La escritura ininterrumpida: los manuscritos mistralianos como campo de batalla 

noviembre 11, 2025
-

Por estos días, los ecos de la voz de Mistral resuenan con fuerza en los pasillos de las universidades y en los corredores de la memoria colectiva. Este 2025 se cumplen 80 años desde que la poeta fue laureada con el Nobel de Literatura. No solo dejó tras de sí una obra de alcance mundial y una vida ambigua o excéntrica, según algunos, sino también un legado de manuscritos que, en su complejidad, se convirtieron en el centro de una vorágine académica tras su muerte.

Elisa Clark, autora y también uno de los personajes de esta novela, se vuelve testigo de uno de los hitos más importantes del último tiempo para el mundo cultural y literario chileno. Clark es el puente con Chile para informar los descubrimientos sobre los papeles que se alojaron en la Embajada de Chile en Washington. Este encargo le permite subsistir económicamente en Nueva York mientras hace su curso de escritura creativa en la Universidad Desconocida. Sin haberlo planeado, emprende un viaje en busca de los papeles mistralianos y, como acuciosa detective, sigue las pistas de las cartas entre Mistral y Dana. 

Tal como nos cuenta Oye Gabriela, las autoridades nacionales y Doris Atkinson, la heredera y sobrina de Doris Dana, última pareja de Gabriela Mistral, estaban en conversaciones para donar el legado de la premio nobel, el que incluía un voluminoso corpus de documentos que Dana había custodiado y protegido del resto del mundo y, especialmente, de Chile. Pero la novela no se limita solamente a estas diligencias burocráticas culturales, a través de una pluralidad de voces, distintas épocas y distintas ciudades, Clark va tejiendo la trama alrededor de la historia de los manuscritos y pertenencias mistralianas; en la Biblioteca del Congreso de Washington, la Universidad Desconocida en Nueva York, la Biblioteca Nacional de Santiago y Tucson, Arizona. 

Sus protagonistas son tan variados como contradictorios: un conservador del Archivo del Escritor de la Biblioteca Nacional; una académica gringa que está escribiendo hace muchos años la biografía de Mistral; un estudiante de doctorado en Nueva York; una investigadora atrapada en la Biblioteca Nacional después del terremoto del 2010, que prepara una conferencia sobre Mistral; un cónsul y galán de teleserie en sus tiempos mozos. Personajes que se dejan envolver por los papeles mistralianos; se los disputan, roban cartas incompletas, incluyen poemas inéditos en obras póstumas, leen y reelen para buscar la interpretación más vanguardista, más queer; los esconden y niegan deliberadamente para ocultar verdades irrefutables, verdades vergonzosas, que les resultan incómodas y difíciles de digerir. Verdades que salen a la luz después de toda una vida de haberla estudiado, y que los desarma y los deja con la obligación de asumir, con amargura, haberla leído mal, haberla interpretado de una manera incorrecta. Personajes que pueden ser reconocibles y que están inspirados en el reducido mundo de quienes estudian a Mistral. 

Clark juega con la realidad y la ficción, al estilo de una roman-a-cléf o novela en clave. Crea su propio alter ego como autora y junta las piezas de una historia dispersa, al igual que los papeles mistralianos, víctimas del “patiloquismo”, como se refería la poeta a sus constantes desplazamientos. En la misma novela, Clark problematiza este arte: “La ficción como traición. Había que oler, husmear, observar, reconstruir vidas ajenas, sus salidas de madre y del clóset. Las partes a las que no se tuvo acceso anexarlas en un intento ingenieril, pegarlas con engrudo precario”. 

La temporalidad es asaltada para revivir nuevas voces, voces del más allá, personas que compartieron con la poeta, que la ayudaron a escribir sus poemas, que copiaban y pasaban en limpio sus papeles, con las que compartió momentos más íntimos e importantes confesiones y promesas de amor. Palma Guillén, por mencionar un ejemplo. El lenguaje de los personajes recuerda el registro característico de Mistral; oral, vernáculo y popular, el estilo íntimo y personal que empleaba en sus cartas y en sus poemas; sus “jugarretas” se filtran en los diálogos y reflexiones de los personajes.

En esta mezcla de tensiones surgen voces feministas que, inspiradas por la vida y obra de Mistral, buscan reivindicar su legado desde una perspectiva de género. Estas académicas encuentran en los manuscritos un resquicio para alzar su voz y reclamar su lugar en la narrativa literaria. La lucha por la recuperación de la imagen de Mistral se entrelaza con el deseo de visibilizarse ellas mismas como productoras de un nuevo imaginario. Así, la disputa se transforma en un escenario de empoderamiento, donde las nuevas lecturas desafían el canon establecido y exigen que la historia se reescriba desde otra mirada.

Como vemos, se trata de un relato dinámico, polifónico y heterogéneo. La novela se amalgama con estas características de los manuscritos, los que guardan una multiplicidad de registros y receptores en una hoja: la escritura literaria o poética, las anotaciones al margen del autor para sí mismo, los números de página, los números y códigos de quien ordena y clasifica (no siempre el autor). Además de la multiplicidad de las épocas en las que cada una de estas huellas fue escrita, leída y releída. 

Los manuscritos nos imponen una reflexión sobre esta diversidad, ya que en ellos encontramos distintas huellas, más o menos íntimas; depósitos de la memoria lejana: listas de palabras que riman, ideas preparatorias y preliminares para una obra futura; borradores de cartas, cuadernos manuscritos apenas legibles por el paso del tiempo. Los papeles mistralianos nos llevan a afrontar lo polimorfo, ya que la escritura desborda por todas partes y se proyecta a múltiples espacios, ampliando así los niveles de lectura. Con todos ellos nos hacemos una idea de una autora, de una obra, de una vida. 

Oye Gabriela pone de manifiesto cómo es vista, entendida o custodiada Mistral. La poeta nacida en Vicuña adquiere así una imagen voluble, versátil, según quien la estudie, acapare o lea: la madre de América, la que escribe cartas y firma como hombre, la poeta queer, poco femenina y no bella, o escritora de canciones de cuna que pueden ser leídas como eróticas. Algunas de estas facetas imperdonables para muchos, como la tormentosa relación amorosa entre la poeta y Dana, la que era conocida en el ámbito público como su secretaria, que se sigue en las cartas entre ambas. La vida íntima de la poeta sorprende a sus perros guardianes que se ponen a ladrar furiosos al ver cómo cae la imagen canónica que han custodiado por años. 

¿Cuál de todas es Mistral? ¿O será todas? Clark tensiona la apropiación o la voz de la verdad, cuyo motor parece ser el ego de los personajes más que el rigor del estudio y la investigación. ¿Qué loca pasión brota de los mistralianos por agarrarse de las mechas, defendiendo su postura a muerte y debatiéndose entre los avatares de la academia y del campo cultural chileno y norteamericano? Oye, Gabriela, ¿qué le haces a la gente? ¿Qué embrujo nos echas a todos quienes revisamos tus manuscritos y entramos en tu intimidad, tu vida? ¿Qué se encuentra ahí que construye carreras de años, estudiándote, analizándote, haciendo más o menos ficción sobre tu vida? 

En este crisol de pasiones, rivalidades y reivindicaciones, el legado de Gabriela Mistral se convierte en un espejo que refleja las luchas contemporáneas que persisten en nuestra sociedad. A medida que los personajes navegan por el laberinto de la ambición académica y la búsqueda de reconocimiento, el lector es invitado a cuestionar las nociones de autoría, propiedad y memoria en un mundo que se aferra a narrativas unidimensionales.

Oye Gabriela se erige como un homenaje a la complejidad de la figura de Gabriela Mistral y, al mismo tiempo, invita a reflexionar sobre las dinámicas del poder, la memoria y la visibilización de las voces que han sido históricamente silenciadas. Cada palabra es un acto de resistencia, cada historia un eco del deseo de ser escuchadas. La novela se adentra en los dilemas éticos y las rivalidades que emergen en el mundo académico, un universo donde las palabras pueden ser tanto escudo como espada. A través de personajes que, cuasi ficticios, reflejan las luchas y los sueños de aquellos que habitan a la sombra de Mistral; se explora cómo el deseo de comprender a la poeta se entrelaza con el deseo de poseer su historia. Las líneas que siguen no solo constituyen una puerta de entrada a la figura de Mistral, sino también una profunda reflexión sobre la memoria, la propiedad del arte y las huellas que dejamos.

ARTÍCULOS RELACIONADOS