Juan José Podestá: “El desierto es una matriz que propicia mi escritura”

El escritor nortino presenta un nuevo volumen de cuentos, Naufragio que no cesa. Publicado por la editorial iquiqueña Ala Negra, el texto presenta un desierto -territorial, psíquico y expansivo- que se despliega como escenario de libertad y encierro. “En el desierto lo que opera es la intuición, el tanteo, lo errático. Se parece a la escritura en eso. Todos somos nómades en uno y en otra”, señala.
Naufragio que no cesa, en palabras de la difusión preparada por la editorial Ala Negra, es “una geología del escape y la persecución en torno a un desierto que habla, atrapa y comprime, pero que es, también, un innovador ejercicio literario expresado en el norte de Chile”.
En el libro de Juan José Podestá, el desierto es escenario de todo. En él, aparecen personajes que se escapan y que se quedan o que se quedan queriendo escapar. Quizás esa sea la clave, la idea del naufragio.
El desierto puede ser territorial, y se ahí -a veces- se puede salir, pero también es psíquico, y de ahí no tanto.
Personajes, mayoritariamente varones -incluyendo al mítico Heredia en su versión pampina- poblan los relatos de esta nueva entrega de Podestá, que se suman a Novela negra (Poesía, Cinosargo 2010); El tema es complicado (Cuentos, Narrativa Punto Aparte 2013); Playa Panteón (Cuentos, Narrativa Punto Aparte 2016); Derechos de propiedad (Poesía, Editorial Aparte 2020); Chonpen (Novela, Navaja 2022); e Isla Podestá (Novela, Narrativa Punto Aparte 2022).
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-El desierto es tema y escenario. Has escrito antes sobre y en este lugar. ¿Ha cambiado el concepto de esta territorialidad con los años? Si es así, ¿cómo la escritura ha sido movilizadora en esa visión?
Mi idea, mi reflexión sobre el desierto y lo que va adosado a él, han tenido desplazamientos. En un primer momento el desierto era un marco, una delimitación. Un límite si se quiere. Escenario, nada más. Hoy es una mirada. Es un tema que va a la siga de un estilo y viceversa. Es una especie de matriz que propicia mi escritura.
-La escritura es fundadora, crea. El primer cuento repasa esto desde la voluntad del narrador que se arroja a crear en un lugar que justamente se puede leer como infértil como es el desierto. En este lugar, ¿qué caracteriza la potencia del lenguaje en un afán creador?
En primer lugar, creo en un lenguaje potente, capaz de impulsar una escritura (y viceversa). Es una de las pocas vías para ir por una creación genuina. En este sentido, la metáfora del desierto como papel en blanco y la escritura como la construcción desde lo estéril me parece adecuada. También es posible el símil de un detective buscando algo que desconoce en un espacio que siempre se le fuga. ¿Qué puede encontrar un pesquisero en una pampa? Los mismos cerros lo leyeron antes que él haya dado cuenta de esa geografía. El sequedal es una novela negra donde todos los elementos (crimen, móvil, autor, detective, víctima, pistas, etc.) están diluidos y reconfigurados, si es que.
-Los personajes de los cuentos «luchan», viven adversidades dadas por el territorio, su hostilidad, pero también por ellos mismos y sus pasados. ¿Qué los une?
Creo que mis personajes están ligados de forma singular por y a una geografía material, emocional, simbólica. Podría señalar que están atravesados por el desierto, pero prefiero decir que lo que hay es un juego de espejos entre el tierral y ellos, un diálogo imposible que se da entre dos naturalezas que no saben por qué sucede lo que sucede, y por eso ellos y ellas sostienen una resignación mientras el desierto sigue transcurriendo, indiferente. Incomprensible e incomprendido.
-Hay un dualismo -que es más complejo que dos partes- entre el tránsito y el asentarse. ¿Cómo se conjugan en el fenómeno/idea del naufragio?
Es interesante lo que planteas. Ese movimiento entre desplazamiento y fijeza es lo que más interesa cuando pienso en el desierto y en la escritura. Si, como escribe Saer, el desierto desbarata la idea de diferencia, entonces podemos pensar que el binomio tránsito-asentamiento es algo ilusorio, una percepción equívoca (errática). En el baldío lo mismo es quedarse que fugar. Claro, vas a ir de un punto a otro, pero eso no significa necesariamente un movimiento. Es más bien un nomadeo, si se me permite la expresión [EN ESTA REVISTA, SE PERMITE]. En el desierto lo que opera es la intuición, el tanteo, lo errático. Se parece a la escritura en eso. Todos somos nómades en uno y en otra.
-Acá también sale la Isla Podestá, la playa Panteón… ¿estás creando un universo literario?
Lo intento con modestia y honestidad.
-Del norte eres de los viejos cracks y pudiste publicar en una editorial más grande y esas cosas pero elegiste lo local, lo naciente, Ala negra ¿por qué?
Me interesó porque Ala Negra, cuyo único oficiante es el escritor Rodrigo Castillo. Es un micro sello que apuesta por un trabajo de manufactura delicado y dedicado, que sin ninguna pretensión desea dialogar a escala local con lectores y lectoras del norte. Germán Carrasco siempre hablaba de que todo debía ser en voz baja, en minúscula. Nuestros dioses tienen que ser más pequeños, recuerdo que decía.
-¿Qué estás escribiendo ahora?, ¿qué preocupaciones escriturales te rondan?, ¿qué se viene?
Trabajo en unas pocas cosas que ya van tomando forma. Soy moroso.
Lo que me preocupa fundamentalmente es el estilo. El estilo marca la diferencia entre redacción y escritura. ¿Qué es el estilo? Cada escritor y poeta tendrá su definición, pero arriesgo que es la forma única en que una determinada escritura se abre camino, alejada de convenciones y normativas. Una ligazón entre el tono dado por la sintaxis y el fraseo, las palabras utilizadas, la respiración, el riesgo. Esto es un horizonte hacia el que intento remar, no significa que haya logrado un estilo. Da para largo y las mías son puras intuiciones.




