Eugenia Prado Bassi: “Mi trabajo pasa por el cuerpo y, desde mis primeras escrituras, es un cuerpo intervenido por la máquina”

octubre 01, 2026
-

Pronta a lanzar su nuevo poemario, la autora ahonda en una de sus preocupaciones escriturales: la tecnología y relación con los cuerpos. Maquinal, publicado por Inti Ediciones, se presenta este viernes 9 de octubre a las 21:00 hrs.


“Maquinal podría ser una extremidad, brazo, pierna o dedo meñique, de un proyecto de escritura de largo aliento que se inicia en 1999”, comienza relatando la escritora y editora Eugenia Prado Bassi sobre su nueva publicación.

Tras cumplir cuatro décadas dedicadas a la escritura el año pasado, sigue, esta vez de la mano de la poesía. Publicado por Inti Ediciones, este viernes 9 de octubre la autora presentará su nuevo título, Maquinal.  

Escrito en prosa poética y en verso, el texto reflexiona sobre la tecnología y su impacto en las corporalidades y relacionamientos; en la escritura misma y la memoria que hay detrás; y en este impacto en las mujeres, quienes, se lee, “siempre estarán bajo el escrutinio de alguien más”. 

En Maquinal, se lee en su contraportada, “la escritura se trabaja como metal que se corta, funde, repite y compone en un texto híbrido, construyendo mediante fragmentos, cambios de registro, voces superpuestas, instrucciones, archivos y escenas que regresan con variaciones hacia una narración interrumpida por los límites del poema y el ensayo”. 

-¿Qué lugar ocupa este libro en tu línea de publicaciones?

Maquinal es mi undécimo título y el único libro que he entregado a otra editorial, INTI Ediciones, para que desarrollara de manera completa. Me cuesta soltar los libros, porque para mí el objeto, su estética, materialidad, diseño, forman parte de la lectura y son casi tan importantes como el texto mismo, en un proyecto desarrollado durante 38 años y que es bastante singular.

Desde El cofre, hecho en máquina de escribir (1987), incluidos Cierta femenina oscuridad (1996), Lóbulo (1998) y Objetos del silencio, secretos de infancia (2007), publicados por Editorial Cuarto Propio, he trabajado el diseño de mis libros. 

Luego, los libros que publiqué en Ceibo, proyecto que iniciamos con Dauno Tótoro, del que formé parte hasta el año 2018. Allí, aparte de hacer más de ciento veinte títulos de diversos autores y autoras, trabajé la novela visual Dices miedo (2011); Bluviví y Gusaringo viajan en la MarciaNave (2012), cuento infantil ilustrado que creamos con Vicente Pinto, mi hijo menor. En las segundas ediciones de El cofre (2012) y Objetos del silencio, secretos de infancia (2015), fui actualizando la escritura, estructura y diseño.

Advertencias de uso para una máquina de coser (2017) fue pensado como un “artefacto político” a modo de almanaque o pedagogías con ilustraciones. Este libro fue publicado por Editorial Carnicera, proyecto que creamos con Diego Ramírez, poeta y director del Taller de Moda y Pueblo.

En 2020 formé Palabra Editorial, en que publiqué todos mis libros anteriores y además tres libros: Hembros: novela instalación, Devenir océano, escrito con Miguel Denis Norambuena, y Ecos maquínicos, multimedialidad y cuerpo en Petronila Escudero, en los que hubo mucho trabajo de diseño. 

-La preocupación por «la técnica» es algo latente en ti. Está muy explícitamente en este libro, con la tecnología y sus dinámicas; en “Hembros” y en “Advertencias de uso”, con las máquinas como un dispositivo económico y social. ¿De dónde viene y cómo se ha transformado?

Mi trabajo pasa por el cuerpo y, desde mis primeras escrituras, es un cuerpo intervenido por la máquina. Primero, la máquina de escribir Underwood, poderosa y resistente, difícil de abordar desde su mecánica: movimientos maquínicos sobre teclas duras. Luego, con la irrupción de los computadores, que, con sus actualizaciones tecnológicas, fueron haciéndose cada vez más veloces. Por lo que mi vida ha estado cruzada por tecnologías y, desde ahí, elaboro mis engendros, que son máquinas creadas como dispositivos que se acoplan creando otras máquinas.

–Maquinal posee un abordaje metaliterario que es muy gustoso y estimulante de leer. ¿Por qué ocupas este registro y cómo describirías este en tu caso?

Este texto se inicia como continuación de la novela Lóbulo, donde una mujer se relaciona con un desconocido a través de un teléfono de plástico rojo. Estaba escribiendo Hembros: asedios a lo posthumano cuando conocí a John Streeter, músico, compositor, profesor y que fue mi compañero de vida por veinte años. Sabemos que la creatividad surge de necesidades muy concretas y como ambos éramos profesionales independientes y necesitábamos resolver nuestra economía, surgió la idea de hacer algo más con el texto, un proyecto que pudiera postularse a algún fondo y que significara trabajo remunerado, pero una lectura acompañada de música nos parecía demasiado convencional como propuesta, por lo que se nos ocurrió invitar a otros artistas a trabajar este texto y ponerlo al servicio de sus disciplinas. El resultado fue la creación de algo que llamamos novela instalación, estrenada en el Galpón Víctor Jara en enero de 2004. La instalación resultó ser una máquina monstruosa, que en una superposición de tecnologías, imágenes, pantallas, actuación, textos, música, iba saturando al único personaje en escena.

Y es lo que fue sucediendo hasta convertirse en una forma de vida, nuestros cuerpos se volvieron recipientes de máxima acumulación donde datos, intercambios y cifras, sucedían en simultáneo y a toda velocidad, tal como sucede en la actualidad.

-Lo dice la contraportada y lo constata el mismo texto, la relación con la técnica también está determinada por los materiales. Hablo de la idea del archivo, del recorrido que se puede hacer de ellos. ¿Qué tensión hay allí, en este concepto de archivo, en esta poética?

El texto siguió evolucionando en la misma línea de acumulación, bajo el título de “Asedios”, que cambió a “Gestos maquinales”, como un proyecto de escritura que va mutando. Y si volvemos al inicio de mi escritura, no es lo mismo escribir a mano, en cuadernos que me hacía yo misma cuando estudiaba diseño, con observaciones, dibujos, escrituras, que aún conservo como parte del proceso que define mi vida, siempre en relación a los libros; luego, escribir en una máquina de escribir, usando tiras de papel blanco para corregir errores tipográficos y sacar la hoja y volver a cero, y sacar la hoja porque no puedes soportar los errores, hasta que, en menos de una década, resistes la irrupción de los computadores en el cuerpo.

Surge el copy and paste y la idea del archivo. Entonces, mi escritura cambió para siempre, abriéndose a una infinidad de opciones y montajes que se movilizan como fragmentos, cortes, que saltando a diversos soportes, revistas impresas o formatos digitales que se alojan en algún espacio de la red. 

Desde ese minuto, no salí más del computador y en estos años, mi cuerpo registra la experiencia de todos estos cambios, que nos sitúan frente a un nuevo paradigma. “Te vas volviendo autista. Un vicioso, narciso y sin salida”, cito una frase de la novela. 

Mis textos dan cuenta de estos procesos, y de la aparición de la IA, que es la idea de acumulación que he estado trabajando durante décadas.

-¿Por qué elegiste publicar con Inti Ediciones?

Fuimos vecinos en una de las tantas ferias de libros a las que vamos como editores. Luego me invitaron a presentar el libro Y detrás las mujeres que se pepenan por el desierto, de Josefa Vecchiola, un texto poderoso y propositivo y me pareció atractivo formar parte del catálogo, además, hemos ido construyendo una relación de amistad, respeto y nos une el cariño por los oficios. 

Finalmente, el libro quedó precioso, y estoy muy agradecida de INTI Ediciones y de su director Franco Fuentes.

AUTOR/A/ES
POR 
Francisca Palma
Nortina y hospiciana. Periodista, funcionaria pública y bordadora. Autora de Iquique Glorioso (Editorial Radio U. de Chile, 2016) e Iconoclastas (Navaja, 2024).
SÍGUENOS
CATEGORÍAS
AUTORES
ARTÍCULOS RELACIONADOS