Vincent Garcés y el primer año de la dictadura

junio 01, 2026
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Este prólogo a la reedición de Chile. Análisis del primer año de dictadura militar (1973-1974), de Vincent Garcés, nos acerca a la persona responsable de la recopilación de documentos, testimonios, boletines y reportajes periodísticos que compone este libro. Tras su aparición original en 1974, Pampa Negra Ediciones repone el trabajo de Garcés junto a las ineludibles fotografías de Chas Gerretsen de los primeros momentos tras el golpe.

Conocí a Vicent Garcés en Valencia, España. El encuentro pudo haber sido accidental, pero fue más bien una cita marcada por el cruce del pasado y el destino.

Fue durante la conmemoración de los cincuenta años del golpe militar en Chile. Estábamos en la sede del PSPV-PSOE (Partido Socialista Obrero Español), donde se rindió un pequeño homenaje a Salvador Allende y al pueblo de Chile que sufrió la dictadura más brutal de su historia. Mi presentación fue breve y se limitó a recordar detalles del día en que vimos morir la democracia y junto a ella cientos de compañeras y compañeros que desaparecieron sin rastros. Esa fue la primavera en que muchos abandonamos el país y fuimos obligados a reinventar una nueva existencia en el exilio.

Inmediatamente después de mi intervención, tuve el gran honor de presentar a Vicent Garcés, destacado líder político que el público conocía —y admiraba— por su incansable activismo y compromiso político y social. Vicent tiene una brillante carrera política y académica: fue diputado en las Cortes Valencianas, eurodiputado por España y profesor de varias universidades, entre muchos otros puestos de liderazgo nacional e internacional.

Sentada en primera fila, escuchando su testimonio sobre los horrores del golpe de Estado, hice un viaje al pasado y ubiqué a Vicent en las páginas de la verdadera historia de Chile. Aquella que recalcó el presidente Allende cuando dijo: “La historia es nuestra y la hacen los pueblos”. Vicent Garcés fue parte de lo nuestro. Está en las páginas de esa historia que ha escrito el pueblo y es parte de ese compromiso que asumimos con Chile en 1970. Promesa que se renovó cuando escuchamos las últimas palabras de Allende el 11 de septiembre de 1973.

En mis conversaciones con Vicent, después de ese primer encuentro, supe que eligió tomar el camino menos recorrido. El fascismo y la dictadura en su país natal, España, entre otras razones, fue la fuerza que lo empujó a viajar a Chile y ser parte de un proceso político que aspiraba a lograr el socialismo en democracia. Su hermano, Joan Garcés, ya se había incorporado a la campaña presidencial de Salvador Allende y más tarde lo acompañó como asesor en su gobierno. Vicent, en cambio, llegó a Chile después del triunfo de Allende. Se fue a trabajar en el Ministerio de Agricultura y a participar en los cambios y reformas que se estaban produciendo en el sector agrario diseñados por el gobierno del nuevo presidente y la Unidad Popular.  Formó parte del grupo de jóvenes unidos por la fe en la experiencia político-chilena que —en plena Guerra Fría— servía de ejemplo para el resto de América Latina y el mundo.

Fotografía de Chas Gerretsen

La vía chilena al socialismo no fue fácil porque era un proyecto inédito. Y cuando Chile creía que el porvenir se abría hacia un futuro con profunda dignidad y justicia social, el país fue invadido e infiltrado secretamente, por fuerzas externas —y colaboradores nacionales—. Por poderes políticos y económicos que se oponían a un exitoso ejemplo de socialismo en democracia. Sin darnos cuenta, lo inesperado llegó. Para muchos fue una sorpresa devastadora; para otros, la salvación esperada. El país se partió en pedazos entre los que ganaron y los que perdimos. Esas heridas no se han vuelto a cerrar.

Vicent estaba en su oficina en el edificio del Ministerio de Agricultura el día del golpe. El edificio está ubicado enfrente de La Moneda, donde se encontraba esa mañana el presidente Allende y un nutrido grupo de colaboradores directos. La guardia de Carabineros del Palacio obedeció la orden de sus superiores, ya dirigiendo el golpe, y se retiró. Aparecieron los tanques y la tropa. Vicent se trasladó del Ministerio a la Fundición Libertad, punto de encuentro de los socialistas chilenos en caso de golpe. Tras las últimas palabras del Presidente Allende escuchadas desde su pequeña radio portátil, y la indicación de dislocación por parte de los dirigentes socialistas, pasó a un refugio amigo seguro. Allí se mantuvo unos días hasta que gestiones diplomáticas permitieron que él y su hermano Joan, pudieran salir del país unos días más tarde. Ese martes de septiembre quedaría grabado para siempre en su memoria. Recuerdos de lugares, personas y hechos que no desaparecen nunca. 

Fotografía de Chas Gerretsen

Vicent fue testigo ocular de cómo las democracias son exterminadas con total impunidad.  Su experiencia vital en Chile le acompañó durante años en su entrega a la solidaridad con el pueblo mortificado.  Una plaza en Valencia con el nombre de Salvador Allende fue inaugurada por doña Hortensia Bussi, siendo él concejal del Ayuntamiento de Valencia. Durante esa época también contribuyó a salvaguardar en Valencia los fondos españoles del Museo de la Solidaridad Salvador Allende hasta su retorno a Chile.

Con el paso del tiempo, su camino no retrocedió. Su compromiso político de joven se fue solidificando en nuevas luchas y su solidaridad con las causas justas se robusteció.

El año pasado, Vicent me entregó una copia de su libro Chile: análisis de un año de gobierno militar, publicado en Argentina con el seudónimo de Pablo Santillana. No pudo firmarlo con su verdadero nombre por el alto riesgo que corría exponer al mundo los crímenes de la dictadura.  El libro no llegó al público, después de imprimirse, porque otra dictadura en gestación se preparaba para destruir la democracia en Argentina en 1976. 

Al leer sus páginas, recordar los años de la Unidad Popular y aprender más sobre la experiencia política chilena, comprendí que este documento era parte del mosaico de la memoria y que debía volver a publicarse, pero esta vez, en Chile. Y con el verdadero nombre de su autor. Animé a Vicent Garcés a publicarlo porque esa información es parte de la historia que hacen los pueblos y hay que recuperarla.  

Fotografía de Chas Gerretsen

Celebro que llegue finalmente a los lectores editado por Pampa Negra Ediciones, que en estos años desentierra parte de la narrativa que se intenta pasar al olvido. Esa narrativa nos pertenece. Le pertenece a Chile, y a ese pasado que tenemos que dignificar, respetar y mantener vivo para que no lo borren los que han tratado de negarlo por décadas. Y, sobre todo, para que no se repita.

Le agradezco a Vicent Garcés por acompañarnos en nuestros sueños y por este trabajo que no es solamente sobre un pasado muerto: es memoria viva. Es advertencia, pronóstico y cautela para que aprendamos las lecciones del pasado. 

Una de las grandes lecciones que he aprendido del exilio es que las convicciones políticas no se matan con balas, hambre ni tortura; y que la memoria, incluso en tierra ajena, sigue siendo una forma de lucha. Los que sobrevivimos sabemos que recordar es resistir, y escribir es mantener encendida la llama de quienes ya no pueden contar su historia.

Vincent Garcés ha aprendido y enseñado todas estas lecciones.
Valencia, España, septiembre 2025.

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