Proyecto DESBORDES: “Para nosotras publicar también significa una posibilidad de hacer comunidad”

septiembre 20, 2026
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El colectivo -que trabaja entre San José de Costa Rica y Córdoba, Argentina- es uno de los proyectos seleccionados de MATERIA IMPRESA, encuentro abierto y gratuito de la edición independiente, libros de artista y diseño editorial, que se desarrollará en MAC sede Parque Forestal del 2 al 4 de octubre. “En un contexto donde muchas veces se nos invita a producir de manera individual, rápida y competitiva, trabajar colectivamente también es una decisión. Significa reconocer que una idea puede crecer cuando pasa por otras manos y que hacer juntas no necesariamente significa pensar igual, sino encontrar una manera de construir a partir de las diferencias”, señalan prontos a llegar a Chile. 

Meses de producción y contactos ya están por concretar el anhelo de un grupo de artistas y gestores de la cultura editorial, cuando casi 100 proyectos de arte impreso repleten el Museo de Arte Contemporáneo sede Parque Forestal para dar vida a a la feria MATERIA IMPRESA, del 2 al 4 de octubre del 2026.

Financiado por la línea de Organización de muestras, ferias y encuentros del Fondart Nacional, MATERIA IMPRESA reunirá a una comunidad nacional e internacional que crea libros, fanzines, archivos, experimentos gráficos, publicaciones raras, híbridas, personales o colectivas, láminas, estampas, impresiones en otros formatos y soportes; publicaciones que nacen sin autorización; libros que no piden validación; pruebas, errores y obsesiones.

En total, serán casi 100 los proyectos editoriales participantes tras el cierre de la convocatoria en julio. De ellos, 28 vienen desde fuera del país, específicamente de México, Costa Rica, España, Perú, Brasil, Argentina, Ecuador e Italia.  

Uno de ellos es Proyecto Desbordes, que posee dos residencias: San José de Costa Rica y Córdoba, Argentina. “Crear desde dos territorialidades tan alejadas ha sido un reto, pero también ha abierto una forma distinta de trabajar. Desbordes nació justamente de esa posibilidad de estar en dos lugares y de hacer circular ideas, imágenes y publicaciones entre ellos”, cuentan.

“Esa distancia nos permite crear con mayor libertad, mezclar realidad e imaginación y construir nuestras propias formas de mirar aquello que nos interesa”, agregan, explicando que a veces “una de nosotras trabaja un tema desde su territorio y la otra interviene, comenta o aporta desde el suyo. Otras veces desarrollamos juntas los temas, las imágenes y las fotografías. También hay publicaciones que cada una realiza de manera más individual y que luego encuentran en Desbordes una plataforma para circular”.

Esta y más información se encuentra disponible en  https://materiaimpresa.art/ y en redes sociales @materiaimpresa. Sobre Desbordes, se encuentra más en su portafolio y en sus redes sociales. 


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-¿Cómo eligen lo que crean desde Desbordes y cómo esta doble territorialidad que tienen entre Costa Rica y Argentina determina esto mismo?

Esa doble territorialidad ha determinado mucho la manera en que entendemos la circulación. Desbordes se mueve entre Costa Rica y Argentina, pero también hemos ido construyendo vínculos y redes especialmente en Centroamérica y México. Nos interesa que las publicaciones puedan viajar entre territorios y que esos desplazamientos permitan encontrarnos con otros proyectos, autores, lectores y formas de hacer.

Cuando comenzamos, en Costa Rica había pocos espacios para encontrarse, intercambiar y comercializar este tipo de publicaciones. En Argentina, en cambio, ya existía un movimiento más desarrollado alrededor de las editoriales independientes, el arte impreso y las ferias. Por eso, durante los primeros años, parte importante de nuestra circulación se dio allá.

Pero esa diferencia también nos motivó a generar nuestros propios espacios. Con el tiempo comenzamos a encontrarnos con otras personas, a organizar ferias y a construir comunidad alrededor de la edición independiente. En Costa Rica organizamos la Feria Huella de Arte Impreso, y en Córdoba-Argentina, en una localidad aleja de la capital, participamos también en la organización de la Feria Churrinche (2020-2024). Estos espacios han sido fundamentales para nosotras porque permiten que las publicaciones circulen, pero también que se encuentren las personas que están detrás de ellas.

Hoy Desbordes funciona como una especie de puente entre distintos territorios. Una publicación puede producirse en Costa Rica o Argentina, viajar a México, encontrarse con alguien en una feria en Córdoba o San José y continuar después su recorrido hacia otro lugar.

Para nosotras, esa circulación es parte del proyecto editorial. No se trata solamente de producir objetos, sino de generar redes alrededor de ellos. Nos interesa especialmente fortalecer esos vínculos latinoamericanos que muchas veces existen de manera dispersa y hacer que Centroamérica, México y el Cono Sur puedan encontrarse también a través de las publicaciones independientes.

-¿Dónde mover aquí las publicaciones y generar comunidad?

La circulación es una parte fundamental de lo que hacemos. Hemos trabajado con personas colaboradoras de distintas maneras: a veces desarrollamos los proyectos colectivamente, a través de reuniones virtuales y conversaciones durante todo el proceso; otras veces cada una trabaja desde su territorio y luego compartimos los archivos para que la otra pueda moverlos y hacerlos circular en su país.

También hemos producido publicaciones propias y trabajado con otros autores y autoras. Esa mezcla de miradas costarricenses, argentinas nos interesa mucho porque hace que Desbordes sea una editorial, y lugar de encuentro como también una plataforma circulación.

Las ferias han sido muy importantes en ese sentido. Tanto Huella en Costa Rica como Churrinche en Córdoba nacen de esa necesidad de generar espacios donde las publicaciones puedan salir al encuentro con sus lectores y donde quienes editamos, escribimos, dibujamos, imprimimos o encuadernamos podamos conocernos y reconocernos.

Para nosotras publicar también significa una posibilidad de hacer comunidad. Una vez que terminamos una publicación empieza a moverse, pasa de mano en mano, llega a una feria, a una librería, a una casa, a una conversación.

-Son un colectivo, ¿qué claves creen que hacen que funcionen como tal en contextos de individualismo?

Quizás una de las claves ha sido la paciencia. Tenemos ritmos diferentes y vivimos en realidades muy distintas, por lo que aprender a trabajar juntas también ha significado aprender a esperar, adaptarnos y confiar en los tiempos de la otra. Pero, sobre todo, está la confianza. La confianza de saber que podemos compartir nuestros trabajos, nuestras dudas, nuestras ideas todavía en proceso; que la otra puede mirar algo, cuestionarlo, aportar o simplemente acompañarlo. Y también la confianza de saber que existe un lugar común desde donde podemos generar proyectos y hacerlos circular.

Desbordes muchas veces nace de una curiosidad compartida, de una conversación, de un tema que nos llama la atención o incluso de algo que todavía no sabemos muy bien qué forma tendrá. Nos gusta que el proyecto pueda conservar esa parte de incertidumbre.

En un contexto donde muchas veces se nos invita a producir de manera individual, rápida y competitiva, trabajar colectivamente también es una decisión. Significa reconocer que una idea puede crecer cuando pasa por otras manos y que hacer juntas no necesariamente significa pensar igual, sino encontrar una manera de construir a partir de las diferencias.

También hay algo muy concreto en lo colectivo: compartir recursos, contactos, conocimientos y posibilidades de circulación. Lo que una encuentra en un territorio puede abrirle una puerta a la otra en otro lugar. Esa red hace que un proyecto pueda llegar mucho más lejos de lo que llegaríamos trabajando de manera individual.

-Parte de esta mirada más colectiva se expresa en muchas cosas, entre ellas, en los temas que eligen. En el catálogo se ven piezas sobre plantas medicinales. ¿Qué caracteriza la «producción» de Desbordes?

Las plantas, los territorios y la naturaleza han estado presentes, de una u otra manera, en buena parte de nuestros trabajos. No necesariamente un tema en sí mismo, sino una puerta para acercarnos a otras formas de entender y hablar sobre el mundo.

Hemos desarrollado, por ejemplo, una línea de trabajo con grupos de mujeres indígenas de Costa Rica, particularmente con mujeres Bribris, donde el universo de las plantas ha estado muy presente. Pero lo que nos interesa no es solamente hablar de las plantas: nos interesan los saberes que las rodean, las formas en que esos conocimientos se transmiten y las relaciones que establecen entre las personas, los territorios y otras formas de vida.

Muchas de nuestras publicaciones son el resultado de procesos colectivos. Han implicado talleres, conversaciones, encuentros y muchas decisiones tomadas en conjunto. Y esa parte del proceso nos importa tanto como la publicación final. Hemos aprendido mucho de esos encuentros y también hemos disfrutado de construir las piezas de manera compartida.

Quizás por eso las plantas aparecen tanto en nuestro trabajo: porque nos recuerdan que el conocimiento tampoco es individual. Hay saberes que existen porque han sido cuidados, transmitidos y compartidos durante generaciones. Nos interesa que las publicaciones puedan ser también espacios para poner esos conocimientos en circulación y reconocer otras formas de relacionarnos con la vida.

En ese sentido, nuestra producción no responde a ciertas inquietudes que se van repitiendo: los territorios, la memoria, la naturaleza, los saberes, las formas de vida y, sobre todo, las maneras en que podemos encontrarnos alrededor de ellos.

-¿Cómo describirían el gesto político que hay en gestar creaciones y productos atravesados por la visualidad desde lo manual y artesanal? ¿Cómo es que esto cobra sentido para ustedes en el escenario más actual para nuestra región Latinoamericana?

Para nosotras, hacer publicaciones de manera artesanal es una forma de hacer posible nuestras producciones. Un hacer con lo que esta ‘más a mano’ con los recursos que tenemos en cada lugar donde residimos.

Aunque la distancia en nuestro proyecto nos atraviesa, buscamos la manera de que aparezca lo material: el lugar próximo, la red de personas con las que trabajamos o realizamos proyectos.

Esa distancia hace que aparezca lo digital, la velocidad, la confusión de la comunicación y sobre toda una distancia que está plagada y saturada de imágenes y de un mundo visual.

Allí es que reubicamos, seleccionamos y nos detenemos en las imágenes con las que nos interesa trabajar, sobre todo la fotografía. Desde la fotografía y su multiplicidad de sentidos y soportes desde un archivo propio, o de otros; y que puede tener un valor testimonial como estatus de basura digital, de “imagen pobre”, como dice Steyerl.

Hacer una publicación es detenerse. Es decir: esto nos importa y queremos dedicarle tiempo. A sabiendas que nos toca convivir en una época que muchas veces nos invita únicamente a consumir, a la rapidez y a lo efectivo.

Y hay algo profundamente político en recuperar ese tiempo. En hacer algo con las manos, trabajar con el error, con otras personas, conocer quién imprime, quién encuaderna, quién escribe, quién fotografía. Nos interesa recuperar también esa dimensión material de la creación, porque en ella aparecen relaciones, oficios, conocimientos y formas de colaboración.

Estamos atravesando un momento en el que los espacios para la cultura y la educación se vuelven cada vez más frágiles, mientras se imponen lógicas de producción y consumo cada vez más rápidas y masivas. Frente a eso, hacer un libro de manera manual, imprimir una pequeña cantidad, doblar una hoja, equivocarse, volver a cortarla, coserla, pegarla y tomarse el tiempo necesario para hacerlo tiene algo de resistencia.

No porque lo artesanal sea necesariamente mejor que lo industrial, sino porque nos permite recuperar el control sobre una parte del proceso y decidir qué queremos hacer circular, cómo queremos hacerlo y con quién queremos compartirlo.

Publicar así es abrir pequeñas grietas, crear otros recorridos y sostener otras formas de encontrarnos.

En nuestro caso, además, hemos tenido la suerte de trabajar muy cerca de la Cooperativa Cráter Invertido, que ha abierto las puertas de su imprenta a muchas de nuestras publicaciones y nos ha permitido pensar la edición también desde el hacer colectivo.

En tiempos de tanta velocidad, producir lentamente puede ser una manera de volver a mirar. Y hacer circular esas publicaciones, de mano en mano y de territorio en territorio, es también una manera de decir que todavía necesitamos encontrarnos.

Estamos cerca de Argentina pero más lejos de Costa Rica. ¿Cómo fluyen usualmente, aparte de MATERIA IMPRESA, los vínculos con Chile para ustedes?

MATERIA IMPRESA apareció para nosotras como una posibilidad de conocer otro territorio, encontrarnos con otros proyectos y ampliar esa red que hemos ido construyendo desde Costa Rica y Argentina.

Nos gusta mucho conocer otros espacios de edición y arte impreso porque cada territorio desarrolla sus propias maneras de resolver, producir y circular. Encontrarnos permite aprender, pero también reconocer que muchas de las preguntas que tenemos son compartidas, aunque vivamos en lugares distintos.

Desde Costa Rica también gestionamos la Feria Huella de Arte Impreso, y desde Córdoba participamos en la organización de la Feria Churrinche. Una parte importante de nuestro trabajo ha sido justamente crear puentes con otros equipos y proyectos que están haciendo cosas similares.

Chile nos interesa por eso: porque queremos acercarnos, conocer a quienes están produciendo desde acá, intercambiar publicaciones y experiencias y pensar cómo podemos seguir tejiendo una red entre Centroamérica, México, el Cono Sur y otros territorios latinoamericanos.

Nos interesa que las publicaciones viajen. Que no se queden encerradas en el lugar donde fueron producidas, sino que puedan encontrar otros lectores, otras conversaciones y otros territorios. Materia Impresa es una oportunidad muy bonita para que ese recorrido continúe.

¿Con qué inquietudes andan ahora desde el colectivo?, ¿qué proyectos de creación están activando?

Ahora mismo tenemos varios proyectos de publicaciones en mente que poco a poco esperamos que terminen de tomar forma. Nos interesa seguir produciendo desde Desbordes y explorar distintos formatos, materiales y maneras de construir una publicación. La fotografía ocupa un lugar muy importante dentro de esa búsqueda. Es una materialidad sensible que nos gusta mucho para acercarnos a los territorios. Persiste el trabajo con archivo fotográfico como también el acto de registrar, imaginar y también construir nuevas narrativas a partir de las imágenes.

Algunos de los proyectos que tenemos en proceso parten justamente de fotografías y de investigaciones que venimos desarrollando desde hace tiempo, mientras que otros surgen de conversaciones, encuentros o curiosidades más recientes. Nos interesa que la fotografía pueda convivir con la escritura, la ilustración, el archivo, la ficción y el trabajo manual, y que cada publicación encuentre su propia forma.

Seguimos teniendo muy presentes lo que emerja en cada territorio: ahora estamos con trabajo de archivo de imágenes mediáticas, de prensa, fotografías antiguas que se reúnen en un montaje que remite al territorio y sus transformaciones producidas por el turismo y la urbanización en una localidad turística de Córdoba.

Nos interesa especialmente esa zona en la que una fotografía puede contar o abrir preguntas y activar narrativas y otros montajes por hacer.

Queremos seguir haciendo publicaciones pequeñas, cuidadas y cercanas, que puedan hacerse con tiempo y circular de mano en mano. En ese sentido, seguimos entendiendo la edición como una práctica que permite investigar, crear, compartir y encontrarnos con otras personas.

También queremos continuar fortaleciendo las redes entre proyectos editoriales independientes de América Latina. Para nosotras, producir una publicación y encontrar después los caminos para que viaje son parte de un mismo proceso. Por eso las ferias, los encuentros y los intercambios siguen siendo importantes: nos permiten que los proyectos que hacemos puedan encontrar nuevos territorios y, a la vez, que nuevas ideas entren a Desbordes.

¿Qué expectativas tienen de este encuentro con el público local?

Tenemos muchas ganas de encontrarnos con el público chileno y, sobre todo, de conversar. Nos interesa que la feria sea tanto un lugar donde mostrar o vender publicaciones, como un espacio para conocer otras experiencias sobre lo que se mueve y circula por Chile alrededor de la edición independiente, el arte impreso y las prácticas gráficas.

También esperamos que nuestras publicaciones puedan viajar un poco más allá de nosotras y encontrar nuevos lectores. Que alguien se acerque a una pieza, la abra, la mire, pregunte por ella y quizás se lleve algo que después llegue a otra persona.

Venimos desde dos territorios distintos y nos entusiasma que este encuentro pueda convertirse en otro punto de conexión dentro de esa red que hemos ido construyendo. Nos interesa escuchar, intercambiar, descubrir proyectos y encontrar posibles colaboraciones para el futuro.

AUTOR/A/ES
POR 
Francisca Palma
Nortina y hospiciana. Periodista, funcionaria pública y bordadora. Autora de Iquique Glorioso (Editorial Radio U. de Chile, 2016) e Iconoclastas (Navaja, 2024).
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