía Gutiérrez, Katha Eitner, Constanza Alvarado, Javiera Brignardello y Fabiola Neira. “La memoria ARDE, ARDE el archivo”.



