Tablero de Patricio Fuentes: estrategias paralelas en el juego más serio de todos

mayo 08, 2026
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Gabriela Mistral llamó a la poesía el juego más serio de todos. Esto, a mi juicio, se extiende a todo el arte: es un juego muy serio porque quizás sea una partida contra la muerte.

Tablero es una obra narrativa dividida en dos partes. El título del conjunto nos sugiere que la simulación, la ludicidad, la estrategia y la pasión son parte de este libro. Y los acápites de cada una de sus partes, extraídas del Séptimo sello de Ingmar Bergman, que ese juego compromete nuestra existencia. Así, a pesar de la aparente ligereza y sutil tono humorístico de algunas situaciones, debemos entender que subyacen profundas visiones en torno a las crisis que mueven nuestras vidas, la incesante búsqueda de sentido, las heridas permanentes que abren nuestras tragedias cotidianas, las prosaicas condiciones en las que experimentamos nuestros pequeños apocalipsis. 

La primera parte, bajo el subtítulo de Hoy ha venido a buscarme la muerte / Estamos jugando una partida de ajedrez, compila cinco cuentos en los que si bien la historiografía tiene una presencia constante con referencias a célebres batallas como Waterloo y Stalingrado, lo cierto es que en el corazón de estos escritos no se encuentran grandes héroes protagonizando gloriosas gestas bélicas, sino más bien gente común y corriente, que viaja en micro, que utiliza la salud pública, que sufre para mantenerse en la universidad o vive en pequeños departamentos en la periferia de la ciudad. Una clase media empobrecida cuyos roles no son prominentes, sino que entendemos como humildes peones de menor cuantía en el tablero de nuestras sociedades. 

Desde el primer cuento nos encontramos situaciones en las que vemos a Dios jugar a los dados, y donde el factor sorpresa da poderosos golpes de efecto. Son a veces cuentos iceberg donde lo visible es apenas una parte, lo no dicho es fundamental y los vacíos están llenos de significado. En medio del ajetreo de la ciudad donde la mayoría de los cuentos tienen lugar, presenciamos cameos de personajes literarios apenas esbozados, easter eggs que indican que debemos estar atentos a los detalles, que lo importante tal vez está en realidad sugerido y no hecho carne. Los easter eggs son mensajes, imágenes o símbolos escondidos, en este caso extraídos tanto del cine como de nuestros campos literarios, ya sea un peón de providencial mala suerte muerto en el paso entre Chile y Argentina, una célebre maestra chilena cuyo nombre no se hace explícito o la mención a una droga proveniente de recientes cuentos de terror chilenos. De esa manera nos aproximamos a algunas de las influencias literarias que formarían parte del marco referencial que inspira estas narraciones. En general podemos observar en ellos un breve canon de autores para quienes los individuos más desfavorecidos de nuestras brutales sociedades tienen un lugar central en sus historias.

Estos cuentos se hacen más sólidos en la medida en que atravesamos las páginas, las mínimas vidas de los personajes se vuelven consistentes y revelan circunstancias vitales de seres invisibles, a veces deslucidos, cuyas pequeñas desgracias y prosaicas circunstancias se cargan de significado si entendemos que, a pesar de su aparente trivialidad, forman parte del feroz enfrentamiento que cada uno de nosotros tiene con la muerte y el silencio de Dios.    

En cuanto a la segunda parte, si bien es claramente una propuesta diferente, podemos considerarla una estrategia paralela en el mismo tablero propuesto por el libro. Esta sección lleva por subtítulo Es una prórroga que me da la oportunidad de hacer algo importante, y nuevamente es la historia, o más bien la prehistoria, la que configura el espacio narrativo. Y por lo tanto el espacio urbano da paso a oscuros y fríos bosques en los inicios del paso de la humanidad por esta Tierra. 

El epígrafe extraído del canto XXII de la Ilíada, sugiere nuestra necesidad de permanecer en la memoria de nuestros pueblos, pero la narración misma nos vuelve a proponer una épica lejos del héroe tradicional, no el noble o el poderoso, sino los seres desplazados, invisibles, ignorados. 

El único texto que compone esta sección se llama Nomen Nescio, es decir nombre desconocidoNN. Dentro de este extenso relato, que se encuentra en los difuminados límites del cuento largo y la nouvelle, también observamos una preferencia por las vidas aparentemente insignificantes en comparación con aquellas personalidades gravitantes que dirigen el mundo en el que viven. En este camino paralelo de las propuestas ficcionales de Fuentes, se cumple un deseo de muchos narradores: ponerse en la piel de los primeros habitantes humanos de la Tierra, acercarse al mito, donde lo ancestral y lo atávico tiene cabida mediante la narración de hechos cuyos testigos se perdieron en los pantanos de la memoria. Y nuevamente observamos la naturaleza etérea de la realidad, la paradójica presencia del vacío y lo que no sucedió como lugar central. El tono es diría yo un poco más sombrío, y la referencia al Séptimo sello en este caso también nos remite al tema de los azotes y la plagas que nos llevan a límites existenciales donde nuestra fragilidad y vulnerabilidad frente a las amenazas nos enfrentan a la incertidumbre de nuestra condición y destino.   

“Todas las historias terminan igual” susurra una voz en la cabeza del protagonista de Nomen Nescio “con una bestia que vive y otra que muere”. Esta cita quizás sea una de las pistas más significativas dentro de estos juegos ficcionales, premisa que podríamos también proyectar a la primera parte, entendiendo que bajo las “sofisticadas” capas de nuestra cultura contemporánea, siguen habitando bestias salvajes que luchan por sus vidas, de la misma forma en que nuestros ancestros lo hacían en los hostiles escenarios de las primeras etapas de nuestra especie en este planeta. 

Finalmente, creo que, a pesar de sus diferencias, los dos caminos que Fuentes asume dentro de este Tablero se unen como estrategias paralelas en el juego más serio de todos, conectándose gracias a la superposición de planos ficticios, sutiles fisuras en el tejido de lo real y, sobre todo, mediante las miserias cotidianas de sus viajeros sin nombre, las piezas de menor cuantía en su alucinada partida con la muerte. 

agosto de 2025

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