El amor no hace mal al prójimo: Una reflexión en torno a «Esto no es una oración»

junio 03, 2026
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La novela debut de Carmina Asunción explora la infancia en un colegio católico, la moral religiosa y el despertar de la identidad sexual en el Chile de los 90.

Monique Wittig describe la heterosexualidad “no como una institución sino como un régimen político que se basa en la sumisión y la apropiación de las mujeres”. Al tener esto en consideración y reflexionar en torno a qué organismos perpetran esta serie de represiones, inmediatamente somos capaces de visualizar la religión como uno de los mayores responsables de forzar a la mujer a adoptar un rol más bien pasivo en las relaciones heterosexuales. El sentido de pertenencia que el hombre tiene sobre la mujer, hasta el punto en que esta se vuelve casi un objeto, es aquello que Wittig logró identificar como apropiación. 

Estar con un hombre, casarse, tener hijos; esta serie de acciones parecen arder en la piel de las mujeres tal como ocurre en la yerra. A partir de este pensamiento, Carmina Asunción profundiza en esta serie de terribles nociones machistas propuestas por la cristiandad, especialmente cuando una mujer es educada en un colegio católico. 

Esto no es una oración es el título de la novela y Catalina quien la protagoniza. La historia consiste en una serie de anacronías o memorias que tienen en común la institución detrás de todos los sucesos: el colegio La Santísima Trinidad. Esta escuela adopta un papel similar al de las islas que aparecen en el realismo mágico, como la Solentiname de Cortázar. Parece un lugar encerrado que da paso a que sucedan situaciones pesadillescas o producidas por la imaginación más creativa. No obstante, sabemos con creces que esta es la realidad. Adolescentes que se tocan cariñosamente las muñecas, acariciando las cicatrices de sus cortes, en una búsqueda de tapar el vacío emocional de la adolescencia y dejarse llevar por los atisbos del primer amor (2025).

Recuerdo episodios en los que no podía parar de reír leyendo la novela de Carmina, pero solo por imaginar la atrocidad con la que ciertos acontecimientos eran narrados. Quizás porque jamás sufrí los horrores de estudiar en lugares de esta índole, pero esa cuota de humor la asocié al hecho de que todo parecía tan surreal, que pensarlo como una verdad parecía imposible en mi cabeza. Después de todo, ¿a quién en su sano juicio se le ocurre mostrarle un video antiaborto donde despedazan a un bebé en pedazos a niñas en pleno desarrollo? (2025). Parece una locura y, aun así, es narrado de tal manera que es un suceso que no me sorprendería hubiera ocurrido en más de algún colegio. 

En ese sentido, la parte más trascendental de la historia consiste en profundizar en la relación que Catalina tiene con distintas niñas de su edad, especialmente una en particular sobre la que optaré por quedarme en silencio, como cuando juntas tus manos y rezas una oración. Catalina es una joven en pleno desarrollo, inconsciente de los cambios de su cuerpo, o de las emociones que fluyen por su mente, pero ella es capaz de entenderse pese a las dificultades que el mundo le tiene preparado. 

La tragedia de esta historia no es solo que despidan profesoras porque quedan embarazadas sin tener pareja o marido, o que abortar sea mayor pecado que asesinar: lo más triste es la realidad retratada en estas páginas y como en esta escuela “la sexualidad no es, para las mujeres, una expresión individual y subjetiva, sino una institución social violenta” (42). Por ello, la protagonista parece estar llena de contradicciones en una edad en que es inevitable sentirse de esa forma.

Catalina tiene que aprender a mentir desde muy pequeña y seguramente la vida hizo que sufriera tratos terribles. Imaginamos mayores desgracias por causa del narrador, quien no parece querer revelarnos cómo fue el futuro de esta chica, porque a lo mejor no necesitamos saberlo y nos podemos hacer a la idea solo con leer su historia. Quizás, transmitir la inocencia de la infancia viéndose tergiversada por la opresión se vuelve más relevante, al ser un tema en el que no se profundiza tanto. Sea como sea, esta es una historia de matices y periodos distintos, en la que no solo nos dejaremos llevar por la narración simple, atrapante e inocente como la voz de una niña, sino que también experimentaremos rechazo a las instituciones que parecen torturar a las infancias, o evocaremos las primeras discusiones sobre feminismo en nuestros colegios, hogares o sitios seguros.

Al final del día, más que dar una opinión concisa, me parece necesario que otras niñas sean capaces de leer libros como este.

A lo mejor de esa forma nadie se sentiría tan solo.

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