Invento, luego resisto

/ por Lucía Stecher

 

 
Escribir sobre un periodo de crisis, históricamente muy cercano, presenta desafíos y entraña riesgos importantes: ¿cómo reconstruir una experiencia así, desde qué perspectivas y con qué herramientas? ¿Cómo recuperar lo que vivieron quienes estuvieron inmersos en ella, reconociendo sus estrategias para sobrevivir y resistir, es decir, sin caer en el discurso de la total victimización? Si hablamos además de una crisis que afectó a Cuba, el riesgo parece aún mayor. Parece difícil acercarse a la isla sin un claro posicionamiento a favor o en contra de la revolución, lo que, en ambos casos, suele conducir a interpretaciones simplistas de los procesos históricos que han marcado la segunda mitad del siglo XX cubano y latinoamericano.
 
En su último libro, Invento, luego resisto: El Período Especial en Cuba como experiencia y metáfora (1990–2015), Elzbieta Sklodowska se propone reconstruir la experiencia de quienes vivieron el Período Especial. La complejidad del asunto se revela desde las disputas sobre cómo nombrar esa etapa reciente de la historia de Cuba, que para algunos reproduce, acríticamente, la retórica oficialista de un “Periodo Especial en tiempos de paz”. Como muestra Sklodowska, tampoco existe consenso en torno a la duración de este periodo histórico, aunque para ella su final aparece con las promesas de cambio que trajo la visita de Barack Obama (marzo de 2016) para las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.
 
Sklodowska opta por una delimitación del Periodo Especial entre los años 1990 y 2015. Veinticinco años en que los cubanos debieron enfrentar el impacto de la caída de la Unión Soviética en su economía, recurriendo al ingenio, la inventiva, la capacidad de resistir ante la escasez extrema. Y lo hace procurando recuperar las vivencias de quienes se vieron instalados en medio de una crisis que no sabían cuándo ni cómo iba a terminar. Con ello, aparece la memoria social de un periodo marcado por la desaparición del amparo estatal del que gozaron los cubanos entre las décadas del sesenta y ochenta, la que se tradujo también en el resurgimiento de una estratificación social atravesada por elementos racistas y patriarcales que se creía (o esperaba) haber superado.
 
Aparece así el panorama de una época que, además, sorprende por una producción cultural, literaria e intelectual tan vital como diversa que incide en los lenguajes y las formas de representación y, por lo tanto, exige esfuerzos creativos para renovar, explorar y desautomatizar las percepciones y sus formas de expresión. Si bien el testimonio parecería a primera vista el género privilegiado para dar cuenta de una experiencia de crisis, Sklodowska autora de otro libro fundamental, Testimonio hispanoamericano: historia, teoría, poética del año 1992 muestra cómo en ese momento el recurso testimonial parece agotado. En su lugar, los artistas exploran otras formas de decir y de ficcionalizar, reinventando lenguajes y combinando materiales de distintas procedencias. Incluso los sujetos y colectivos más golpeados por la crisis como las mujeres y los afrodescendientes fueron activos participantes y productores en el campo cultural. De alguna manera, la crisis permitió la articulación de discursos y la visibilización de situaciones relegadas a un segundo o tercer plano en las décadas anteriores del gobierno revolucionario. Reaparecen así en el panorama cubano las demandas específicas de los afrocubanos, quienes denunciaron la continuidad del racismo en la isla, y las críticas de las mujeres al carácter patriarcal de la sociedad cubana, no superado por la revolución.
 
La autora, a lo largo de su libro, reconoce los riesgos de caer en una estetización de la pobreza y el sufrimiento, incluso de reproducir miradas folklorizantes sobre el ingenio cubano; esas diversas formas de “estar en la lucha”, que incluyen desde la capacidad de sobrevivir con lo mínimo hasta la mercantilización del propio cuerpo. De algún modo, la aparición en el mercado global de la “marca Cuba” ha incidido, en muchos casos, en la exportación de tendencias autoexotizantes centradas en el turismo sexual, el jineterismo, los balseros y en la preferencia del mismo mercado por una estética de realismo sucio.
 
Desde un “politeísmo metodológico” (25), el libro aborda textos literarios, cinematográficos, performáticos y teatrales. Al leerlo pareciera que nada ha quedado fuera del escrutinio de la investigadora. Ella se detiene en una impresionante cantidad de productos culturales de la época, y también dialoga con un vasto número de intelectuales cubanos y extranjeros, reconstruyendo los principales debates públicos producidos en y sobre el Periodo Especial. Este acucioso estudio se presenta en un libro de casi quinientas páginas, de las cuales setenta y cinco se destinan a la bibliografía y varias son ocupadas por las notas al pie que precisan y amplían las discusiones desarrolladas en cada capítulo. Leo este cuidadoso oficio de reconstruir referencias, citas y documentos como un acto de generosidad, de apoyar la circulación y accesibilidad a los libros en contextos como los latinoamericanos y caribeños afectados por niveles altos de aislamiento y desconocimiento mutuo.
 
No incluyo aquí los nombres de los tantos escritores, artistas, críticos, políticos, intelectuales estudiados y citados por la autora, ya que una selección parcial no podría hacer justicia a la riqueza de su estudio. Lo que me interesa destacar es cómo los capítulos que componen el libro dialogan con las metáforas en torno al Periodo Especial y las distintas dimensiones de la crisis que afectó a la Cuba postsoviética en sus transformaciones cotidianas. Aparecen así las dificultades materiales concretas enfrentadas por escritores y artistas durante el periodo (falta de papel, de tinta, de imprentas, cierre de casas editoriales), junto a las estrategias que desarrollaron para producir, a pesar de circunstancias adversas. Pese a estos obstáculos, el arte cubano en el periodo se insertó en el mercado internacional, la industria editorial se transformó, tuvo vitalidad y hasta se mantuvieron activos los debates en torno al rol del escritor y al lugar de la crítica.
 
La cotidianidad cubana durante el Período Especial adquiere protagonismo en el libro. Son múltiples las manifestaciones artísticas consignadas que muestran la centralidad de la comida (y su falta) en este periodo: es el esfuerzo del Estado y la población por administrar la escasez, reconstruido por la autora a partir de la revisión de programas de televisión, guías de autoayuda (para optimizar los pocos productos disponibles), transformaciones en el lenguaje y textos irónicos. Sklodowska advierte que la recurrente elaboración artística y literaria de esta temática corre los riesgos de agotar su potencialidad de estremecer y asombrar.
 
Históricamente asociadas a la cocina y la alimentación, las mujeres fueron directamente interpeladas por discursos sociales y oficiales que exacerbaban su rol de ángeles del hogar, siempre dispuestas al sacrificio y al compromiso con la alimentación familiar. “Lo sublime y lo abyecto” aparecen “a través del lente de género” de escritoras que tematizan sus condiciones de producción y la perpetuación de estereotipos de género en la sociedad cubana. De ese modo, la reinvención y autoproducción de objetos de necesidad cotidiana, casera, relevan la capacidad de crear y reciclar objetos, dándoles hasta una segunda y tercera vida, algo impensable en sociedades de consumo.
 
Todos los espacios geográficos y simbólicos que confluyen en este libro traman el lugar de enunciación de una autora que desde la introducción se asume como investigadora polaca, que ha tenido un temprano contacto y una larga relación con Cuba, y que ha desarrollado su carrera académica en Estados Unidos. Esta posición de enunciación no se presenta sólo como una suerte de declaración de principios, sino más bien consigna una forma de mirar a lo largo de todo el texto. Abundan las reflexiones en torno a las diferencias entre leer la realidad desde una perspectiva interna o externa, y en torno a los riesgos que enfrenta el investigador extranjero al no poder acceder a todas las complejidades lingüísticas los neologismos, el choteo cubano–, a las referencias locales, a la distancia con respecto a experiencias extremas: «Por azares de la vida soy «cubanóloga» con una travesía un tanto atípica: nací y crecí en Polonia detrás de la Cortina de Acero, fui becaria en Cuba en la época del XI Festival de la Juventud y los Estudiantes (1978), me radiqué en Estados Unidos después del derrumbe del bloque soviético (1989). En el mundo de desarraigos diaspóricos mi ruta no ha sido excepcional ni la más dramática. Soy consciente de que tener mis raíces en esa encrucijada entre el Este y el Oeste que es Polonia, en aquella Europa Central que a veces parece no menos inventada y marginalizada que Latinoamérica y el Caribe, no me otorga ningún privilegio ni tampoco me pone en una desventaja ante la tarea de estudiar Cuba […] Si bien no presumo sobrevalorar mi propia herencia la de una cultura «menor», canibalizada, incómodamente colocada en este guión que parece una cicatriz EsteOeste, creo que mi genealogía me ayuda a percibir, no sin una sana dosis de autoironía, mi propio posicionamiento (¿impostura?) en esta otra cicatriz NorteSur, desde donde tomo (¿usurpo?) la palabra como latinoamericanista radicada en el seno de la academia norteamericana» (15).
 
El lector advierte, rápidamente, que Sklodowska sí conoce, sí comprende. Y mucho. Al carácter monumental de su investigación en términos del material revisado textos teóricos, críticos, archivos fotográficos, cinematográficos, performances, y su inserción en los debates del campo cultural e intelectual cubano, la autora agrega lúcidas observaciones que abren en su libro un espacio a las fecundas producciones de críticos e intelectuales cubanos. Esto no es evidente: muchos libros y estudios sobre el Caribe toman de la región los objetos de estudio, pero no las teorizaciones que sobre ellos mismos se producen internamente. Al dialogar seriamente con las lecturas críticas de los cubanos sobre su contemporaneidad, recupera la densidad de la producción intelectual de la isla.

     

 
 

 

Invento, luego resisto: El Período Especial en Cuba como experiencia y metáfora (1990–2015)
Elzbieta Sklodowska
Editorial Cuarto Propio, 2016
494 págs
 
Lucía Stecher
luciastecher@nada.com