BOLIVIA: REVOLUCIÓN INDÍGENA, OBRERA Y POPULAR FRENTE AL CONTUBERNIO DE LAS ELITES

Colectivo Disidencia Aquí y en la Quebrá del Ají
Desde diciembre de 2025 en Bolivia se viven ascensos en la movilización social, marcada por la presencia indígena y popular, en contra de las medidas tomadas por el reciente asumido Presidente Rodrigo Paz. Desde Chile, a través de los medios tradicionales, mucho se ha hablado de que esto es una movilización impulsada por Evo Morales, y poco se ha dicho de las causas profundas que han llevado a oposición de las medidas del actual Presidente y el liderazgo indígena y popular.
Para esto, desde la Colectiva Disidencia Aquí y en la Quebrá del Ají conversamos con “Maricas Bolivia” organización boliviana, para conocer desde los propios territorios que es lo que está ocurriendo.
¿Cuál es el origen de las movilizaciones en Bolivia y cuáles son los sujetos políticos – sociales que están sosteniendo esta lucha?
R. Es difícil precisar el origen de esta revolución indígena, obrera y popular en Bolivia. Tendríamos que remontarnos a noviembre del 2025, una vez que Rodrigo Paz Pereira del Partido Demócrata Cristiano (PDC) asume la presidencia, una de sus primeras medidas fue la eliminación del Impuesto a las Grandes Fortunas (IGF), medida que solo favoreció a la oligarquía boliviana. En diciembre del 2025 lanza el Decreto Supremo No. 5503 que declara Emergencia Económica, Financiera, Energética y Social en Bolivia. Uno de los pilares de este decreto fue la eliminación de la subvención a los hidrocarburos, lo que fue interpretado por el pueblo boliviano como un gasolinazo en medio de la inflación económica. Asimismo, se advertía en este decreto la falta de consenso social ya que las medidas afectaban a la clase popular. La Central Obrera Boliviana (COB) llamó a movilizaciones, marchas y bloqueos a todos sus entes afiliados. En ese momento se sumó la Federación Departamental Única de Trabajadores Campesinos de La Paz “Tupac Katari” y la Confederación Departamental de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias – Bartolina Sisa (CDMCIO – BS), conocidas como las «Bartolinas». En medio de movilizaciones entre navidad y año nuevo el gobierno retrocedió y en enero del 2026 abrogó este decreto, pero la COB aceptó la eliminación de la subvención a los hidrocarburos. La COB fue acusada de haber tranzado con el gobierno en contra el descontento popular. Los siguientes meses el problema se concentró en la “gasolina basura”, gasolina contaminada que empezó a causar problemas en el parque automotor boliviano, afectando a los transportistas. Se sospecha de corrupción en Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), es decir, se compra gasolina y diésel barato, contaminado, y se vende vende a precio internacional, sin subvención. A la fecha no se ha resuelto el problema, al contrario, ha empeorado con la escasez de ambos carburantes. En abril del 2026 el gobierno de Rodrigo Paz Pereira promulgó la Ley No. 1720 de reconversión de tierras indígenas. Una ley que, supuestamente, convertía las tierras indígenas pequeñas a mediadas para ser sujetos de créditos bancarios. La lectura del movimiento indígena fue que se pretendía despojar de la propiedad de sus tierras a las comunidades en favor del agronegocio y los latifundistas bolivianos. El senador Branko Marinkovic, un latifundista cruceño, fue el impulsor de esta ley y la misma fue promulgada en un acto pomposo con la oligarquía boliviana. Los pueblos indígenas del oriente boliviano, Beni y Pando, marcharon 28 días para llegar a La Paz y pedir la abrogación de esa Ley. A principios de mayo, el gobierno retrocedió nuevamente y abrogó esa ley. Paralelamente comenzaron los bloqueos de carreteras nacionales e internacionales en el departamento de La Paz por parte de la “Tupac Katari”, Bartolinas y COB en apoyo a la movilización de los indígenas del oriente boliviano contra la Ley No. 1720. Estas medidas se fueron acrecentando y las demandas sumaron el aumento salarial para el gremio de magisterio y las mejoras del abastecimiento de combustible, además, de resolver el tema de la “gasolina basura”. En este mes el gobierno anunció un paquete de leyes sobre temas de electricidad, hidrocarburos, justicia, seguridad nacional, etc., y la lectura del pueblo movilizado fue advertir la peligrosidad del segundo gasolinazo, la privatización de los recursos naturales y la supresión del Estado Plurinacional de Bolivia.
Entonces, desde que Rodrigo Paz Pereira asumió como presidente boliviano pactó con las élites para un gobierno en favor de la oligarquía y en detrimento de la clase popular. Está medida puede ser califica de “pacto de clase” o “contubernio de las élites” llamadas a gobernar para sí mismas, y de espaldas al movimiento indígena y obrero. Estos pactos de clase provocaron que su gobierno pierda la legitimidad popular, asumida implícitamente como ganador en el proceso electoral en segunda vuelta. El pueblo entendió este hecho como una afrenta colonial porque todos los costos de su slogan electoral “capitalismo para todos” cayeron en la clase popular de este país que hoy no está dispuesta a pagarlos. El movimiento indígena, desde su memoria histórica, ha entendido la violencia colonial de este gobierno, es decir, su lectura de país alineado a los gobiernos de corte neoliberal de la región, además, de pactos internacionales con Estados Unidos y deudas en el Fondo Monetario Internacional. Todas sus medidas antipopulares son el resultado de una política de borradura de los movimientos sociales e indígenas en favor de los intereses de las clases medias altas.
Los sujetos políticos – sociales de esta lucha son el movimiento indígena aymara y quechua y obrero (COB), pero no es una colectividad homogénea, al contrario, es una colectividad heterogénea y plural que se moviliza desde una conciencia étnica y memoria histórica frente a la colonialidad contemporánea. Tampoco existen liderazgos únicos al estilo de la urbanidad, todos los territorios movilizados están organizados y representados de forma comunitaria junto a autoridades indígenas originarias, y sus respectivas bases, junto a representantes de la COB y todos sus gremios afiliados. Se trata de una colectividad consciente de su lugar social en las luchas de este país, es la misma colectividad de la Guerra del gas el 2003 y el Golpe de estado el 2019. Es una colectividad con mirada política de país centrada en la base del Estado Plurinacional de Bolivia y que esta dispuesta a defender este proyecto en el que se vio representado e incorporado políticamente desde la Asamblea Constituyente del 2007. Los mismos mallkus (autoridades indígenas originarias aymaras) declararon sobre la necesidad de entender la historia boliviana en los periodos colonial, republicano y plurinacional, y hoy no están dispuestos a renunciar a su ejercicio político de pensar este territorio, Bolivia, en la totalidad de la memoria indígena.


A través de distintos medios de prensa que circulan en Chile se ha indicado que esta es una disputa que está impulsando Evo Morales, ¿qué tanto cierto es aquello?
R. Es falso. Claro que Evo Morales tiene una importancia histórica en la creación del Estado Plurinacional de Bolivia, fue en su primera gestión de gobierno que se hizo la Asamblea Constituyente junto a los movimientos indígenas, obreros, populares, para refundar este país. Sin embargo, debido a sus ambiciones políticas, y las ambiciones de otros liderazgos de izquierda, llegamos a la segunda vuelta de las elecciones generales del 2025 sin proyectos políticos que garanticen la representación indígena plurinacional. En esa trampa de la democracia liberal estuvimos obligadas a elegir entre dos partidos de extrema derecha. A la fecha, algunos analistas declararon que Evo Morales no tiene la capacidad de cohesionar o movilizar la lucha indígena y obrera del departamento de La Paz, donde se ha concentrado la movilización, el fuerte de Evo Morales es la región del Chapare en Cochabamba. Entonces, esta rebelión tiene un carácter de memoria histórica indígena y obrera sin la intromisión de partidos políticos y liderazgos funcionales al gobierno. Es una revuelta completamente legítima porque sale de los territorios profundos para, pedagógicamente, encaminar un nuevo quiebre histórico y político en este país. Por otro lado, es el gobierno de Rodrigo Paz Pereira el que está impulsando la narrativa de la intromisión de Evo Morales para deslegitimar esta movilización y criminalizar la protesta al tacharla de pagada y funcional a las aspiraciones políticas Morales.
Maricas Bolivia ha referido que el problema estructural detrás de lo que ocurre en Bolivia es el racismo, ¿por qué señalan esto?
R. Bolivia no ha superado el problema del racismo. Todos los acontecimientos históricos que han definido quiebres en la historia política del país en el siglo XXI están marcados por la emergencia del racismo como estructura de la sociedad boliviana y de su institución política. Si retrocedemos al 2019, en el golpe de estado, el racismo fue el relato de la oposición que se instaló, sobre todo, contra la población indígena movilizada. Asimismo, este fue el relato de fondo en el golpe de estado, la imagen de las wiphalas pisoteadas y quemadas en el Palacio de gobierno evidenciaban ese nuevo orden político. En el contexto de estas revueltas indígenas y obreras nuevamente el racismo es el relato del oficialismo, la borradura del movimiento indígena en la participación política del país es un acto de racismo. Este gobierno junto a la oligarquía, el “contubernio de las élites”, no solo es una decisión política de Rodrigo Paz Pereira, sino un proyecto neocolonial de retroceso al estado republicano, el gran deseo de las clases medias altas, donde la casta política dirigente se asegure todos sus privilegios por encima de la muchedumbre popular e indígena, eso también es un acto de racismo. Asimismo, el racismo, como síntoma de este momento histórico, es el relato que esta impulsando el gobierno junto a los medios de comunicación para deslegitimar estas luchas. Las redes sociales, manejadas por boots desde el gobierno, se han llenado de ataques racistas como “indios de mierda”, “rebaños hediondos”, “haga patria, mate un indio”, “llamas acarreadas por Evo”, etc. Todo este relato configura al “otro” indígena, lo deshumaniza, lo violenta, lo anula como sujeto de derechos, por eso la sociedad pide “estadio de excepción” o “mano dura” a los marchistas y bloqueadores, casi como un ejercicio de disciplinamiento a la rebeldía de los indígenas. El mismo proceder de las fuerzas policiales y militares devela la institucionalidad racista del estado, han detenido a mujeres de pollera por portar aguayos y hondas, han detenido y humillado a personas racializadas como indígenas, han intervenido los bloqueos a título de “corredor humanitario” con bala y gases causando la muerte de un comunario. El racismo que provoca muerte, citando Grosfoguel, esta en la estructura de este gobierno como relato oficial frente a la otredad y como acción política de borradura de esa otredad.
Se acerca junio, mes internacionalmente conocido como “mes del orgullo”, ¿cómo consideran que interactúa el movimiento LGBTIQ+ en esta movilización?
R. En Bolivia el movimiento LGBTIQ+ es un movimiento despolitizado y desclasado. En este contexto se mantienen al margen de las reivindicaciones indígenas y obreras, aunque gran parte de esta población provenga de ahí. Sin embargo, es necesario aclarar que la institucionalidad LGBTIQ+ tiene una mirada aspiracionista a la blanquitud hegemónica porque ese es el proyecto del norte global en nuestros territorios. Si no, ¿cómo explicamos el habitus gay como producto esencial del capitalismo rosa? Claro que en Bolivia ese habitus gay tiene otras implicancias, por ejemplo, vivimos en sociedades negadoras de lo indígena porque se lo ve como el pasado romántico o el atraso que hay que superar. Entonces, lo gay no solo se construye a partir de la borradura de lo indígena, sino como un proyecto urbano y blanco con agendas específicas en derechos humanos vinculadas a la globalidad LGBTIQ+. Por eso mismo, la revuelta de Stonewall se posiciona como relato universal, a pesar de que existen otros hitos y otras epistemes alrededor de las categorías sexo, sexualidad y género en cada territorio del sur global. Entonces, la institucionalidad LGBTIQ+ carece de posicionamiento político frente a las luchas históricas de los movimientos indígenas y obreros, y en esa falta se vuelve funcional a este gobierno que mañana atentará contra ellos. Por suerte, hay movimientos de maricas, machorras y travas que, mas allá de la interseccionalidad, reivindican realidades y memorias indígenas, obreras, populares, etc. Estos movimientos no solo se enfrentan al estado como estructura de poder patriarcal, sino también, se enfrentan al racismo LGBTIQ+ que les niega el básico derecho de existir como indígenas.




