[Adelanto] Migrar y otras artes. Escritos fuera de lugar

“Migrar y otras artes. Escritos fuera de lugar” es el título del nuevo volumen de la destacada escritora, profesora universitaria y gestora cultural Claudia Salazar Jiménez, publicado por Ediciones Libros del Cardo.
En clave de diario y ruta, explorando las subjetividades, miedos y dislocaciones de la identidad, el libro publicado por Ediciones Libros del Cardo se presentará junto a la autora y las escritoras Gabriela Contreras y Jessica Sequeira este martes 12 de mayo a las 18:30 hrs. en la Librería del GAM.
ESTE CUERPO MIGRANTE. PREFACIO A LA NUEVA EDICIÓN
Vivir en migración. Ser este cuerpo errante que se va transformando en cada cruce de fronteras. Ya no soy lo que fui antes o lo que creían y me decían que era; pero tampoco vivo allá, es más, ni siquiera hablo esa lengua, ni tampoco esta, hablo otra que me fui inventando en este recorrido. Una lengua migrante que se hace carne y celebra su diversidad, sus movimientos, su fluidez, esta escritura que estalla sus propios géneros vitales y discursivos.
Han pasado poco menos de dos años desde la publicación de las primeras ediciones de este libro en Perú y en Estados Unidos. Parece que hubiera pasado mucho más tiempo. Dos años densos como una década. Desde enero del 2025, quienes vivimos en Estados Unidos somos aún más conscientes de que ser migrante, hablar español, ser una persona de color y hablar el inglés con acento, se ha convertido en un peligro para nuestras propias vidas. Frente al amenazante contexto que nos atraviesa a los migrantes latinoamericanos (en diversas intensidades, seamos documentados o no), frente al terror y la violencia de un régimen que ensombrece nuestra cotidianidad con una carga brutal de ansiedad y miedo, vimos hace algunas semanas a Benito Ocasio (más conocido como Bad Bunny) cantando completamente en español durante el principal evento de la televisión estadounidense: el Super Bowl.
Lo que parecía un show banal, se convirtió en una forma de quebrar esa parálisis provocada por un sistema que busca aturdirnos y aislarnos. Frente al impulso tanático de los discursos autoritarios, los migrantes latinoamericanos nos entregamos a una danza de vida plena de ritmo, alegría y goce. Al mismo tiempo, las lágrimas también corrían por la nostalgia de aquello que se fue perdiendo entre tantos viajes, cruces de frontera y despedidas. No fue un gesto superficial, sino una manera de dar la cara frente a la represión y esos discursos del miedo que pretenden paralizarnos, hundirnos en las pasiones tristes.
Bailar en un contexto de terror: un acto político.
Escribir en migración establece una sintonía con el presente, una invitación a crear e imaginar otros mundos posibles. Como una semilla de inquietud, la escritura se mueve como una rebelión suave y silenciosa. Al hablar de la migración en voz alta, se reconoce que nuestras diferencias pueden ser nuestra mayor fortaleza. Vivimos en un contexto donde las ansiedades contra lo diferente acechan en los actos más mínimos e impensables. Pensar y escribir sobre la migración nos permite tomar un respiro frente a estas tensiones y violencias angustiantes.
Los migrantes somos el impulso que ilumina a las sociedades con nuestro abanico de lenguas, costumbres y culturas. “Nadie sabe lo que puede el cuerpo”, decía Spinoza. Los cuerpos migrantes bailan, sudan, gozan y también trabajan, producen, acompañan. Dan la mano. Ponemos el hombro. Los cuerpos migrantes pueden hacer un mundo entero.
Y aquí seguimos.
Claudia Salazar Jiménez
Marzo, 2026

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STANDCLEAROFTHECLOSINGDOORSPLEASE
[…]
Llegué a Nueva York directamente a hacer el doctorado. A vivir, a estudiar, a trabajar. Nunca fui turista. Habían pasado un par de años del 9/11 y todavía se podía palpar algo de ese miedo. Se multiplicaban los avisos de «If you see something, say something». Las revisiones random de bolsas y mochilas en alguna estación del tren. El ground zero todavía era un tremendo foso clavado en Downtown, al lado del cual había un largo pasadizo que tenía alguna rendija por la que podía entrever ese hoyo profundo, las excavadoras y los trabajadores que seguían retirando escombros.
Nunca hice el recorrido en bus por los puntos turísticos, pero ni tiempo daba para pensar en eso cuando estaba tratando de entender la ciudad, de vivirla, de sentirla. Al mismo tiempo que el reconocer calles que había visto en alguna película afirmaba el sentido de pertenencia, de cierta familiaridad que se sentía real aunque era inicialmente ficticia.
Sandy, aquel huracán que dejó inundada buena parte del Downtown y nos dejó sin electricidad por varios días, nos inyectó con ese sentido de comunidad que traen las desgracias compartidas.
Pero ese sentido de comunidad fue más intenso aquel mediodía en otro vagón de tren. Se acercaba la hora del almuerzo. Un momento de relativa tranquilidad.
Y comenzaron a sonar todos nuestros teléfonos celulares.
Sentí que estaba en una clásica escena de película apocalíptica.
¿Nos caería un misil? ¿Se había estrellado otro avión?
¿Invasión de aliens? ¿El apocalipsis zombi había comenzado?
Brevísimos segundos en los que nadie miró su teléfono porque probablemente era el del vecino.
Pero el ruido se hizo mayor. Noté esos segundos de reticencia, casi todos tratando de identificar el origen de esa alarma. Cuál sería la nueva desgracia de esa película en la que ya éramos personajes.
Nada de especial. Un sospechoso de terrorismo estaba en fuga y a lo mejor se le ocurría tomar el tren.
Como si se reabriera aquella herida. «If you see something, say something».
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INKA WASI (O DE LOS RESTAURANTES COMO UN MODO DE HOGAR)
[…]
A mi lado pasaron los muchachos que trabajaban haciendo delivery, llevaban varias bolsas blancas de comida, en un acto de equilibrio. Se sabe que este trabajo de repartir comida utilizando aplicaciones de teléfono es una labor mayoritariamente de migrantes.
Llegó el lomo saltado, con las papas fritas integradas a la carne, la cebolla y el tomate; todos juntos con algunos pedacitos de cebolla china. El olor ya anunciaba que sí, que el plato sería delicioso.
Todo esto sucedía en Downtown Los Ángeles.
Edwidge Danticat, escritora haitiana, en sus reflexiones sobre la vida del artista migrante, se pregunta: ¿dónde está tu hogar cuando emigras?
Acababa de descubrir este restaurante peruano llamado Inka Wasi. La casa del Inca. Un restaurante como una casa. Probé el lomo saltado y confirmé no solamente la precisión de los ingredientes, el jugo de la carne que mojaba las papas fritas en el punto justo, sino cómo, al sentir esos sabores, la casa se volvía a construir. El sabor y los recuerdos que invocan los ingredientes, la preparación, se transforman en una manera de estar en casa. No digo volver a casa, sino de estar en ella. El hogar que se construye cuando nuestro cuerpo migrante encuentra esos sabores.
Algo difícil de conseguir fuera del Perú es ese tono de precisión ácida de nuestro limón. No es el limón amarillo de aquí, grande, pero muy fructuoso. O la verde lima, que se quiere acercar, pero a la que le falta ese olor que se desprende al contacto con la carne tierna del pescado fresco.
Recuerdo que ya tenía algunos años viviendo en Nueva York, extrañando un buen ceviche con «ese» limón peruano. Era sentir la ilusión antes del primer bocado y… la desilusión consiguiente. No, no era nuestro limón. Se parecía, pero no.
Hasta que un día.
Se había inaugurado recientemente. Un puesto de ceviche en Gansevoort Market, en pleno Manhattan. Yo ya no tenía tan altas las ilusiones, me estaba resignado a comer ceviches cuya acidez se parecía a la original. No eran ceviches que me hicieran sentir en casa, pero siempre eran una saludable forma de comer pescado fresco. Así que ahí fuimos, a probar este nuevo ceviche.
Al sentarme sentí el olor. Pensé que era mi ilusión jugándome una broma. No le di mucha atención.
El plato llegó. El ceviche servido en un bowl de plástico.
El olor otra vez.
En el primer bocado se hizo el océano Pacífico. El segundo era un almuerzo de verano. El resto del plato se hizo encuentros con amigos, con unas Pilsen y varias Cuzqueñas, buena música de fondo. Una playa limeña.
Le pregunté al cocinero de Mission Ceviche —así se llamaba este restaurante que era más como un puesto de mercado— en dónde había conseguido ese divino limón. Conversamos mientras bebía una chicha morada.
Desde que emigré, hace ya veinte años, y entre tantos viajes que me ha traído la vida que llevo, he ido formando la idea de que mi hogar soy yo misma. Como un punto de referencia en el que sostenerme. Sin oposición a esto, sino más bien como un complemento, he ido viendo que así me sucede también con los restaurantes peruanos. Puntos de referencia de sabores, encuentros y memorias, que se replican en otras ciudades, en otros viajes, en soledad, en pareja o en grupos de amigos. Los restaurantes como wasi. Casa. Una de las maneras que tengo, como sujeto migrante, de reconstruir mi hogar.
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WHERE ARE YOU FROM?
«Migrar también es borrar. Y ser borrado»
Cristina Rivera Garza. Autobiografía del algodón
1. Llegando a las casetas de migraciones en Argentina
—Where are you from?
—I’m from New… Vengo de Lima, Perú. —Extiendo el pasaporte guinda.
—Ah, ¡peruana! Bienvenida a Buenos Aires.
2. Un museo en España
—¿De dónde viene?
—Soy peruana, pero vivo en Nueva York hace años.
—Ah, entonces eres de Nueva York.
—Soy de Perú, vivo en Nueva York.
—Cuando tienes tanto tiempo viviendo en un lugar, ya eres de ahí. Así hacemos los registros de visitantes en este museo.
—Entiendo, pero…
—¡Gracias! ¡El siguiente!
3. En California, durante las visitas al campus de los tres candidatos al puesto de Literatura china y comparada
—Dr. Salazar is from New York —le dice mi colega californiana a uno de los candidatos.
—Oh, and you are also a writer, right?
Le digo que sí, que soy escritora. También.
4. Otro día, otra candidata
—Dr. Salazar is from New York.
—Oh, you are the writer! I’ve been reading your novel.
Le agradezco por leerme. Y cuando quiero agregar que soy peruana, así que tal vez pueda ayudarle con cualquier duda o pregunta sobre cuestiones migratorias, alguien más comienza a hablar del costo de los alquileres en Los Ángeles, del costo de vida, del transporte, de los barrios, etc.
5. Último día
—Dr. Salazar is from New York.
La última candidata me pregunta si me gusta mucho California. Le respondo que es un cambio interesante, que ahora ando bicoastal, y que el clima, claro, bicoastal based in New York, pienso, el clima californiano es…



