Para los arqueólogos del futuro. A propósito de Los retornados de Cristián Cristino
Creí que eras tú y era yo. Que yo aún vivía, pero al irme sobre ti algo de tu vida me desmintió.
Fue solo un segundo, porque después te doblaste tú también y el amor nos creció como los asesinatos.
Canto a su amor desaparecido, Raúl Zurita
Los retornados (Imaginistas, 2024), del autor chileno Cristián Cristino, es una novela poética o una serie de poemas que conforman un relato sobre la implementación de un programa para “retornar” a detenidos desaparecidos de la dictadura mediante personas artificiales: los retornados. Estos artefactos traen al presente y encarnan memorias reconstruidas a partir de un conjunto de archivos judiciales, cajas de fotografías, relatos íntimos. Así se instala la problemática central de la obra: la memoria y la presencia producen una disonancia o una cacofonía causada por la imposibilidad de una identificación. Antes que restituir el pasado, estas figuras lo vuelven extraño, como una expresión incómoda de una herida histórica y la exploración de una solución que se revela fallida.
Si bien el relato es legible en clave ciencia ficción por la presencia de un dispositivo y una posibilidad técnica en un futuro incierto (o un futuro que no se esfuerza en diferenciarse del presente), no se habla mucho de los detalles técnicos. El foco de la obra no está en el dispositivo ni en su desarrollo desde un punto de vista técnico, por lo que esta no es una ficción tecnocientífica a cabalidad. La obra pareciera más interesada en la exploración del lenguaje que se puede utilizar para enunciar los pliegues de la memoria y en los procedimientos de montaje que permiten elaborarla y que la tuercen, volviendo imposible cualquier intento de identificación plena.
El punto fuerte de Los retornados se encuentra en su capacidad especulativa, encarnada en la voz en primera persona, para quien la presencia de estos humanos artificiales supone más problemas que otra cosa, algunas incluso domésticas:
¿de dónde retornan los retornados? ¿vuelven con frío? ¿y por eso no saludan? ¿por no poder estirar los dedos? ¿sueñan con el reencuentro igual que mi abuela o solo repiten la banda de un mensaje que pide no apagar ni desconectar el dispositivo hasta completar su actualización? ¿aprenden a andar aferrados a pasamanos en textura que reproduce el testimonio de sus deudos? ¿vuelven alegres? ¿son melancólicos por defecto? los retornados no olvidan el entrenamiento, van por la vida caminando sobre bandejas manchadas
por huevos
reventados
con miedo a ser rechazados.
ellos no pueden defraudar.
Al modo de unos ooparts –out of place artifacts, objetos hallados en contextos arqueológicos impropios temporalmente–, los retornados aparecen como un ruido histórico: algo que no debiera estar ahí ni en ese momento. Esta problemática se puede abordar desde ciertos marcos provenientes de la antropología forense, en la línea del trabajo con restos biológicos o documentales y la ficcionalización de la que son objeto en Los retornados. Esta voltereta teórica permite precisar la valoración de los retornados con respecto a la identificación, definida como el resultado de la coincidencia entre dos grupos de datos, los pre y post mortem. De esa manera, se abre un primer cuestionamiento a la figura del retornado: no se sostiene sobre datos certeros, sino sobre la lectura de archivos y recuerdos personales. Este problema de base se complejiza aún más si pensamos, como reflexiona Mario Montalbetti, que la memoria tiene un lado perverso, tendiente a la cosificación y fetichización, cuando se intenta tender un puente directo entre el relato de lo ocurrido y los hechos, sin considerar una mediación creativa o discursiva. Todo esto prepara el terreno para comprender por qué la restitución, como se presenta en la obra, se sostiene sobre un vicio estructural: no se puede aspirar a un retorno pleno y esa herida histórica no deja de resonar.
Una forma consistente de acercarse a la restitución en la obra de Cristino es poner el acento en la relación entre familiares y retornados y, por extensión, en el modo de procesar la memoria. Esta presenta un problema de base: como comenta el antropólogo Alfredo González-Ruibal, la necesidad de restitución es antes una búsqueda por una presencia que por sentido. Entonces, ¿cuál es el sentido de los retornados? Satisfacer un deseo de presencia. ¿Y luego qué? La respuesta, en ese punto, deja de ser tan clara. Si es que hay una que pueda dar continuidad a la experiencia y destrabe las posibilidades de la ficción.
Hacia la mitad del relato, por ejemplo, la funcionalidad del retornado se tuerce hasta una normalización que cambia las reglas. Se perfilan como otro tipo de ciudadanos, se cierran sobre su diferencia. La continuidad que ofrecía la restitución, proyectada hacia el futuro, se disuelve.
se informa que a diez años del anuncio del programa. se evalúa eliminar la palabra reparación ya que habiéndose alcanzado la meta de retornados, un retiro voluntario con todos los honores. […] la vida incesante que aporta siempre nuevas especies en extinción. también. la paradoja de los retornados promotores de la desaparición. ¿de qué? la memoria. un partido político que empaste a los retornados. Retornados sujetos políticos. una legislación que los contemple.

“Continuidad” es otra palabra clave: entre el recuerdo y la nueva presencia, continuidad entre lo pre y postmortem. Dicho de otro modo, se produce un problema con la identificación. La primera sección de la obra, “una narración”, describe el proyecto en potencia, son las primeras preguntas sobre qué es lo que se vendrá; a continuación, “los días extraños” sigue el desarrollo del contacto, cuando la memoria, las expectativas y el encuentro con el retornado se vuelve disonante. En común, ambas partes, tienen una resistencia a la sintaxis, a las formas normadas del lenguaje, como si lograr construir una coherencia entre el objeto y la experiencia o, peor aún, entre el pasado y el presente, fuera un imposible. Quizá allí subyazga la manera más fiel de representar la memoria: el ruido, el ripio, el montaje antes que la secuencia causa-efecto que organiza las narraciones tradicionales.
Una vez el proyecto del retorno se pone en marcha, pareciera que la centralidad se desplaza: no se desarrolla una resolución de justicia, la utopía de la reparación histórica, por falta del principio básico de la identificación, se va desmigajando: esos cuerpos no son los otros cuerpos. El intento de pasar de un objeto reconstruido por la memoria a sujetos jugando a no representar, sino ser, es caótico. El realismo en el trato con el cuerpo artificial solo acrecenta su diferencia: mientras se juega a parecer, más se distancia de lo que es. Se requiere, entonces, una nueva forma de comunicación:
un año entero de capacitaciones. […] dinámicas grupales para aprender los detalles del proceso del retorno. cada familia es su propia carta gantt. datos y cifras y colores y sus equivalencias en horashombre. salir adelante y disertar un protocolo de bienvenida y adaptación del retornado. la manera de tratarlo. la forma de comportarse para no hacerlo sentir tan incómodo. la empatía se enseña ejerciéndola.
Es la experiencia de los usuarios la que empieza a girar en torno al objeto, por una necesidad de humanización. Algo similar ocurre en ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos? de Michel Nieva, en que un proceso de humanización de un gaucho artificial, producto de un horizonte de expectativas confuso sobre un artefacto, termina llevando la narración a una parodia de la histórica política argentina. En este caso, también es conflictivo el trato de un retornado, un cuerpo artificial, y la suerte de familiarización por el que debe pasar y que será siempre fallido. El retornado comparte con el gauchoide de Nieva que su materialidad localizada impide la extrapolación a lo humano en abstracto; en otras palabras, ambos cuerpos tienen marcas que no se pueden pasar por alto y que bloquean la posibilidad de que a través de ellos se pregunte por la humanidad, y que deban ser leídos (dentro y fuera de la ficción) como una construcción local y situada. Si el gauchoide es una figura útil para parodiar, el retornado lo es para construir una distopía sobre las bases mismas de una herida histórica.
Este cuerpo artificial, más allá de su lectura, será siempre otro, aunque llenado de conocimientos y, sobre todo, de relatos sobre relatos de vidas, que han tomado diversos rumbos con el tiempo.
testimonio de la retornada
me obligaron a memorizar una canción, me dijeron que era su favorita. ¿desde cuándo?, desde que volvió la democracia. el luto lo volvió cursi, pensé. estoy programada para encarnar a la compañera muerta de un hombre que no es el mismo que supuestamente amé antes de ser una desaparecida. mil personas trabajando en el centro de la reconstitución biológica y ninguno es capaz de resolver las incongruencias del plan maestro.
La representación de una representación es sumamente productiva para la experimentación simbólica al interior de una cultura. Esto tiene más valor en el marco de los discursos en torno a la memoria que en Chile han pasado de la resistencia a la institucionalización, luego a una demanda de reparación y, hoy por hoy, a una posición marginal o de prescindencia en medio del auge de la ultraderecha.
Más allá de las metáforas muy manidas en la literatura chilena reciente, una obra como Los retornados juega a expandir el imaginario político de la memoria hacia formulaciones tecnocientíficas, rozando lo erótico o el horror corporal, pero siempre enmarcado en una formulación poética. Con la totalidad de estos recursos se explora soluciones imposibles a nuestro pasado. Y, aun así, se resiste a responder la gran pregunta por la memoria para arrojarse a la especulación.Cristino formula una suerte de arqueología del futuro: un relato acerca de una ocurrencia imposible, que no toma necesariamente ribetes conciliadores, ni buenistas, ni autoafirmativos para los proyectos de izquierda.
La experimentación arriesgada con un tema sumamente sensible como lo es la memoria es lo destacable de Los retornados. Allí se procura mantener abierta la herida de la memoria, eludiendo discursos elegíacos, derrotistas o vacíamente nostálgicos. En ella, utilizando palabras de Montalbetti, el vacío se manifiesta como vacío y queda un horror insimbolizable, que no se resuelve por más creativas y científicamente revolucionarias que sean eventuales tecnologías de restitución. La radicalidad de la obra descansa en su narratividad discontinua, en su escaso propósito clausurador y en su disonancia persistente: no hay retorno, solo reiteración de una herida que no admite resolución.



