Alex Zani: “Las aves nos están midiendo todo el tiempo y está muy bien que sospechan de nosotros como especie”

Escritora y docente argentina -actualmente viviendo en España- la autora del poemario Al filo de la visión, publicado por Falso Azufre, aclara que su relación “es más con la naturaleza, en primera instancia, y a partir de ahí con las aves”.
“Alex Zani nos propone en este poemario un universo donde las aves se resisten a la domesticación”, señala Victoria Ramírez en la contratapa de la edición chilena de Al filo de la visión. Publicado primero en Argentina por Concreto, el texto poético fue parte de las novedades de la editorial Falso Azufre para la más reciente Furia del Libro de invierno.
De esta feria, el poemario es una de sus cosechas de lectura y de entrevistas; una que va sobre el concepto del libro -las aves-; su punto de vista -la relación entre los humanos y esta clase de animales-; la biografía literaria -marcada por la provincia y su geografía-; y los medios culturales y el trabajo en la academia -desde la experiencia-.
“Este libro habla sobre las criaturas más bellas, raras, misteriosas del mundo: las aves. Pero no se acerca a ellas con la codicia del ornitólogo ni del cazador. Intenta entrar, con toda la delicadeza posible, en la vida de ciertos seres no humanos y escuchar lo que tienen para transmitir”, dice desde la contratapa de la edición argentina la poeta Claudia Masin.
A pesar de lo que señalan estos dos textos referidos y que sea la primera impresión apuntada como pregunta para esta entrevista, Alex afirma desde España, por zoom, que es el medio desde el que hacemos esta conversa, que este “no es un libro sobre aves. Para mí es un libro sobre el fin del mundo desde el fin del mundo”.
La territorialidad extrema de la porción de Cono Sur que le tocó de niña, es responsable de esa forma de ver y relacionarse con el entorno. “Mi vínculo con las aves viene de mi mismo vínculo con la montaña. Yo soy de una provincia del norte argentino que se llama Santiago del Estero, que es la primera ciudad fundada en en Argentina, y está muy cerca de una provincia que se llama Catamarca, en donde está la precordillera. Desde que soy muy chiquita vacacioné ahí, con aventuras a la montaña con mi familia”, relata.
De esa geografía recuerda una pieza particular. “Hay una montaña que se llama El Valle de los Cóndores, donde pasábamos horas y horas en esa aventura para llegar a un lugar donde los cóndores se bañaban. Ahí hay algo que une mucho a esta figura andina”.
“Mi relación es más con la naturaleza, en primera instancia, y a partir de ahí con las aves”, aclara.

***
-Una cosa son las aves, esas que relatas, y otra es decidir hacer un libro sobre ellas. ¿Cuál es ese interés particular?
Mi interés de querer nombrar a las aves en el libro viene del momento en que estaba terminando mi doctorado y mi tema era la poesía escrita por lesbianas desde el retorno a la democracia a la actualidad en Argentina, sobre todo las últimas décadas. Por eso me dediqué a leer una poesía vinculada al manifiesto político, a la poesía del yo, que me gusta mucho también, pero estaba re podrida por el doctorado. Entonces me fui alejando hacia una poesía un poco más de la observación y más vinculada al registro de la naturaleza.
Hay un libro anterior que se llama el Cero es un número natural, que en Argentina lo publicó la misma editorial, que es Concreto, en donde la voz lírica se funde con la voz de la montaña. Siento que Al filo de la visión es el cierre de esa búsqueda en donde hay una voz poética que se mezcla con las voces de la naturaleza. Es esa esa mirada particular la que quería tallar.
-Eres de provincia. ¿Cómo marca el imaginario y las condiciones materiales que habilitan que una persona sea escritora? ¿Cómo fue en tu caso eso?
Está completamente atravesado. Ahora estoy escribiendo una novela y también en ella es imposible no volver a esos lugares de la infancia vinculados a entornos, en este caso, a este valle particular que es el Rodeo en Catamarca, en donde además sucedieron cosas como un alud reciente donde por determinadas decisiones humanas el cauce del río se desvió y lo que hizo fue llegar a la ciudad, levantar muchas casas, levantar árboles, destruir mucho y en esa destrucción fallecieron algunas personas, entre ellas algunos familiares. Este libro anterior tiene que ver con volver a ese lugar y reencontrar en esas voces de naturaleza, las voces de esas familiares.
Entonces sí, está muy marcada porque supone un punto de vista específico de tu ser en relación a algo mucho más enorme que es ese entorno natural que te rodea, que para mí es un punto de vista distinto al que tiene por ahí alguien que nació y vivió toda su vida en la ciudad, sobre todo en una ciudad como Buenos Aires. Hay otras capitales que tienen cerca montaña, sierra o mar. En este caso, nací en una ciudad donde una crece con una sensibilidad ligada a la tierra, crece con ciertas referencias culturales ligadas a la tierra, en este caso, la chacarera, la Salamanca, los mitos y las leyendas vinculadas a ese territorio. Los cuentos que te cuentan para asustarte están vinculados a estos monstruos de la naturaleza. Bueno, por supuesto, una crece con ese imaginario. Ese imaginario es un lugar radiactivo para historias literarias, para narración y para la poesía, para la imaginación. Esa es la gran diferencia.
Ahora que estoy viviendo en España, lo escuché alguna vez decir al escritor David Uclés, que él creció en los campos y que en el momento del aburrimiento, lo que él tenía por delante era puro paisaje y en ese puro paisaje podía imaginar algo que por ahí no sé si sucede tan fácilmente en la ciudad, en donde hay muchos más dispositivos para que esa imaginación esté un poco más cortada.
-En el libro están las aves en relación a lo humano. Allí hay una relación de amenaza mutua. ¿Cuál es la peculiaridad de este vínculo?
A mí me interesaba sobre todo que las aves pudiesen ser ese territorio desconocido. Es decir, las observamos, pero nunca llegamos a entender o a saber qué es lo que vienen a decirnos. Hay un poema que dice tipo “vinieron y me dijeron algo”, pero ¿qué es eso? Nunca se aclara. Hay algo ahí del orden de lo extraño que me parecía interesante construir. Incluso, en algunos momentos trato de darles voz a esas aves, que se hablan como una madre o una hija o lo que fuese. También están ahí mirándonos y midiéndose, dando una crítica a todo lo que hacemos para interferir en su hábitat, que lo que hace es ponerles en peligro.
Cuando escribí el libro, el guacamaya azul de la película Río estaba en peligro de extinción, y ahora ya no. Van cambiando algunas de estas cuestiones. Pero sí, me interesaba poner en relación todas estas cosas que ni siquiera sabemos, como por ejemplo, los aeropuertos y todos los sistemas de control que ponen para que las aves no se metan en el camino de los aviones. Tiene que ver con mostrar las distintas maneras en que nuestro quehacer afecta el hábitat natural de todos, en este caso, de las aves. Me parece interesante evidenciar que con nuestras mínimas acciones de seres humanos que a veces ni siquiera sabemos, estamos interviniendo en esa relación.
Algunas aves te miran y se acercan pero no se acercan. Bueno, nos estamos midiendo todo el tiempo y está muy bien que sospechan de nosotros como especie, porque siento que somos la más dañina para el planeta.
-Es bien difícil realizar la personificación de estas animalidades que se quiere representar y tensionar. ¿Desde qué lugar va eso de darle voz?
Siempre es un poco contradictorio, porque al final lo que se está dando es voz humana. Siempre que imaginamos, imaginamos el presente, imaginamos desde las herramientas que tenemos del lenguaje, de nuestra manera de ordenar el mundo, entonces si yo quiero significar algo, lo hago a través del lenguaje. Por eso la idea fue tratar de significar la experiencia de las aves, tratar de poner en palabras qué es lo que les pasa o lo que viven. Y bueno, la única manera que se me ocurría era poner en el lenguaje de los humanos.
Hay un libro que a mí me gusta mucho, que es del cual robo el título del libro y del que viene el primer epígrafe que es El peregrino de J.A Baker, que a mí me lo recomendó en su momento Julio Villanueva Chang, que es un periodista peruano de periodismo narrativo que fundó una revista mítica que se llamaba Etiqueta Negra. Me decía que El peregrino era un libro aburrido, pero qué libro brillante al mismo tiempo. Es la observación durante diez años de un hombre a una colonia de halcones peregrinos y cómo se van moviendo de su lugar por la instalación de una fábrica cerca. Esa observación está dada todo el tiempo desde el humano, que me parece igual brillante porque es un humano que trata de involucrarse lo menos posible en el ambiente para no cambiar nada.
Ahora, ¿qué pasa si doy vuelta y miro la escena desde la mirada de los de las aves? Lo que quería lograr era trastocar, es decir, que pudiese por un segundo hacer la transmutación y ver desde los ojos de esas aves, que incluso ven algo más grande que nosotros porque hay una altura y pueden ver un panorama un poco más amplio. ¿Qué es lo que ven? Bueno, ven reglas absurdas, ven millones de personas con fronteras cuando estas son imaginarias o políticas; ven a una amenaza acercándose, ven un tendido eléctrico… mi pregunta era cómo ven estas cosas y quise tratar de ponerme ahí, ese era un poco el el juego.

-¿Qué otros referentes poéticos circundan este libro?
Está citada Mary Oliver, que también este tiene una poesía muy vinculada a la naturaleza. Está citado Eric Schierloh, que es un argentino que tiene un libro de poemas que se llama Cuaderno de Ornitología.
Más que las aves en particular, lo que me interesa es su relación con la mitología andina. El cóndor, por ejemplo, forma parte de la mitología andina de manera muy fuerte. Nosotros también tenemos en Argentina nuestra ave nacional, que es el hornero, y en Santiago del Estero es el kakuy, que forman parte de nuestra identidad y están muy visibles en la literatura en general.
Irma Acuña también está citada. Ella es una una poeta argentina que escribió desde el sur, cuyos textos también me llegaron muchísimo y que refieren a la naturaleza. Todo esto en el sur de Argentina, que está muy cercano a Chile, así que hay algunas visiones que se comparten.
-¿Cuál es tu definición y aproximación a la ecopoesía?, ¿te sientes parte de esa tradición?
No quiero ponerme al hombro banderas que siento que serían injustas porque no milito esto. Es decir, no milito la ecología, no formo parte de una organización, pero quizás la activo desde la literatura y atraviesa toda mi obra porque es algo mucho más vinculado a lo que vos decías, que es el territorio donde nací, la visión con la que crecí, mi relación con esa naturaleza y con los animales. Eso sí me marcó. Cuando era chica formaba parte de grupos en donde íbamos a limpiar el río y eso siempre ha sido algo que a mí me ha interesado.
Me gusta mucho la relación con la naturaleza, me gusta mucho estar en la naturaleza, pero no, no lo milito, no lo practico de esa manera. Tampoco creo que toda mi obra esté vinculada a lo eco; así como muchas veces dijeron que mi obra era solo feminista, es un poco más amplio. Es decir, no es que lo que escribo vaya diciendo: “voy a escribir una obra de eco poesía”, sino que se da de manera más orgánica porque son mis convicciones.
-Este libro es una reciente edición, pero ya tenía otras. ¿Cómo afrontaste esto de publicar en otros países? ¿Qué implica para ti estar en Chile hoy día con este libro?, y ¿cuán abierta estás a los cambios?
Primero, me encantó la propuesta de Falso Azufre. Me encanta la editorial. Me encantan las autoras que publicaron antes. Yo tenía un contacto con las editoras desde antes, por intereses en común sobre la literatura. Habíamos intercambiado un montón de veces charlas y me parece que fueron súper generosas al leerme y al proponerme esta edición.
Estoy súper abierta a generar trabajo con editoriales. Creo que la escritura es reescritura siempre. Hay ciertas cuestiones de edición que tienen que ver con estilo, que tienen que ver con tratar de que te entienda el público al que vas a llegar y después otras que tienen que ver con cambiar, por ejemplo, la motivación principal de tu libro para que sea comercial, que no fue el caso de Falsa Azufre y esa es una edición que con la que no estaría de acuerdo.
Estoy siempre mucho más que dispuesta a revisar los libros porque creo que el texto siempre es una reescritura, de hecho, muchas veces publico para pasar otra cosa, porque sino tengo una novela que escribí hace diez años y cada año la sigo editando, no puedo hacer otra cosa porque estoy obsesionada con eso. Cuando escribí Al filo de la visión, me acuerdo que leía muchas revistas, entre ellas una que se llama Aves Argentinas, todo buscado información. También veía documentales sobre aves, estaba obsesionada y bueno, cuando lo publiqué pude liberar esa obsesión.
Me gusta mucho estar en Chile. Siento que tenemos una mirada porque este libro está casi que presentado en esa precordillera y la cordillera que es algo que nos une. Me parece que eso no es casual y que por algo lo vieron con una posibilidad de circulación. Me encanta llegar además a otros lugares.
–¿Cómo se da el flujo de escritura para ti en esta vida laboral que tienes trabajando en asesorías académicas y docencia?
A mí me parece algo muy fundamental aclarar también que depende mucho de las condiciones materiales. Cuando Samantha Schweblin se ganó el premio Aena del millón de euros, dijo: “siempre quise tener un sueldo para la escritura”. Para llegar a eso el camino es… puede nunca suceder, entonces, ¿qué pasa con quienes trabajamos en otra cosa y además escribimos? Exige que uno tenga que ganar dinero de alguna manera. Por ejemplo, en mi caso, soy docente universitaria; un tiempo fui periodista.
Doy clases, que es algo que me encanta, me gusta mucho, me encanta ser profesora. Doy clases vinculadas a la escritura, entonces el tiempo de la escritura empieza a ocupar esos esos tiempos libres, o me levanto antes para escribir. Hay que encontrar ese tiempo, porque la urgencia en el mundo capitalista es la materialidad.
-En este camino has pasado también por los medios culturales, ¿cómo se nutre tu trabajo actual con esa experiencia que tuviste?
Siempre supe que quería escribir y esa escritura tuvo muchas formas. En algún momento fue la escritura periodística, pero siempre vinculada a lo cultural. En algún momento con mis compañeros de la carrera de Comunicación en la Universidad de Buenos Aires, fundamos un medio digital que se llamó La primera piedra, que existe todavía. En ese tiempo lo hacíamos a pulmón, nos juntábamos en mi casa todas las semanas a pensar las secciones, a pensar que íbamos a hacer y yo dirigía la sección de cultura y esto significaba no solo pensar la parrilla de contenidos, sino también cómo íbamos a financiarnos. Muchas veces nos financiamos a partir de eventos donde había lectura de poesía, música en vivo. Esa fue la manera durante un tiempo que funcionamos como autogestivos.
Después me salió una beca de la Fundación Carolina y viene a España a hacer un Máster en periodismo en el diario El Mundo, y estuve también trabajando en la sección de Cultura, donde tuve una gran experiencia.
Ahora, si me preguntas, yo creo que la escena está un poco rara. Mucho de lo que circula lo hace a partir de influencers, de videos cortos y hay algo en la pausa que cuesta un poco más. No lo tengo demasiado leído, pero lo que intuyo es que está costando más la conexión con el texto y que lo que estamos haciendo está mediado por la adicción a las pantallas, pues estamos con esta idea del video corto, que me lo expliquen rápido. Esa es mi posición, porque siento que se pierde algo que no se puede decir en 15 segundos, y que quizás es necesario de habitarlo durante un poco más de tiempo.
La poesía, además, es un tiempo anticapitalista, es decir, cuando leemos un poema, contrario a su forma que uno pensaría de forma breve, por ahí lo tienes que leer cinco veces y te cae una idea cinco años después. En ese sentido digo que tiene una temporalidad anticapitalista. Es imposible leer un libro de poesía, terminarlo y que haya terminado realmente. Además, que es de todos los géneros el que menos ganancia produce, el que menos vende.
–También hay otra labor tuya que es guiar tesis. ¿Desde donde te planteas esa labor? ¿Cómo eso nutre también tu escritura?
Yo diría que es al revés, que es mi mundo literario el que nutre el acompañamiento académico. Yo formo parte de la academia, he hecho una carrera de grado en Argentina, que son seis años. Es larguísima en la UBA. He hecho dos maestrías y un doctorado. Es mi filiación, es mi trabajo.
En algún momento estuve muy desencantada. La tesis doctoral fue muy larga, me sentí muy sola y noté que era algo común que se repetía en distintas instancias. No fue solo el doctorado. Durante la carrera de Escritura tuve compañeras a las que también les pasó. Afortunadamente, tuve suerte porque mis directores fueron siempre buena onda y por más de que es su trabajo, yo entiendo realmente que no es su prioridad en este momento de luchas materiales, aunque debería ser parte de su búsqueda de resolución.
Este problema lleva a que muchas personas abandonan el proceso universitario o se desencantan porque no hay acompañamiento suficiente, porque no se entiende el proceso de aprendizaje en donde hay que tener en cuenta que hay que evaluar ese proceso de forma individual, donde alguien que por ahí partió de un punto mucho más lejano llegó a mejorar muchísimo, aunque no sea el resultado que uno esperaba. Esto no se tiene en consideración, se evalúa siempre al final. A mí me interesa pensar ese proceso, y lo que quise es poder pasar esa mirada a otras personas, acercar la creatividad al mundo de la academia, no al revés.




