Tres cineclubes para ver películas y pasar el frío otoñal

abril 06, 2026
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Matías Saa Leal te trae tres picadas para acompañarte en este cambio de estación, junto a otros como tú, interesados en el cine. Cada uno con su peculiaridad, nos invita a conocer más de Ve DVD de verdad, Películas que vi escondida en mi pieza -ambos en el Centro de Cine y Creación (CCC), y Cineclub Viaje por el mundo en 12 películas, en Centro Arte Alameda.

El frío empieza a instalarse y, con él, también cambia la forma en que vemos cine. Más que refugiarnos en el streaming, aparecen alternativas donde la experiencia vuelve a ser compartida. Son lugares pensados para quienes no disfrutan ir solos al cine porque les gusta conversar de la película después de la función. También, para quienes quieren conocer gente nueva y compartir gustos cinéfilos o simplemente para ver películas que no están en cartelera.

Lejos de desaparecer, los cineclubes se reinventan: proponen otras formas de ver, de conversar y de encontrarse alrededor de una película.

Este recorrido reúne tres propuestas distintas, todas conectadas por una misma inquietud: sacar el cine de la lógica individual y devolverlo a lo colectivo. Desde el rescate de películas olvidadas en formato físico, pasando por visionados íntimos y personales, hasta un viaje programado por distintas cinematografías del mundo, estos cineclubes abren pequeñas grietas en la forma en que consumimos las imágenes.

Tres espacios, tres maneras de mirar, para pasar el frío del otoño viendo cine de otra forma.

1: Ve DVD de verdad, por Nicolás Vogt en cine CCC

Nicolás Vogt es periodista y estudió en la Universidad Austral en Valdivia. Hoy dirige el cineclub Ve DVD de verdad, que se realiza en el Centro de Cine y Creación, en el microcine ubicado en Raulí 571, Santiago Centro. El proyecto tiene una idea clara: programar películas internacionales que quedaron atrapadas en el DVD y que no pasaron a Blu-ray, 4K ni al streaming.

Las funciones son dos martes al mes a las 19:00 hrs. y vienen con una sorpresa: el primer asistente se lleva un DVD. Incluso, en una sesión, fui testigo de cómo Nicolás llegó con una caja llena de copias que tenía repetidas y las repartió entre el público. Yo me llevé tres de Hitchcook y dos películas japonesas que no sabía de su existencia. Así, el cineclub no solo exhibe películas, también las pone en circulación.

En un presente dominado por plataformas de streaming, el cineclub Ve DVD de verdad propone algo distinto: volver al objeto, al archivo y a ver películas en conjunto.

Las fotografías de Nicolas Vogt son de Constanza Rutherford (@coniferasss)

La idea no nace solo desde la nostalgia, sino como una respuesta a cómo consumimos hoy. «Desde chico soy fanático del cine en formato físico», cuenta Vogt. Pero ese gusto se mezcla con una crítica clara: «la oferta de streaming se presenta cada vez más como un copamiento engorroso en lugar de una alternativa amigable». Programar películas en DVD —muchas fuera de circulación— se vuelve así una forma de resistencia.

No es solo amor por el formato. También es rescatar películas que quedaron atrás. Con la llegada del Blu-Ray en 2006, Vogt recuerda que «cerca de un 80% de títulos internacionales quedan estancados en DVD». Ese “estancamiento” es el lugar donde el cineclub trabaja: recuperar lo que podría desaparecer.

Las funciones son íntimas, casi como ver una película en casa. «Las pantallas grandes no suelen ser amigables con el 480p que brinda un DVD, pero un microcine para 24 personas brinda las condiciones perfectas», explica. En ese espacio, la experiencia cambia: no es solo ver, sino ver juntos.

Después viene la conversación. Y no hay una sola forma. «El tipo de conversación lo suele dictar la película», dice Vogt. A veces aparecen comparaciones, otras lecturas inesperadas —como «el efecto inherentemente cómico de thrillers eróticos de bajo presupuesto»— y otras veces discusiones más profundas.

El público responde bien. «Es muy receptivo», afirma, y agrega que estas funciones generan las conversaciones «más nutritivas». Recuerda una proyección de Schusterman Levine: A Boxing Fable (2002), de Evan Jacobs, tan difícil de encontrar que «solo tiene un comentario en Letterboxd ¡y es mío!».

También hay memoria. Ver estas películas en grupo activa recuerdos: «mucha nostalgia por visionados alternativos y recuerdos televisivos», dice Vogt, pensando en señales como i.Sat o La Red. El cineclub no solo muestra películas, también recupera formas de ver.

El proyecto ha ido creciendo. Si al inicio dependía de un espacio, hoy Vogt trabaja en el cine como periodista. Pero algo se mantiene: «el cariño por el formato físico es el mismo desde el inicio», aunque reconoce que ha aumentado «mi desdén por las plataformas de streaming».

A futuro, hay una meta simple: «llegar a las 100 sesiones». Por ahora, van cerca de 25. «Solo el tiempo lo dirá».

En un contexto donde todo parece disponible pero no todo circula, Ve DVD de verdad insiste en algo básico: ver cine juntos todavía importa.

Más información en:  www.instagram.com/CineCCC/


2: Películas que vi escondida en mi pieza, por Fran Lizana en cine CCC

Hay cineclubes que nacen desde una idea programática. Este, en cambio, surge de una experiencia concreta: ver películas a solas, en secreto, en la pieza. Películas que vi escondida en mi pieza, dirigido por Fran Lizana, toma ese gesto íntimo y lo desplaza hacia lo colectivo, convirtiendo una práctica solitaria en un espacio de encuentro.

La propuesta convoca a mujeres y personas no binarias sáficas en torno a esas películas vistas a escondidas —muchas veces en mala calidad, en YouTube o donde fuera— pero que, aun así, dejaron una marca. El foco está en romances sáficos y en cine LGBTQ+, con una curatoría que recupera esas experiencias de descubrimiento personal.

Las funciones son gratuitas, con inscripción previa, y se realizan los miércoles a las 18:00 horas. Actualmente el ciclo va en su sexta sesión, con exhibiciones que han incluido películas como Retrato de una mujer en llamas y The Handmaiden.

En este cineclub lo que aparece primero es la memoria. «Yo creo que una de las emociones que más aparecen es sin duda la nostalgia», dice Francisca, una nostalgia que no siempre es cómoda: muchas de esas películas están ligadas a «procesos muy heavy también personales, familiares». Verlas de nuevo no es solo revisitar una historia, sino también un momento de la vida.

El espacio se construye desde ahí. Desde la confianza. Y esa confianza no se impone, sino que aparece. «El tema de la confianza es, en verdad, bien curioso, porque se da por el solo hecho de permitirnos estar en ese espacio y ponernos en la posición de no juzgar a nadie». Hay algo compartido en esas experiencias: «todas pudimos haber sido la otra un poco y todas lo fuimos también en algún punto».

Ver estas películas juntas cambia la experiencia. «Hay algo muy lindo», dice Francisca, que tiene que ver con soltar el control y entender el cine como «un espacio de goce y un espacio colectivo, un espacio de también dejarse sorprender». Antes, muchas de esas películas se veían «escondida», en privado. Ahora se ven con otros, y eso abre nuevas lecturas.

La programación también juega con el tiempo. Hay películas vistas hace poco y otras que vuelven desde la adolescencia. «Creo que van dialogando con los distintos grupos etarios», explica. Y ese cruce genera algo inesperado: distintas personas llegan con recuerdos distintos de una misma película.

Por eso la nostalgia es central, pero no idealizada. «Es una nostalgia que muchas veces no es tan feliz, es una nostalgia más triste, más solitaria». El cineclub permite traerla de vuelta y decirla en voz alta: «mira, ahora estamos acá […] tantos años después».

El proyecto es reciente y todavía está en movimiento. «Es bastante joven», dice Francisca. Entre las ideas que empiezan a aparecer está abrir el formato: incluir capítulos de series que marcaron época, pero que hoy son difíciles de encontrar.

En el gesto de compartir lo que antes era secreto, el cineclub encuentra su forma. No se trata solo de ver películas, sino de volver a mirarlas desde otro lugar: acompañadas.

Más información en:  www.instagram.com/CineCCC/

3: Una apuesta: Viaje por el mundo en 12 películas, por Francisca Lila en Centro Arte Alameda

El Cineclub Viaje por el mundo en 12 películas será una instancia gratuita organizada por Centro Arte Alameda, pensada para estudiantes y público general. Se realizará en la sala de cine del Centro Arte Alameda en CEINA (Arturo Prat 33, metro Universidad de Chile), y está guiado por Francisca Lila, programadora del centro, cineasta y distribuidora.

Este nuevo cineclub comienza el 16 de abril de 2026 con su primera función y se extiende por 12 sesiones, todos los jueves a las 16:45. La idea es simple: recorrer 12 países a través de una película por sesión. Cada función es una puerta a una cinematografía distinta, marcada por su cultura, su historia y su forma de mirar el mundo.

No es solo ver películas. Es también conversar. El cineclub propone un espacio abierto para pensar el cine en conjunto: sus géneros, sus lenguajes y sus distintas formas de narrar. No se necesitan conocimientos previos. Solo ganas de ver y escuchar.

La inscripción se realiza mediante un formulario online que estará disponible durante todo el ciclo. No es necesario asistir desde el inicio: cualquiera puede sumarse en cualquier momento, siempre que haya cupos disponibles (el aforo es de 200 personas).

La invitación es amplia: ver cine, compartir y aprender. Un recorrido por el mundo sin salir de la sala.

Más información sobre la programación en instagram.com/centroartealameda/

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