Chus Pato: “La raíz de cualquier idioma es el poema”

julio 20, 2026
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Su libro Hordas de escritura se publica en Chile por la editorial Falso Azufre. Editado originalmente el 2008, el poemario escrito en gallego y traducido por Gonzalo Hermo nos ofrece una ventana al pensamiento de la poeta, preocupada en ese entonces -y pensándolo hoy a propósito de esta redición- de la palabra como testimonio de las ruinas del lenguaje, y del encabalgamiento de la poesía como prueba de la sobrevivencia. Intensidad pura que solo se transforma. 

“Doy todas las entrevistas a las chilenas que me quereis entrevistar sin saber quiénes sois”, comienza diciendo desde el calor del otro hemisferio la poeta María Xesús Pato, más conocida y firmando así sus libros: “Chus Pato”. Nacida en 1955 en Galicia, la autora siente una afinidad por Chile. 

“Cuando en el 73 cae Allende, comenzaron a llegar muchos chilenos. Yo era muy joven y llegaron muchos que venían de exiliados a mi ciudad, que es una ciudad pequeñita. Entre ellos se instaló una familia y montaron un bar. En ese entonces estábamos saliendo de la dictadura de Franco, estaba acabando. Es cuando yo tengo veintitantos años. Ese bar se llamaba El Topo, y pasé muchísimas noches. Allí cantábamos canciones chilenas y otras”, cuenta. 

También suma otra postal previa a la apertura de ese local: “el bombardeo de La Moneda en septiembre. En agosto de 1973 había nacido mi primera hija y me acuerdo de ir con el cochecito y ver de los televisores de los bares saliendo la filmación del bombardeo”.

En esa línea afectiva se inscribe la publicación en Chile de Hordas de Escritura, a casi veinte años de su primera edición en España. “Para mí el esfuerzo que hizo Falso Azufre y su editora Constanza me parece que fue muy grande”. Se suma su vínculo con algunas voces poéticas locales: Soledad Fariña y Carlos Cociña -que llevan apellidos de origen gallego-, y de Andrés Ajens y Malú Urriola, Nadia Prado, entre otras. 

A pesar de estos afectos, Chus Pato no ha venido a Chile, pero ha llegado su peculiar palabra. En Hordas de escritura, señala Enrique Winter en su contraportada, la autora bota “la cuarta pared, pero también las tres primeras en un viaje por las montañas europeas para el cual ha afinado el microscopio con el catalejo, ofreciéndonos el vértigo de un cambio de dimensiones que coquetea con lo abstracto”. 

Todo esto mirando al pasado y al futuro en cada paso encabalgado de sus versos, todos sin punto final. Un libro lleno de preguntas, de transparencias y velos y profundamente existencialista, poblado de gestos que revisa en esta conversación. 

Chus Pato nació en Orense en 1955. Escritora gallega, es académica de número de la Real Academia Galega. Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Santiago de Compostela, ejerció como profesora de enseñanza secundaria de dicha asignatura desde 1989 hasta 2020, año en el que se jubiló. En lo literario, Pato es considerada una de las figuras más importantes de la poesía gallega del siglo XX y XXI, tal y como atestiguan galardones tan relevantes como el Premio de la Crítica de Poesía Gallega en 2008 por Hordas de escritura, o el Premio Nacional de Poesía que le fue otorgado en 2024 por Sonora. Es autora de doce poemarios publicados entre 1991 y 2023, entre los que destacan la pentalogía Decrúa, que incluye m-Talá, Charenton, Hordas de escritura, Secesión y Carne de Leviatán.

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-¿Te gustan las entrevistas?, ¿te parecen que sirven para algo?

No es de orgullo ni nada pero a lo largo de mi vida me han entrevistado miles de veces porque tengo muchos años. Creo que sí, que sirven para mucho, sobre todo si publicas un libro en Chile y no estás en Chile y es un libro que has escrito hace ya pues casi 20 años. Creo que hay que apoyarlo, y dado que no publico en editoras millonarias que te editan el libro y después vas al país o así… no. Si algún día voy a Chile pues no será porque Constanza de Falso Azufre me ha pagado el billete que creo no puede pagarse.  Y si no conoces bien el país, pues una entrevista siempre es una forma de decirle a un público quién eres, aparte de que vayan a leer el libro, entonces sí, me gustan las entrevistas porque siempre me hacen pensar, siempre me hacen reflexionar, siempre ponen el foco en lugares que yo desconozco. Bueno, es una conversación, es un contacto.

-Esta pregunta tiene que ver con el paso del tiempo, porque este libro fue publicado inicialmente el 2008, y sabemos que fue escrito antes. El tiempo que tarda publicarse algo escrito… ¿Qué ha cambiado en tu escritura en todos estos años? ¿Cómo enfrentarte a esta edición te hizo pensar en el paso del tiempo? 

Yo pienso bastante en el tiempo. El tiempo o los tiempos es algo sobre lo que medito a menudo.

 

Para mí, Hordas de escritura tiene en la relación con el tiempo una cosa importante. A partir de un libro anterior –m-Talá- empiezo a tener una cierta idea de lo que es una poética de lo que escribo. 

Yo soy una escritora que no se plantea un proyecto cuando escribe, sino que bueno, hablando de mi vida, he escrito libros antes y a partir de m-Talá,  que es mi sexto libro, comienzo a reflexionar muy seriamente en qué estoy haciendo, y esta reflexión surge cuando me doy cuenta y soy ya muy consciente de que mi escritura es diferente. Vamos a hablar de Galicia y después de la Península Ibérica. Bueno, pues es diferente y en esa extrañeza con la que entro en contacto con el público o con los periodistas que me entrevistan, siempre está presente la pregunta “¿qué escribes?”, “¿pero esto es poesía, pero esto qué es?”, y no me queda más remedio que ponerme a pensar muy seriamente en esto. 

Creo que hay tres momentos importantes en esa reflexión y uno de ellos es Hordas de escritura, que mientras lo escribí, leí bastante a un filósofo italiano que se llama Giorgio Agamben, en concreto Homo Sacer, que es una trilogía en donde se reflexiona mucho sobre Auschwitz y sobre lo que pasó con los judíos en Europa, sobre los campos de exterminio y el nazismo. Ahí logré encontrar una manera de centrar el segundo paso de mi poética que es concebir el lenguaje como un campo de ruinas en el sentido de Agamben, que propone una cosa que voy a parafrasear: pensando en Auschwitz y en el nazismo, es la humanidad aquello que ha sido destruido, porque allí se destruye la humanidad, pero lo cierto es que los seres humanos, la humanidad, sigue existiendo después de Auschwitz, entonces tiene que haber un resto que resiste a la destrucción. Hay un nuevo concepto de humanidad que se tiene que basar y que tiene que partir de ese resto. 

Esto lo paso al lenguaje. ¿Te das cuenta que escribo en un idioma que todavía no han parado de exterminar, que es el gallego? Yo no escribo en español. Este es un idioma que ha sido muy acosado, muy prohibido. Entonces, pasando esa premisa al lenguaje, concibo que el lenguaje de la poesía es aquel que ha sido completamente destruido, pero dado que escribimos, pues esa es la lengua que yo quiero para el poema. Y si a esto le añado el hecho de que he ganado mi vida siendo profesora de historia, de geografía y de arte y conozco lo que es la prehistoria, digo, el lenguaje de la poesía es como un bifaz que logra viajar en el tiempo desde el comienzo de la especie hasta nuestros días. Y eso que resiste es la lengua poética. Ese es el segundo paso que doy, y eso es Hordas de escritura.

-¿Dónde se encuentra esto más explícitamente en este libro?

Está escrito en la tercera parte. Hay un poema que comienza diciendo “Me desintegro en la luz”, y luego dice “Definición: poeta es el no poeta”. Pues es ahí: “verdaderamente poeta es aquella / aquel cuya musa fue íntegramente destruida”. Esto significa que la identidad entre poeta y no poeta nunca es perfecta, que no es posible destruir íntegramente la musa, que siempre queda algo; que ser poeta es ese ser, es ese resto. 

Es el mismo razonamiento: la lengua de la poesía es el resto. El lenguaje es continuamente destruido porque la lengua siempre se está destruyendo y siempre queda un resto, y ese resto es la lengua del poeta, el de la poesía. 

Ese es mi segundo momento porque ahora ya no estoy ahí, ahora ya estoy en otra cosa, pero defino el poema como un viviente lingüístico, como algo que vive en la lengua, que es distinto. Es un campo de ruinas, pero es eso que resiste. Es concebir la escritura como algo que vive. Y eso me interesa muchísimo por muchas razones, entre otras cosas, para ir en contra del hecho de que se piensa que el poema es eterno. Si es un viviente, está sujeto al parto, al amor, a la justicia y a la muerte, entonces no hay eternidad en el poema.

-Si bien ahora estás en otro momento, tuviste que volver a revisar el libro. En esta revisión, ¿encontraste algo nuevo?

No sé si encontré algo nuevo, la verdad, pero lo que sí hice fue decir “mira tú, pero mira qué cosas escribía”.

Es cierto que me separan muchos años, pero fue un libro muy importante. Todos son importantes para mí. Lo que quizás me impresiona de Hordas es la juventud. No es que yo fuera muy joven cuando escribí esto, pero era mucho más joven que ahora. Y la fuerza, la fuerza de arrastre. Va, va, va y va, y ahora no puedo escribir así. Ya no tengo esa fuerza. No, ahora escribo más con la cabeza. 

Además recuerdo cómo escribía Hordas. Escribía absorbiendo. Era increíble. Por ejemplo, recuerdo que estaba en el hospital con una persona muy querida que estaba muy enferma y en ese momento incluí las baldosas del hospital. Todo me valía. Las baldosas del hospital, que estaban, claro, tamizados en lenguaje por una emoción fuertísima que estaba teniendo. Me acuerdo que también visité Auschwitz en este momento. Todo me valía absolutamente. Y esa cabalgada, la cabalgada de la horda, porque Hordas de escritura está tomado de una idea que me interesa mucho. De Europa se dice que es un continente, pero es no es verdad, es una península de Asia. Hay una cosa que se llama la llanura central europea, que es por donde entran lo que desde el Imperio Romano se llaman los bárbaros. Son las grandes hordas de que vienen de Asia y vienen cabalgando hasta Fisterra, que es donde está Galicia, que tiene una entrada en el mar que es Finisterre, que es la parte más occidental de Europa. Son esas hordas que vienen cabalgando, y bueno, pues esa es la fuerza. Esa fuerza enorme del lenguaje.

-Sobre el concepto de horda, tiene que ver con lo colectivo, con la intensidad. Y en torno a eso, ahora entiendo que lo usaste por la fuerza del lenguaje, pero tiene algún grado de colectividad porque una siempre escribe con otros y otras, ¿cómo se relaciona con eso? 

Eso creo que se ve muy claro en todo el libro, esa continua referencia. Es que no creo en la página en blanco. Se dice “la página en blanco” y yo digo “pero qué página en blanco”, si tú cuando escribes estás…. claro, eso depende de cada poeta. Hay poetas que les llega con leer un libro. En esta época además leía continuamente. Cuando escribí Hordas ya era una persona casi de 50 o así, entonces tengo ya muchas lecturas y están todas, están todos ahí.

Enrique Winter en la contratapa de esta edición habla de que tú rompes la cuarta pared del libro, de que tú le hablas a un lector. También, das algunas instrucciones… ¿Por qué interpelar al lector tan directamente?

Porque mira, el lector no lo conoces, es imposible conocerlo, pero sí que escribo para que me lean, a pesar de que siempre dicen que soy críptica, que no se entiende nada….

-Dice “Chus Pato bota así la cuarta pared. Pero también las tres primeras en un viaje por las montañas europeas”.

Esa es la primera parte del libro, cuando vienen los bárbaros y fundan Galicia, el primer reino medieval de Europa.

Llega un momento en m-Tala, que a mí no me llegaba el poema, el poema clásico de  “empieza acá y acaba aquí”, y yo no podía. Bueno, pues tuve que romperlo porque no me daba. En ese libro fue cuando escribí esa primera poética que fue decir, dado que el poema es una potencialidad, es una potencia cuando se actualiza, cuando se convierte en acto, yo me dirijo a alguien, alguien que no conozco y también me dirijo a mí como lectora. O sea, digamos que yo también soy la lectora del libro, entonces tiene que convencerme a mí y si me convence a mí y me emociona a mí, es porque puede conmover a otra persona. 

Si tengo que romper el marco de lo que es el poema concebido como el poema de las vanguardias, por así decirlo, pues tendré que romper con el poema de las vanguardias y comenzar a cabalgar por otro lado, porque no me llega, no me llega el flujo del pensamiento solo, tengo que hablar de otras cosas.

-Hay una característica que no es menor es que no hay puntos finales…

Eso es muy importante por una razón: porque cuando tú pones un punto final, esa es la convocatoria de irte al abismo, es el terremoto absoluto. O sea, el último verso es cuando el poema se para y no puede encabalgarse con el siguiente. Eso es tocar directamente el fondo, el abismo del lenguaje y yo eso lo hago al final del libro, no en cada poema, porque sí lo hago en cada poema es que entro en un manicomio… no puedo soportarlo. Yo tengo que seguir, seguir, seguir, seguir, hasta que digo “se acabó” y entonces se acabó. Se acaba el libro, no el poema. Es que es un libro no es un conjunto de poemas. Es la horda que cruza la llanura sin parar, sin bajarse del caballo. 

-¿Cuán importante es para ti plantear la reflexión de la misma escritura en el poema? 

Es importantísimo, porque lo concibo como potencia. Creo que el poema es una de las potencias de la lengua, entonces el poema está en potencia, está en posibilidad y en un momento determinado alguien lo toca y se actualiza. Ese alguien, en realidad, es un médium. El poema ya estaba escrito y en realidad, los poetas hacemos poco, somos como una especie de médium del poema que está escrito desde el comienzo del lenguaje. 

Hay un momento en que comenzamos a hablar, ahí está escrito ya el poema para siempre. El poema se actualiza en función de aquello en que alguien o una comunidad entera concibe el poema y lo dice por primera vez.

Creo además que la raíz de cualquier idioma es el poema. Claro, esto no lo puedo demostrar porque esto tendríamos que vivirlo en las cavernas, pero estoy convencida que la primera voz que se dio fue un poema. Entonces el poeta, según su talento y sus capacidades, es capaz de actualizar aquello que es una celebración, es la celebración de que somos capaces de articular nuestra voz, que es igual que la voz de cualquier animal en palabras, en un lenguaje que es el que estamos hablando tú y yo. Los idiomas importan muy poco a ese nivel.

…son traducibles…

Creo que la poesía, que el poema es una traducción, una traducción de aquel momento. Cómo no voy a creer en la traducción de los poemas. Es que el poema viaja en todas las lenguas.

-¿Qué gesto hay en escribir en gallego? ¿Es una posición de resistencia, es tu cotidianidad?  

El gallego es una lengua que nace antes del castellano y que está en el origen del portugués. Hay un momento histórico en la Edad Media en que ese reino se fractura y nace de ahí Portugal por un lado y Castilla por otro. Esa Castilla que después va a “descubrir vuestro continente” tiene la lengua que se impone a este territorio, o sea, este territorio que hoy es Galicia y que formaba parte de lo que a partir de un momento determinado comienza a ser Portugal, se queda con el Reino de Castilla. A partir de ese momento, ya con los reyes católicos, hay un documento que se llama Doma y castración del Reino de Galicia donde se prohíbe el uso público del gallego. Entonces el gallego, que hasta ese momento era la lengua de la poesía de todos los reinos cristianos de lo que posteriormente va a ser España, se prohíbe totalmente, nada más se deja hablar en el ámbito de la familia. No se pueden hacer testamentos en gallego, no se pueden hacer leyes en gallego. Está completamente prohibido. 

Pues eso pasa por la historia, hasta que llegamos a una prohibición letal que es la dictadura de Franco, donde hay una frase utilizada en ese periodo para situar: “No sea usted bárbaro, hable castellano”.

-Es una forma de arrasar…

Sí, es la destrucción.

Nací en 1955 y esto, por supuesto, es algo que puedo decir ahora, pero no cuando era niña. Cuando fui niña tuve un padre y una madre que hablan que su idioma natal original es el gallego. A nosotros no nos pueden hablar en la lengua de ellos, nos hablan en castellano porque quieren que nosotros progresemos. Entonces nos hablan en castellano, es decir, ocultan el idioma. Pero tengo una pandilla de abuelas que no saben hablar castellano y que tienen que hablarnos en gallego porque si no, no pueden hablarnos. Eso lo recibes de niña sin saberlo. Luego, cuando soy mayor y escribo poesía, tengo 17 años y estamos en la dictadura. Ahí lo que digo es que a partir de ahora voy a escribir en gallego por una razón muy clara: porque quiero llevarle la contraria a la guerra civil y restaurar la historia. Esto es una utopía, pero es lo que me lleva a mí. 

Pienso que si no hubiera existido la guerra civil, si no existieran 40 años de dictadura en los cuales yo nací, yo hablaría gallego. Por lo tanto, lo que es de justicia es que yo hable gallego. No es una cuestión identitaria y esto quiero señalarlo mucho. No es que yo me identifique o tengo una identidad. No, es una cuestión de justicia y de rectificación de la historia. A mí lo que me pertenece es el gallego y como segunda lengua me pertenece el español o el inglés o el idioma que sea, por lo tanto, voy a escribir todo lo que yo escriba en gallego.

-Es el gesto político que pudiste hacer.

Por supuesto que sí. Es un gesto político y en el libro hay un pequeño guiño a un idioma americano. Esto me viene a través de Andrés Ajens. Está al final del libro en el que hay unos versos en Aimara. Están donde hay unos versos de Rosalía de Castro, que es la poeta más importante que tuvo Galicia en el siglo XIX. Está la traducción al castellano y los versos de Rosalía en gallego, en dos columnas. 

Esto yo lo recibo a través de Andrés Ajens, cuando él estaba con aquella chica maravillosa que era una poeta boliviana, era de la Paz, Emma Villazón.

-Hace poco se reeditó uno de los libros de Emma y publicamos una de las presentaciones. Que milagroso es que salga en esta conversación. 

Es un milagro, lo es. Es un milagro de apertura, es un milagro que es la poesía. Emma Villazón, efectivamente, era una muchacha maravillosa. Además, en la editorial de Ultramarinos, donde yo publico mi poesía en español, se publicó Lumbre de ciervos, el poemario de Emma.

AUTOR/A/ES
POR 
Francisca Palma
Nortina y hospiciana. Periodista, funcionaria pública y bordadora. Autora de Iquique Glorioso (Editorial Radio U. de Chile, 2016) e Iconoclastas (Navaja, 2024).
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