Ezequiel Reyes, cineasta, “Una película centrada en el Zócalo habla de las exigencias históricas que hemos sostenido como pueblo”

octubre 27, 2026
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Ezequiel Reyes cuenta con una amplia trayectoria en el cine y, particularmente, en el trabajo con archivo fílmico. Se formó como cineasta en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) de la Ciudad de México. En el año 2009, mientras recorría un tianguis – una feria – en la colonia Portales en busca de una máquina de escribir y un escritorio, compró su primer material de archivo que contenía cintas a color con imágenes de Xochimilco. Desde entonces comenzó un camino que lo llevó a fundar el Archivo Fílmico Reyes, el cual actualmente resguarda cientos de latas en bodegas de la Ciudad de México y Toluca, además de equipamiento especializado para la restauración fotoquímica.

Su labor de “arqueología fílmica” lo ha posicionado como uno de los referentes del cine realizado con archivo, principalmente en lo que la teoría cinematográfica denomina found footage o metraje encontrado. Su acervo difiere notablemente del archivo audiovisual que las élites conservaban en sus hogares para luego integrarlo a las colecciones de los Estados nacionales, o del archivo de artistas, en su mayoría provenientes también de sectores privilegiados que cuentan con archivo fílmico y que acaban haciendo parte del acervo de museos o circulando festivales de cine.

El trabajo de Ezequiel rescata la memoria de una gran mayoría anónima que tuvo acceso a una cámara y dejó registros que, con el paso de los años, quedaron apilados y olvidados hasta ser reencontrados en un tianguis para que el cine los volviera a activar. A partir del montaje, esas imágenes adquieren una nueva corporalidad: las familias anónimas se enlazan con nuestra historia personal, con los dolores de una sociedad y con la noción de una nación más diversa que la retratada por la historiografía de la élite.

En el marco del ciclo Cine y Revueltas, organizado por el cineclub Revolución Congelada, entrevisté a Ezequiiel Reyes para profundizar en sus reflexiones sobre el archivo, la arqueología visual y su más reciente largometraje: ¡Zócalo! ¡Zócalo!, una obra que aborda la plaza pública más emblemática de la Ciudad de México como un escenario vivo de movilización, protesta, resistencia y encuentro colectivo.

Afiche película «¡Zócalo! ¡Zócalo!»

Erick Valenzuela: Gran parte de tu trabajo de investigación y preservación a través del Archivo Fílmico Reyes y de piezas como Familia desconocida o ¡Allá vienen! se ha concentrado en el rescate de películas de escasa difusión, metrajes familiares y la intimidad de lo cotidiano. En ¡Zócalo! ¡Zócalo!, ese gesto de arqueología visual da un salto de escala hacia el espacio público y monumental. ¿Cómo operó en tu metodología el tránsito de la microhistoria familiar hacia un registro coral más amplio? ¿En qué medida tu experiencia con el archivo íntimo determinó la manera en que decidiste mirar y montar la dimensión monumental de la Plaza de la Constitución?

Ezequiel Reyes: Creo que la respuesta dialoga con lo que se ha escrito sobre ¡Allá vienen!. La dimensión de ese cortometraje trasciende la microhistoria y el relato íntimo, pues habla del país, del memorial de agravios de la nación, del poema de María Rivera, de los muertos y de estas últimas décadas de violencia en México.

A propósito de esa obra, el activista Pablo Romo y la investigadora veracruzana, Elissa Rashkin, señalan que ¡Allá vienen! se articula como un relato mítico, una fábula catastrófica de la nación. A partir de esa idea decidí realizar ¡Zócalo! ¡Zócalo! y construir una película con diversos materiales de archivo que abarcara ya no un microrrelato, sino un lienzo nacional. De hecho, ya contaba con un antecedente, Redención (2013), un cortometraje experimental rodado en Super-8 que combina filmaciones de septiembre de 2010 con pasajes de la toma de protesta de Enrique Peña Nieto el 1 de diciembre de 2012. Este trabajo aborda cómo el país vivió el inicio de dicho sexenio; de hecho, al final del corto coloco la bandera de México invertida para enfatizar la dimensión del peligro.

Cuando desarrollábamos ¡Zócalo! ¡Zócalo!, decidí abordar la idea de nación a partir de un espacio físico específico, ¿qué es el Zócalo?, ¿cómo se han volcado en él tantas manifestaciones de apoyo, pero también de reivindicación de la idea de país que han tenido generaciones de mexicanos? Pensaba en las luchas por la justicia, el trabajo y la dignidad que lo han atravesado. Una película centrada en el Zócalo a partir de archivos no solo hablaba de la plaza, sino de la nación entera, de lo que significa ser mexicano y de las exigencias históricas que hemos sostenido como pueblo.

Still película «¡Zócalo! ¡Zócalo!»

EV: La película trabaja con un siglo de materiales fílmicos y videográficos donde convergen diversos formatos (nitrato, 16 mm, video analógico, digital), noticiarios oficiales, cine militante, registros independientes y cámaras aficionadas. Al confrontar este siglo de imágenes, ¿cuáles identificas como las grandes continuidades en la forma en que los cuerpos habitan y reclaman la plaza, y cuáles son las rupturas más marcadas —tanto en la textura del soporte técnico como en las temáticas y puntos de vista— que dan cuenta de cómo se ha transformado nuestra forma de protestar y de documentar la protesta?

ER: La película expone una gran diversidad de texturas a partir de los distintos soportes y tecnologías de registro. Incluso dentro del mismo soporte fotoquímico se aprecia cómo el grano y la emulsión cambian a lo largo del tiempo: el blanco y negro, el color, la saturación y viveza del Kodachrome, o los tonos más azulados del Ektachrome en los setenta —muy utilizado en noticiarios cinematográficos y televisión—, además del tamaño de grano característico del Super-8 o del 35 mm. Por ejemplo, el noticiario de los cuarenta que incluimos sobre la toma de protesta de Miguel Alemán Valdés proviene de un nitrato en 35 mm con una textura y un grano particulares, los cuales conviven con registros en Super-8 y 8 mm de menor formato realizados en esa misma época.

Son texturas que nos hablan de la evolución tecnológica del soporte fotoquímico. Posteriormente, al entrar a los años ochenta y noventa, incorporamos registros en video como cintas en U-matic, Betacam y formatos caseros. Las tomas de los cierres de campaña de los candidatos presidenciales de 1994 (Ernesto Zedillo, Diego Fernández de Cevallos y Cuauhtémoc Cárdenas) muestran una textura videográfica que da cuenta del equipamiento utilizado en aquel momento.

Por otro lado, está la escala de las imágenes: mientras que la película se proyecta ahora en máster 2K, aquellos archivos originales tenían una resolución nativa de 720×480 píxeles. La posterior convivencia con secuencias registradas en HD y Full HD durante el siglo XXI nos habla de otra tecnología y de una sociedad distinta que se documenta a través del video digital.

Con el video digital y algunos registros en fílmico que se realizaron entre los siglos XX y XXI —como las tomas en 16 milímetros que conseguí de 2012, 2014 y 2015—, todas estas texturas conviven en la película. Alguien que esté muy familiarizado con las tecnologías audiovisuales podría reconocer los distintos soportes y registros de imágenes que se usaron en ella.

Respecto a los cuerpos y la forma en que reclaman la plaza, el asunto es más complejo. El Zócalo antes era una gran jardinera y después se volvió explanada; al cambiar su configuración, también cambió la forma de manifestarse en cuanto al acto colectivo de acercarse a un espacio.

Still película «¡Zócalo! ¡Zócalo!»

Creo que esto depende del tipo de manifestación: si está organizada por el gobierno, si es más espontánea por parte de los ciudadanos o si es una marcha llegando al lugar, como la del 2 de octubre. En la película se distingue el cambio entre los jóvenes de los sesenta que reclaman el Zócalo, los mineros que llegaron en 1952 y los jóvenes de 2012 y 2014 que entran en las marchas del 2 de octubre.

Sin embargo, creo que las formas de manifestarse, a pesar de pertenecer a distintas épocas, son básicamente las mismas. Esa es un poco la idea de la película: ver cómo distintas sociedades mexicanas, en diferentes temporalidades, han accedido casi de la misma manera y han buscado el Zócalo como un espacio de manifestación per se, como un ring político y un lugar de visibilidad.

Creo que la idea del Zócalo como marchódromo existe porque concentra a su alrededor los distintos poderes, el religioso con la Catedral, el civil con el gobierno local y el político con Palacio Nacional; es el centro simbólico de la ciudad y de la nación. Estar manifestándose en el Zócalo le da una visibilidad mucho mayor a cualquier lucha.

Hablar de rupturas es complejo porque el documental presenta los eventos de manera no cronológica, por lo que los quiebres se vuelven menos evidentes. Al combinar distintas tecnologías de registro de imagen y sonido en varias capas, se genera una especie de anacronía que nos hace sentir que se trata siempre del mismo momento.

La manifestación de los años treinta, de los cincuenta, del 68, del 2012 o del 2014 termina siendo la misma, una sola protesta encarnada por distintos cuerpos y sociedades a través de diferentes temporalidades. En esencia, es la misma idea de los mexicanos accediendo al Zócalo, o enfrentando el impedimento para lograrlo, con el fin de manifestarse.

EV: Como señalas, el Zócalo es una geografía en permanente tensión entre el poder hegemónico que lo cerca y los movimientos sociales que lo desbordan, incluso desde antes de la idea de un Estado Nación mexicano. En tu película se expresan las huelgas históricas y el movimiento estudiantil del 68 hasta el zapatismo, las marchas feministas y la exigencia por Ayotzinapa. En tu montaje, la plaza actúa como un cuerpo político vivo más que como un fondo documental. Desde tu lectura del archivo, ¿qué peso simbólico conserva hoy el Zócalo para las luchas populares contemporáneas? ¿un espacio de legitimidad ciudadana, un espacio de saturación, de domesticación institucional? ¿Qué otras posibilidades le ves? 

ER: El Zócalo es el corazón simbólico del país; el centro donde se encuentran los poderes: Palacio Nacional, la Catedral, el gobierno de la Ciudad de México. Es el centro simbólico de la ciudad que fundó la nación, Tenochtitlan, y siempre va a conservar ese peso simbólico.

Por eso muchas luchas y ciudadanos vienen de distintas partes del país a manifestarse. Sin embargo, no solo es el gran marchódromo y el espacio de disputa política e ideológica, sino también un lugar de cultura, de encuentro y de eventos institucionales, donde ondea la bandera nacional. El Zócalo siempre será ese corazón simbólico mientras exista México.

En la película, el énfasis está puesto en el aspecto político del Zócalo, pero este espacio tiene otras vertientes: los conciertos de apoyo a causas, las ferias del libro, las expresiones artísticas y los performances como los de Francis Alÿs. Es también un sitio arqueológico y un lugar con una gran historia, pues originalmente iba a ser la base del monumento a la Independencia y antes funcionó como el mercado central de la ciudad prehispánica y colonial.

Still película «¡Zócalo! ¡Zócalo!»

Creo que el Zócalo siempre conservará su centralidad simbólica, política, cultural y social. A partir de él se podrían desarrollar infinidad de películas, de hecho, ya existen varias, no solo centradas en la disidencia y la reivindicación política. Como decía Borges en su cuento, el Zócalo es una especie de Aleph: un espacio donde uno puede encontrar concentrados todos los eventos del universo.

EV:  Próximamente presentaremos la película en la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas ENAC, al aire libre, justamente en el zócalo de la escuela, ¿Qué nuevas capas sensoriales y espaciales aparecen en el formato expandido de un archivo que ya es, en sí mismo, un palimpsesto temporal? ¿Cómo crees que dialoga la ampliación y multiplicación de pantallas, sonido y espacio vivo con una comunidad estudiantil que también está reflexionando sobre la imagen en movimiento?

ER: Creo que la película va a dialogar con el espacio y con los estudiantes, pues al final habla de un territorio profundamente simbólico. Mi experiencia viene del cine expandido, un formato más performativo que se construye en el momento a partir de los elementos audiovisuales, pero esta película, al proyectarse en un espacio público o al aire libre, dialogará directamente con la comunidad, con estudiantes de cine que buscan desarrollar narrativas de formas no convencionales.

Este es un documental no convencional que espero que no solo dialogue, sino que influya e inspire a la comunidad estudiantil de la ENAC a crear obras audiovisuales de maneras distintas y lúdicas, ya sea con material de archivo o con imágenes grabadas ex profeso.

Still película «¡Zócalo! ¡Zócalo!»

Va a ser una experiencia muy interesante proyectar esta película dentro de este ciclo, en el gran espacio que nos proporciona la ENAC. Espero que sea una obra inspiradora para las generaciones que asistan a verla. Quedan cordialmente invitados a compartir la experiencia, a reflexionar en conjunto y a impulsar nuevas obras no convencionales que nos hagan pensar como sociedad.

AUTOR/A/ES
POR 
Erick Valenzuela Bello
Bárbaro de jornada completa, de baja ralea, tornatraz, tenteenelaire, subalternizado, champurria, permanentemente vigilado, sobre todo en supermercados y aeropuertos.
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