Lucrecia Martel, “Mi gran militancia política en el espacio es el cine”

abril 13, 2026
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La cineasta Lucrecia Martel acaba de lanzar un libro llamado “Un destino común” editado por Caja Negra Editora y distribuido en México por Editorial Sexto Piso. El libro reúne por escrito una serie de intervenciones públicas de la directora de cine. A lo largo de diez conferencias y clases, dictadas entre 2009 y 2025 en instituciones y festivales, transcriptas por primera vez.

Además ha comenzado el proceso de exhibición en los cines de América Latina de su nuevo largometraje documental, “Nuestra Tierra” que aborda el caso del asesinato de Javier Chocobar, líder de la comunidad indígena Los Chuschagasta en Tucumán, Argentina. En 2009, Chocobar fue asesinado por un empresario mientras intentaba evitar un desalojo forzado. A partir de este caso, el documental aborda tópicos como el sistema judicial argentino, la migración campo ciudad, la violencia colonial en Argentina y por cierto la historia de la comunidad Chuschagasta. 

Compartimos algunas reflexiones del conversatorio llamado, “Sonido, Imagen, Política: Una Conversación Con Lucrecia Martel A Partir De Su Libro Un Destino Común”,  realizado en la casa del lago de la UNAM, en el que participó junto Malena Rey, Editora General de Caja Negra Editora, y Cinthya García Leyva, Directora de Casa del Lago UNAM. En el encuentro se abordaron algunos tópicos asociados al cine que son parte del su libro: el sonido en el cine, su crítica a la linealidad temporal, su último documental “Nuestra Tierra” y llamó a lxs asistentes a volver a callejear como estrategia de rearticulación de lo político. 


Callejear como acción política 

En un contexto marcado por el uso de aplicaciones y redes sociales como forma de socialización Lucrecia Martel reflexiona en torno a la importancia de volver a la calle porque desde ahí se pueden activar posibilidades de la política que aún no conocemos, “Las redes que parecían que iban a ser para conectarnos, realmente son para lo que significa la palabra ‘redes’, es decir tenernos atrapados ahí horas. Una puede observar que la militancia de redes se contenta con muy poco: ‘Me enojó con tal cosa, –reacciones de emojis–  me enojo, me enojo, me enojo, caritas, caritas’. Bueno, me voy, listo, voy a hacer mis cosas. Ya siento que participé. O sea, no digo que eso no tenga su valor y su importancia, pero lo que me parece es que tenemos que intentar volver a los grupos, y a las acciones en el espacio. Te digo, no soy una gran experta en cómo se hace eso. Digamos, mi gran militancia política en el espacio es el cine, entonces, no sé cómo se hacen con otros tipos de organizaciones, pero yo creo que hay que volver a darle importancia a juntarse en una casa y tratar de organizar acciones, recuperar la posesión, poseer el espacio”.

A su vez se refiere al extractivismo al que se está sometiendo el espacio exterior, con el ejemplo el programa Artemis de la NASA que estuvo orbitando la Luna la última semana, y en respuesta a ello plantea la necesidad de defender el espacio propio, “Bueno, los colores son para detectar metales sobre la luna, en cualquier momento le van a llegar todos los extractivismos que sean rentables. El color azul era para detectar, no me acuerdo qué, cadmio, el color rojo para detectar hierro. No es que la luna tenga ese color, sino que esos son los colores con los que están identificando los los lugares de mayor condensación de minerales, qué significa, que se está mapeando la luna para una futura extracción. Bueno, frente a esa forma de uso del espacio, nosotros tenemos que oponer la conquista del espacio nuestro, la calle, el barrio, transitar, moverse, comunicarse con otros espacios, a través del espacio y no a través sólo de la red social, que está bueno lo de la red, por supuesto, porque te ayuda a acelerar un montón de procesos. Pero la comprensión de por dónde andamos es fundamental”.

Reflexión que está muy en sintonía con varias de sus charlas que le dan el título a su libro “Un destino común”, en una de ellas señala: “El cine es ir a la calle, hablar con los vecinos, caminar por la ciudad … hay algo que pasa ahí afuera que requiere nuevas observaciones. Es preciso mirar sin tantos prejuicios, tantos eslóganes, tanta doctrina. Armar ese destino común es la única tarea de la cultura. La cultura es un intercambio simbólico que sirve para armar un destino común, para inventar un mundo”.    

Un Destino Común – Lucrecia Martel
Caja Negra Editora, año 2025

Cuestión que reafirmó en la presentación y animó a la audiencia a recuperar la aventura como acción política, “Entonces, una forma política de recuperar es callejear. Porque lo contrario nos va a empobrecer cada vez. Hay que salir a la aventura, no sé si ustedes pensaron esto, pero yo estaba bastante convencida que después de la pandemia venía la aventura, el deseo loco de recorrer el espacio y conocer gente que no conocíamos. Y, curiosamente, no pasó hasta ahora. Por eso daría la impresión que hay que hacerlo como un apostolado: Callejear, recuperar la calle, contactarse con la gente que uno no conoce de manera azarosa, porque también todas las aplicaciones de ir a conocer gente, las Tinder, Grindr, y también los Instagram, y todas las cosas donde uno puede ir a encontrarse con alguien del que ya tiene información, o la información que ha declarado, que después puede ser una sorpresa. Pero, entonces, la generación de ustedes, los jóvenes, esa generación va a tener que ver cómo lidiar con eso, cómo recuperar la aventura, porque si no, políticamente vamos a estar cada vez más complicados. Imagínense qué valor va a tener la democracia con unos ciudadanos que están perfilados desde su nacimiento por empresas, cuyos objetivos son de empresas y no son objetivos comunes”.

Su convicción es que se requiere de la calle y lo diverso para luchar en contra de la homogeneidad y a su vez en contra de la estandarización y de las identidades que solidifican estructuras. Por ello su búsqueda es desde el espacio público, la vida cotidiana, las comunidades y también desde el cine buscar fracturas que permita sortear la vida, “Yo creo que la homogeneidad es el peligro más grave, entonces, busquemos formas de lo político y transformemos esto que hemos inventado de la ‘identidad’, que muy fácil lleva al racismo, al nacionalismo, al individualismo, un montón de cosas peligrosísimas, tratemos de ver cómo las reconstruimos sin que caigan en esas durezas o en esas calcificaciones”. 

El Sonido en el Cine 

Una de las constantes en la propuesta cinematográfica de Lucrecia Martel, es la centralidad creativa que le otorga al uso del sonido, elaborando capas de múltiples sentidos, desbordando convenciones exclusivamente diegéticas, indiciales, representativas, para producir atmósferas complejas y sobre todo imaginativas, “Para mí el sonido fue una forma de escapar de esa educación –católica, convencional–  que yo había tenido, que les aseguro que la ha tenido la mayor parte de los que están acá. El sonido para mí fue la herramienta para encontrar alguna llave. Y cuando eso funciona, logro estar en un mundo muchísimo más grande que el que me enseñaron o que mi educación me permitió ver”, explica la cineasta.

A su vez como lo ha señalado en sus charlas, el sonido es la posibilidad de la expansión de la idea de la linealidad temporal hacia otras búsquedas “El sonido te puede llevar a alterar concepciones acerca del tiempo. No hay que confiar en la línea de tiempo: El presente, el futuro adelante y atrás el pasado. En un timeline, la película empieza y termina cuando termina el timeline. Todos esos esquemas que son tremendamente poderosos y efectivos son terriblemente limitantes para pensar. En una línea de tiempo, cada punto está perfectamente organizado. El orden causal de los puntos es absolutamente restringido por la línea”.  

A lo que agrega que desde su visión del cine pensado desde el sonido se produce un efecto de transformación de patrones culturales, “En cambio, si vos pensás el tiempo como un volumen, en vez de haber una línea, imaginemos un cubo. El sonido te lleva mucho más a la idea del cubo, el sonido irradia en todas direcciones, la luz parecería ser una línea o al menos de esa manera la concebimos. Entonces, cómo cambia la concepción del tiempo, si en vez de asociarla a la mirada, a la luz, a la verdad, a todo eso, concebimos ese volumen, la identificación, imaginate en un volumen lleno de micropuntos, ¿cómo identificás qué es causa y qué es consecuencia? Si no hay un ordenamiento lineal, agarrás un punto en un volumen, ¿cuál es la causa y cuál es la consecuencia? Este punto es a lo que me lleva ese entusiasmo por el sonido, es que te hace pensar en muchas cosas y detectar muchas arbitrariedades que normalizamos. Nosotros todos pensamos que es muy fácil definir causa y consecuencia, es la cosa más arbitraria que existe. Saber, determinar qué hecho es causa y qué es consecuencia es una terrible arbitrariedad del pensamiento”. 

Para Lucrecia Martel, pensar el sonido es una forma de pensar lo común, lo que nos articula como sociedad a partir del proceso de inmersión, que nos viene desde antes de nacer, de estar inmersos en un ambiente acuático, pasamos a estar inmersos en un ambiente rodeado de aire, ”Ahí sucede toda la complejidad de la materia sonora para un humano, con su sistema de percepción de audición. Eso significa que desde el principio de los tiempos, hemos estado todos unidos entre nosotros. Esa idea de separación, de individuo, de qué sé yo, si lo tuviéramos que pensar en función de la inmersión, nunca estuvimos separados. Nunca un vecino estuvo verdaderamente separado de mí, siempre estuvimos todos inmersos (…) Pero digo, esa situación de inmersión no es solamente una condición física, es una condición política. Todo lo que le pase al vecino, un poco me está pasando a mí. Si en el barrio de más allá hay, falta el agua, un poco también me está pasando a mí el sufrimiento del otro. También nos olvidamos de eso, porque por esta invención que hemos hecho de separar a las personas como individuos y no conservar la idea de inmersión”.  

El sonido como hecho político es la forma en que Lucrecia Martel piensa el cine. Su búsqueda es hacer películas que expresen la particularidad de los entornos en que se filma  “Una cosa que a mí me preocupa del cine y que pasa mucho ahora en las series, que es que por esa velocidad de tener que producir algo rápido, recurren a estandarizaciones o a referencias norteamericanas –incluyendo el sonido– . Nosotros, en la imitación de eso, perdemos toda la capacidad de referencia con lo que conocemos. Les digo porque no es cualquier cosa. Entonces, va desapareciendo la diversidad de lo que conocemos, y con la desaparición de la diversidad en el sonido, porque imitamos a la serie gringa o en la imagen, porque filmamos en los barrios cerrados, se convierte en el canto a la homogeneidad estética, empieza a desaparecer la diversidad del mundo que nos rodea, y no crean que eso no tiene consecuencias. Eso tiene consecuencias políticas inmediatas”. 

Sonido, Imagen, Política: Una Conversación Con Lucrecia Martel A Partir De Su Libro Un Destino Común”

Lucrecia Martel comenta que las ciudades latinoamericanas poseen una riqueza sonora infinita y particular. Esas capas de sonido se las otorgan una serie de elementos locales como es el estado de las calles, la falta de mantención de los motores de los vehículos, la antigüedad de los automóviles, “Toda esa sumatoria de sonidos va configurando el espíritu de las ciudades y de esa tensión, –se produce– llamémosle, una sinfonía de sonidos”. Por ello, señala la cineasta, es central que las películas posean esa sonoridad y que se abandonen los procesos de estandarización, “Cuando uno no refleja lo que está pasando, y ojo, que esto no lo estoy diciendo de ningún género en particular, la comedia romántica, el thriller, no importa, porque no tiene importancia el género para esto, para la pérdida de significación, sino la incapacidad de generar nuevas y audaces combinaciones en base a lo que nos rodean, y todo lo simplificamos en base a las referencias norteamericanas, no digo norteamericanas solamente, en el cien por ciento de las referencias que tomamos –pero en la mayoría de los casos sí–  además de los bancos de sonido. Todo nuestro mundo empieza a desaparecer en torno a esas facilidades.  El lugar donde vas a filmar y todo lo que conocés de la luz que te rodea y que implica otras cosas, porque ojo, que la luz significa cuánta contaminación uno tiene, así como el sonido y los motores y el estado de las calles y cuántos baches hay para que determine el sonido de una calle, también con la luz pasa lo mismo, el tamaño de las ventanas que tenemos, la cantidad de contaminación que tenemos en el aire, el tipo de nube, en fin, todo lo que hace la particularidad de un lugar (…) lo que quiero decir es que en el sonido hay una carga de información que es gigantesca y que es de un valor narrativo extraordinario”.  

El llamado es insistir en la calle, porque es político porque es una forma de hacer algo diferente al cine convencional,  “Vayan a los lugares, que aparte es una buena excusa para ir a conocer lugares. No usen referencias, porque vamos a empobrecer a tal punto el mundo que no nos vamos a reconocer a nosotros mismos. Entonces, si no entendemos que eso tan sutil que nos acompaña hay una cantidad de información sobre nosotros mismos y nuestros problemas, empezamos a representarnos en las películas con cosas que no reflejan lo que nos está pasando”.

Uno de los recursos sonoros más interesantes desarrollado en su último largometraje documental llamado “Nuestra Tierra”, fue el uso de las fotografías de archivo incorporando una serie de capas de sonido de los diferentes integrantes de la comunidad Chuschagasta de Tucumán, a lo que la cineasta explica, “En esa película aparecen muchas fotos, y esas fotos tienen sonidos muy increíbles que, les digo esto porque yo ya vi que la gente dice que son muy increíbles los sonidos. No es porque yo la hice. Entonces, de dónde salieron esos sonidos tremendamente complejos, muy narrativos: de las tarjetas de teléfonos de los comuneros, de esa comunidad indígena. Grabamos todos los que quisieron compartir esas tarjetas, nosotros las copiamos a un disco y analizamos todo ese sonido y después lo usamos”. 

Nuestra Tierra – Trailer Oficial

Es por ello que la cineasta agrega que en muchos casos el sonido tiene que ver con la capacidad inventiva, creativa, por sobre una capacidad económica, “Eso es un valor de producción, algo donde la película va a mostrar su potencia económica, su capacidad de hacer algo. Ese valor de producción, viene de las tarjetas de nuestros teléfonos, ahí están registrados sonidos, decenas, que es imposible que una producción con toda la plata del mundo los pueda producir. El sonido más complejo, más difícil de producir, está en las tarjetas de teléfonos de ustedes. Hay muchísimas escenas que ustedes tienen registradas en sus teléfonos, que si viniese, no sé, alguien con mucha plata de otro país y quisiera reproducir eso, sería imposible. No conseguiría todos esos extras que actúen de esa manera tan cómoda, riéndose, hablando. Entonces, digo esto porque el valor que puede acarrear a una película esa masa sonora no tiene estrictamente que ver con la cantidad de plata que tiene la producción”. 

Nuestra Tierra – Documental 

El cine de Lucrecia Martel tiene una búsqueda descentralizadora. En sus largometrajes La ciénaga, La niña santa, La mujer sin cabeza y Zama, hay una propuesta por construir espacios cinematográficos no evidentes, desplazando el centralismo bonaerense, instalando otro tipo de narrativas y visibilizando territorios poco abordados como Salta, territorio del que es oriunda.  Desde ese posicionamiento es que ha buscado crear un cine que expanda las posibilidades de lo que ocurre en el territorio actualmente conocido como Argentina. Ese es el caso de su más reciente documental llamado “Nuestra Tierra” que aborda el asesinato de Javier Chocobar, líder de la comunidad indígena Los Chuschagasta en Tucumán, Argentina. En 2009, Chocobar fue asesinado por un empresario mientras intentaba evitar un desalojo forzado. 

Durante una década Lucrecia Martel junto con el equipo de realización, estuvieron investigando y recopilando material del caso. Finalmente la película pudo ser exhibida en el circuito de festivales durante el año 2025 y este año –2026– fue estrenada en circuitos comerciales. Sobre el rol del cine en este caso Lucrecia Martel reflexiona, “La lucha por la justicia, fundamentalmente, fue de la comunidad, ahora, ¿cómo puede colaborar el cine? Uno a veces piensa que la colaboración del cine es el resultado, una película en donde uno va a contar un argumento a favor de la comunidad,  ese podría ser un pensamiento, pero el cine tiene una particularidad que tiene pre, pro y postproducción. En la parte de la producción, es decir, cuando uno filma, uno está filmando dentro de un juicio o uno va a filmar a un lugar donde sucedió algo, ya la sola presencia de esa gente que se nota que está ahí con curiosidad, con cámaras, con micrófono, a todos les hace pensar, ‘acá está pasando algo’. Ese es el primer mensaje que manda la gente del cine al mundo. Después, en la pre, que es la investigación, vos vas a los archivos, vas al al catastro, vas a inmuebles, en este caso, porque es sobre la propiedad de la tierra, y empezás a preguntar. Y cuando hay un grupo de gente preguntando en instituciones sobre una cosa, también hay una alteración histórica, los empleados de esas oficinas dicen, ‘che, parece que acá hay un tema, hay algo, porque esta gente viene y busca y busca sobre esto’. Entonces, ya hay dos momentos en donde todavía no hay una película y uno ya está alterando la historia un poco apenitas, de esa manera”. 

Una de las particularidades del documental, que quedó en la edición final, fue uno de los momentos en que el sistema judicial interpela al cine, poniendo de manifiesto que estamos ante el artificio del cine y que este puede tener un rol inmiscuyéndose en la cultura judicial colonial, “Hay un momento en donde la abogada de los imputados hace referencia a la película, y hace referencia porque era notable que había tres cámaras, y, bueno, yo que estaba tomando notas, permanentemente en todos los días del juicio. La prensa iba, venía, dependía qué testimonios atractivos iban a suceder para la publicación diaria de lo que estaba pasando en el juicio, pero la presencia constante de la gente del cine generaba una inquietud, y eso también es parte de nuestro trabajo”, señala la cineasta. 

«Nuestra Tierra», dir. Lucrecia Martel, año 2025

Con respecto a la participación y recepción de la película por parte de la comunidad Chuschagasta, comenta, “El momento de recolección de información de la gente del cine, que es urbana, en contacto con la comunidad, que es rural; todos esos intercambios de información generan otro momento de lo que significa el cine, que es la gente del cine sentada en una comunidad, porque, a mí me gusta decir la gente del cine como si fuera una comunidad, como un pueblo indígena. La gente del cine, con la gente de la comunidad Chuchagasta, intercambiando información. Porque, además, hicimos un taller y porque, además, ellos nos dieron y nos contaron un montón de cosas. Después está la etapa cuando uno hace la película, ahí no estaba la comunidad, estaba la gente del cine. ¿Eso nos da menos derecho a poner atención sobre los acontecimientos que está viviendo una comunidad indígena? No. Tal vez nos puede hacer cometer errores de interpretación, pero todos nosotros tenemos derecho a opinar sobre nuestra época. La gente del cine también puede opinar sobre su época. Nuestra participación es como un granito en todos esos o en algunos de esos momentos continuos de la comunidad en la lucha”. 

El año 2018 los asesinos de Javier Chocobar, Darío Amín, Luis Humberto Gómez y José Eduardo Valdivieso fueron condenados a 22, 18 y 10 años de prisión respectivamente, sin embargo luego de 2 años de prisión, la justicia resolvió dejarlos en libertad, aludiendo que la sentencia “no estaba firme”. 

El documental “Nuestra Tierra” fue reconocido por el British Film Institute con el premio a la Mejor Película –Best Film Award–, el día 19 de octubre del 2025. El día 29 de octubre del año 2025, después de 16 años de espera y 7 años desde la condena inicial, la Corte Suprema de Justicia de Tucumán finalmente dejó la sentencia firme. Esto significa que se agotaron todas las instancias de apelación de los asesinos teniendo que volver a prisión. Lucrecia Martel señala al respecto, “¿Es el cine el que provocó eso? No por sí solo, nosotros quizás, a través de la prensa, que es otro factor asociado al cine, a las películas, logramos que la Corte Suprema se acordara que había un papel sobre el que tenía que tomar una decisión. Nadie me lo confirmó, pero por las fechas, me parece bastante posible. Entonces, cuáles son las repercusiones íntimas de la película en la comunidad, que, por supuesto, fueron los primeros en ver la película. No sé, cuáles van a ser, porque desde que vimos juntos la película en un cine hasta hoy, yo hace dos meses que no he estado en Tucumán. Entonces, durante este año supongo que recogeré las conclusiones de eso. Pero ya te puedo decir que la película logró poner esta discusión, en ambientes universitarios, en escuelas, en ambientes profesionales, en instituciones sobre cuestiones sociales, qué sé yo, otra vez el tema de lo indígena en la agenda, no convirtiéndolo en el gran tema del año, pero volviendo a observarlo. Eso que parece tan poquito es enorme, y una película hace ese poquito, pero un montón de películas pueden hacer una enorme transformación”. 

AUTOR/A/ES
POR 
Erick Valenzuela Bello
Bárbaro de jornada completa, de baja ralea, tornatraz, tenteenelaire, subalternizado, champurria, permanentemente vigilado, sobre todo en supermercados y aeropuertos.
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