El mito íntimo de Lo que entiendo por Borges, de Martín Kohan

agosto 06, 2026
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[RESEÑA]

Lo que entiendo por Borges (Godot, 2026), de Martín Kohan, es una antología de ensayos sobre el universo literario de Jorge Luis Borges. Publicados originalmente entre 2009 y 2024, estos textos -en su mayoría- versan sobre la relación entre las decisiones narrativas individuales de ciertos cuentos de Borges y su respectiva proyección en el gran esquema de su obra. A cuarenta años del fallecimiento de uno de los autores más importantes de la historia, Kohan presenta una lectura lúcida, fresca y sensible sobre su vida y literatura.

Borges, más que limitarse a ser el autor de una serie de textos canónicos, fue el responsable de una cosmovisión literaria única y aparentemente irreplicable, tanto en lo formal como en lo temático. Responsable de un nuevo paradigma narrativo que, si bien atendió a reglas estilísticas particulares, jugó con la complejidad de las ideas y la literatura a tal nivel de ambición que terminó incluso por condenar el porvenir de la literatura latinoamericana. Kohan arranca su libro con un ensayo que se hace cargo del fenómeno: “Lo que entiendo por Borges es lo que tuvieron que escribir Manuel Puig, Juan José Saer, Ricardo Piglia, Rodolfo Fogwill, César Aira y etcétera, etcétera, etcétera, para que se pudiese seguir escribiendo en Argentina después de Borges”.

Parece obvio, pero no lo es: Lo que entiendo por Borges es un ensayo sobre el mito literario del autor y no sobre el culto a su personalidad que lo rodea, a diferencia de lo que han señalado algunos medios. Cuando Kohan accede a la esfera anecdótica de la vida pública o privada de Borges, lo hace exclusivamente en la medida que le es útil para dar con una aproximación justa a su universo literario. Este, como lo entiende Kohan, efectivamente remite a ejes previamente discutidos: virtud aristotélica, literatura canónica, peronismo, antiperonismo, identidad argentina, universalidad narrativa, presencia mediática o ejecución matemática.

Sin embargo, más interesantes aún son las nuevas aristas que Kohan pone sobre la mesa: límites, violencia, odio, ajenidad, sensibilidad sexoafectiva y unos apuntes genuinamente esclarecedores sobre la geografía de Buenos Aires bajo la cartografía espiritual de los cuentos de Borges. La revisión responsable de este universo es un ejercicio francamente inagotable. La literatura de Borges está dotada de una ambición cosmopolita narrativa y temática. La misma universalidad que alguna vez le costó una serie de críticas por el supuesto desentendimiento de la cultura argentina e impostación de una ambición eurocentrista. Paradójicamente, el imaginario popular argentino terminó incorporando a Borges como eje central y aquello que se suponía ajeno, finalmente se asumió ineludible. Eso sin considerar que la obra de Borges efectivamente versa sobre lo más profundo del carácter argentino.

Kohan entiende cómo luchar contra esa y otras pre concepciones del escritor. Las cuales, mal que mal, siguen siendo parte de su mitología. Refuta los prejuicios con elegante calma y, cuando el caso lo amerita, pone en tela de juicio las contradicciones de Borges para ilustrar cómo tensaron su obra. La deconstrucción de sus tensiones es, de hecho, la aproximación más recurrente a la literatura de Borges entre los ensayos que componen la antología. Siempre desde una metodología envidiablemente creativa y sensible. 

La suma de las tesis en Lo que entiendo por Borges supone ofrecer una solución intermedia a la paradoja dicotómica de Dahlmann en ‘El Sur’: El protagonista puede abrir su libro y excluirse de su vida, o cerrarlo y salir a vivirla. Es el tipo de disyuntivas que habrían fascinado a Fitzgerald o Vonnegut. Frente a esta retórica, Kohan invita a pensar en la patronización temática y narrativa de Borges como una inevitable síntesis entre su ambición literaria y su complejidad como persona. Y el propio entusiasmo palpable de Kohan termina de edificar los puentes necesarios entre ambas partes.

Las motivaciones que subyacen al ejercicio de Kohan responden a la misma energía con la que Borges asumió la densidad de la literatura como parte indisoluble de la realidad inherente al ser humano. Él mismo fue un agente del intertexto tanto en lo mediático como -mucho más importante aún- en su propia obra. Borges asumió en sus ficciones una mitificación de la literatura como institución que, tristemente, probablemente era la realidad en la que él desenvolvió su día a día. Fuera del bullado desdén solapadamente burlesco con el que históricamente se refirió a otros escritores (desde Hemingway hasta García Márquez), sus propios cuentos múltiples veces sostuvieron su esencia sobre el diálogo con otros textos canónicos. A veces desde el humor, y otras muchas más desde la deconstrucción del relato original. A veces, dando con ideas cuyos aportes solo pueden competir con las formalidades del propio relato de Borges.

Foto: Martín Rosenzveig

Es lo mismo que hace Kohan en los textos que componen Lo que entiendo por Borges. Solo que esta vez desde la investigación y, sobre todo, la lectura atenta. No solo cumple con aproximarse a Borges desde la evidencia empírica, sino que conserva una efectiva distancia mitológica que, más que limitarse a cumplir con el  respeto del rigor, se para frente a la literatura desde la misma espiritualidad y fascinación con la que Borges destiló sus trabajos.

Con una ternura que recuerda a la sensibilidad nostálgica y romántica más recurrente en las novelas de Kohan, el último ensayo (‘Más allá’) ofrece una lectura de ‘El Aleph’ tan tortuosa como inspiradora. ‘Más allá’ es el punto de inflexión más exacto entre los universos literarios de Kohan y Borges. Una simbiosis tan única como solo lo puede ser la idiosincrasia argentina.

Lo que entiendo por Borges

Martín Kohan

161 p.

Ediciones Godot (2026)

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