Vivir las lecturas. Un texto de Sylvia Molloy

julio 17, 2026
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Parte de Citas de lectura, libro publicado por la editorial argentina Ampersand en su Colección Lector@s, este texto de la escritora, intelectual y académica es una pequeña pincelada de su visión y experiencia literaria.

Sylvia Molloy nació en Buenos Aires en 1938 y murió en Nueva York en 2022. Publicó las novelas En breve cárcel y El común olvido; y los libros de relatos Varia imaginación, Desarticulaciones y Vivir entre lenguas. Fundó el Programa de Escritura Creativa en Español en la NYU.

De la lectura como acto de posesión: leo y me apodero de lo que estoy leyendo, es decir, encarno la voz del hablante, adopto su dicción, hago mía su circunstancia, lleno hiatos, invento situaciones, personajes, palabras. Leo y el texto se dirige solo a mí, no existe sin mi lectura: yo le doy voz, le doy yo. Lo que dice Paul de Man de la autobiografía como acto de prosopopeya es finalmente aplicable a todo libro: con mi lectura doy vida a lo que no la tiene, personifico.Este libro es mío, soy su coproductora, como Pierre Menard es autor del Quijote.

Desde muy chica emprendí gozosa estas apropiaciones. No solo vivía a través de los libros, vivía los libros, los volvía performance personal. Creo que desde ese entonces de algún modo se hizo patente en mí, aunque no explícitamente, la noción de pose. Es decir, no solo me identificaba con lo que leía sino que con lo que representaba: leer era actuar, y actuar era ser yo.

Me veo un verano en Córdoba, en un lugar que no era nuestro habitual lugar de veraneo, un lugar del todo nuevo para mí en el cual no me sentía muy segura. Debo de tener unos diez u once años, estoy leyendo una vida de Chopin para niños. Veranea en el mismo lugar una familia con un chico más o menos de mi edad, que creo recordar se llamaba Quique. (Puede ser que esté inventando este detalle). Nos hacemos amigos, le cuento la vida de Chopin que acabo de leer, le encanta, comenzamos a actuarla. Yo soy a la vez directora del espectáculo y Chopin; toco el piano, toso y escupo sangre. Él es Liszt, toca el piano, pero no tose ni escupe. Unas enormes piedras chatas en el jardín del hotel hacen de piano. Creo recordar una dramática huida a caballo, perseguidos por los húsares, agregado vistoso que no creo estuviera en el libro. No teníamos quién hiciera de Georges Sand, mi hermana era demasiado chica y mi amigo de ese verano, a quien nunca más volví a ver, era hijo único.

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