María Jacinta Xón Riquiac, hacia una estética de la desexotización

María Jacinta Xón Riquiac, es antropóloga de origen Maya K’iche’, historiadora de las ciencias por la Pontificia Universidad Católica de São Paulo, es originaria de la localidad de Chichicastenango, ubicada en el territorio hoy conocido como Guatemala. Su trabajo se centra en la defensa de los derechos de los pueblos hoy llamados indígenas, la crítica al colonialismo contemporáneo y la reivindicación de las epistemologías de los pueblos originarios. Estuvo de visita en la Ciudad de México en el marco del Seminario “Archivos Rebeldes” impartido por el Museo Universitario Arte Contemporáneo MUAC, de la UNAM. A continuación compartimos algunas de sus reflexiones sobre cómo se entiende el colonialismo hoy y qué estrategias creativas y de desexotización se desarrollan desde las comunidades.
María Jacinta se define como mediadora y traductora entre las comunidades indígenas y los sistemas académicos y culturales. Su trabajo busca cuestionar y desestructurar las narrativas hegemónicas que definen a los pueblos indígenas desde afuera.
El año 2025, la investigadora K’iche’, reeditó por segunda vez, el libro “Entre la exotización y el mayámetro – Dinámicas contemporáneas del colonialismo”, editado por Catafixia Editorial. Esta publicación reúne reflexiones que han acompañado a María Jacinta Xón durante la mayor parte de su vida. De hecho el punto de partida es la escuela en su infancia, cuando el Estado de Guatemala la obligaba a decir que el pueblo al que ella pertenece, el K’iche’, era politeísta, “era muy chocante porque, pues, yo hablé español recién a los cinco años, cuando comienzo a ir a la escuela, y yo intentaba traducir, dónde podrían estar los dioses dentro de nuestro idioma. Y yo decía, pues, no hay dioses. Entonces, me preguntaba ¿pero quién dijo que los mayas eran politeistas? Igual, lo logro responder de alguna manera al realizar el libro”.
La presentación inicial del libro tiene un texto muy bello realizado por Yásnaya Aguilar Gil, destacada lingüista Mixe, una de las referentes más importantes en términos de pensamiento crítico y anticolonial en la región. Su texto llamado “Otros desesxotizados” es un llamado a la acción para desmontar la lógica de las etnociencias, “si las etnociencias son un microscopio con el que se ha apuntado a los pueblos indígenas para analizarlos, el libro que tiene en sus manos, voltea el lente de ese microscopio y lo apunta a esa misma ciencia”. Yásnaya Aguilar agrega además que esa idea del “otro”, que ha gozado de buena salud en las ciencias sociales, es necesario que sea pulverizada, “una tarea fundamental es comenzar a golpear con el mazo de otros sistemas de conocimiento propio ese «otro» que, como un monolito, han creado los estudios etnográficos; pulverizar ese monolito desde múltiples frentes y devolver al mundo una diversidad de visiones y análisis, un caleidoscopio de posibilidades que el proceso colonialista canceló”.

María Jacinta Xon Riquiac
Catafixia Editorial, año 2025
Ese es justamente el valor del libro de María Jacinta Xón, porque ofrece una mirada crítica al mismo tiempo que lejana a enfoques esencialistas. Una de las claves de lectura es el concepto de “mayanización” es decir cómo sucedió que diferentes comunidades quedaron subsumidas bajo el paraguas “Maya”. En el libro relata “Yo fui parte de la generación que escuchó a sus abuelos reivindicarse qawinaq k’iche’ (la traducción más cercana es: «nosotros los pueblos con historia en este territorio K’iche»). Cuando mis abuelos se referían a sí mismos en español, se autodenominaban naturales. Por lo que me sabía a mí misma k’iche’, a la que el sistema reconocía como indígena y a la que llamaban despectivamente india”.
María Jacinta explica además que a mediados de la década de los 90, tras la firma de los acuerdos de paz para poner fin oficial a un conflicto armado interno de 36 años que dejó cerca de 250.000 víctimas, el Estado de Guatemala elaboró el proceso de “mayanización”, agrupando a 22 comunidades, cada una con su propia lengua bajo el nombre de “Maya”, quedando reconocidos por el Estado de Guatemala 3 pueblos indígenas: maya, xinca y garífuna. Además de un pueblo no indígena, el ladino/mestizo.
Al respecto, María Jacinta plantea en el libro, “Llama la atención el por qué, en la definición de pueblo maya, se unificó a veintidós comunidades lingüísticas: achi’, akateko, awakateko, chalchiteko, ch’orti, chuj, itza’, ixil, jakalteco o popti’, kaqchikel, k’iche’, mam, mopan, poqomam, poqomchi’, q’anjob’al, q’eqchi’, sakapulteko, sipakapense, tektiteko, tz’utujil y uspanteko. Y, ¿por qué el pueblo xinca no fue incluido como maya? Si lo maya era un denominador de unificación estratégica, como se justificaría décadas después, ¿por qué el pueblo xinca no fue incluido en el concepto maya? Si la procura era la neohegemonización de los pueblos indígenas en un concepto político”.
Este proceso se profundizó además con la entrada de las ONG, “obviamente, la cooperación internacional entró muy fuerte a Guatemala y empezó a financiar, proyectos de reestructuración identitaria, en la que hubieron, pues, muchos diplomados, talleres y demás en todas partes de Guatemala, donde intentaban mostrar cómo debía ser un verdadero Maya. Entonces, por ejemplo, mucha gente que creía en un dios cristiano, empezó a asistir, y resultaba que dentro de estas lógicas de talleristas, guiadas por antropólogos, etnólogos, invitaban que al gringo, que al francés, para enseñarles a los pueblos que creer en un dios cristiano era algo malo. Entonces, era una contradicción bastante triste en la que terminó nahualizándose la población”.
El mayámetro
María Jacinta Xón explica que parte de esta reflexiones también se han dado a partir del diálogo en red con amistades de diferentes comunidades hoy llamadas “indígenas”. La idea de mayámetro por ejemplo, vino a partir de conversaciones con un amigo Mapuche y el concepto del “mapuchómetro”, como indicador de verdadera identidad, que está dada por pertenecer a una comunidad indígena, tener apellidos indígenas, realizar una serie de prácticas conmemorativas en la comunidad como por ejemplo la ceremonia del Nguillatun. Fue a partir de esa experiencia que se dio cuenta que era una forma que podía expresar, en el caso de Guatemala, todo el proceso de neohomogenización impuesto y al mismo tiempo las dinámicas de autoexotización, “es un sarcasmo sobre muchas cosas, pero creo que sí ha cobrado vida propia, y eso es muy interesante porque, pues, sí, tiene muchas muchas interpretaciones. He observado cómo la mayanización y conceptos como el “mayámetro” han servido para imponer criterios de autenticidad y exclusión, tanto desde fuera como desde dentro de las comunidades”, explica la investigadora K’iche’.
A lo que agrega en su libro que este proceso identitario con respecto al “ser Maya” fue progresivo, “Atrajo en un primer momento a indígenas profesionales, a miembros de organizaciones campesinas y a ex militantes indígenas de la guerrilla, como lo ha trabajado ampliamente Santiago Bastos en sus diversos textos dedicados al tema. En un segundo momento, se socializó la identidad política maya a las masas indígenas, a través de la promoción de los derechos específicos en el marco de la posguerra civil desde diferentes ONGs”.
Los conceptos como «mayanización» y «autoexotización» han generado interés y debate en ámbitos artísticos y académicos. María Jacinta comenta que ha habido mucha apertura en instituciones culturales para recibir críticas y reflexiones, aunque también reconoce que existen limitaciones, especialmente en el ámbito del arte contemporáneo indígena.
Además, advierte sobre la apropiación cultural, donde artistas que no están plenamente vinculados a las comunidades son reconocidos como representantes, mientras que artistas locales, especialmente mujeres, quedan invisibilizadas, “a veces es muy injusto, si bien son buenos artistas, también hay muchos más –artistas– que quedan atrás. El arte también tiene espacios muy limitados. Obviamente, hay muchos esfuerzos, en muchos lugares que también están descolonizando, pero también hay algo que pasa muy tristemente, porque muchas mujeres indígenas, tienen poco reconocimiento dentro de los circuitos del arte”
Hacia una estética de la desexotización
Los archivos desde el enfoque que propone María Jacinta, son sistemas de memoria y conocimiento que registran saberes, historias y prácticas culturales. La investigadora explicó que muchos archivos académicos han funcionado desde una perspectiva positivista que anula la diferencia y reproduce dinámicas de poder.
Una de las referencias que señaló como práctica de desexotiazación es el proyecto Tux, un archivo vivo que recoge saberes gastronómicos de mujeres indígenas en Guatemala. Jacinta explica que este proyecto combina, “Un aprendizaje colectivo endógeno, donde se preservan prácticas y conocimientos tradicionales, además de una parte sostenible que permite la degustación y difusión de la comida tradicional en espacios abiertos al público”. Este tipo de archivo busca ser accesible y útil para la comunidad.
Otro ejemplo que relevó es el de la Asociación Médicos Descalzos. Comentó que el año de 2013 fue invitada por la asociación para comentar el libro titulado: ¿Yab’il xane K’ogil?/ ¿Enfermedades o consecuencias? Seis psicopatologías identificadas y tratadas por los terapeutas Maya’ib’ k’iche’ib. Fue un proceso de 12 años de conversaciones que sistematiza saberes que los médicos han heredado generacionalmente. La investigadora explicó que este proyecto es un «ejercicio pedagógico absolutamente serio, al mismo tiempo que todo mundo va entender”. Ella se lo leía a su mamá, lo cual describió como un proceso que les permitía profundizar y enriquecer las reflexiones también sobre su propio idioma. Jacinta señala: «No escribimos para convencer a alguien, sino para reflexionar y servir como mediadores entre contextos y sujetos.»
Este tipo de producción de contenido se sostiene sobre la base de ser archivos de conocimiento útiles y comprensibles para la comunidad, no solo para académicos o especialistas. Se consideran “archivos endógenos», es decir, nace desde la propia comunidad y para ella, en contraste con los archivos académicos tradicionales que muchas veces no consideran las formas de conocimiento indígenas. Promueven la desexotización, es decir, cuestionar las representaciones estereotipadas y abren espacio a identidades plurales y contemporáneas.




