Tripatupe taiñ machi: no más violencia contra la mujer mapuche

/ por La Raza
 
 
«Yo recogía yerbas. En los cerros, en las riberas, en los mallines, a orillas del camino también. Hoja por hoja, tallo por tallo, raíz por raíz machacaba, ahumaba, secaba, hervía esas plantitas de Dios. Yo no era nadie, una vieja del campo a lo más, una bruja, una machi flaca y andariega, temida por los niños, buscada por vecinos achacosos. Ahora me veo en el espejo de los diarios, mi cara en banderines, en panfletos, mi nombre por las calles de ciudades en las que nunca estaré. Famosa soy ahora, mientras me queman la lengua y los delirios en una cama del hospital de indios de Nueva Imperial».
 
Jaime Huenún, 30 de diciembre de 2016
La violencia colonial utiliza el tiempo como una de sus armas silenciosas. Lo vimos este 5 de enero, cuando la Corte de Apelaciones señaló que requería 24 horas para evaluar el recurso de amparo a favor de la machi Francisca Linconao, 24 horas para discutir y resolver lo que ya se ha discutido. Requerir 24 horas más, cuando se sabía que la machi tenía los días contados, es jugar con la agonía. Catorce días de huelga de hambre tuvieron que transcurrir para que la medida cautelar fuera, una vez más, sustituida por arresto domiciliario. Extender el tiempo es encubrir la violencia ejercida, y una huelga de hambre ignorada es un crimen silenciado.

 

Hablar de lo que ocurre hoy en Wallmapu es hablar de un entramado de violencias encubiertas que no comienzan ni terminan con el caso de la machi Linconao. Desde hace algunas semanas que Brandon Hernández Huentecol intenta recuperarse de más de 100 perdigones que recibió por la espalda. Lorenza Cayuhan dio a luz engrillada bajo la justificación del presidio. Estos son apenas algunos de los episodios más recientes. Todos lindan en ese pantanoso terreno de la justicia y el crimen.
 
La machi Linconao representa uno de los nudos primordiales de estas violencias encubiertas. Esta autoridad ancestral mapuche es imputada junto otras diez personas por el caso Luchsinger-Mackay bajo la Ley Antiterrorista. No es azaroso que se le haya integrado a este caso. Linconao logró torcer la mano del Estado chileno en el año 2008, al ser la primera en ganar un juicio amparada en el convenio 169 de la OIT mediante su denuncia a la Sociedad Palermo Limitada por la tala ilegal de árboles y arbustos nativos de gran significación para la cosmovisión mapuche. La empresa operaba en un lugar considerado sagrado, donde ella recolectaba plantas medicinales para cumplir su rol dentro de la comunidad.
 
Durante este año la oscilación del proceso se convirtió en un absoluto hostigamiento hacia su persona, y en extensión hacia el pueblo mapuche en su conjunto. Salidas y reintegraciones constantes a la cárcel la llevaron a declararse en huelga de hambre el 23 de diciembre pasado. Este caso judicial obnubila la violencia cotidiana en el territorio mapuche y la militarización sostenida que afecta a lonkos, machis y a los niños y niñas.
 
Pero el caso de la machi Linconao revela otro de los crudos silenciamientos que atraviesan nuestra historia: el entronque entre racismo y patriarcado. En estas fechas de balances, podría decirse que uno de los logros del 2016 estuvo en la instalación del feminismo en el debate público; una instalación, al parecer, sin retorno. La consigna niunamenos fue amplificada e incluso integrada dentro del feminismo oficial, siempre bajo la forma de un feminismo de la igualdad. La ministra del Sernam, la misma que celebró que la consigna #niunamenos apareciera reflejada en La Moneda durante la multitudinaria marcha del 18 de octubre, es la misma que fue incapaz de denunciar la violencia racista y machista que afecta a la machi y las mujeres mapuche en su conjunto. Por eso hoy es una necesidad decir: no más violencia contra la mujer mapuche.
 
Compartimos aquí el material producido por la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (ANAMURI), registro audiovisual que recaba los testimonios de esas mujeres que sufren la democracia tutelada, las mismas que luchan y resisten frente a los modos encubiertos de violencia propagados por el Estado chileno.
La Raza
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