Nütram: Conversación entre Moira Millán y Yásnaya Elena Aguilar Gil

La lamgen Mapuche y defensora territorial Moira Millán presentó su libro «Terricidio. Sabiduría ancestral para un mundo alternativo» en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM. El encuentro, realizado en el Auditorio Ricardo Flores Magón, contó con la presentación de los académicos Rodrigo Hernández y Márgara Millán, para luego dar paso a la conversación entre Yásnaya Elena Aguilar Gil, quien es una destacada lingüista, escritora, traductora y defensora Mixe –ayuujk– originaria de San Pedro y San Pablo Ayutla, Oaxaca.
Yásnaya Elena Aguilar Gil, es una de las voces más influyentes en la defensa de los derechos lingüísticos y la autonomía de los pueblos indígenas en México. A su vez, Moira Millán es fundadora y coordinadora del Movimiento de Mujeres y Diversidades Indígenas por el Buen Vivir, que agrupa a 36 naciones originarias en Argentina. Ha liderado procesos de recuperación de tierras frente a grandes corporaciones, como el Grupo Benetton. Desde hace 25 años inició el proceso de recuperación del lof –comunidad– “Pillán Mahuiza”, lo que ha permitido frenar proyectos de represas hidroeléctricas que amenazaban el Río Corcovado.
El diálogo permitió abordar una serie de temas claves como la crisis ambiental y política enfatizando la defensa territorial desde las comunidades. Compartimos a continuación algunas reflexiones de ambas intelectuales y defensoras territoriales.
Mujeres Indígenas y Feminismos
Yásnaya Elena Aguilar Gil, comenzó agradeciendo la posibilidad de conversar, como un valor en sí, en medio de un mundo complejo, caótico que muchas veces hace dificil la posibilidad de procesar tanta información: guerras, fascimos, crisis ambientales, genocidios bombardeos. Pero el plantear la mirada desde un posicionamiento de pueblos en resistencia permite dar una reflexión de mayor alcance, “creo que necesitamos defender la conversación, defender la plática tranquila, y creo que nuestros pueblos, tanto el pueblo Mapuche como el pueblo Mixe, venimos de una tradición de mucha conversación, de tradición oral, de también procesos que se sustraen a la urgencia. Nuestros poros siempre han estado, claro, por lo menos hace quinientos años, en una gran emergencia”. Por lo tanto el nvtram –conversar, en lengua Mapuche– es también una estrategia de resistencia y de posicionamiento.
Para entrar en temas de coyuntura, la linguista Mixe quería conocer la visión de Moira Millán con respecto a los feminismo, una relación que planteó compleja, “la compleja relación que establecemos las mujeres indígenas con el movimiento feminista, sobre todo con el movimiento feminista occidental”. Moira Millán, partió por reconocer el valor de estas luchas feministas, que han permitido incluso en su comunidad abrir una puerta para “que ese dolor saliera y cobrar a vos”. En ese sentido el rol de millones de mujeres movilizadas ha sido fundamental. Sin embargo, explicó que es importante reconocer y tomar distancia del proceso de homogeneización, “Y ahí me encontraba con este, el tustenaje de la blanquitud sobre nuestra voz. ¿Vieron esa frase desafortunada? ‘Dar voz a quien no tiene voz’, que es un latiguillo que se repite, y a mí me parece una aberración, porque todos tenemos voces. Lo que no tenemos son los oídos preparados para ser audibles esas voces”.
Así también amplió la crítica a las cateogrizaciones academicistas, que buscan encuadrar las luchas de mujeres y sus comunidades en categorías que les son ajenas, “Esos feminismos empezaron a tutelar las voces de las mujeres indígenas. Se empezó a hablar del feminismo comunitario, del feminismo de Abya Yala. Dentro del feminismo comunitario de Abya Yala entrábamos nosotras. Nunca nos preguntaron si estábamos de acuerdo con la nomenclatura ‘Abya Yala’ para todo el continente, otra vez la homogeneización”. Es por ello que una de las formas de avanzar en procesos autónomos fue la creación del Movimiento de Mujeres y Diversidades Indígenas por el Buen Vivir, que articula a mujeres de 36 pueblos como el Mapuche, Qom, Wichí, Moqoit, Kolla, Guaraní, entre otros. Se organiza de forma plurinacional y horizontal, además de ser inclusivo con las identidades de género no binarias y disidencias sexuales dentro de las comunidades.
El planteamiento estratégico de parte de Moira Millán, es que el “feminismo blanco” debe generar un proceso de apertura y escucha de vuelta, en reciprocidad, “el feminismo blanco tiene, para poder ganar una lucha antipatriarcal y volver, realmente, una alianza estratégica con todas las que estamos luchando contra esta colonialidad, debe abrirse, debe permearse a recibir todos estos andares ancestrales de nuestra lucha, y también nuestra perspectiva, nuestra caracterización del presente, que es de nuestra cosmovisión”.
La lucha por el territorio y la lucha antipatriarcal

Bajo Tierra Ediciones, año 2025.
Esta reflexión permitió abrir la conversación en torno a entender que las luchas son articulaciones complejas y que no se encuentran segmentadas como se plantea de la racionalidad occidental, “Creo que hay un olvido ahí, y es muy interesante cómo el feminismo blanco más occidental, está utilizando un mecanismo muy patriarcal, que es la parcialización y hiperespecialización del conocimiento y de la manera de pensar” comentó Yásnaya Elena Aguilar Gil, a lo que agregó, “Muchas compañeras de muchos pueblos indígenas tienen una conciencia más clara de que eso no se puede desacoplar, y que, por lo tanto, la lucha anti patriarcal también es una lucha por la tierra, y también es una lucha en contra la lógica de los estados (…) pensaba mucho en la compañera Aura Cumes –del pueblo Maya Kaqchikel– que decía que la posición de las mujeres indígenas en los sistemas de opresión, nos permite verlo de manera más clara”.
Reflexión que fue compartida por Moira Millán, quien además relevó el significado y la centralidad del Territorio, “Todos los pueblos indígenas tenemos esta conciencia de que el territorio es sagrado, mientras que la cultura dominante, lo sagrado es el capital, lo privado no se toca. Cuando nosotros volvemos al territorio, cuando recuperamos territorio, lo recuperamos para crear un orden de vida dentro de ese territorio (…) ¿Y qué entendemos nosotros por restablecer la armonía? Es volver a procurar construir una sociedad donde el orden cósmico sea respetado, y respetar el orden cósmico es respetar la vida y todas las vidas”.
A lo que agregó que este planteamiento requiere una relación horizontal con todo el entorno, “Ahí todas las fuerzas existentes cobran el valor fundamental, y mi vida está vinculada a tu vida y a la vida de los bosques, a la vida de los lagos, a la vida de la montaña. Entonces, ahí no tiene sentido la fragmentación, porque somos una unidad. Cuando las mujeres indígenas hablamos de cuerpo territorio, es literal, somos cuerpo y territorio. A través nuestro habla la selva, habla la montaña, hablan los ríos, un pedacito de ese espíritu entra en nuestro ser, en nuestro cuerpo”.
La defensa del Río Corcovado (llamado ancestralmente Carrenleufú) ha sido una de las luchas centrales del Lof Pillán Mahuiza y la comunidad de Corcovado desde hace más de 20 años. Su objetivo principal ha sido frenar el Proyecto Hidroeléctrico La Elena, un megaproyecto que contemplaba la construcción de varias represas que inundarían miles de hectáreas de bosque nativo y tierras habitadas por comunidades, “Yo tomo agua ese río, y cuando tomo agua ese río, tomo información milenaria. Me habita ese río también. Y como los frutos, los hongos, los frutos de mi territorio, que tienen información milenaria, porque no son transgénicos. Entonces, esa semilla, con memoria, también me habita. Entonces, todo se vincula. No podríamos estar luchando contra la violencia machista, contra el patriarcado, sin luchar contra el capitalismo destructor, sin luchar contra el colonialismo. Por eso me parece a mí que es estratégico para este sistema opresor permitir que una voz y un posicionamiento del sector del feminismo se expanda”, señaló Moira Millán.
Territorio, propiedad privada y buen vivir
Yásnaya Elena Aguilar Gil, explicó que tanto el dinero como la propiedad privada, han sido dos herramientas que utiliza el capital para la usurpación territorial. Según la defensora territorial, esto ha configurado una suerte de “pensamiento mágico capitalista”, que convierte a las diferentes formas de vida en mercancía privatizable y transaccionable en el mercado, “La propiedad privada es en realidad, un robo de lo colectivo (…) hay una transformación constante de lo común, una traducción constante de lo común a propiedad privada, y, por lo tanto, explotable. Y esa es la crisis que ahorita se manifiesta en de muchas maneras, como el genocidio en Gaza naturalizado sin la máscara de ninguna ley internacional, puedes bombardear escuelas con niñas ahí. Entonces, esa crisis está haciendo la traducción constante de la tierra a propiedad privada. Eso es lo que está detrás de este ‘terricidio’. A su vez, se proponen muchas respuestas desde los pueblos. Una de ellas es el Buen Vivir”.
Moira Millán explicó que desde la perspectiva Mapuche existe el concepto Ngerpun, que en sus palabras tradujo como “atravesar la noche”, entendido como paradigma que es un desafío de época, “Aunque pareciera que es una noche oscura, en el mundo Mapuche hay una palabra que se llama Ngerpun que es atravesar la noche, y que nos dicen, siempre vamos a tener Ngerpun, siempre vamos a tener que atravesar la noche para tener empatía, para poder sentir el dolor ajeno, pero hay que atravesar la noche, no quedarse en la noche”.
Es desde esa perspectiva es que la práctica del Buen Vivir, es fundamental para atravesar esa noche, como diría el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, “la larga noche de los 500 años”. Sin embargo parte de los desafíos que hay que transitar son las cooptaciones institucionales y academicistas, “Tenemos que construir el el Buen Vivir ahora, no esperar que un gobierno venga a instalarlo (…) Yo vivo en un territorio recuperado, en una comunidad, en un lof –comunidad– Mapuche, donde estamos viviendo de manera autónoma y tratando de crear el Buen Vivir. Lo defendemos porque ya descubrimos lo que es vivir en libertad, lo que es amanecer con el lewfu, con el río, ir al bosque, encontrar medicina en el bosque, encontrar nuestro lawén –medicina–. Empezamos a ver que nos podemos sanar, que nos podemos alimentar, que nos podemos fortalecer” expresó Moira Millán, quien además agregó que el desafío es desarrollar esta perspectiva tanto en territorios rurales como urbanos, que pueda existir la potencia de recuperar la ensoñación y el deseo de libertad, “Un día, en mi imaginación más novelesca, me imagino a esos pueblos telúricos, habiendo creado ese mundo alternativo maravilloso. Y estos pueblos domesticados recién ahí, van a despertar y van a entender que los que caminamos contra toda adversidad, pero con todo el coraje necesario, teníamos la razón, más que la razón, teníamos el instinto certero de que un mundo nuevo y mejor era posible”, comentó.
De manera complementaria, Yásnaya Elena Aguilar Gil, señaló que su experiencia lingüística y política de conversaciones con mujeres de diferentes pueblos ha sido marcado por una constante que son los conceptos de “equilibrio” y “reciprocidad”, explicó, “Regresando a mi propia lengua, el buen vivir etimológicamente, tiene que ver con una noción de equilibrio, es decir, con tener las entrañas en equilibrio. Literalmente, dice eso. Alguien que tiene sus entrañas en equilibrio, o mundo o la comunidad no tiene sus entrañas ni de un lado ni de otro, sino justo en el centro. Está bien en salud mental, está bien en muchos sentidos. Después, hablando con las compañeras Sami, su definición también tenía que ver con equilibrio”.
Noción que se contrapone al paradigma capitalista de desarrollo y progreso inacabado e ilimitado, “Entonces, pensar cómo esto de tener el producto interno bruto siempre creciendo, siempre creciendo, siempre alejándose, es totalmente incompatible con la noción de equilibrio. Y pregunté a otras compañeras Maya cómo se dice en su lengua y cuál era la etimología de la palabra. De las quince lenguas –en donde ya investigó– catorce tienen en el centro la palabra equilibrio”. Agrega Yásnaya Elena Aguilar Gil, que la búsqueda de equilibrio incluso es contraria a las propuestas progresistas de las izquierdas, que buscan reconvertirse al interior del modelo, “me alarma mucho, incluso, en las izquierdas latinoamericanas, las izquierdas del mundo, hay algo que no se puede renunciar y es la idea de desarrollo. Si tú haces una campaña política criticando el desarrollo, vas a tener un problema. Entonces, todas estas nociones del buen vivir ponen en crisis una idea fundamental de lo que occidente y, sobre todo, estos sistemas de opresión creen que es el buen vivir, que creen que es equivalente a desarrollo”.
Moira Millán cerró esta parte de la conversación reconociendo la importancia de los aportes y precisiones señalados por Yásnaya Elena Aguilar Gil e invitó a plantear el problema de la relación entre economía y espiritualidad, “Por eso digo que esta lucha es espiritual, es fundamentalmente espiritual. Y la construcción de la estrategia política, la construcción de la estrategia autodefensiva, la construcción de la estrategia económica, todo parte desde esto que propone nuestra hermana Yásnaya (…) Por eso el desarrollo es contradictorio a nuestra lógica. Restablecer la armonía es volver a habitar en esa centralidad, y la centralidad es la vida. Ojalá pudiéramos discutir economía y espiritualidad, ese es un trabajo, te desafío que lo hagamos juntas. Pensémoslo cómo sería”.




