Soñar un cambio socioecológico en tiempos de pandemia

Vivimos una “normalidad” dentro de un sistema capitalista, patriarcal, racista y colonialista. Un sistema en el cual se cumple un año de la sentencia de la Corte Suprema por el caso de Quintero-Puchuncaví y que aún no tiene resultados respecto a las medidas impuestas al ejecutivo, y  por mientras, hay derramamiento de carbón y emergencia por contaminación del aire en el mismo territorio afectado[1]. Un sistema en el que 137 comunas, de Coquimbo al Maule, han sido decretadas comunas con escasez hídrica[2], mientras que la comunidad de Putaendo resiste ante la aprobación online de las prospecciones de la compañía minera Vizcachitas Holding por parte de la Comisión de Evaluación Ambiental de Valparaíso[3]. Ejemplos como estos nos golpean día a día, mostrándonos las desigualdades sociales y la precarización de nuestras comunidades, en especial de los pueblos indígenas, población campesina y colectividades migrantes.

 

Nos encontramos en un sistema biocida, que supone que la economía globalizada del mercado se encuentra en constante crecimiento y que debe funcionar a expensas del trabajo de las personas y la explotación de la naturaleza (que, por su parte, tiene límites finitos). La tecnología ha permitido el acceso a todos los bienes comunes naturales y recursos necesarios para expandir nuestra vida; pero todo lo que sube tiene que bajar y nuestra supervivencia en la tierra ha comenzado a dificultarse.
 
La pandemia ha cerrado las fronteras entre las naciones y ha reorientado la política capitalista global, abriéndonos una oportunidad para repensar el modelo en el que estamos insertos y, por tanto, evitar volver aquella normalidad que perpetúa el problema. A este sistema no podemos regresar: no podemos seguir habitando en las lógicas abusivas a las que nos fuimos acostumbrando porque no existía otra alternativa a la vista. La seguridad de tener un futuro mejor puede encontrarse en una mirada que vuelva a nuestros territorios. Se trata de ver cómo ellos se han ido reconstruyendo desde la valoración de sus fortalezas, colectivizando prácticas de cuidado, la autoformación, la autogestión y el retorno hacia estilos de vida más simples.  Formas de vida vinculadas a la diversificación de economías locales, esas que ponen en el centro la sostenibilidad de la vida y la reciprocidad.

 

Entonces, tenemos la posibilidad de soñar una transformación social basada en economías más ecológicas y feministas, donde no solo pensemos en cómo recuperar nuestros elementos vitales, sino en las maneras en que producimos, con tal de hacer un nuevo pacto con la Madre Tierra y con la vida. No nos podemos conformar con resistir dentro de los actuales márgenes que nos presenta el modelo capitalista. Urge, así, desplegar toda nuestra voluntad y creatividad para construir entre todes los cambios que nos llevarán a liberarnos de las opresiones del capitalismo y luchar por la transformación de nuestras vidas. Debemos tener especial cuidado de las consecuencias que tendrá este brote viral en las urbes, lo que no puede implicar el descuido de los sectores rurales y sus fragilidades (acceso a servicios básicos y a la salud). Dichas zonas, que hoy son claves en la cadena de suministros que abastecen las ciudades y nos permiten la seguridad alimentaria, son las que deberán enfrentar grandes desafíos para su supervivencia, a la vez que sacan la producción adelante, cuestión que vuelve necesario un cuidado adicional en los intercambios comerciales entre el campo y la ciudad.
 
Latinoamérica se enfrentará a desafíos importantes. Con niveles dramáticos de desigualdad, los países de la región nos veremos obligados a cuestionar si la prioridad debe ser la gestión de la crisis –utilizando los recursos para atender la emergencia sanitaria– o el cuidado de una economía orientada a productos primarios –que experimentará una reducción en el valor de las exportaciones–. A esto se suma que contamos con economías con altos niveles de informalidad y precariedad en el empleo. Ante eso, la mejor salida sería propiciar la diversificación productiva que ponga en el centro la resiliencia, lo mismo que las economías cooperativas, donde se valorice la reutilización de desechos, la creación de huertos comunitarios y la economía social de los cuidados, puntos claves para enfrentar ambos problemas a la vez,, emergencia sanitaria y sostener la economía.
 
Los gobiernos deberán orientar sus políticas públicas para avanzar en la transformación socioecológica a través de ciertas líneas estratégicas que vayan más allá de la simple recuperación económica. Para ello deberán revertir las disfuncionalidades sistémicas que han tenido hasta ahora y realizar un reajuste de los patrones de extracción, producción, distribución y consumo. Semejante cambio podría conceptualizarse en seis dimensiones:

 

  1. Fortalecer el Estado democrático y social de derecho, para que sea capaz de promover condiciones dignas de vida. No podemos perder la oportunidad de cuestionar el rol del Estado y la relación entre gobierno y ciudadanía.
  2. Diversificar y desconcentrar la economía, enfatizando su inclusividad y su resiliencia. Una economía del bienestar equitativa y sostenible necesita dejar atrás la excesiva dependencia del extractivismo e impulsar los rubros más alineados con los objetivos socioambientales de transformación, como infraestructura verde, agroecología, energías renovables y economía circular. Los sistemas energéticos deben transitar hacia una democratización de la toma de decisiones del sector, con una generación basada en fuentes limpias y atendiendo las necesidades de pobreza energética de la población. La reindustrialización debe promoverse en circuitos de producción-consumo más limpios y más cortos, que aprovechen las posibilidades de reciclaje y la generación de mayor valor agregado en las cadenas productivas. El sector de servicios tendrá que articularse más con el sector industrial y, por otra parte, ampliarse y fortalecerse para mejorar las condiciones de vida con énfasis en los servicios de cuidado de personas y de la naturaleza. La agricultura tendrá que promover la producción de alimentos suficientes y sanos sin dañar los ecosistemas, fortaleciendo procesos de soberanía alimentaria, intercambio de semillas y agroecología, áreas donde las mujeres han cumplido un rol fundamental.
  3. Los patrones de consumo deben superar la aspiración de modos de vida ostentosos y minimizar la brecha de acceso a bienes y servicios esenciales.
  4. En el ámbito del territorio y las ciudades se debe recuperar su planeación y ordenamiento en función de impactos ecosociales, donde ya no se diseñe en torno a los intereses del capital y su crecimiento expansivo, sino que se asuma que es un territorio dinámico con base en principios de eficiencia, equidad y sostenibilidad.
  5. El aprendizaje y la innovación en el ámbito socioambiental son muy relevantes para enfrentar los nuevos desafíos a escalas más pequeñas de desarrollo y no con falsas soluciones (carretera hídrica), adaptando nuestros estilos de vida a la preservación cultural y biológica.
  6. En el ámbito de la cultura debemos promover el respeto a las diferencias, la convivencia pacífica, la diversidad,  la identidad y la creatividad como bienes públicos universales que nos lleven al respeto de nosotres mismes, de los demás y la naturaleza, generando una revolución de conciencia que genere los cambios que deseamos.
 
Tenemos la posibilidad de cambiar las cosas. Hoy la pandemia nos ha dado la oportunidad de volver a conectarnos con nosotres, con las cosas más sencillas. Descubrimos cooperativas vecinales, hacemos nuestro propio pan, nos preocupamos de las personas que habitan nuestros barrios y añoramos salir a dar un paseo y conectarnos con espacios al aire libre y más naturales. Es momento de convencernos que una transformación social es posible, y que tendrá al ecologismo y al feminismo como los pilares fundamentales del cambio.
 
 
Fotografía @fridaysforfuturesantiago
[1] El Mostrador (Mayo 2019). Sentencia Corte Suprema caso Quintero-Puchuncaví. Recuperado el 27 de abril del 2020. Archivo El Mostrador https://media.elmostrador.cl/2019/05/suprema-quintero.pdf
[2] Dirección General de Aguas (20 de abril 2020). Decretos de escasez vigentes abril 2020. Recuperado el 27 de abril del 2020. Ministerio de Obras Públicas https://dga.mop.gob.cl/DGADocumentos/Decretos_vigentes.jpg
[3] Diario Universidad de Chile (28 de abril 2020). Putaendo resiste ante la invasión minera en el valle de Aconcagua. Recuperado el 29 de abril del 2020. Radio.UChile.cl https://radio.uchile.cl/2020/04/28/putaendo-resiste-ante-la-invasion-minera-en-el-valle-de-aconcagua/
Catalina Cifuentes
c.cifuentes.melendez@gmail.com